LAGO INLE

Situado al sur del Estado Shan su nombre se puede traducir como “Lago Pequeño” ya que hay uno más grande al norte del país.
Tiene una gran extensión, unos 500 km2: 100km de largo por 5km de ancho de media. Sin embargo es poco profundo, entre 3 y 5 metros de media según la época del año tratándose claramente de un lago de río ya que es uno el que le suministra agua y es ese mismo el que le sirve de salida.

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                                         Casas en el Lago

En su cuenca viven alrededor de 160.000 personas distribuidas en unas 100 poblaciones. Su sustento lo logran de la agricultura, la pesca y, en los tiempos de democracia vigilada, del turismo. Abundan las huertas y los cultivos de tomates, calabazas, coliflores, nuez de betel, flores, papayas, mangos, melones, bananas… Su riqueza agrícola es, por tanto, destacable.

En su superficie hay casas de madera edificadas en el agua casi siempre sobre estacas del mismo material que si es de pino durarán en buen estado unos 30 a 40 años y si es la de teca o de otros árboles resistentes llegarán a los 200. Cuestión de dinero, como siempre.

Faenan en él unos típicos pescadores (actualmente en su mayoría reclamos turísticos) herederos de una vieja tradición: situados en la proa de su canoa agarran el remo con un pie a la vez que lo encajan en una axila, mientras que el otro pie les sirve para apoyarse con gran equilibrio, una mano la usan para atraer los peces y la otra mano para echar la red.

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                                    Navegando entre jacintos secos

La UNESCO ha definido el Lago Inle como un “sitio RAMSAR”, es decir, un humedal de importancia internacional.

Ello ha facilitado que afloren sus grandes y graves problemas. Voy con algunos de ellos (el orden no significa importancia):

 – La agricultura dentro del propio Lago con la influencia del cultivo en huertos.
Por ejemplo, los tomates han sufrido varias plagas y se han utilizado pesticidas químicos que han aumentado en buena manera la contaminación de las aguas.

 – La tala de árboles en las laderas de los montes cercanos que hace que un exceso de tierra llegue al Lago en la época de lluvias y se deposite en su fondo con la lógica influencia en el caudal.

 – La pesca indiscriminada. Incluso se llegaron a utilizar hasta no hace mucho métodos eléctricos (descargas) ahora prohibidos.

 – Las especies invasoras, especialmente los abundantes jacintos de agua, que se multiplican rápidamente y dificultan la oxigenación,

 – Los caracoles que se han convertido en un problema por la falta de depredadores.

 – Las plantaciones de arroz en sus riberas. Con objeto de lograr mejores cosechas se han utilizado fertilizantes de muy mala calidad, sin duda por la pobreza de la población.

 – El incremento del turismo.

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                   Pescar, un ejercicio de equilibrismo

Su análisis ha llevado a desarrollar planes de mejora patrocinados por la ONU y desarrollados, en general, por investigadores miembros de Universidades y Fundaciones sustentadas por el gobierno de Noruega y apoyados masivamente por el partido más importante del país. Seguramente todo esto habrá cambiado tras el  Golpe de Estado.

El Lago Inle, por tanto, es una preciosa e impactante gran obra de la naturaleza acosada por el hombre, como otras muchas, en este caso, además, con los problemas añadidos que causan las grandes carencias económicas y las necesidades perentorias de sus pobladores.

Lago Inle (I)

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                       Qué ricos

Tocaba madrugar de nuevo para ir al aeropuerto de Bagan donde tomamos un vuelo al de Heho con escala en Mandalay.

Al llegar a la terminal nos dirigimos a la única oficina bancaria del recinto, con intención de cambiar divisas. Fui yo el primero con 100€. A continuación lo intentó Javi pero le dijeron que no. San Yu preguntó el motivo y le contestaron que conmigo se habían acabado las existencias en moneda local.

Nos estaba esperando otro monovolumen para llevarnos hasta el Lago. Paramos de camino en un mercado ambulante de comida que ese día estaba en una ciudad próxima a Heho. Como siempre bullicio, colorido, muchas frutas y hortalizas, especias, pescado fresco (incluso vivo) y también seco.

Por supuesto, no faltaron los churros.

La siguiente parada fue una fábrica artesanal de parasoles tipo chino, orientada, como no, a turistas. Muy bonito e interesante el proceso. Y los precios de la tienda más o menos asequibles. Esta nos gustó. Pero no compramos por lo que podían ocupar en el equipaje.

Llegamos a la ciudad más importante del Lago, Nyaung Shwe que con más de 100.000 habitantes recibe a los turistas con mucho movimiento en sus calles, especialmente en las más cercanas al Lago.

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                      Los adornos del parasol

Embarcamos en una estrecha y, cómo no, colorida y bonita canoa a motor que nos trasladó a los 5 cómodamente sentados en confortables y mullidos silloncitos de madera puestos en fila india con las maletas que, cubiertas de plástico para protegerlas de las posibles salpicaduras de agua, iban en proa mientras el piloto, como es normal, iba en popa.

Tengo el recuerdo de haber hecho un recorrido muy interesante y placentero, a poca velocidad y tratando de asimilar todo lo que nos rodeaba que, sin duda, era una grata novedad para nuestros ojos.

Los jacintos flotantes inundaban buena parte del recorrido. Paramos para ver de cerca a los pescadores equilibristas muy típicos del Lago y a los recolectores de los restos de las mencionadas plantas que luego son utilizados entre otras cosas para formar la base de los huertos sobre el agua antes mencionados.

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   Vino birmano. Una rareza

Así llegamos a un restaurante, bastante nuevo, donde había una variada carta mezcla de comida birmana e italiana. Pedimos pasta. Por primera y única vez en este viaje bebimos vino de la zona, decente y muy caro para la población birmana (15€).

En el trayecto hasta el Hotel, San Yu nos “aburrió” a visitar talleres.

Primero fuimos a uno que fabricaba seda falsa, de sorprendente buena calidad, confeccionada a partir de los filamentos de los jacintos del lago.

Todo estaba en un absoluto desorden. Además, la luz era pobre. Y el concepto de “ergonomía” no había llegado hasta allí.

Bego le dio a una de las trabajadoras, que estaba en todo momento con una sonrisa en la boca, una propina de 5.000 kiats (3,50€) y la muchacha se emocionó. Según el guía le había dado demasiado. Incluso nos dijo que no era bueno acostumbrarles a tanto.

Vimos a una turista bastante gruesa con el tobillo enyesado y nos fijamos en los movimientos que tuvieron que hacer para sacarla de la estrecha canoa y que pudiera subirlas escaleras a la fábrica. Le llevó su tiempo.

Seguidamente nos dirigimos a otro negocio cercano pensado para turistas: una fábrica de machetes.

Se trataba de una falsa y destartalada herrería destinada a la venta de armas blancas y figuras y otros derivados de la forja, con un gran salón de exposiciones. Le expliqué a San Yu que había conocido a dos hermanos herreros y les había visto trabajar de verdad y lo que nos enseñaba no tenía ninguna emoción ni para Bego ni para mí. Lo que querían vender, además de ser muy caro era poco apropiado para ser llevado en un avión.

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                               Recogiendo jacintos muertos

No contento con esto y, posiblemente deseoso de que viéramos cosas distintas, nos llevó a una fábrica de tabaco. Lo liaban a mano.

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                  Hilando la falsa seda

A lo monótono de tanta visita se unió el desagradable olor del tabaco que inundaba el recinto. La mayoría de los trabajadores y visitantes estaban fumando. Isabel, entonces fumadora empedernida, sí hizo aprecio a las enseñanzas. No estuve ni un minuto y me fui a esperarles sentado en un banco en el exterior.

Aquí le dije a nuestro apreciado guía, muy suavemente, que ya valía de tiendas por aquel día y pareció entenderlo ya que suspendió alguna más con la que nos estaba “amenazando”.

Tocaba ir al hotel, magnífico resort totalmente separado del mundo, al que llegamos también en una barca que atracó temporalmente en su embarcadero. Solamente tenía cerca una carretera nueva sin tráfico y otro hotel también de alto nivel.

El edificio principal está rodeado de grandes y bellos jardines por los que paseamos Bego y yo tranquilamente en una tarde muy apacible.

Isabel decidió recibir un masaje típico. Los dan con pies y manos, Se suben encima y te masajean mientras andan sobre tu espalda. A nuestra amiga le pareció que la desmontaban y varias veces intentó pararlo pensando en que iba a tener malas consecuencias.

Quedó como nueva, sin ninguna marca ni daño. Y de lo más relajada y a gusto.

Como era el día de San Valentín (estos hoteles no tienen religión o, mejor dicho, tienen todas) la cena era en los jardines donde habían puesto un buffet excelente que teníamos incluido en el precio.

Tal vez por el romanticismo, las zonas de comida estaban poco iluminadas, prácticamente solo con velas. Nosotros utilizamos la linterna del móvil para ver el contenido de las fuentes de las que nos teníamos que servir cosa que pareció molestar a algunos camareros.

El Lago Inle nos había sorprendido favorablemente. Es original, lleno de vida y de colorido. Y muy diferente.

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