Argentina en marzo 2016. Parte 2


DESPLAZAMIENTO BILBAO – BUENOS AIRES – IGUAZÚ.

Fuimos a Madrid en coche. Contratamos dejar el vehículo en Barajas con Parking Martín Gallardo, 629057926, por 83€ los 23 días. Te recogen el vehículo en un acceso a “Salidas” y te lo devuelven en el mismo sitio nada más bajar del avión. Se paga al recibir el coche y después de dar el conforme a su estado. Hay alternativas y conviene mirar ofertas en www.aena.es.

Salimos a las 16:10 de Barajas y llegamos, tras más de 13 horas de vuelo, hacia a las 04:30 del días siguiente a Buenos Aires – Ezeia, terminal internacional (en ambos casos horas locales). Tomamos el primer avión a Iguazú en el mismo aeropuerto, distinta terminal, a las 08:40 y tras algo más de 2 horas en el aire llegamos al destino.

Entre ambos vuelos tuvimos que recoger las maletas, pasar aduana, cambiar de terminal, volver a facturar y pasar nuevamente los controles lo que lleva su tiempo.

Tomamos un café y nos admitieron euros a un buen cambio. Las vueltas en pesos.

Cuando se acercaba el aterrizaje en Iguazú vimos a pasajeros dándose repelente de mosquitos. Seguimos su ejemplo. Pero ya no repetimos. No hizo falta, no quedaba ninguno.

Del aeropuerto nos desplazamos hasta el Hotel Sheraton. Es más caro que los que hay en la ciudad, Puerto Iguazú, situada a 24 kms. del parque. Además, está junto al Centro de Interpretación donde están la mayoría de las salidas para actividades, incluido el tren ecológico, un par de restaurantes, una pequeña tienda y el antiguo hotel ya cerrado en cuyo exterior se puede ver una exposición de fotografías en las que destaca una con las cataratas secas.

En el precio de las habitaciones teníamos incluida la entrada al parque que no es barata.

IGUAZÚ. DÍA 1.

Alvar Núñez “Cabeza de Vaca”, el re-descubridor de las Cataratas – expresión de nuestro guía ya que que los indios guaranís las conocieron antes – las describió así:

«el río da un salto por unas peñas abajo muy altas, y da el agua en lo bajo de la tierra tan grande golpe que de muy lejos se oye; y la espuma del agua, como cae con tanta fuerza, sube en alto dos lanzas y más».

Las Cataratas de Iguazú, Patrimonio de la Humanidad y una de las 7 Maravillas de la Naturaleza, están situadas en la provincia de Misiones a caballo entre Argentina y Brasil en  territorio guaraní. En el idioma de estos indios significa “gran cantidad de agua”. Se alimenta del río del mismo nombre, afluente del Paraná al que se incorporará en pocos kilómetros y que al final del viaje volveríamos a ver y lo navegaríamos en la Excursión del Delta del Tigre..

Tiene 275 caídas de agua con un total de 2.700 m. de longitud y una altura máxima de 82 m.

Si bien estas por si solas son mareantes, desde el primer momento te das cuenta de que la realidad las supera: la belleza del paisaje, la cantidad de agua, los saltos, el ruido y la espuma que se levanta al golpear, el contraste de la selva… Si alguien quiere más detallas, le recomiendo: https://es.wikipedia.org/wiki/Cataratas_del_Iguaz%C3%BA y la película La Misión.

Desde la terraza de la habitación divisamos la parte de arriba de la zona de saltos y la espuma que se levanta y oíamos el ruido que se genera. Ahora bien, las habitaciones están bien aisladas y el ruido no molesta a la hora de descansar.

Vista desde la terraza de la habitación

Vista desde la terraza de la habitación

Tras asearnos y deshacer las maletas, y sacar unas fotos fuimos a comer al Centro de Interpretación del Parque, en régimen de “tenedor libre” o buffet. Ensaladas y carnes.

Vista desde recorrido superior.

Vista desde recorrido superior.

La impaciencia no nos permitía esperar ni descansar de la paliza del viaje. Allí mismo tomamos el denominado “Circuito Superior” de 1.750 metros de longitud por pasarelas de madera para ver las Cataratas desde arriba. Y ¡qué era ello¡. Las Cataratas al final del verano llevan habitualmente más agua que la media por acabar poco antes la temporada de lluvias.

Este año había llovido mucho más de lo habitual. Si el caudal promedio es de 1.756 m3 por segundo (si, casi 1,8 millones de litros cada segundo), esos días estaba en cerca de 4.000 m3. Más del doble.

Hicimos el recorrido completo. También disfrutamos de los animales que nos rodeaban como los coatís, monos, mariposas grandes, un ejemplar de caimán y algún cóndor.

A continuación hicimos el Circuito Inferior, 1.700 metros, también de pasarelas de madera con algunas escaleras. Ver las cataratas desde abajo tiene un agradable precio extra: te mojas. Pero además de la belleza que nos rodeaba estaba el calor y la humedad ambiental.

Vista desde recorrido inferior.

Vista desde recorrido inferior.

Volvimos al hotel para ir al pueblo a cenar. Tuvimos suerte de que acababa de llegar un taxi para dejar a un cliente. Tras el regateo oportuno nos llevó al centro y quedó en recogernos para la vuelta cuando quisiéramos.

Hay autobuses de línea (colectivos) y en recepción te pueden pedir un taxi. Mejor uno que haya traído un cliente. En todo caso conviene dejar cerrar el precio antes de subir y pagar todo, ida y vuelta, al final.

Elegimos el restaurante que más gente tenía: Pizza Color. Cenamos al aire libre con música en directo una carne magnífica con raciones muy grandes. Como en todo el norte, su precio fue asequible.

En la puerta nos había recibido un descendiente de vascos que sabía unas cuantas expresiones en euskera y que nos recomendó comer en el Laurak Bat en Buenos Aires.

Queríamos haber dado alguna vuelta por la población después de cenar. Pero estábamos agotados. Vuelta al hotel y a la cama.

IGUAZÚ. DÍA 2.

Iniciamos el día con una excursión al lado brasileño de las Cataratas. En el camino el guía nos dio explicaciones sobre el mate y compartimos uno con él.  También nos habló de los guaranís, de sus costumbres pasadas y actuales, de su lengua que actualmente se enseña en sus escuelas, etc. Muy interesante.

Después de pasar la frontera montamos en helicóptero y sobrevolamos las cataratas. No se reserva y hay que hacer algo de cola. El vuelo, que merece la pena, dura unos 12 minutos.

Las cataratas desde un helicóptero.

Las cataratas desde un helicóptero.

Al llegar a la entrada del Parque Nacional, lado brasileño hay que dejar el medio de transporte tomando un bus turístico “eléctrico” de dos plantas para hacer un recorrido fijo con paradas desde las que se acceden a diversas actividades o a caminos para ir andando.

Nos bajamos en la tercera que lleva a un paseo con miradores con magníficas vistas que termina en la Garganta del Diablo, lado brasileño. El paseo es muy agradable, muy  recomendable aunque como el espacio es menor da la sensación de que hay más gente.

La posición del sol y su reflejo en las gotas de agua en suspensión deja ver varios arcoiris perfectamente definidos. Nuestro guía, en un momento poético, nos contó que en las noches despejadas de luna llena es posible ver algún “arcoiris de luna”.

Este lado es más artificial, más ajardinado, que el argentino. También tiene su Hotel de las Cataratas y en la zona hay un aeropuerto internacional. Pero, aunque la comida está más barata, el lado brasileño en todo lo demás es bastante más caro.

Pasar la aduana entre estos dos países no llevó demasiado tiempo.

Garganta del Diablo desde lado brasileño.

Garganta del Diablo desde lado brasileño.

Para la noche fuimos a una cena espectáculo, tenedor libre, apropiado para guiris, también lado brasileño. Al acabar de cenar vimos cánticos y bailes típicos de los distintos países latinoamericanos. Estuvo bien, con mucho colorido. Recinto muy grande.

IGUAZÚ. DÍA 3.

Por la mañana participamos en una excursión en barcaza por el rio hasta la base de las cataratas llamada “La Gran Aventura”. Dada la cantidad de agua que caía, el recorrido no se podía hacer completo. Pero es igual, es divertidísimo. Nos calamos enteros. Es como un Port Aventura o un Parque Acuático pero a lo grande y natural. Muy recomendable.

Para llegar a la zona del embarcadero y para volver de ella hay que recorrer caminos en la selva subidos en el volquete de un camión. Un guía nos iba hablando de la flora y la fauna. Vimos tukanes, algún cóndor, y aves y plantas de distinto tipo.

Tras quedarnos en traje de baño y salvavidas, “os vais a mojar igual, nos dijeron”, cogimos un bolsón que te facilitan para meter en ellas las pertenencias y cámaras cuando llega el momento adecuado para mantenerlas secas. Recorrimos un pequeño trecho de unos 500 metros cuesta abajo con tramos de escaleras hasta llegar al punto de embarque donde nos montamos en la barcaza.

Remontamos el rio hacia las cataratas. Tras varias aproximaciones espectaculares llegó el momento en que nos dijeron que guardáramos las cámaras no sumergibles en la bolsa impermeable junto a la ropa que pudiéramos llevar y que nos preparásemos.

Y nos metieron ahí debajo.

Y nos metieron ahí debajo.

Nos metieron “debajo” de las cataratas. Lo pasamos en grande, como críos. Acabamos totalmente empapados. A la vuelta, como era pronto e iba más rápida, pasamos algo de frio.

Regresamos al lugar de partida y tras pasar por el hotel para cambiarnos, nos subimos al “tren ecológico”, una especie de tren txutxú sobre vías, gratuito. Tras un recorrido de unos 30 minutos a velocidad muy lenta llegamos a su última estación para, tras recorrer unas pasarelas de madera de algo más de 1 kilómetro, llegar a la Garganta del Diablo, lado argentino.

Si normalmente es una experiencia magnífica, la cantidad de agua de este año y la fuerte caída con la cantidad de espuma que levantaba nos deslumbró.

Garganta del Diablo. Imposible ver el fondo.

Garganta del Diablo. Imposible ver el fondo.

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Argentina en marzo 2016. Parte 1
Argentina en marzo 2016. Parte 3
Argentina en marzo 2016. Parte 4
Argentina en marzo 2016. Parte 5
Argentina en marzo 2016. Parte 6
Argentina en marzo 2016. Parte 7

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