Argentina en marzo 2016. Parte 6


CRUCERO DÍA 2.  Cabo de Hornos, Bahía Wulaia.

“Navegaremos por el canal Murray y bahía Nassau llegando al Parque Nacional Cabo de Hornos, donde desembarcaremos si las condiciones climáticas lo permiten. El mítico Cabo de Hornos fue descubierto en 1616 y es un promontorio casi vertical de 425 metros de altura. Durante años fue una importante ruta de navegación para los veleros entre los océanos Pacífico y Atlántico. Es conocido como el fin del mundo y fue declarado Reserva Mundial de la Biósfera en 2005” (del programa oficial)

Nos despertamos muy pronto. La mar estaba muy tranquila lo que en esas latitudes quiere decir que no se movía demasiado y las olas no superaban los 3 – 4 metros. Nos anunciaron que teníamos la suerte de poder desembarcar en el propio promontorio del Cabo de Hornos. A las necesarias buenas condiciones climatológicas hay que añadir el permiso correspondiente al ser zona militar de Chile a lo que sólo algunos como la naviera tenía acceso.

Montamos 12 personas más un guía y el piloto en cada zodiac. Con el oleaje existente, suave para la zona, era inevitable mojarse. Menos mal que íbamos bien equipados.

Unos minutos después llegamos a la costa. Éramos de los primeros.

Monumento en el Cabo de Hornos.

Monumento en el Cabo de Hornos.

Hicimos un paseo hasta el denominado “Monumento de Homenaje a los Marineros Fallecidos intentando cruzar el Cabo de Hornos” y después fuimos al faro y a una pequeña capilla que hay junto a él. Vimos por el camino plantas endémicas llamadas popularmente Verónicas.

En el faro encontramos a la esposa del farero, militar en servicio. Al ser los primeros en llegar y de los pocos que hablábamos castellano pudimos mantener una conversación con ella que nos definió su situación:

  • Permanecen 1 año en el faro.
  • Vive con su marido (al que más tarde saludamos) y con sus hijos de 11 y 5 años.
  • La enseñanza la reciben los hijos por internet.
  • Tienen de tarde en tarde visitas como la nuestra. El resto del tiempo viven solos.
  • Cuando llegan las nieves, al principio jugaban con ella y muchas veces tienen que permanecer dentro de su casa – faro.
  • Hay un helipuerto para urgencias y suministros.

El faro normalito, totalmente automatizado.

De vuelta al barco, desayuno y proyección de una película sobre la Antártida. Al terminar me asomé al fondo del pasillo en proa y vi que el acceso al puesto de mando estaba abierto. El capitán nos autorizó a entrar. Una bonita experiencia. Vimos el cruce con un velero con el que habló por radio el capitán. Se trataba de un lobo solitario.

Seguimos disfrutando de la navegación. A media tarde accedimos a la bahía Wulaia (en lenguaje de los indígenas significaba bahía, es decir, fuimos a la bahía Bahía)

“Por la tarde desembarcaremos en bahía Wulaia, sitio histórico que fuera uno de los asentamientos más grandes de los nativos canoeros Yámanas. Charles Darwin desembarcó aquí en 1833 durante su viaje a bordo del HMS Beagle. Este lugar ofrece un espectáculo visual de gran belleza por su vegetación y geografía. Llegaremos hasta un mirador, caminando a través del bosque magallánico en el que crecen lengas, coigües, canelos y helechos, entre otras especies” (del programa oficial).

Nos ofrecieron elegir entre tres recorridos, uno exigente de unos 10 kms. en total, otro intermedio de unos 6 kms. que combinaba un paseo paisajístico y una visita a una casona que fue del ejército, actualmente inhabitada pero llena de explicaciones y fotografías y cuadros de las expediciones británicas del siglo XIX y uno más cultural y fácil de hacer, de unos 4 kms., caminando hasta unos yacimientos arqueológicos sin explotar donde nos explicaron la forma de vida de los nativos que vivieron allí, los yámanas, y para finalizar una visita a la casona.

Bahía de Wulaia

Bahía de Wulaia

Por suerte elegimos la última. El tiempo en esta zona es muy cambiante y de un día espléndido en una hora pasamos a un chaparrón. A nuestro grupo nos cogió protegidos en la casa y había cesado de llover cuando salimos. Además, culturalmente, la visita fue enriquecedora.

En la casa había un “correo marinero”. Antiguamente cuando un barco pasaba en una dirección, alejándose de su origen, dejaba en barriles depositados en sitios concretos comunicaciones para que algún marinero en un navío de vuelta que viviera cerca de su familia les llevara noticias. Cogimos una postal que habían dejado unos de Vitoria y dejamos otra esperando a que en algún momento un nuevo turista nos la traiga.

Además de conocer algo de la flora y de la fauna, avícola sobre todo, nos contaron historias muy interesantes sobre los indios que habitaban la isla desde hace unos 6.000 años, los Yámana de los que habíamos leído algo en la Prisión de Ushuaia. Aunque ya eran conocida su existencia antes de su llegada,  fue la expedición comandada por Fitz Roy, que contaba en su tripulación con el intrépido Teniente Murray (el canal que lleva su nombre lo habíamos atravesado antes) y con el científico Charles Darwin, la que tomó contacto con ellos y los estudió más a fondo.

Los Yámana eran indios canoistas ya que en las épocas de mejor clima vivían en canoas hechas con corteza de árboles, básicamente guindos, y cuando llegaba el invierno se refugiaban en chozas en la costa. Iban semidesnudos y si les sorprendía un temporal en el mar tendían a protegerse sumergiéndose en el agua.

Vivían de la pesca y de la carne de los mamíferos acuáticos, muy abundantes en aquellos tiempos, que comían cruda.

La gente de Fitz Roy intentó “civilizarlos” para lo cual se llevó a 4 indígenas a Inglaterra. Volvieron 3 (el otro murió en elviaje) a la bahía con unos pastores anglicanos y otras personas “bienintencionadas”. Los yámanas mataron a todos menos a uno y renunciaron a lo que habían aprendido. Pero todo les fue a peor: se contagiaron de enfermedades para las que no tenían defensas y empezaron a  vestirse. Cuando salían del agua con el frio y la humedad ambiente las ropas no se secaban y enfermaban.

Aquí lo cuentan más científicamente: www.limbos.org/sur/yaman.htm

A día de hoy solamente sobrevive una yámana auténtica que tiene más de 90 años, además de unos pocos mestizos.

De vuelta al barco seguimos navegando por canales, estrechos y mares de gran belleza. Vimos ballenas, delfines, lobos marinos, aves…

CRUCERO DÍA 3.

“Navegaremos los canales Brecknock, Ocasión, Cockburn y Magdalena para ingresar finalmente al seno De Agostini, desde donde será posible apreciar los glaciares que descienden desde el corazón de la cordillera Darwin, llegando algunos de ellos hasta el mar. Por la tarde nos dirigiremos al glaciar Águila donde desembarcaremos en botes Zodiac para realizar una caminata suave a través del bosque frío húmedo patagónico hasta llegar al frente del glaciar Águila.” (del programa oficial).

Navegando por el Seno De Agostini.

Navegando por el Seno De Agostini.

Navegamos por los canales, rodeados de tierras vírgenes, inhabitadas, sin ningún signo de civilización ni nada que recuerde la presencia humana. El Seno De Agostini  es su máximo exponete. A la belleza indicada se suman vistas de glaciares rodeados de vegetación con algunas plantas con frutos que nos dijeron a probar cuando bajamos.

Desembarcamos en la zodiac de turno y pudimos pasear por la orilla pedregosa para disfrutar del paisaje y de la vegetación que formaba la cercana selva entre las que apunté había coigües y lengas (creo que es así, no soy nada entendido).

Glaciar del águila

Glaciar del águila

Vimos aves y una colonia de cormoranes en una cercana roca y tras un plácido paseo con magnífica temperatura llegamos hasta el Glaciar Águila, muy diferente al Perito Moreno pero con el encanto de poder llegar andando hasta el punto de la bahía en que acaba. Allí recibimos más explicaciones sobre glaciares y después de unos minutos de deleite visual emprendimos el regreso.

Vuelta al barco y a la navegación. Nos dieron una charla sobre pingüinos, especialmente los de Magallanes y nos proyectaron un documental de turismo en Chile.

Después en la cafetería hicieron una subasta de carta marina del viaje (alguien pagó 450€ por ella), cena, una copita y al camarote.

CRUCERO DÍA 4.

“A primera hora de la mañana, si las condiciones climáticas lo permiten, desembarcaremos en isla Magdalena, parada obligada para el abastecimiento de antiguos navegantes y descubridores. Durante nuestra caminata hacia el faro podremos apreciar una inmensa colonia de pingüinos de Magallanes” (del programa oficial).

El pingüino de Magallanes es familiar y le gusta vivir en grupo. Todos los años llegan los machos a la zona al inicio de la primavera y reedifican el nido que ocuparon el año anterior, vacían la arena que se ha metido dentro, lo acomodan con ramitas y hojitas y lo preparan para la inmediata llegada de las hembras a las que llaman con una especie de rebuzno parecido al de las mulas. Estas hembras, si la procreación del año anterior ha ido bien, vuelven con el mismo macho y son totalmente fieles. Si algo no ha funcionado buscan alternativa.

Spheniscus magellanicus, denominado comúnmente pingüino de Magallanes o pingüino patagónico, es una especie de ave de la familia de los pingüinos (Spheniscidae), que nidifica en las islas Malvinas y en las costas e islas de la patagonia de la Argentina Chile, migrando hacia el norte en el invierno, alcanzando las aguas del Uruguay y el sudeste del Brasil con temperaturas más templadas, siendo una especie vagante en Australia, el Perú, y otras islas del Atlántico Sur. (wikipedia).

Permanecen en la zona hasta que se acerca el otoño. Para entonces sus polluelos, en casi todos los casos, ya se han desarrollado y han aprendido a nadar. Entonces, siempre en grupo, avanzan hasta la orilla del mar y tras un rato de observación, se van nadando hasta tierras cálidas para pasar el invierno. De allí volverán la siguiente primavera a iniciar otra vez el ciclo.

Cuando llegamos la colonia ya estaba bajo mínimos. Calcularon que un 90% se había ido ya. Comentaron los guías que era el último desembarco en la isla por esta temporada y que  los pocos viajes que quedaban antes del invierno irían a rodear la cercana isla de Santa Marta a ver desde el barco una importante colonia de Leones Marinos.

Antes de bajar recordaron normas generales y específicas: no dar de comer ni tocar a los animales, no utilizar trípodes ni flash en las fotografías, no salirse del camino marcado, ceder el paso a los pingüinos que atraviesen la ruta…

Subimos hasta un promontorio cercano, gozamos de su compañía sin tocarlos y, con la melancolía de saber que todo esto se acababa, volvimos un rato después al barco.

¿Nos vamos?

¿Nos vamos?

Desayunamos, acabamos de hacer las maletas, las dejamos en la puerta de la habitación y nos fuimos un rato a proa para ver la entrada en puerto.

Tras el desembarco pasamos la aduana y allí nos estaba esperando el guía – chofer que nos iba a llevar a los cuatro al aeropuerto en Rio Gallegos, a cerca de 300 kms. de distancia.

Después de atravesar la población y de recibir algunas explicaciones de lo que veíamos sobre la marcha, nos adentramos en la carretera sacudidos por un fuerte viento especialmente en la primera mitad de la etapa, la que transcurre junto al Estrecho de Magallanes. Vimos estaciones de extracción de petróleo y gas natural y bastantes animales como corderos, llamas y ñandús. Paramos a comer en un bar de carretera.

Por el camino el chofer nos hizo un relató aspectos turísticos de Chile. Tras lo visto en el barco y esta charla pensé que será difícil que vaya.

Llegamos a la frontera donde había que cumplir 4 pasos, nosotros 2 y el guía 2 más. Uno por salir de Chile y 3 por entrar en Argentina. Los pasajeros por una parte, el guía por otra y el tema de aduanas en otra. Una vez pasados los controles y ya en el coche nos hicieron una última inspección ocular del interior y… a seguir.

Llegamos al aeropuerto  de Rio Gallegos que parecía de juguete con una puerta de embarque aunque simulaba que había tres y con el fuerte viento de turno de la Patagonia. Tuvimos un despegue muy movido, por tanto, y tras tres horas y pico llegamos a Buenos Aires donde las condiciones climáticas eran buenas.

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Argentina en marzo 2016. Parte 1
Argentina en marzo 2016. Parte 2
Argentina en marzo 2016. Parte 3
Argentina en marzo 2016. Parte 4
Argentina en marzo 2016. Parte 5
Argentina en marzo 2016. Parte 7

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