la lata de piña

Casi todos conocemos lo que son los domingos en la Plaza Nueva de Bilbao y la alegría que impera en ella.  Los niños cambiando sus cromos repes por otros que no tienen, te doy estos dos por ese que no tengo. Los libreros vendiendo  sus libros de ahora y de antes.  Los compradores y vendedores de sellos, los de billetes y monedas antiguas, y antiguamente los pajareros que vendían pájaros, canarios, periquitos gorriones……… También los vendedores que echaban una manta o sabana al suelo y encima de ella ponían todo lo que sobraba en casa o habían encontrado en un taller.    Todo ello animado por la enorme cantidad de bares y cafeterías donde degustar un rico aperitivo de pintxos variados, rabas  y acompañado de ricos caldos, vermut o cerveza.

Un domingo de agosto antes de fiestas baje con mi mujer a dar un paseo por el Arenal y nos acercamos a la Plaza Nueva como era nuestra costumbre, al entrar en ella en una esquina de los soportales vimos a una Señora vestida con un  delantal y zapatillas de cuadros gordas de invierno, manos en los bolsillos, y a sus pies una colcha con una serie de objetos para su venta.   Tres perchas, unos tebeos ahora se llaman comics,  varias llaves antiguas,  y unos cuantos objetos sacados supongo del baúl de los recuerdos.  Y entre todo ello una LATA DE PIÑA también para su venta. 

La Señora me recordó a una conocida que tuvimos cuando yo era niño, La Seña, personaje muy típico y muy querido del Bilbao chirene que acumulaba en su casa todo lo que encontraba en la calle para después venderlo.

Nos quedamos un rato observando y observándola porque el cuadro era digno de ver.  Un Señor que paso se quedó mirando la colcha y según se iba dijo a la Señora, ¡y esa lata de piña! La Señora lo miro con tono despectivo y un poco de hastío. Al rato paso otro y luego otro y todos la misma pregunta y Ella con el mismo tono despectivo y cara de hastío los despachaba.

Al final llego un Señor y rápido le pregunto, ¿y esa lata de piña?  La Señora le miro desafiante y con cara de pocos amigos le contesto; a mi hijo por Navidad la empresa le regalo una cesta y en ella venia una lata de piña y como no le gusta me la regalo a mí y como a mí  tampoco me gusta, la he traído para venderla.  Y subiendo un poco más la voz y en un tono de mucho enfado, le dice;   ¡¡Y a joder se va a la palanka aquí se viene a comprar!!

Se hizo un silencio absoluto  lleno de risas contenidas, a ver quién era el guapo que se atrevía a soltar una carcajada.   La Señora se dio la vuelta y dando la espalda  se alejó tranquila y sonriente. 

Juan Carlos Ruiz de Villa                   23.03.2025

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