Te espero y Confesión

  Te espero 

Quiero que sepas
que cuando vuelvas a casa
te estaré esperando.
No lo digo para que dejes
lo que tengas entre manos,
y vengas deprisa,
atenta a mi lado;
ni para que te acuerdes de mí
de vez en cuando…
Pero quiero que sepas
que te estaré esperando.

Cuando estés lejos
y te olvides del tiempo
que siempre va pasando,
aunque no sepas nada de mí
porque esté callado;
si, cansada de viajar,
quieres volver a casa,
te estaré esperando.

Aun cuando discutimos,
nos tiramos los platos,
no nos decimos nada…
o decimos demasiado,
y al final cada uno
vamos por nuestro lado;
quiero que sepas
que cuando vengas a casa
te estaré esperando.

Si un día tu memoria fallase,
y distraída con algo
te olvidases por completo de mí,
y, de alguna forma, pases de largo…
quiero que sepas
que cuando vuelvas a casa
te estaré esperando.

Te lo digo
para que estés segura
de que cuando quieras venir
siempre estaré esperando.

Porque cuando el agua fría
me moja de arriba abajo,
y el granizo golpea mi cara
haciéndome daño;
si esa mala fortuna del día
no me importa tanto,
es porque estoy seguro
de que al volver a casa
siempre me estás esperando.

 

  Confesión  

Me tiemblan las manos cuando te toco,
temen que tu piel rechace mi tacto
y el gesto ofenda y levante tu enojo.
Aunque mis palmas, como plumas tiernas,
rocen cariñosas todo tu cuerpo,
aunque mis dedos dibujen tus piernas
despertando en el corazón el deseo,
aunque el tacto avive el pulso en tus venas
y en tu alma despierte el placer de un sueño.
Temo que descubras entre esas prendas,
escondido entre uñas, cierto veneno.

Me tiemblan los labios cuando te beso
temiendo que mi lengua avive tu ira
y alce en tu boca el rechazo a mi aliento.
Pues, aunque canten palabras de amor
que ericen tu piel y todo el cuerpo,
aunque acelere el ritmo de tu pecho
y se alce el alma entre estrellas del cielo;
aunque sea hermoso, goces cada instante
y turbe tu boca, labios y aliento.
Temo que, en susurros, llegues a oler
de mi interior, aromas de deshechos.

Me tiemblan los ojos cuando te veo
temiendo a tu iris que, al ir su encuentro,
choque con el mío y se esconda de miedo.
Aunque sus miradas, cautas y tiernas,
despierten del corazón finos deseos,
aunque se sumerjan y brillen al sol
cuando te ven tristes los pensamientos,
aunque al despertar te observen ansiosos
buscando inquietos su amor en tu cuerpo.
Temo que en el fondo de su mirar
halles un día oscuros pensamientos.

Por eso tiemblo al estar a tu lado,
aunque te pretendo callo, y anhelo
que mi silencio despierte tu agrado.
Por eso espero tu consentimiento
para unirme contigo en un abrazo.
Por todo eso y por cuanto te deseo:
cuando te toco me tiemblan las manos,
te doy mis besos callando el aliento
y escondo mi iris si vas a mirarlo.

 

©F. Urien

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