«Personajes del callejero de Getxo». – CRISTÓBAL COLÓN


Calle Cristóbal Colón frente a Jolaseta.-Foto : Autor

En un primer apunte sobre esta calle diremos que, hacia 1930, recibía el nombre de “Los plátanos” y que tiene un recorrido que va desde la Avenida de los Chopos o Makaleta, frente a Jolaseta, hasta salir a la vía del actual Metro.

No es nuestra intención, al iniciar la biografía de este hombre mítico, deshacer la madeja de la Historia, dando por buenas o por verdades absolutas todas las cosas que de él se han escrito. Ni suscitar polémicas que no llevarían a ninguna parte aunque la controversia vaya pegada al nombre. La discusión no tiene sentido tanto en cuanto ni los más eruditos y estudiosos de su vida y escritos, los más expertos historiadores, no se ponen de acuerdo ni sobre dónde nació, qué idioma hablaba, si tenía conocimientos de navegación o cartografía, si estaba casado o soltero y con quién desposó en el caso primero.

Por lo tanto todo lo que aquí se escriba del personaje que nos ocupa va a mantener un aire de misterio, lleno de enigmas y contradicciones. A día de hoy todavía se están encontrando en Archivos como el de Simancas, documentos sin clasificar y que se pretende vayan a dar luz a todos los avatares de una vida nómada por mar y del héroe por antonomasia debido a sus descubrimientos de nuevas tierras.

Es de agradecer que algunos autores, como Luis Arranz Márquez traten, al menos, de poner orden en el cúmulo de medias verdades y hasta fantasías que pululan por las Bibliotecas y actualmente por las redes sociales. En su libro “Cristóbal Colón.-Misterio y grandeza” nos basaremos fundamentalmente para tejer esta pequeña biografía con los hechos más relevantes de este misterioso personaje. Y digo misterioso porque quedan muchos huecos que rellenar en los acontecimientos de su existencia, que a día de hoy continúan siendo un enigma para todos. Unos entrarían dentro de la fantasía y otros en el mundo de la elucubración.

La primera tesis envuelta en el misterio y la polémica es su procedencia. Varios países como Francia, Inglaterra, Grecia, Suiza, Portugal, han creado historias peregrinas sobre los ancestros de Cristóbal Colón en esos lugares. La inconsistencia de sus argumentos ha hecho que no pudiesen sostenerlos durante mucho tiempo. Inclusive en España ha habido furibundos impulsores de su origen hispánico, concretamente gallego, hasta que buenos expertos, conocedores de la época, denunciaron como falsos o adulterados los documentos que se presentaban como prueba.

El ilustrado y notable paleógrafo D. Eladio Oviedo Arce, Jefe del Archivo de Galicia, presentó a la Corporación un admirable informe que por encargo de la Academia se le encomendara para esclarecer la genuina patria de Cristóbal Colón, ya que de algún tiempo a esta parte, y desde que el finado publicista don Celso García de la Riega editara su ingenioso libro, pretendiendo demostrar que el célebre nauta naciera en Pontevedra, prolongó la leyenda popular al apoderarse de esta versión, llegando la obsesión de algunas gentes y de no pocos periódicos regionales, a opinar y aplaudir, sin ningún género de reservas, el atisbo feliz del escritor pontevedrés. El Sr. Oviedo, Jefe del Archivo, conceptúa como falsos ó retocados los cinco nuevos documentos que aparecieron en Pontevedra a primeros de 1917, y le fueron consultados, confirmando que el retoque de estos últimos es de la misma mano que entendió en los anteriores documentos presentados como prueba, o sea, en varios de los trece que se publican en el libro del Sr. La Riega.

Por lo tanto, nos adherimos a la teoría más aceptada, de que Cristóforo Colombo nació el año 1451 en Génova. Los datos registrados en el Acta de su Testamento otorgado en Valladolid el 19/5/1506 reafirman el origen genovés de Colón. Su procedencia plebeya, su condición baja y humilde y su más que posible ascendencia judía-conversa, obligaron a Cristóbal y sus hermanos a silenciar su cuna para conseguir abrir las puertas de las Cortes española y portuguesa, que le hubiera sido negado en caso de conocerse.

Sus padres fueron Doménico Colombo y Susana Fontanarossa, pariendo ésta cinco hijos, cuatro varones y una mujer. El padre era tejedor y guardián de la torre y puerta que daba entrada a la ciudad de Génova. Cristóforo (Cristóbal) fue el mayor, siguiéndole Giovanni que murió pronto, después Bartolomeo y posteriormente Giácomo (Diego en España) que siguió los pasos de su padre convirtiéndose en tejedor. De la hija y hermana de Cristóbal, nada se sabe, sólo su nombre, Bianchinetta.

En Cristóbal y Bartolomé desde muy niños se despierta su vocación viajera y marinera, llamando la atención su empeño, una vez ya en la península ibérica, y su afán por esconder su origen y procedencia familiar. Su condición baja y humilde, sus raíces plebeyas y su ascendencia de judío converso, no eran la mejor carta de presentación para entrar en la Corte y por ello, se ocultaba. Su propio hijo Hernando, en la biografía interesada que escribió y propaló a diestro y siniestro viene a afirmar el linaje noble de su padre, en un escrito lleno de vaguedades y medias verdades que no hicieron más que alimentar la leyenda y la confusión.

Cristóbal empezó a navegar muy pronto, enrolándose de grumete a los catorce años y surcando el Mar Mediterráneo, donde se curtió primero, y después aprendió las técnicas propias de la navegación a vela, consiguiendo ser tripulante fijo de barco. No consta que hubiera seguido ningún tipo de estudios, aunque era despierto e inquieto. Se puede decir que la propia vida le fue enseñando.

A los 22 años ya era capitán de una galera que participó en las guerras entre Juan II y Renato de Anjou. Era persona decidida, tenía conocimientos profundos sobre las naos, sabía mandar y fingir, cosa no menor en aquellos tiempos. Acabada la guerra a favor de Juan II, se dedicará durante varios años al comercio a través de todo el mar Mediterráneo, apareciendo en varios documentos sus huellas en esta actividad de navegante-mercader.

Hacia 1474 participó en una expedición comercial a la Isla de Quíos, en el mar Egeo, próxima a la costa de Turquía, controlada entonces por los genoveses, para obtener en ella su principal riqueza, la almáciga o goma de lentisco. Lo que conocemos como látex o goma de mascar.

Uno de los retratos de Colón.- Rfa.Biografíasyvidas.com

Como no es nuestra intención hacer una mera narración de los hechos históricos que le han hecho famoso, sino ahondar más en la persona y su personalidad, describiré, guiándome por el cronista contemporáneo Fray Bartolomé de las Casas, que nos lo define así: “De alto cuerpo, más que mediano; la color blanca, que tiraba a rojo encendido; la nariz, aguileña; los ojos, garzos; el rostro luengo y autorizado; la barba y cabellos, cuando era mozo, rubios, puesto que muy presto con los trabajos, se le tornaron canos”.

Esto en cuanto a su morfología anatómica y en cuanto a su carácter, nos dice Fray Bartolomé: “Era gracioso y alegre, bien hablado, elocuente y glorioso en los negocios. Era grave con moderación, con los extraños, afable, con los de su casa, suave y placentero, con moderada gravedad y discreta conversación. Su aspecto y presencia era de venerable persona, de gran estado y autoridad digna de toda reverencia. Era sobrio y moderado en el comer y beber, vestir y calzar. En las cosas de la religión cristiana, sin duda era católico y de mucha devoción; observaba frecuentemente los ayunos que mandaba la Iglesia, confesaba muchas veces y comulgaba; enemigo de decir y escuchar blasfemias y juramentos…..

Entre sus cualidades se encontraban la de tener una gran memoria por lo que aprendió muy pronto a leer y escribir, cultivó la Aritmética, el dibujo y la pintura con gran perfección. Se creía experto en lengua latina aunque no lo era, era tenaz y muy aficionado al estudio y tenía un don natural para la observación y descripción de las cartas náuticas. Lo dicho no entra en contradicción con lo apuntado al principio ya que, aunque su hijo Hernando nos lo quiera presentar como un estudiante de la Universidad de Pavía, no hay ningún documento que lo corrobore.

Sus contemporáneos, resumiéndolo en tres palabras, lo describen como: “misterioso, soberbio y convencido de ser un instrumento divino”.

Otra cuestión que ha dado mucho que hablar, y escribir, entre los Historiadores es el tema de ¿qué lengua hablaba Cristóbal Colón? Quizá italiano, por su origen, quizá portugués por su larga estancia (más de 10 años) en ese país, o acaso castellano, incluso latín. Los testigos coetáneos del descubridor dicen que el castellano le es “como lengua agena”. Fray Bartolomé de las Casas indica que “algunas de sus palabras no son de perfecto romance castellano”.

Los escritos de “a bordo”, tanto el Diario, cartas, memoriales y otro tipo de documentos oficiales lo están en un “castellano aportuguesado”. A pesar de su larga estancia en Portugal, no se recoge ningún escrito del Almirante en portugués, quizá porque se perdiesen en el terrible terremoto que asoló Lisboa en 1755 o por el desinterés de sacar a relucir historias inconvenientes. Como, por ejemplo, los problemas que tuvo Colón con la justicia.

Una persona de la eminencia de D. Ramón Menéndez Pidal, después de un riguroso estudio, nos da algunas claves:
– Sólo sabía escribir en dos idiomas, en castellano y en latín, y en este idioma con abundantes hispanismos y errores. No lo dominaba.
-Seguramente hablaba también el italiano pero no lo sabía escribir.
-Tampoco sabía escribir en portugués, aunque su castellano está lleno de giros portugueses.
-Inclusive en su escritura se vislumbran algunos catalanismos, vestigio de sus viajes por el Mediterráneo y la compañía de marinos catalanes.

En definitiva y para zanjar este tema, el castellano, con matices, es el idioma en el que habla y escribe Colón.

Residió en Portugal casi diez años. Su llegada y la forma de su aparición o advenimiento es otro de los hechos oscuros y confusos, dándose por bueno el que salvó milagrosamente su vida, asido a un remo, una vez incendiado su barco en alguna batalla entre corsarios. Su hijo Hernando en sus escritos no hace sino que alimentar la confusión, simplemente por el mero hecho de ensalzar, aún más, a su primogenitor. De los portugueses aprendió a conocer el océano y a frecuentar las rutas comerciales que iban desde Islandia a Madeira. En el año 1477 viajó hasta Inglaterra e Islandia, y en 1478 navega de Lisboa al archipiélago de Madeira con cargamentos de azúcar. Es conveniente resaltar la poca documentación existente de esta década lusitana, lo que incrementa el halo de misterio y sigilo incomprensible, avivadas las incógnitas desde una Corte como la de Juan II, casado en 2ª nupcias con Isabel de Portugal.

Parece que contrajo matrimonio con Felipa Moniz, comendadora con nobleza de linaje, alrededor del año 1480. La madre, Isabel Moniz era de noble linaje, emparentado con el de Braganza; el padre, Diego Perestrello, también genovés, estaba estrechamente relacionado con las empresas náuticas de la corona portuguesa y era a la sazón gobernador de la isla de Porto Santo, en el archipiélago de Madeira. De este matrimonio, allí nació hacia 1482 su sucesor Diego Colón.

Y de nuevo nos encontramos con otro dilema. ¿Conocía Colón las tierras que quería descubrir? ¿Sabía antes del Primer Viaje que existían las tierras de lo que se llamó América o son puras especulaciones, fantasías o meras conjeturas? Volvemos otra vez a la dicotomía de lo real y la leyenda. Los historiadores que se apuntan a la tesis de que Colón, a través de otros marinos que navegaron por el Atlántico y se desviaron de su ruta por las inclemencias del tiempo, llegando a lo que se llamaba “mar libre” y a tierras que no se reflejaban en la cartografía existente, lo tienen muy claro. Para otros, esa teoría de que Colón era conocedor de antemano de las tierras del Nuevo Mundo, era rebajar y desmitificar al personaje.

Dos autores de nuestro siglo, Juan Manzano Manzano y Juan Pérez de Tudela, dan por segura la primera tesis. Pero es conveniente dejar claro que Colón no conocía ese dato de primera mano, sino de terceras personas que fueron informando al descubridor. Con los estudios de estos dos autores, la idea peregrina hasta ese momento, del predescubrimiento, toma carta de naturaleza, aunque no hayan desaparecido las voces que mantienen lo contrario y que sostienen que el descubrimiento fue pura casualidad. Son los propios Reyes Católicos los que le reconocen el “predescubrimiento de una de las tierras firmes”.

Colón continúa en Portugal estudiando los aspectos geográficos y científicos de la navegación bajo el amparo de su suegro. La temprana muerte de su esposa Felipa, un año después de dar a luz, hacen que se acentúe su obsesión por descubrir nuevas rutas que le lleven a las Indias, navegando hacia occidente. Comienza a diseñar su gran proyecto acogiéndose a los conocimientos sobre el globo terráqueo del humanista florentino Toscanelli, cuyos datos acertaban en su forma esférica pero fallaban en sus dimensiones.

Hacia 1483 o 1484 defendió su proyecto de circunnavegación ante los portugueses, que lo rechazaron, escribiendo él mismo “todos aquellos que supieron de mi empresa, con risa la negaron, burlando”. A finales de 1484 o principios de 1485 dejó Portugal secretamente rumbo a Castilla acompañado de su hermano Bartolomé y de su hijo Diego, al que dejó a cargo de su tía materna Violante Moniz que vivía en Huelva. Para estas fechas ya tenía el convencimiento de encontrar otras tierras al otro lado del Océano.

En el camino se detuvieron en el cercano convento de La Rábida, donde les albergaron. Fray Juan Pérez, que había sido confesor de la Reina y a la sazón era el Guardián del Convento, cuando oyó de labios de Cristóbal el proyecto que quería emprender, se mostró entusiasmado, interesando a su compañero Fray Antonio de Marchena que era un experto en astronomía y un erudito en cosmografía. Estos frailes, le aportaron una influencia benéfica, entregándole una carta de recomendación para el Duque de Medinaceli quien se apasionó con la idea y retuvo más de un año a Colón con el propósito de preparar a fondo la expedición.

El 20/1/1486 se entrevistó, por primera vez, con los Reyes Católicos en Alcalá de Henares. Una vez presentada su “fantasía” a la Junta nombrada por los Reyes, el dictamen se produjo en la primavera de 1487 y fue negativo. La cercanía y confianza que Fray Juan Pérez tenía con la Reina, incitó a ésta a reconsiderar su postura y tener en cuenta la propuesta colombina aunque fuera más adelante, mientras el fraile retenía a Cristóbal en La Rábida para que no se fuese a buscar apoyos a otra Corte.

La Reina, que estaba más pendiente de la conquista de Granada, otorgó una pensión al navegante y le rogó que permaneciera en Córdoba. Cristóbal se instaló en un mesón, donde entabló relación con la joven Beatriz Enríquez, veinte años menor que él y con la que nunca se casó por considerarla simplemente un “descanso del guerrero”. De esa unión nació en 1488 un hijo, Hernando, que sería el primer biógrafo del Almirante y principal responsable de los ocultamientos y ambigüedades que durante siglos envolverían a su figura. Fue marginada tanto por Colón como por su hijo Hernando una vez conseguidos sus objetivos en un claro caso de discriminación social, hasta los últimos días del navegante en que dejó encomendada a su hijo Diego la misión de proveerla económicamente de por vida. Le remordía la conciencia.

Ultimada la conquista de Granada, los reyes recibieron con mejor talante a Colón. Pero las pretensiones del extranjero resultaban desmesuradas: el Almirantazgo de la Mar Océana, el Virreinato hereditario de las tierras que encontrara y una parte importante de todas las riquezas que él o sus hombres obtuvieran por conquista o por comercio. Fernando le hizo notar su exceso, aunque Isabel le despidió con vagas promesas. Colón, harto de su deambular ibérico, resolvió llevar su proyecto ante el rey de Francia.

Las exigencias desmedidas de Colón, la conquista de Granada y la opinión de los expertos que determinaron que el proyecto era muy arriesgado, contribuyeron a que Isabel y Fernando tardasen siete años en tomarlo en consideración. No le faltaron a Colón los apoyos en la Corte, como Luis de Santángel y Francisco de Pinelo, lo que contribuyó a que los Reyes transigieran y se aviniesen a recibir de nuevo a Colón en Santa Fe (Granada) y le manifestasen su intención de financiar la empresa.

En Abril de 1492 fueron firmadas lo que se dio en llamar las Capitulaciones de Santa Fe, en las que se recogen los puntos fundamentales fruto de una negociación ardua y difícil, en las que se aceptaban y concedían enormes privilegios a Colón como el título de Almirante y Gobernador General, así como ventajas económicas que le reportaban el 10% de todos los beneficios comerciales, todo ello condicionado al hecho del descubrimiento. La lógica de la ciencia había pasado a un segundo plano, imponiéndose la decisión personal. Por lo tanto, el Reino de Castilla sufragaba los gastos de un viaje en el que no pudieron embarcar marinos ni de Aragón, ni de Cataluña, ni de Navarra, pero sí vizcaínos ya que eran súbditos de la Reina de Castilla.

Con este pasaporte regio y las instrucciones de cómo organizar la flota, se dirigió Colón al puerto de Palos de la Frontera, donde con la ayuda inestimable de los hermanos Pinzón, se aprestaron a preparar una buena flota con marineros avezados y acostumbrados a navegar por el Océano Atlántico.

Firma de las Capitulaciones de Santa Fe.- Fuente: Wikipedia

No es nuestra intención detallar aquí, por ya archiconocidos, los cuatro viajes que, en definitiva, hizo el descubridor a las Américas. Se trata de destacar lo más y mejor posible la personalidad del personaje, lleno de misterio, dudas, medias verdades, componendas, amistades buenas y en algunos casos peligrosas, su tenacidad yendo de una Corte a otra, su seguridad en la exactitud de lo que proclamaba, su tozudez en exigir inclusive ante los Reyes lo que él creía que se merecía, le hacían parecer cuando menos como una persona desconcertante, al cual casi nadie le tomaba en serio, sino más bien a risa y burla.

1º Viaje.- Salida de Palos de las tres Carabelas el 3/8/1492. Juan Rodríguez Bermejo, verdadero nombre del llamado Rodrigo de Triana lanza el ansiado grito de “Tierra” el 12/10/1492. Habían avistado una pequeña isla del Archipiélago de las Lucayas o Bahamas. Hoy se la conoce como Isla Watling. El 15/3/1493 volvía a entrar por la barra del puerto de Palos.
2º Viaje.- El 25/9/1493 parte desde el Puerto de Cádiz. El 3/11/1493 arriba a la Isla de las Pequeñas Antillas a la que denominaron “Dominica”. El 16/11/1493 llega a Puerto Rico.
El 10/3/1496 zarpa para España. El 11/4/1496 llega a Cádiz envuelto en un sayal de fraile franciscano.
3º Viaje.- Parte desde Sanlúcar de Barrameda el 30/5/1498 al Nuevo Mundo, arribando a la Isla de Trinidad el 31/7/1498 y posteriormente a la desembocadura del Río Orinoco y Venezuela. Una de las naves fue vizcaína y de piloto iba el vizcaíno Pedro de Ledesma. Iban otros varios vizcaínos y guipuzcoanos como Pedro de Gámiz, Adrián de Mújica, Fernando de Guevara, Francisco de Garay, y Pedro de Bilbao que repetía viaje.
Son apresados los tres hermanos, Cristóbal, Diego y Bartolomé por Bobadilla y enviados a España cargados de grilletes arribando a sus costas gaditanas el 25/1/1500.
Colón había triunfado como marino y descubridor pero había fracasado como gobernante.
4º Viaje.- Sale del Puerto de Cádiz el 9/5/1502, llegando a la Isla Martinica, Jamaica y después Cuba el 15/6/1502. El 13/9/1504 parte, de nuevo, desde el Puerto de Ozama (República Dominicana) de vuelta a España donde desembarca el 7/11/1504 en Sanlúcar de Barrameda, ya muy enfermo.

«El Descubrimiento de America». Autor: Dióscoro Teófilo Puebla (c.1862)

Más que cansado, el Almirante estaba, a su vuelta, con el alma dolorida y el cuerpo tullido por sus ataques de gota o artritis cada vez más frecuentes. Dos años y medio en un clima tropical, la humedad, las tormentas infernales, el esfuerzo continuado, las privaciones, habían deteriorado sensiblemente su condición física. Para un cuerpo como el suyo ya bastante gastado, estas circunstancias dejan huella, negativa, por supuesto.

Mientras se encaminaba a una muerte cercana no dejó Colón de buscar y encontrar una última polémica que le mantuviese como héroe. ¿Vivió sus últimos días en una extrema pobreza o las rentas que le tenían asignadas los Monarcas eran más que suficiente para subsistir bien tanto él como toda su familia? Las quejas propias y de su hijo Hernando, no parecen más que querer engrandecer una leyenda de una persona que se sentía maltratada exagerando su desgracia. Su hijo Hernando describía en la “Historia del Almirante” “lo que él consideraba la ingratitud de todos para quien regaló un Nuevo Mundo”. Pero nada más lejos de la verdad. Quien examinó sus cuentas y estudió sus cifras llegó a la conclusión de que de menesteroso, nada de nada. Otro mito que se ha resuelto sin paliativos.

Después de pasado un tiempo en Sevilla, postrado en cama por sus enfermedades, se trasladó para afincarse, a Valladolid, donde disfrutó de buenas rentas, hasta que le sorprendió la muerte a causa del Síndrome de Reiter, conocido como artritis reactiva el 20/5/1506 en esa ciudad castellana. En sus últimos años se había convertido en extremadamente religioso. Sus últimas palabras dicen que fueron: «En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu«.

Ni siquiera una vez fallecido pudo estar tranquilo. El peregrinaje sufrido por sus restos es digno de una novela cinematográfica que trataremos de resumir aquí. Inicialmente fue enterrado en la Iglesia del Convento de San Francisco del mismo Valladolid, hasta que el 11/4/1509, y por orden expresada en su Testamento, le trasladan a la Cartuja de las Cuevas de Sevilla. Años después, hacia 1537, la viuda de Diego Colón, sobrina del II Duque de Alba y Virreina de Las Indias, Doña María de Toledo acogiéndose a obligaciones de conciencia y deberes de hija, manifiesta que hay una manda testamentaria del Almirante en la que dice “e asimismo especialmente encargó que su cuerpo fuese sepultado en esta Isla de La Española, pues más acebta sepultura no podía ni pudo elegir que en estas partes, las cuales Dios milagrosamente le quiso dar a conocer, descubrir, e ganar”. Cumple el mandato y traslada los restos de Cristóbal a la Catedral de Santo Domingo en la República Dominicana.

Más tarde, en 1795 las autoridades españolas los trasladan a la Catedral de la Habana. En 1898, al ocupar los americanos La Habana, el Gobierno español del momento dispuso se trasladaran a la Catedral de Sevilla, donde actualmente están depositados. Estudios científicos del 2006 aseveran y atestiguan que realmente son los restos de Colón aunque no está el cuerpo completo.

Gracias a un amable historiador cubano hemos podido saber que el 26/12/1862 en el pueblo cubano de Cárdenas, Provincia de Matanzas, se erigió y reveló pública y solemnemente una estatua de Cristóbal Colón en la llamada Plaza de Recreo de Isabel II, la primera en toda América Latina y que tuvo en su día una gran repercusión. A solemnizar el acto acudió la gran poetisa camagüeyana Gertrudis Gómez de Avellaneda, quien compuso una cantata para la ocasión titulada “Himno a Colón” acompañada de su esposo el Tte. Gobernador Coronel Domingo Verdugo. Esta noticia no tendría ninguna importancia para nosotros si no fuese porque el Alcalde Ordinario de Cárdenas que tuvo la idea y la impulsó fue Pedro José de Zabala, algorteño de nacimiento y hermano mayor de Juan Bautista Zabala, nuestro insigne benefactor.

Varias cuestiones nos quedan por decir, para terminar de comprender la figura de este personaje, una es que “nunca reconoció que había hallado un Nuevo Continente, convencido de que había llegado a las Indias”. Por otro lado es para nosotros muy interesante remarcar la importancia que tuvieron los marinos viscainos en los viajes de Colón, sobre todo en el primero. En este primer viaje y cuando llevaban ya dos meses de navegación, un grupo de tripulantes de la nao Santa María, cuyo armador era Juan de la Cosa, se amotinó contra Colón. Eran marineros viscaínos, nombre genérico que entonces se daba a todos los vascos, todos ellos muy curtidos en las labores del mar y quisieron expresar, así, su malestar y descontento por cómo se estaba llevando la aventura y desconfiaban de los datos que Colón les hacía llegar. A marineros tan avezados como estos no se les podía engañar tan fácilmente con datos falsos sobre el número de leguas navegadas. Dos días antes del famoso grito de Rodrigo de Triana, se produjo un segundo motín que pudieron calmar los hermanos Pinzón, prestigiosos personajes muy respetados entre la tripulación, ya que Colón no tenía ningún ascendiente sobre ellos.

En esa nao se conocen a ciencia cierta los nombres de varios vizcaínos: Chanchu, vecino de Lekeitio, Domingo, tonelero vizcaíno Dyzpaster, otro Domingo de Lekeitio, Juan Martínez de Açoque, vecino de Deva, Juan Ruiz de la Peña biscayno de Deva, Lope, calafate oriundo de Erandio, el grumete Martín de Urtubia vecino de Santa María de Anchituan, Pedro de Bilbao nacido en Larrabezúa y otros más dudosos como el propio armador Juan de la Cosa de quien se dice que era de Orduña. Por lo tanto, y teniendo en cuenta el número de tripulantes que llevaba la Santa María, podemos afirmar que los vizcaínos eran un grupo importante y que muchos de ellos se quedaron en América, sin volver nunca a España, por haberse hundido su nave en una decisión aciaga. Dicen los cronistas que el naufragio fue preparado por el propio Colón y el armador, en caso contrario no se entiende que ordenasen a la peor nave de las tres efectuar una costera de reconocimiento y además gobernada al timón por un grumete en el momento en que encalló. Colón, en su diario de a bordo exclama que fue providencial que se hundiera la Santa María, lo que me sirve de excusa para dejar a un montón de gente molesta en Haití…

En el segundo viaje de Colón, en Septiembre de 1493, Colón ya era Almirante y pudo disponer de una flota mayor, 17 barcos con una tripulación total cercana a los 1500 marineros. Aunque eran vizcaínos una buena parte, proporcionalmente eran menos que en el primer viaje. Se tiene constancia que Colón intentó alistar para este viaje al vizcaíno Juan de Artieta bajo cuyas órdenes se encontraba toda una flota apelada “La Armada de Viscaya” y que por órden de los Reyes Católicos se dedicaba, bloqueando el puerto de Cádiz, a contener a los navíos portugueses que pretendían utilizar ese paso para la ruta de poniente.

Fue vano el intento de Colón, que ya se había olvidado de los aprietos en que le habían metido los vizcaínos en el viaje anterior, porque los Reyes Católicos le pararon los pies para que no se excediera en sus funciones. Para evitar tentaciones, se le encomendó a Juan de Artieta y su flota llevar a África al destronado Rey de Granada. Era la mejor manera de demostrar que, en asuntos marinos, lo mejor de su reino estaba en la “Nación de Viscaya”. Partió Colón para América, encontrándose a su llegada destruido el fuerte de Navidad y muertos a todos sus habitantes.

¿Había algún getxotarra entre los primeros pobladores españoles de América? No se documenta ninguno. A finales del siglo XV el núcleo poblacional de Getxo era el Barrio de Andra Mari dedicado fundamentalmente a la agricultura, y el espacio del pequeño puerto existente, era incipiente todavía por lo que es muy improbable hubiese marinos.
P.E.: Haciendo una revisión de este texto, constato que me queda una cuestión por aclarar y que cualquier persona observadora habrá notado y preguntado en alguna ocasión. ¿Por qué se llama AMÉRICA a los lugares que descubrió Colón, cuando éste siempre los cita como las INDIAS?

Mientras la familia Colón residió en la Isla de Santo Domingo, se divulgaron oculta y artificiosamente por Europa escritos, provenientes de Italia, describiendo los viajes de Américo Vespucio, logrando apellidar al Nuevo Continente con un nombre que no le correspondía. Como se ha demostrado fehacientemente, los susodichos viajes son pura invención de Américo Vespucio, en muchos casos copiando los escritos del original de Colón, como también se ha demostrado. Esta usurpación ni nació ni tuvo jamás acogida en nuestro país, donde siempre se ha hecho justicia con el Almirante, llamando Indias a lo que descubrió Colón, hasta entrado el siglo XX que se comenzó a aceptar el nombre de América.

Rfas. ARRANZ MÁRQUEZ, L.- CRISTÓBAL COLÓN.- Misterio y grandeza.-2006.-Madrid
MENÉNDEZ PIDAL, R.- La Lengua de Cristóbal Colón.-1940.-Madrid
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2/2/2014

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