DE VUELTA A LA NORMALIDAD 1


Los que habitualmente vamos a gusto a este tipo de acontecimientos, llevábamos casi tres años esperándolo. La pericia y las ganas que le ponen Jesús M. y Javi V. han hecho el resto. La convocatoria para el 1 de junio parecía propicia para que la “cosecha del 73” nos volviésemos a reunir con un programa confeccionado con mimo por estos dos grandes de la “public relations”.

Y el tiempo, espléndido, sobre el que seguramente estos dos personajes tienen ascendencia, se mostró apropiado para cumplir todo el programa por ellos confeccionado. La ausencia de algunos de los habituales no mermó nuestro entusiasmo y nuestras ganas de ponernos al día de “nuestras cosas”. Incidentes en el metro aparte, salimos a la hora anunciada hacia un destino sobre el que inmediatamente nos puso al día el inquieto Jesús M. A nadie le importó que, al ensalzar las cualidades del Restaurante donde daríamos cuenta de un sabroso menú,  llamase “barbacoa “ a lo que, en realidad es una parrilla o paila. ¡Qué más da! Si de sus brasas salen unas buenas chuletas en su punto. Sí que pudo sorprender a más de uno el que, teniendo como destino Azpeitia, no visitáramos el Santuario de Loiola, ni la casa natal del santo ignaciano, ni el convento de Nª Sra. de Olatz, ni la casa-torre de Enparan o la Plaza de Toros. Este día, no tocaba.

Pero antes de comenzar las visitas programadas, como chicos serios que somos y de buenas costumbres, la primera parada fue en una cafetería apropiada para un desayuno contundente. Bueno, aunque en la práctica lo único que había era tortilla de patata, entre los 14 valientes dimos buena cuenta de ella. Ya teníamos el cuerpo entonado para comenzar nuestra visita al “Museo del tren en Azpeitia” situado justo enfrente. Ese sí era nuestro destino. Distinto y, por ello, hermoso e imprevisible.

Lo primero que llama la atención es el propio edificio de la estación, una edificación de piedra de tres plantas con aspecto de construcción medieval, con un cartel bien visible en el costado donde se puede leer “Azpeitia” y en el que destacan los “garitones” situados en los ángulos del edificio. Es necesario atravesarlo para llegar a la estación donde ya nos esperaba la atenta “Maialen” y calentaba la locomotora a vapor “Aurrera” que nos llevaría a realizar el trayecto entre las estaciones de Azpeitia y Lasao de unos 5 Kms de recorrido. Tras una breve explicación nos subimos a los vagones, ambos de madera, como los que guardamos en nuestra memoria de viajes infantiles, dispuestos a sobrevivir a la “carbonilla” que arroja la locomotora.

Y como todo viaje tiene que tener su incidencia, que no accidente, nosotros también la tuvimos. Dispuestos a disfrutar del nostálgico viaje, no habíamos recorrido ni un kilómetro, cuando un brusco frenazo nos hizo agarrarnos a lo que pudimos. Un tronco de acacia había caído sobre la vía golpeando en la locomotora que, herida, más en su orgullo que en sus hierros retorcidos, dio marcha atrás hasta el punto de salida. Nos quedamos sin viaje pero aliviados de que el percance no tuviese más importancia que una pequeña abolladura en su chasis.

Como el que ejercía de conductor es también el Director del Museo, inmediatamente nos dio una alternativa que fue hacer una visita guiada por él mismo a través de todo el Museo inaugurado en 1992  y que presenta una de las mejores colecciones ferroviarias de Europa, con vehículos de todo tipo: locomotoras de vapor, diesel, eléctricas y distintas clases de vagones y coches. Tiene uno de los conjuntos más completos de máquinas-herramienta de Euskadi, procedente del taller mecánico del Urola, una instalación que se inauguró en 1925 y que se conserva tal y como estaba en aquella época. En definitiva, en los cuatro espacios que nos mostraron no hay ni un solo rincón en el que no esté presente algún elemento ligado al ferrocarril, en cantidad y en calidad.

Nuestro guía y director del museo, además de no importarle ensuciarse las manos arreglando cualquier avería que se presente, que atiende por el nombre de Juanjo Olaizola, es un pozo de sabiduría ferroviaria, tiene un verbo fácil y entendible, y una agilidad mental exuberante no exenta de humor, guipuzcoano naturalmente, que nos admiró a todos. Sus explicaciones eran escuetas y precisas, muy didácticas,  con un gran dinamismo y detalle, lo que se agradece porque había mucho que ver y el tiempo apremiaba.

Vimos una grúa de vapor, un puente giratorio y su rotonda, las cocheras, los transportes urbanos de Bilbao y San Sebastián, un taller electromecánico, la subcentral de transformación y todo un universo de objetos y utensilios anexos al ferrocarril, incluidos los antiguos billetes. Pero no pudimos ver, por falta de tiempo, lo que la segunda planta del edificio de la estación albergaba, como la sala de uniformes y la de relojes, dignas de visitarse en otro momento.

Billete, ya picado, del tren Azpeitia-Lasao
Esperando subir a la locomotora

 
 

Edificio de la estación

 
Antes del incidente
Después del incidente
 
Juanjo dando explicaciones en el pabellón que alberga
locomotoras, tranvías y vagones de todo el mundo.
Locomotora “Echeverría”  de 1924
 

El recorrido fue ajustado al tiempo de que disponíamos, por lo que a las 13:15 h tuvimos que subirnos al microbús que nos trasladaría hasta Orio donde nos esperaban a las 14:00 h con un aperitivo y degustación del txakolí local antes de entrar en el restaurante.

El lugar, al que se accede en su tramo final por una carretera sinuosa y estrecha, se abre majestuoso y perfecto en un día de cielo sin nubes y temperatura agradable. El Txakoli Bodega Katxiña se sitúa en el medio de las 8 hectáreas de viñedo, con orientación sur, expuestos en una ladera que finaliza con unas vistas espectaculares sobre la ría del rio Oria .

Caserío tipo vasco, rodeado de viñedos y con un solar adecuado para tomar los aperitivos.

Aquí nos estaban esperando, en el jardín de bienvenida,  con el txakoli de la casa diseñado de la variedad de uva “Hondarribi Zuri”, preparado para su cata acompañado por unas tapas de ventresca, anchoas en salazón y algas de un intenso sabor a mar que nos sirvieron como entrantes y maridaje perfectos. ¡Qué se puede decir de este txakoli “con burbujas” que, como diría el ínclito Agustín, parece “una gaseosa”! Ya lo dice la publicidad: “Este vino tiene un carácter afrutado que combinado con la brisa del mar Cantábrico se presenta como fresco, vibrante, afrutado y fino. La intensidad aromática se reparte muy bien en boca y deja un gusto agradable y duradero”. Dicho queda.

Lo cierto es que, seducidos por el lugar, entraba muy bien y la estancia en el exterior se hizo muy agradable.

Ya en el interior, nos dispusimos a degustar el menú concertado que consistió en “ensalada de bogavante”, con una presentación esmerada,  abundante producto y la ensalada en su punto de vinagreta, luego el plato estrella “el besugo a la parrilla al estilo de Orio”, perfecto de asado y sabor intenso y “una chuleta de viejo PREMIUM” para compartir con unos pimientos del piquillo que se deshacían en boca. Los postres no desmerecieron al resto.

Si a esto le añadimos una atención esmerada y cercana de unas camareras pendientes en todo momento, y un servicio rápido y elegante, así como una conversación amigable y serena sobre nuestro pasado laboral, podemos decir que la experiencia ha sido fabulosa, que el lugar es impresionante y el material que utilizan es inmejorable.

Vistas desde el jardín sobre la ría del “Oria” y los viñedos en la ladera.

En definitiva, un día para recordar durante mucho tiempo por todo lo vivido, por todo lo visto, todo lo comido y todo lo bebido. Y, por supuesto, todo ello en buena compañía, disciplinados y agradecidos. Ya estamos esperando la próxima salida con la vista puesta en superar a ésta, cosa harto difícil pero los organizadores de siempre seguro que lo consiguen.

Parrilla donde se ejercita el “braseado” de pescados y carnes
Producto y punto inmejorables.
 

 

Sobremesa de un día para no olvidar.

 


 

FOTOS DEL ENCUENTRO


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Una idea sobre “DE VUELTA A LA NORMALIDAD

  • ELIAS ORTEGA BENGOA

    Qué gozada es juntarse de vez en cuando con compañeros a los que no hemos visto en algún tiempo. Por las fotos y el comentario veo que fue un día de lo más disfrutón. Me alegro por todos los que tomasteis parte de la excursión