AMIGO LUIS (quinta parte)


LAS ORGANIZACIONES COLABORADORAS

La opinión de Luis sobre las ONG es buena o muy buena en general, salvo una excepción.

Llegó a Guinea Ecuatorial de la mano del Ministerio de Asuntos Exteriores que era quien llevaba las colaboraciones humanitarias en el extranjero en aquellos tiempos.

Puede considerarse normal la ayuda a este país. Hasta poco antes colonia española, algunos compatriotas se quedaron allí y se mantuvieron la cultura y la lengua además de los fuertes intereses empresariales y comerciales.

Al poco tiempo la actividad colaboradora pasó a depender del Ministerio de Sanidad. Más tarde vino el florecimiento de las ONG, hecho muy positivo.

En Guinea se recibían las ayudas correspondientes, en forma de material y medicinas, con regularidad y dentro de las necesidades y según la capacidad de envío. Así fue mientras Luis permaneció allí, tanto para los Hospitales locales en los que al principio trabajó como en la Clínica que montó en Bata con sus ahorros. Otra cosa eran las entidades sanitarias locales

En Mauritania el tema cambió con una ONG concreta que fue la que le llevó a este país. De cual era no me quiso informar. Desde ya antes de su llegada hubo un problema. La Organización estaba más preocupada de su imagen y de la obtención de apoyos que de la actividad en sí.

Por ello, las medicinas no eran en muchos casos las más necesarias ni convenientes y, además, en bastantes ocasiones, estaban caducadas desde hacía tiempo.

Pero peor era lo que sucedía con los equipos para reconocimientos, analítica, etc. En general nuevos, no tenían en cuenta las altas temperaturas de esta zona y era frecuente que no fueran apropiados en caso de que se superaran los 40º de temperatura ambiente, cosa bastante habitual en ese destino.

Esto se comunicaba frecuentemente a la central pero nunca se le hizo caso y la rutina de enviar medios no aptos se repitió en los casi dos años que estuvo allí. Equipos nuevos y caros arrinconados e inservibles en zonas tan necesitadas…

En Guatemala el tema cambió. Fue como responsable de acción a la zona más pobre y más castigada por los enfrentamientos militares entre ejército y guerrilla. A su actividad como médico se unía la de reconstrucción de infraestructuras sanitarias: los centros, ambulatorios y hospitales que tan necesarios eran.

Para ello contaba con la ayuda de la ONG correspondiente y de Fondos de la Unión Europea. Presentaba los proyectos, obtenía el dinero y rendía cuentas. Además, ejercía su profesión y estaba al mando de un grupo de colaboradores de distintas agrupaciones, en su mayoría muy jóvenes. Habla maravillas de estas actuaciones.

Luis opina que, aunque haya casos en que no funcionan como deben, el papel de las ONG es bueno y necesario.

MAURITANIA

El cambio de Guinea Ecuatorial a Mauritania fue brutal. Además de seguir muy vivo su deseo por volver al país del que nunca quiso salir, pasó de la selva al desierto, de los poblados aborígenes a los campamentos nómadas, del cristianismo al islamismo, de la abundancia de la naturaleza a la escasez.

Recuerda Luis que al poco de llegar a Mauritania acudió al campo de futbol de su capital a ver un concierto de un afamado grupo musical africano. El recinto estaba lleno. En compañía de sus colegas acababan de contactar con un grupo de chicas, obviamente negras. Una de ellas congenió mejor con él.

Resulta que la muchacha hacía poco que había roto sus relaciones con su antigua pareja quien se sentía con derechos sobre ella aumentados por sus celos. Enterado de que estaba empezando a salir con un blanco y que habían ido al espectáculo pronto les localizó en el estadio. Era fácil, prácticamente él y sus amigos eran los únicos blancos. Y enseguida, con la ayuda de más gente, fue a por él. Se libró por poco. O por piernas, como se quiera.

Hubo otro incidente, en este caso profesional, que le impactó.

Según pasaba el tiempo, notaba que los críos de la zona de su hospital que caían enfermos no se sanaban como debía ser en forma y tiempo según deducía de sus conocimientos y su experiencia. Habló con la pediatra del centro, europea, y notó que no tenía ni idea de medicina, recetaba cosas que no eran las más apropiadas y ponía tratamientos indebidos.

Consideró oportuno hacer unas indagaciones. Así se enteró de que no era médica, tan apenas había superado primero de enfermería con malas calificaciones y que había mentido en su curriculum y había falsificado su documentación profesional para lograr una plaza en un país en el que consideraba que no tendría ningún problema para ejercer la medicina sin la preparación debida.

La muchacha, además, era pareja de un alto cargo de una embajada en la zona.

Luis presentó la documentación que había obtenido en esa embajada y en su ONG. Y logró un inmediato traslado. El suyo. Le enviaron para casa. Otra vez.

Dejó equipos básicos hechos por él para análisis de sangre y de orina que suplían dentro de lo posible los nuevos e inutilizables, y se llevó un recuerdo muy profundo de los Tuaregs, de su hospitalidad, de su aclimatación al duro ambiente del desierto y de su mirar con esos ojos azules que tanto deben destacar.

GUATEMALA

Poco después de regresar de Mauritania se enroló en un proyecto nuevo, esta vez con una ONG muy seria y con el patrocinio de la Unión Europea.

Su destino: Guatemala, lo más profundo del país, una zona asolada por los duros enfrentamientos entre guerrilla y ejército, ya en una fase final pero igualmente peligrosa. Y pobre, muy pobre.

Su misión: además de ejercer como médico, volver a levantar una mínima red sanitaria para atender a la población que tanto sufría. Todo, consultorios, clínicas, centros,…, había sido destruido.

Medios: acordes con el proyecto. El “patrón”, la Unión Europea, tenía dinero y asignaba fondos si los proyectos que se le presentaban eran lógicos. Dejaba hacer y solo pedía resultados y cuentas. Mucho control, eso sí.

Situación: calamitosa. Y con hambre. Ni en Guinea ni en Mauritania la había vivido con la intensidad de esa zona destrozada. Y miedo, mucho miedo. Que se tradujo en admiración y cariño a su persona cuando vieron que venía a entregarse a ellos sin pedirles nada a cambio.

Al poco de llegar tuvo que ir a buscar a unos jóvenes e inexpertos médicos cooperantes. La primera noche la pasaron en una morada medio destruida. La noche tenía muchos ruidos. Y entre ellos le llegaban los sollozos de una de las médicas desde una habitación contigua.

Se acercó para ver que le pasaba. Y se la encontró, temblando y llorando, debajo del camastro. Entre lágrimas le dijo que tenía miedo ya que oía como los morteros y las bombas estaban cayendo constantemente cerca de la casa. Tras tranquilizarla todo lo posible, Luis le llevó fuera de la vivienda y le mostró como el ruido lo producía un semi destruido techo de uralita que por efecto del viento golpeaba los tabiques de una casa bombardeada.

Cierto día llegó un nuevo cooperante. Entre sus enseres llevaba algunos alimentos destacando unos paquetes de galletas Príncipe, las rellenas de chocolate. Luis, a la vista de las necesidades y de las pocas alegrías que tenían los niños, le propuso repartirlas entre ellos, cosa que hicieron. Recuerda perfectamente los rostros de los afortunados que pudieron comer una de ellas. Lástima que no llegaron para todos.

Era obligado que en sus desplazamientos fuera custodiado por fuerzas gubernamentales. Habitualmente un pequeño retén con un suboficial al mando. Los mismos soldados casi siempre.

Un día, tras dejarle en su destino, oyó un tiroteo. Habían caído en una emboscada. Todos murieron. Luis acudió corriendo pero no pudo hacer nada. Solo ver los cadáveres, aún calientes y acribillados a balazos, de aquellos que le habían protegido. Jóvenes que habían perdido sus vidas. A los que conocía. Se acuerda de todos.

Le hicieron saber lo que ya había deducido. Los guerrilleros habían esperado a que le dejaran para no hacerle daño. Pero esto no le consoló. Nunca.

(continuará)

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