Japón. “Ruta Tokaido”. Crónica de un viaje inolvidable (III) 2


9º Día.- 23/5/2018

Como estaba anunciado ya en el programa, hoy nos toca viajar y visitar Nikko (Rayos de Sol). Nos esperan 128 kms de autobús y una buena subida con curvas cerradas ya que esta residencia de los Shogun está situada entre montañas. Y aquí debo hablar de la historia del heredero al shogunato que era torpe en las artes marciales, no era muy listo, en palabras de nuestra incomparable Hiroko era un perfecto “gilipollas”, vocablo que le encantaba. A saber por qué. Pero luego resultó que era el más listo de todos y se hizo con el poder.

 Otro de los edificios del Hotel. En el piso 40 es donde desayunamos.

El santuario cobija el mausoleo de Tokugawa Ieyasu, primer shogun Tokugawa. Que este santuario está dedicado a la familia Tokugawa se puede comprobar mirando el blasón familiar con tres malvarrosas, típico de esta familia y que podremos encontrar en muchos lugares del santuario.

Si bien en un inicio el santuario Toshogu era más bien modesto, el tercer shogun y nieto de Ieyasu, Iemitsu, el “gilipollas” decidió ampliarlo y dotarlo de decoraciones espectaculares durante su gobierno, en honor a su abuelo, utilizando para ello a más de 15.000 artesanos y carpinteros de todo el país. Así pues, hoy, el santuario Toshogu sorprende por su ostentación y el color y brillo de sus tallas de madera y decoraciones, que mezclan imágenes budistas y shintoístas. Espectacular el paseo que como si fuera una avenida, está bordeada de 13.000 cedros.

Por lo tanto es un centro religioso y turístico, visitado diariamente por miles de personas, que ha sido declarado en su conjunto Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1999.

Cascada de Kegon dentro del parque Nikko de 97 ms de caída

La visita es larga porque el santuario se lo merece. Comenzamos nuestra ruta cruzando un precioso torii de piedra construido en 1618 que nos deja justo en la entrada al santuario. Allí nos encontramos con la fantástica pagoda de cinco pisos, abierta al público de manera ocasional. El pilar principal se encuentra a diez centímetros del suelo para adaptarse a los cambios de temperaturas y grosor de la madera. Impresionante su arquitectura y la cascada de Kegon de 97 ms que visitamos y fotografiamos hasta la saciedad. El agua proveniente del lago Chuzenji alimenta esta poderosa cascada que es una de las tres más altas de Japón. Los viajeros podrán bajar en un ascnsor para contemplar la fuerza de la cascada desde muy cerca por el módico precio de 550 yenes. Desde el mirador situado en la base de la cascada se puede contemplar una hermosa imagen de la caída  del  agua. 

En este punto, ya dentro del santuario, hay dos tallas que sobresalen por encima de las demás, por fama e interés, y concentran el mayor número de visitantes queriendo inmortalizar el momento. Por un lado tenemos las famosas tallas de madera de los tres macacos que no ven, no dicen y no oyen el mal. Sin duda alguna, una sabia visión de la realidad. Esta clásica imagen de Nikko, además, la podemos encontrar en los emoji de nuestros teléfonos móviles, como ya os explicamos. Por otro lado tenemos en los almacenes de la entrada, las tallas de los elefantes sozonozo o elefantes imaginados, pues fueron tallados por un artista que no había visto un elefante en su vida.

A continuación, podremos purificarnos en el Omizuya, la zona de ablución de todos los templos y santuarios japoneses con su sencillo rito que todos aprendimos aleccionados por Hiroko, para llegar hasta la profusamente decorada puerta Yomeimon.

Por cierto, los muros que se extienden a derecha e izquierda de la puerta están decorados con las esculturas de flores y aves más grandes de Japón, de colores brillantes y sorprendentes. Merecen que les dediquemos un buen rato, sin duda alguna.

Así llegaremos a la puerta Sakashitamon no sin antes haber divisado la talla de madera con el “gato dormido” justo al cruzar la entrada. Esta puerta será el comienzo de una gran escalera, con grandes cedros a ambos lados, que nos llevará hasta el mausoleo de Tokugawa Ieyasu, si has tenido las ganas suficientes de subir todos los peldaños, que son unas cuantos. Los que subieron dicen que es un mausoleo más bien austero, pero digno de ver.

Este santuario hay que recorrerlo despacio y con tiempo. Su riqueza arquitectónica, su colorido, sus tallas, sus interiores, merecen la pena tomárselo con calma, caminar con parsimonia observando cada detalle porque es la única manera de no perdernos nada.

Paseo entre cedros y faroles en el Santuario de Nikko.

Los tres monos que ni oyen el mal, ni ven el mal, ni dicen el mal. Representa el concepto de la negación.

La pagoda de Tōshōgū fue construida en 1650 y reconstruida en 1818 tras un incendio. Sus cinco niveles representan, de manera ascendente, a la tierra, el agua, el fuego, el viento y al cielo.

Otra muestra del Santuario de Nikko.

Sería pesado seguir y explicar cada rincón de este lugar. Dejo una pequeña muestra en forma de fotografías pero hay muchísimo más de belleza y creatividad. Da mucha pena tener que irse de lugares como éste en el que la hermosura se percibe por doquier y se siente la perfección de las formas. Nos espera una bajada en autobús tremebunda. Desde los 1300 ms en que nos encontramos hasta los 400 ms existen 48 curvas cerradísimas al borde del abismo y en una carretera muy estrecha, tanto que es dirección única. Espectacular, me ha recordado al viejo puerto de Orduña hace unas décadas. Con el miedo metido en el cuerpo.

Después de la última curva y de manera totalmente espontánea un sonoro y merecido aplauso para el conductor por sus limpias trayectorias y habernos bajado sanos y salvos, lo que se agradece. Hubiera sido una pena tener que ir a morir a Japón.

Viaje largo de vuelta a Tokio que se hace pesado aunque algunos optamos por echar una cabezadita. Al llegar a la capital, un grupo preferimos, acompañados por la atenta María San, quedarnos en el Barrio de Ginza, centro neurálgico del comercio multidisciplinar y de lujo. En él conviven desde Zara con 2 edificios enteros enormes y muy cercanos, hasta Bulgari, Louis Vuitton, concesionarios de coches con el último grito de la tecnología, bancos, tiendas de todo tipo y condición en una calle repleta de luces de neón y anuncios en movimiento a 30 ms de altura.

Antes de seguir con la travesía por un lugar al que no podemos acceder por razones dinerarias, quiero hablar de algo que me ha llamado poderosamente la atención tanto en las calles, como en los locales y hasta en las T.V. regionales. Estoy hablando de los paneles explicativos con muñecos. Quizá más de uno no se haya fijado porque no le ha llamado la atención pero ver a la mujer del tiempo en la televisión local explicar las isobaras y borrascas con muñequitos de dibujos animados infantiles me ha dejado perplejo, una vez más. Por las calles y en las columnas o lugares más apropiados, la escritura japonesa utiliza un sistema de símbolos. La comunicación y la forma de pensar japonesa es muy visual y por eso es habitual que los carteles indicativos de la calle, las normas de seguridad, etc… se acompañen de simpáticos dibujos.

Ahora me he enterado que a esos dibujos se les llama Kawaii, que es un adjetivo del idioma japonés que puede ser traducido al español como “lindo” o “tierno”. Este término ha tenido cabida dentro de la cultura popular japonesa, en el entretenimiento, en la moda, en la comida, juguetes, apariencia, conducta y hábitos personales.

Los japoneses utilizan la ternura en una gran variedad de casos y situaciones en donde, en otras culturas, pueden ser considerados incongruentemente infantiles o frívolos (por ejemplo, en publicaciones gubernamentales, en avisos del servicio público, en un ambiente de negocios, en la publicidad militar, en medios de transporte, entre otros).

A este tipo de paneles me refiero. Dibujos infantiles para explicar todo.

Se inventaron en el norte de Japón para atraer y hacer felices a los turistas en un intento por parte de los funcionarios gubernamentales de tenderle una mano al visitante extranjero por medio de señales informativas sobre las costumbres o normas locales.

Los simpáticos dibujos están desplegados por todas las ciudades llamando la atención por su simplicidad pero que dejan muy a las claras lo que quieren comunicar. No confundir con los emoji o caracteres de imagen, como podríamos traducirlo, que son esas caritas y símbolos que cada día usamos más y más en las redes sociales a través de nuestros teléfonos, aunque en ocasiones también ellos los usen. Pueden parecer infantiles pero son tan sencillos que son muy eficaces para el mensaje que se quiere transmitir.

Paseando por el barrio de Ginza nos topamos con un concesionario de Nissan cuyas cristaleras dejaban ver un vehículo futurista. Mucha gente fuera mirando pero sólo unos pocos se aventuran a entrar. Me atrevo a entrar y no hay uno sino tres coches a cual más increíble. Uno de ellos ni siquiera tenía volante, presentaba un salpicadero limpio, sin nada a la vista pero a una orden de voz aparecían el freno, el acelerador, la pantalla con GPS, el volante…Una pasada.

Uno de ellos tenía el capó levantado y las puertas abiertas por lo que parecía que estaba invitando a subir y saborear por un instante lo que podría ser su conducción. No me resistí, si no lo hacía me arrepentiría toda la vida, estaba al otro lado del Océano y podía dejar por un momento mis pudores del qué dirán. Y me subí, y sentí esa sensación de velocidad y de dominio que debe de percibir Fernando Alonso todos los domingos. La verdad es que me sentí como un niño con el juguete que le acaban de regalar por el Olentzero.

Aquí está la prueba.

Soy un iluso pero me marché de allí conmocionado y con la impresión de que si no yo, un nieto mío, algún día conducirá un coche similar.
Volvimos al Hotel The New Otani en un metro que siempre va repleto aunque no tuvimos que sufrir la labor de los “empujadores”, en japonés “Oshiya”. La red de metro de Tokio es una maravilla de transporte. En la mayoría de las líneas, los trenes pasan cada 5 minutos de promedio, y en las horas puntas, aumentan a cada 2-3 minutos. Alrededor de 24 trenes pasan cada hora por una estación en una misma dirección. A pesar de tantos trenes, el metro está extremadamente abarrotado, especialmente durante las primeras horas de la mañana. Por suerte, nosotros no lo tuvimos que usar en horas punta y hasta nos pudimos sentar.

La cena se celebró en el piso 17 del Hotel pero el mal tiempo, con lluvia pertinaz y niebla intensa nos privó de las increíbles vistas. No había terminado el día. Un paseo por los larguísimos, enmoquetados y fantásticos pasillos, dio la oportunidad a las señoras de hacer un asalto en toda regla a una de las pocas tiendas que quedaban abiertas. La señora que estaba al frente de la tienda, que no bajaría de los 80 años, increíblemente hablaba bastante bien el castellano. Hizo el Agosto en pleno Mayo.

Los hombres, mientras tanto, haciendo lo que teníamos que hacer. Esperarlas. Y sin rechistar. ¡Cómo disfrutaron! ¡Estaban de contentas!

Comedor del Hotel en la planta 17.

 

10º Día.- 24/5/2015

A pesar de ser el último día no siento cansancio sino ganas de ver más cosas, de disfrutar hasta el último momento y exprimir todas las posibilidades de descubrir cosas. Y el Hotel me da la oportunidad de saborear la primera conmoción de la mañana. Nos habían aconsejado subir a desayunar a la planta 40 y lo hicimos. Inenarrable, acojonante, grandioso, colosal…ponedle cualquier adjetivo que se os ocurra. Porque lo que se puede ver de Tokio desde esa altura puede con todos ellos.

Las vistas, como si las estuvieses viendo a vista de pájaro o como si estuvieses manipulando un dron, son espectaculares. Las imágenes captadas por mi cámara explican bien a las claras lo que es Tokio como ciudad. Edificios rascacielos de todas las alturas posibles en los que destacan todos los grises con su amplia gama, y los parques a semejanza de pequeños bosques, que dotan a la ciudad de todas las tonalidades de verde que hemos disfrutado en las zonas rurales.

Hay que recordar que en 1945, durante la 2ª Guerra Mundial Tokio quedó reducida a cenizas en una buena parte con 108.000 personas fallecidas debido a los contantes bombardeos de los americanos. En tan poco tiempo y empezando de la nada han conseguido por ellos mismos, sin ayudas externas, situarse entre los países más avanzados del planeta.

Ascensor del Hotel que sube del piso 21 al 40 en 5 segundos.

Una de las vistas panorámicas desde el piso 40, donde desayunamos.

Antes de coger el autobús que nos lleve hasta el Palacio Imperial, quiero hablar, y es el último tema, de esas curiosidades, casi sin importancia, de las que he ido hablando. Y hoy toca hablar de las máquinas expendedoras de bebidas o vending.

En las calles de Japón es frecuente toparse con máquinas expendedoras de bebidas donde además de los refrescos típicos, podremos conseguir bebidas calientes como sopas, café o té verde. Y, por supuesto, muchas rarezas, siendo muy habituales las bebidas energéticas inspiradas en superhéroes y personajes de manga.

En cuanto a los dulces, lo más característico es que no van rellenos de chocolate como parece, sino de una pasta dulce hecha a base de judías llamada azuki. Las jidohanbaiki o máquinas expendedoras forman parte del paisaje tanto urbano como rural de Japón, y son una de las vistas que más nos sorprenden a los turistas que no estamos tan acostumbrados a encontrárnoslas por doquier y siempre en grupo, es decir, más de una. La estadística dice que hay una máquina expendedora por cada 23 habitantes, haciendo una cuenta rápida sobre el total, salen unos 6MM de máquinas. Las tradicionales son las más frecuentes, pero en estaciones de tren o centros comerciales cada vez podemos ver más máquinas de pantalla táctil, muy modernas y funcionales, que a su vez funcionan también como pantallas publicitarias.

Un ejemplo de las máquinas existentes en cualquier lugar del país.

Sus ventas superan los 5 billones de yenes. Las máquinas expendedoras son parte del paisaje y de la imagen de “país seguro” que proyecta Japón, ya que rara vez son destrozadas o roba alguien de ellas.

Entre todo lo que se vende en estas máquinas, empezando por bebidas como zumos, café, sopa, o cerveza, también hay manzanas (cortadas, sin piel y sin aditivos), helado y dulces, entre otras muchas cosas. También se venden productos más elaborados como cuencos de fideos con agua caliente (que se pueden comer después de 3 minutos), onigiris, patatas fritas recién calentadas, o huevos y otros productos frescos del campo. Uno se pregunta qué tipo de mecanismos tendrán dentro máquinas expendedoras como las que sirven curry con toda su guarnición. ¡Lo que no inventen estos japoneses!

La visita que Hiroko nos tenía preparada para este día era la del Palacio Imperial que como su nombre indica es la residencia oficial de la familia imperial japonesa. Está situado en los terrenos del antiguo castillo de Edo, que fue utilizado por los shogun Tokugawa durante todo el periodo Edo. En 1868 cuando Japón se abrió al mundo y se terminó el shogunato, la residencia imperial se fijó en Tokio y se utilizaron los muros y terrenos del castillo para construir el Palacio Imperial, aunque la torre del castillo, destruida por un incendio en 1657, nunca ha vuelto a reconstruirse.

El Palacio se puede visitar unos días determinados a unas horas determinadas pero esto en nuestra visita no estaba previsto. De todas formas, las personas que sí lo han visitado por dentro, lo que les dejan ver, dicen que no merece la pena, que no tiene nada de interesante y que todas las señalizaciones e incluso los audioguías son exclusivamente en japonés. Así que nos quedamos con las fotos exteriores.

Como apunte conveniente diremos que el actual Emperador es Akihito que tiene 83 años y ha mostrado su decisión de abdicar del Trono del Crisantemo, el próximo año 2019 a favor de su hijo Naruhito, por lo que éste el próximo mes de abril ascenderá al trono y comenzará una nueva era de esta dinastía milenaria.

Monumento dedicado al samurái Kusunoki Masashige, héroe nacional.

Puente a la entrada del Palacio Imperial de Japón, al fondo.

No había mucho más que ver allí por lo que nos fuimos a visitar un frondoso y hermosísimo parque llamado Shinjuku Gyoen que es uno de los más grandes parques y jardines de la ciudad de Tokio. Situado entre los barrios de Shinjuku y Shibuya, ofrece un oasis de paz y tranquilidad en la urbe nipona más multitudinaria y estresante. Fue, desde 1772, en pleno periodo de Edo (1603-1868), la residencia de la familia del daimyō Naitō. Con la apertura del Japón al exterior y el fin del Japón feudal, el parque pasó a manos de la familia imperial, aunque durante la Segunda Guerra Mundial fue destruido casi por completo, como tantas otras cosas en la capital japonesa. Posteriormente se reconstruyó y reabrió sus puertas en 1949 como parque público para uso y disfrute de todos los ciudadanos.

Con sus casi 60 hectáreas de superficie y una circunferencia de 3,5 km, el parque Shinjuku Gyoen dispone de tres ambientes diferenciados:

  1. El jardín japonés, lleno de estanques, islitas, montículos y puentes de piedra.
  2. El jardín inglés, con grandes explanadas de césped que recuerdan a los parques y jardines ingleses. En primavera, es uno de los mejores sitios en Tokio donde disfrutar del hanamio la contemplación de los cerezos en flor, dado que cuenta con unos 1.500 cerezos.
  3. El jardín francés, con preciosas rosaledas y parterres de forma simétrica, siguiendo el estilo de los jardines franceses tradicionales.

Además de estos tres ambientes, el parque cuenta con un invernadero con unas 1.700 flores y plantas tropicales, una galería de arte y un restaurante al que no entramos.

Además de contemplar extasiados esta maravilla de parque con estanque, puentes, pequeños templos y un sinfín de flores pudimos observar, nunca mejor dicho, a los niños escolares japoneses, muy pequeños que viajan con algunos de sus padres y tutores por el país para que vayan conociendo, a base de juegos, las tradiciones y costumbres de sus ancestros. Es singular verles perfectamente uniformados, con cara de concentración, atentos a las indicaciones de sus cuidadores y sin salirse ni un ápice de la fila, siempre de dos en dos y asidos por las manos. Un ejemplo a seguir.

Paseando por el parque, perfectamente cuidado, pudimos contemplar entre otras muchas cosas, la gran variedad de rosas de todos los colores posible y que mostraban el mejor aspecto posible y cada una de ellas con un nombre. Ingrid Bergman, Helmut Smith, la Princesa Diana, etc…

El Jardín está considerado un lugar de descanso y contemplación, un oasis de paz, por eso las normas para visitarlo son bastante estrictas como no andar en bici, no practicar deportes, ni siquiera se puede tocar instrumentos o cantar y menos comer o beber alcohol.

Una monada.

Una pena no haber podido contemplar la floración de los mil quinientos cerezos existentes de 75 variedades distintas en este parque porque fue en Abril aunque seguían teniendo su encanto.

El jardín en todo su esplendor rodeado de arces.

Y de allí nos fuimos a otro lugar incomparable, el Santuario Shintoista de Meiji.

Para comprender este lugar hay que hacer un poco de historia. Ya hemos hablado en varias ocasiones del shogunato de los Tokugawa que reunificó Japón y le dio la paz desde 1600 a 1868. Habían pasado 15 shogunes del clan. Pero en esa fecha, durante el shogunato de Tokugawa Yoshinobu, la capital imperial se traslada de Kioto a Edo (Tokio) y se inicia el denominado imperio Meiji debido a las presiones exteriores que querían terminar con el aislamiento del país aniquilando el shogunato que cedió el poder a la sucesión imperial. Este periodo duraría hasta 1912. Es el primer síntoma de la aparición de un joven que, rompiendo barreras cortesanas acumuladas durante muchos años, consiguió erigirse en el Emperador Meiji.

Japón inició una reforma a fondo, se abrió a la moderna industria, a nuevas instituciones políticas, a una estructura social moderna, y todo esto en muy poco tiempo, como si tuvieran prisa en hacer desaparecer todas las tradiciones feudales de reglas rígidas y severas de vida y conducta, castas sociales, control de la vida de las gentes, etc…La transformación fue rápida, eficaz y completa.

Gran Torii de entrada al Santuario Meiji

Este Santuario se construye en 1920 en honor de este reformador, el emperador Meiji. Tiene 700.000 m2 de bosque con 120.000 especies de árboles traídos de todo Japón, está en pleno centro de Tokio, y es un lugar de descanso y relax ideal, a pesar de estar en una de las zonas más bulliciosas de Tokio. Fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial y reconstruido al terminar la guerra. Actualmente es el santuario sintoísta más popular de Japón. Se están realizando obras por cambio del revestimiento de placas de cobre del tejado de los edificios del santuario que espera finalizar el próximo año y así festejar el centenario con todo su esplendor y majestuosidad.

El santuario de Meiji es una visita obligada para cualquier turista que pise la capital nipona. Disfrutar de su arquitectura, relajarse paseando por los senderos del bosque, pasar por debajo de sus grandes torii de madera, lavarnos las manos en la fuente de ablución, lanzar algunas monedas en la caja de ofrendas del santuario (y a continuación, hacer una pequeña reverencia, dar dos palmas, pedir un deseo o realizar un rezo y hacer una última pequeña reverencia), ver una boda sintoísta (en esta ocasión no hubo suerte), comprar algún amuleto para conocer nuestra suerte, o simplemente recrearse con lo que se ve alrededor que es mucho y variado.

El grupo entrando por la puerta principal que da al patio interior

Es en junio cuando vive su máximo esplendor debido a la visita masiva al jardín con más de cien especies distintas de lirios (lo encontrarás a la izquierda, antes de acceder al complejo central de Meiji-jingu). Este exuberante lugar cuenta con una antigua casa de té y un maravilloso estanque.

En la zona más exterior podremos disfrutar de la galería de murales que retratan la vida del emperador. En este área también se pueden encontrar distintas instalaciones deportivas en uso. En la zona interior o naien, se sitúan los edificios del santuario. Detrás de ellos se encuentra el museo del Tesoro, que alberga objetos relacionados con el emperador y la emperatriz Meiji y que por fortuna, puede visitarse.

Zona exterior ya que no se permite visitar su interior.

Un poco cansados ya de ver santuarios, todos muy bonitos, pero que no dejan de ser lugares espirituales y a los que no se debe ir sólo de visita, nos dirigimos andando hacia Harajuku que es el barrio de moda de Tokio. En sus calles principales encontraréis tanto las boutiques más prestigiosas del mundo como algunas tiendas donde no sabríais qué coger si la ropa fuera gratis.

¿Cuántas veces hemos oído hablar de las tribus urbanas de Tokio? ¿de las gothic, de las lolitas? ¿de la gente disfrazada? ¿o es su ropa diaria? En Tokio hay miles de seguidores del llamado “Cosplay”, Costume Play o Juego de Disfraces. Los fines de semana y especialmente los domingos, Harajuku se viste con infinidad de colores mostrando un espectáculo callejero imprescindible.

El paseo hasta el restaurante donde nos iban a dar de comer pasa por la calle Omotesando que es una gran avenida arbolada en la que se encuentran las boutiques más prestigiosas del mundo: Chanel, Dior o Bulgari son algunos ejemplos. Los propios japoneses definen esta calle como los Campos Elíseos de Tokio.

Para los que les gusta la moda pero no tienen un presupuesto muy elevado o quieren comprar artículos tal vez más auténticos, callejeando por las calles perpendiculares y paralelas de Omotesando se puede llegar a una dimensión completamente diferente.

Si Omotesando podría considerarse la calle de compras más lujosa, Takeshita podría calificarse como la más pintoresca. Nos habían dicho que por allí campaban a sus anchas las “lolitas” pero la realidad es que no vimos a ninguna que fuera vestida y maquillada como las así llamadas. En sus tiendas podréis encontrar los modelitos más modernos o estrafalarios, así como en sus dependientas lo más parecido a las “lolitas”, dejamos la calificación a vuestro gusto.

La calle de las “lolitas”, Takeshita, abarrotada en un día de labor cualquiera.

Cuando llegas a Tokyo parece que se estuviera en una ciudad gobernada por un niño.  Los aviones tienen, en vez de los logos de sus empresas, dibujos de Pokemón, Hello Kitty y otros tantos dibujos infantiles. Las indicaciones en los bares y establecimientos, como ya hemos hablado, están en dibujos para niños  Y las lolitas son un fiel ejemplo de esa infantilización, son el ícono de lo aniñado y están incorporadas a la cultura nipona, tanto que han desplazado a otro ícono, las geishas. Es una de las subculturas muy fuerte y de las más llamativas y populares de Japón que está a la vista en cualquier esquina de la ciudad.   Hay de todos los estilos, pero se destacan las de estética aristócrata de siglos pasados como las de épocas del Rococó, Barroco y Victoriana.  Todas sin excepción le prestan muchísima atención a cada detalle y a la estética en general.  No es casual, Tokio es una de las ciudades donde la moda no pasa desapercibida y ellas con sus atuendos tampoco.  Realmente deben de ser un espectáculo para la vista.

Y así, caminando, caminando llegamos a la churrasquería brasileña “Barbacoa” que era donde nos tocaba comer. Si vais a Tokio alguna vez no dejéis de ir a este “santuario” de la carne bien hecha y con un modelo de servicio distinto de lo habitual pero muy eficaz. He mirado en Tripadvisor y está calificado como el 103 de 7351 restaurantes abiertos en Tokio. Por algo será. Realmente sorprendente.

Aunque la foto no es buena, éste es el buffet de la churrasquería “Barbacoa”.

El lugar está muy bien decorado, moderno y funcional. Tan funcional que hasta los baños son unisex. Es la primera vez que veo a los hombres hacer cola en un urinario público, obviando los de San Mamés en el descanso de un partido cualquiera. El sistema para el servicio es diferente y exportable. Los primeros platos son tipo buffet, con unas ensaladas muy recomendables, salsas variadas, quesos, sopas y todo al estilo sudamericano. En la mesa como para 12 personas, te ponen una especie de medalla o placa, verde por un lado y rojo por el otro. Esa será la señal que les indique a los camareros “hasta cuándo tienen que servirte” porque ellos no paran de servirte carne a la brasa trinchada hasta que los comensales, hartos de carne de vacuno, cerdo, cordero le den la vuelta a la placa por el lado colorado.

El servicio muy amable, a decir de las mujeres de la mesa, camareros muy guapos (a mí no me lo parecieron, no mejoraban a lo que había en la mesa). Cuando ya estábamos saciados de carne, te vienen con una piña braseada y trinchada de quitar el hipo. Eso sí, les tienes que ayudar, mientras ellos cortan, tú les ayudas con unas pinzas que te proporcionan y que marca la cantidad que quieres. Ah¡ y las bebidas estaban incluidas. Los postres extraordinarios.

En definitiva, un local muy agradable, unos camareros eficientes, servicio rápido, comida abundante y de calidad, y un ambiente inmejorable. Salimos plenamente saciados y satisfechos. Alguno dirá que donde esté la comida japonesa…Pues qué quieres que te diga…para ellos.

Ya de camino al Hotel en autobús tuvimos oportunidad de admirar la torre más alta de Japón. Se trata de la Tokyo Skytree de 634 metros de altura, que tiene la forma inconfundible de una aguja coronada por una gigantesca antena para transmisión de televisión digital terrestre.

La torre de la T.V. japonesa de 634 m de altura

Íbamos con prisa porque nos quedaba la traca final y había que prepararse convenientemente para ella. Era nuestro último día en Japón y las guías nos habían preparado un espectáculo singular y apoteósico. Las mujeres con sus mejores galas y los hombres, también. Yo creo que no estábamos preparados mentalmente para lo que iba a ocurrir en el barco turístico ni para lo que íbamos a ver ya de noche. O mejor, no nos lo esperábamos.

Embarcamos en un Yakatabune anocheciendo y una nueva y grata sorpresa nos dejó atónitos. Nos recibían, a su graciosa manera, dos Geishas auténticas, con una gran amabilidad y delicadeza, una de ellas tocando el shamisen. Mejor no podía empezar la cosa. Una vez sentados, lógicamente en el suelo, al estilo japonés, cena de menú japonés que, una vez más, no nos hace mucha gracia a una mayoría, pero que esa misma mayoría usando la cortesía japonesa trata de aparentar que les encanta. Pero, en este caso, la cena era lo de menos. Lo interesante estaba allí delante.

Recibimiento en el barco por parte de una de las geishas.

Mientras cenábamos, se iba echando la noche, mostrándonos en toda su magnitud el Tokio nocturno desde dentro de la bahía, rodeados de barquitos iguales que el nuestro mientras nos acercábamos al famoso puente Tokio Gate Bridge con una longitud de 798 metros (2.618 pies) y torres blancas que imitan el horizonte de la ciudad, y desplegaban sus múltiples luces de colores los colosales rascacielos “tokioarras” con sus reflejos en el agua. Escenario grandioso disfrutado desde un patio de butacas incomparable.

Mientras, la otra nos recibía con música de shamisen.

Navegábamos a unos 5 nudos (para algo uno ha hecho la mili en la Marina), con parsimonia, y el capitán de la nave hacía maniobras de rotación sobre el eje para que tuviésemos los 360º de visión. No había guiñadas, ni balances ni cabezadas porque la mar estaba totalmente tranquila, sólo variaba con pequeños movimientos de vaivén cuando atravesábamos la estela de algún otro barco. No había prisa, había que gozar de cada momento, deleitarse a fondo con todo lo que estaba sucediendo. Una hemorragia de placeres para la vista que aprovechamos al máximo. Era nuestra última noche y la queríamos atrapar y perpetuarla.

Una muestra de la belleza nocturna de la Bahía de Tokio.

El Rainbow Bridge durante el anochecer.

Al iniciar la vuelta a puerto las geishas nos proponen un juego de habilidad manual. En cualquier competición se le da un premio al ganador. En este caso es el perdedor el que lo recibe. Deberá de beber un buen vaso de shake y de trago. Después de una demostración entre las dos geishas, se solicitan voluntarios, jugando una de ellas mientras la otra entona una pequeña y cadenciosa canción que acompaña rítmicamente el juego. Destacan en el juego los voluntarios más veteranos, Tere, Paco y Begoña que con una habilidad pasmosa ganan a la geisha que tuvo que tomarse hasta 3 vasos del popular brebaje. ¡Cómo terminó la pobre!

Luego hubo karaoke un tanto caótico porque, aunque eran canciones españolas muy populares, aparecían en pantalla en japonés y no habíamos ensayado. Pero resultó ameno y arrancó nuestras risas y las de las geishas. Para finalizar discursos de agradecimiento por parte de todo el que quiso decir algo, y en este punto, Jorge se dirigió directamente a la guía Hiroko a la que dio sinceras gracias de parte de todos y le hizo entrega de un presente que habíamos pagado entre todos a escote. Nos apeteció hacerlo y además se lo merecía. Acto emocionante y sentido por todos porque lo hecho por esta mujer va más allá de su trabajo. Se ha ganado, con su naturalidad y sentido del humor, disponibilidad y profesionalidad, el cariño de todos. Una joya de mujer “felizmente” casada.

La sinpar Hiroko, guía local de nuestro viaje a Japón. La recordaremos siempre.

 

Tenía en mente hacer un panegírico de esta mujer encantadora, única, especial y fascinante, con su curioso castellano al que le pone el artículo masculino a las palabras en femenino y viceversa. Pero qué importa esto. Se le entendía perfectamente y eso es lo que importa. Me emociono pensando en ella y en su situación como mujer.

¿Por qué digo esto? Porque hay una última cosa de la quisiera hablar y que, con seguridad, es la más peliaguda de todas. Pero estoy convencido de que todo el grupo, en medio de las emociones, se han dado cuenta de la situación de la mujer en ese país. Y de esto quiero hablar. Podría obviarlo pero no quiero hacerlo. Nuestro viaje ha sido de ocio pero también cultural. Y esto va implícito en la cultura de un país.

En una cena hablamos de ello con Hiroko que nos dio su visión al respecto. Su frase que se me quedó grabada fue: La mujer japonesa, si está soltera, es obediente al hombre, y si está casada es sumisa. Muchos siglos de civilización en que la mujer ha sido ciudadana de 2ª fila no lo borra ni una Constitución en la que se reclama los mismos derechos para el hombre y la mujer, ni el Plan para la Igualdad de Género del año 2.000, ni la Ley de Igualdad de Oportunidades de Empleo para el Hombre y la Mujer, que entró en vigor en abril de 1986 y fue revisada en junio de 1997 porque las reglas del juego de muchos siglos no se pueden borrar en unos pocos años.

Todos los artículos que he encontrado sobre el tema se centran en dos cuestiones: La situación laboral, con una discriminación amplia y clara en cuanto a sueldos, oportunidades de ascenso, cercenadas por el mero hecho de ser mujer, y la situación por cuestión de matrimonio que anula en la mujer la posibilidad de seguir trabajando por tener que quedarse en el hogar al cuidado del marido e hijos. ¿Os suena? Cuando, al cabo de unos 10 años, quiere volver al mercado laboral, no lo encuentra o sólo halla trabajos a media jornada y con horarios inasumibles.

Qué duda cabe que estos dos contextos son importantes y casi definitorios, pero yo pienso que el tema es más profundo que todo eso. Hay una razón de peso difícil de revertir que mantiene a las japonesas en situación de inferioridad: el rígido mandato cultural que les exige salvaguardar una feminidad impecable en su imagen, gestos y movimientos. Esta es la clave.

¡Quién se puede imaginar que esa gran potencia económica  que garantiza un buen nivel de vida a toda su población, iba a tener a sus mujeres en una situación de discriminación tan anacrónica y retrógrada! Mentiría si dijera que en este viaje lo he visto con mis propios ojos. Pero se puede intuir, se palpa en el ambiente, las actitudes no mienten.

Una anécdota como ejemplo: En una reunión con los altos ejecutivos de una empresa, la ingeniera, extranjera, levantó la mano para pedir la palabra y el director le dijo: “la mejor contribución que puede hacer es su silencio”. Muy significativo. Y si esto ocurre en el ámbito laboral de la más alta dirección, qué no pasará en la intimidad del hogar.

En Japón, la severidad de hábitos para el control social se ceba con las mujeres, que deben rayar la perfección como hijas, esposas, nueras y madres.  El apego a las tradiciones inherentes a los roles de género es decisivo en la discriminación actual de las japonesas. Elevándolo a la máxima expresión podríamos asegurar que el rol de los hombres sigue siendo el de “samuráis” “héroes” y el de la mujer le queda el papel de “geisha” “acompañante”. Un detalle, los abusos sexuales y los acosos ni se investigan, es como si por el hecho de ser mujer tuviesen la obligación de soportarlos.
Parece que estoy hablando de la España de los años 60 pero en occidente se ha avanzado mucho más y más rápido. Allí, las cosas van más lentas, tienen que madurar más. A pesar de leyes progresistas y un sostenido aumento de la cantidad de empleadas mujeres, Japón está rezagado en materia de equidad de género. Hay una discriminación generalizada que se ha vuelto más sutil en los últimos años. Y a esto me refería yo cuando opinaba que no se vé pero se palpa en el ambiente.
Pero la sociedad japonesa no parece muy dispuesta a aceptar un avance significativo en esta cuestión. Una encuesta del gobierno realizada en diciembre de 2016 reveló que el 51% de las personas entrevistadas piensan que las mujeres deben quedarse en la casa y cuidar a la familia mientras sus maridos trabajan. Pero los dogmas empiezan a desmoronarse en el País del Sol Naciente. Dos destellos han iluminado la noche en el patriarcado japonés: Recién nombradas y con estilos opuestos, la primera gobernadora de Tokio y la ministra de Defensa de Japón han abierto una brecha, todavía simbólica, en una nación donde la presencia femenina es muy escasa.

Aquí lo dejo pero en un país que nos ha dejado boquiabiertos por muchas cosas, a las mujeres les toca bogar contra corriente y ponerse al día en igualdad de derechos, laborales y sociales.

Dicho queda.

Hiroko, esta mujer pequeñita y pizpireta, nos ha ganado el corazón con su simpatía, por su disposición en todo momento y lugar, por sus comentarios siempre con “salsa”, su profesionalidad sin hora. Por muchas cosas más. Es de esas personas que sin ser “una monada”, físicamente me refiero, te llegan al corazón porque tienen esa “chispa” que te enamora. Siendo una veterana en su oficio, no sé cómo le habrá ido con otros grupos, pero con el nuestro ha sido una más, se ha metido en el grupo, ha hecho muy fácil la convivencia y nunca nos ha dado la sensación de cansancio ni lo ha producido con su charla, siempre oportuna.

Hiroko San se ha ganado un huequito a este lado del Pacífico y sería bienvenida si algún día nos honrara con su presencia en esta nuestra Euskadi. Sería agasajada por todos y cada uno los del grupo como ella lo ha hecho con nosotros.

No te digo SAYONARA, que suena a definitivo. Sino EIEN NI, hasta siempre.

Y también quiero hablar de nuestra guía, más que eso, nuestra directora. La de la Agencia. Con la que un día, sin conocerla, contactó Jorge con ella y ella se ha volcado con nuestra Asociación de Jubilados. Pues en este viaje, no sólo se ha encargado de realizar todos los trámites y trazar los itinerarios, sino que ha venido con nosotros. Ha sido como una madre solícita con unos hijos que la necesitaban. Siempre al pié del cañón, siempre amable y atenta, siempre dispuesta, solucionando problemas, ninguno era pequeño. Una señora en toda la extensión de la palabra y una gran profesional que ha marcado el inicio de un camino que debe continuar por muchos años.

Gran señora y ya amiga. La Directora de la Agencia de B the travel brand.

Evidentemente me refiero a MARÍA SAN, a la que debemos mucho por su saber estar, por sus ayudas, por su empatía y profesionalidad. Con la ayuda inestimable de Arantza, ya una amiga.

La noche llegaba a su fin y el viaje también. Tocaba hacer las maletas, echar una cabezada y al avión. Mira que he hecho viajes, pero la sensación al terminar éste es distinta a los demás. Me encuentro plenamente saciado.

 

11º Día.- 25/5/2018

Nos levantan de la cama a las 5 de la mañana. Vamos contrarreloj porque el Aeropuerto está a 70 Kms y hay que prever posibles caravanas que nos puedan dejar en tierra. Salimos del Hotel a las 6:30 h y en el autobús nos reparten un pic-nic que nos sirve de desayuno. No hay tristeza, sólo optimismo y plenitud. Nos vamos contentos.

El vuelo hacia París sale a las 10:35, hora local, sin retrasos. Puntualidad japonesa. Trámites aeroportuarios ágiles, rápidos y sin problemas. Todos los trámites a través de máquinas sencillas de manejar. Fundimos los últimos yenes que nos quedan en el bolsillo.

El avión, enorme. Lleno. 560 plazas y todas ocupadas. El viaje se hace larguísimo pero menos que a la ida. Son 12:30 h de vuelo que cada uno pasa lo mejor que puede. Hace frío dentro del avión, el aire acondicionado a tope. Por algo te proporcionan una manta. Es necesaria. Vuelo sin incidencias ni turbulencias, atravesamos Asia por el camino del Norte, Rusia, los países nórdicos, para bajar por Holanda hasta París.

Varias horas de espera en el “Charles de Gaulle”. Santa paciencia. Sólo algo más de hora y media de vuelo, que sale a la hora. Vuelo con abundantes turbulencias, mucho movimiento que “acojona”, sobre todo en la aproximación a LOIU donde había tormenta y que nos hizo encomendarnos a uno de los miles de dioses shintoistas. Buen trabajo del capitán. Aterrizaje con normalidad. Llegada a las 22:30 h. Recogida rápida de maletas y despedidas con propósito de reencuentro.

Esto es todo lo que ha dado de sí este viaje. Mi intención de hacer legible y manejable esta crónica se ha ido al carajo. He contado todo lo acaecido y he aprovechado la ocasión para intentar poner en claro aquellas cuestiones que a los occidentales más nos llaman la atención al llegar allí y recorrer el país.

Quizá ahora comprendamos un poco mejor a esos “japos” que de vez en cuando caen por aquí con la cara de asombro que nosotros hemos mostrado allí, pero ellos sabiéndolo disimular porque su rostro hierático es el habitual. Nosotros somos más gestuales y se nos nota allá donde aterrizamos.

Pero como no va a ser todo bonito, todo maravilloso, todo perfecto y ninguna crítica, ahí va la que yo le haría a este viaje. He echado en falta la asistencia a algún espectáculo:- El sumo, Kabuki, ceremonias religiosas, música tradicional, teatro NOH, visita a algún Museo especial. Adentrarnos en la cultura real del país y no sólo en la que nos quieren mostrar. Soy consciente que el día tiene 24 horas y que el programa ha sido muy completo, pero creo que si alguno de los días, después de cenar, nos hubieran propuesto ir a algún espectáculo de estos, incluso pagando, nos hubiésemos apuntado todos en bloque. Ahí queda la idea para próximas ocasiones.

Teatro Kabuki en Tokio.

Si he querido hacer una crónica tan exhaustiva, es lo que me ha salido de dentro, no sólo ha sido para que mis compañeros de viaje lo recuerden cada vez que quieran, sino también para aquellos que ya estuvieron y necesitan volver a recordar su periplo, para aquellos que tienen en mente realizar este viaje que les sirva de una pequeña guía y para aquellos que no estando en estas tres situaciones, quieran conocer más a fondo este país tan maravilloso y tan distinto. Podía haberla hecho más escueta, me hubiera costado menos y, quizá, hubiera dado menos la paliza, pero el primer destinario de ella soy yo mismo y así lo quiero recordar, sin quitar una coma.

Para terminar no me he sustraído a captar la opinión, ahora sí, escueta, de algunos compañeros de viaje y abordándoles en el Aeropuerto tokiota les he hecho algunas preguntas. Ahí van las preguntas y sus respuestas.

1ª pregunta.- ¿Qué te animó a apuntarte al viaje?

Jose A.L.:- En el mes de Enero Jorge I. pasó por mi Departamento y me habló del viaje. El tema es que mi mujer tenía desde siempre ilusión por viajar a Japón.

Paco:- Tenía interés en conocer de primera mano la cultura japonesa.

Mª Jesús:– Era “mi viaje” y cuando una amiga me ofreció acompañarla, no lo dudé, porque llevaba años queriendo ir a Japón. También quiero destacar cómo siendo un grupo de gente tan diversa, hayamos acabado convertidos en una pequeña comunidad preocupados unos de otros y disfrutando de muchos momentos en común.

2ª pregunta.- ¿Qué te ha parecido el precio del viaje?

Mª Jesús:– De entrada, los viajes a Japón sabemos que son caros, pero una vez disfrutados los servicios veo que la relación calidad-precio es muy correcta. La calidad de los hoteles, de los restaurantes, el diseño del itinerario con sus contrastes, la atención constante por parte de las tres guías, hacen que me parezca un dinero muy bien pagado.

Julia G.:– El precio no me ha parecido caro en relación a todos los servicios que nos han ofrecido: guía, hoteles, comidas y todos los desplazamientos y visitas realizadas.

José A.A.:– Una vez valorado los sitios visitados, comidas, hoteles, guías de la agencia y local, transportes, balnearios, etc., creo que no ha sido caro, me parece muy bien.

3ª pregunta.- ¿Te parece correcto que una de las actividades de la Asociación sea la organización de este tipo de viajes?

Bego:– No solo me parece perfecto, también necesario. La relación personal y vivencias que se viven a diario, crea unos vínculos que refuerzan la amistad y crecen grupos de trabajo y amigos. Muy importante para que la Asociación sobreviva y crezca.

Roberto:- Es una forma de mantener el contacto con compañeros de trabajo y conocer otra gente. Además, al ser un viaje a la carta, ves lugares que no tendrías en otros paquetes turísticos y a un precio especial.

Nieves S.:.-Sí, me parece muy interesante.

4ª pregunta.- Tu visión general del viaje: ¿Organización, hoteles, comidas, transportes, guías, compañeros de viaje?

Roberto:-Si le tengo que dar una puntuación sería un 10. La selección de Hoteles, Restaurantes, excursiones y actividades ha sido inmejorable. Nos ha permitido ver el Japón tecnológico y el rural. Quiero hacer una mención especial a nuestra guía Hiroko, absolutamente excepcional desde el punto de vista profesional y humano. Creo que nos ha hecho a todos cambiar la visión de los japoneses.

Bego: La organización ha sido casi perfecta. Tanto la Agencia nuestra como la de Japón. La relación entre todos ha sido excelente. Ningún problema y muchas risas. Los hoteles, comidas, excursiones, etc… muy completos y bien organizados.

Conclusión: EXCELENTE. A destacar el ambiente creado por la guía de Japón Hiroko.

José A.A.:- Me ha encantau, y cuanto más se reposa, más me encanta, he vuelto impactau muy positivamente. La organización y la coordinación muy bien con muy buen aprovechamiento del tiempo, quizás demasiado, las guías de la agencia muy bien, siempre a disposición de todos, y la guía local sencillamente excepcional, muy comprometida con el grupo, muy próxima, simpática, con mucha empatía, un acierto total, un mal guía te arruina el viaje. Los transportes bien. Las comidas japonesas a mi me han gustau, unas más que otras lógicamente, pero en general muy bien, y los hoteles unos hotelazos y muy bien situados. En cuanto a los compañeros de viaje ninguna pega, somos personas y como tal todos distintos, debería señalar el muy buen comportamiento general.

5ª pregunta.- Tu visión del Japón que nos han enseñado o el que hemos visto. ¿Es tan diferente a como lo habías imaginado?

Paco:-Me ha parecido mejor de lo que había imaginado. El orden, ¡la limpieza!

Mª Jesús:-Me esperaba orden y disciplina, pero no a tan alto nivel. Ha sido una muestra continua de que piensan en todo momento en la repercusión de sus actos sobre los demás. Me ha sorprendido descubrir el Japón rural y que pueden llegar a ser muy acogedores, frente a la imagen de frialdad que podía tener.

Julia G.:– Es como me lo había imaginado, excepto que todavía pesan mucho las tradiciones antiguas en la religión, familia, rol de la mujer, etc…

6ª pregunta.- ¿Qué destacarías de los contrastes oriente-occidente?

Roberto:-La limpieza tanto en los espacios públicos como en lo personal. El orden, especialmente llamativo el comportamiento de los niños en las excursiones. La educación, sobre todo en lo referente a no molestar a los demás (obligatorio tener el móvil en silencio en el metro). La disciplina, no sólo en el sentido jerárquico sino en cumplimiento de normas.

José A. L.:– Orden, limpieza, educación y silencio. Escasa contaminación en las calles. Además son tremendamente prácticos para todo.

Bego:- Mucho contraste a nivel de pueblos y localidades de interior y poco en las grandes ciudades. Gran contraste en cuanto a trato, amabilidad y relación personal.

7ª pregunta.- ¿Ha sido como te lo esperabas o has descubierto algo realmente nuevo e inesperado, o te ha decepcionado?

Paco:– No me ha decepcionado. Al contrario, aunque en tan poco tiempo “libre”, es arriesgado hacer un diagnóstico en profundidad.

Nieves:- Ha superado mis expectativas. La calidad del viaje a nivel de organización, hoteles, comidas, ha sido excelente.

José A.L.:– El viaje ha colmado mis expectativas a pesar de que, en un principio, no estaba en el “top” de mis preferencias.

8ª pregunta.- ¿Volverías a Japón? En caso afirmativo, ¿qué buscarías, cuál sería tu objetivo? ¿Recomendarías el viaje?

Julia G.:– De momento no creo que vuelva, pero en un futuro quizás lo haga. Recomiendo el viaje a Japón y, en concreto, las visitas que hemos realizado en este tour.

Nieves S.:– Si hubiera un viaje organizado de la misma forma quizá volvería con el objetivo de visitar con más calma, sobre todo, la ciudad de Tokio. Recomendaría este viaje, sin duda.

José A.A.: -Por el paisaje, paisanaje (qué amabilidad), tradiciones, modernidad, por la paz y serenidad que irradia el país entero, por el silencio abrumador incluso en las zonas donde más tráfico de personas y coches hay en las avenidas más comerciales, en el metro (tecnológicamente impresionante), por los JARDINES JAPONESES FANTÁSTICOS, sin duda volvería después de algún tiempo y entonces me gustaría ver la lonja de pescado más grande del mundo con esos atunes de unos 500 kg aprox. Recomendaría el viaje sin ninguna duda.

Hasta aquí la pequeña encuesta y las respuestas de algunos miembros del grupo a los que agradezco su colaboración “totalmente desinteresada”. Pero no me quería despedir sin preguntarle a María, nuestra Directora, cuál es el balance del viaje y su opinión sobre el grupo, y esto es lo que ha contestado:

María San: En mi opinión, el viaje se ha materializado cumpliendo mis expectativas como profesional. Los japoneses son grandes profesionales y han cumplido lo contratado con creces. La puntualidad, atención, servicio, calidad de comidas, han sido lo esperado. La guinda de viaje ha sido nuestra guía local. Creo que ella nos ha hecho sentir Japón y nos ha hecho reír. Creo que ha quedado en nuestros corazones.

El grupo ha sido fantástico. Respetuoso, cómplice y divertido. Para mí el viaje ha sido un éxito completo tanto a nivel profesional como personal.

Despedida y cierre

Es la hora de los agradecimientos y en primer lugar quiero dar las gracias a la Asociación por proponernos este tipo de actividades grupales. Hay que valorar en lo que vale el trabajo que algunos de nuestros compañeros se están tomando en pro de hacernos la vida más fácil y agradable.

Un poco más en concreto, a nuestro compañero y amigo Jorge Ibor, “alma mater” de la idea y negociación de este viaje. Es de agradecer sus ganas de ofrecer a los demás sus ideas y llevarlas a la práctica.

Mi agradecimiento a la Agencia de Viajes “B the travel brand” y su Directora María al frente, por sus muchas atenciones y su buen hacer, pero sobre todo y esto es fundamental para calibrar si ir a un determinado viaje o no, por el precio puesto a este gran viaje. Que tengan claro mis compañeros que el precio de este viaje ha sido “tirau”. El viaje a Japón estaba en mi “ruta vital”, era algo que tenía la necesidad de hacer, y por ello había pedido varios presupuestos e itinerarios.

Os puedo asegurar que todas las Agencias me daban un precio un 30% más caro, no igualaban los Hoteles y era a “media pensión”. Lo dicho, “tirau”. Animo a la Agencia que siga por este camino y me tendrá a su lado en más ocasiones.

No podía faltar mi agradecimiento a esa gran mujer que es Hiroko. Se ha volcado con nosotros y nosotros, agradecidos, nos hemos volcado con ella. Siempre habrá un huequito en nuestra memoria y en nuestro corazón para esta japonesita menuda.

Y por supuesto, gracias a todos mis compañeros de viaje, ya que con su forma de actuar, humor, puntualidad, compañerismo, buenas caras, han hecho mucho más agradable este periplo japonés.

A pesar de lo extensa de esta crónica, quizá me deje algo en el tintero que algún otro compañero quiera desarrollar. Por mi parte, cierro plenamente satisfecho de un viaje para no olvidar.

Ohayo gozaimasu

 

Torre de Tokio a semejanza de la Torre Eiffel.

https://www.youtube.com/watch?v=ETX_EJgOVw8&pbjreload=10

Dedicada, especialmente, a HIROKO. ¿Os acordáis que mi mujer y yo la cantamos en el autobús? Una versión en castellano, claro. Fue nº 1 en el Hit Parade en el año 1963.

Domo Arigato.

 

 

Imagen propia de los santuarios shintoistas

Javi Campo

1/6/2018

 

Artículos de la crónica del viaje a Japón, “ruta  Tokaido”


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2 ideas sobre “Japón. “Ruta Tokaido”. Crónica de un viaje inolvidable (III)

  • araceli tamayo

    Muchas gracias Javi por tu ameno y muy detallado artículo sobre vuestra visita a Japón que me ha hecho recordar mi paso por ese fascinante país, el cual he visitado en 2 ocasiones (una de ellas coincidiendo con el Sakura -cerezos en flor) y no descarto volver a visitarlo de nuevo en un futuro próximo.

  • Guia Hiroko Kihira

    Hola Soy guia Hiroko,
    Antes de todo, Me alegro mucho de saber que lo pasaron bien y contentos con el viaje del Japon, a pesar de mi espanol raro, ja, ja, ja
    Javi san no probo el famoso bano de Spa , pero muchas paisanas suyas valientes y alegres disfrutaron de los aguas termales con migo
    como Venus de la pintura de Bottecelli.(^.^)))
    De la cronica, ademas de descripciones de las visitas turisticas, me interesaron los comentarios sobre la vida, habitos y constumbre de nosotros. Son muy acertados, significativos,y curiosos.
    El siglo 16 llegaron los misionesros jesuitas a japon y escribieron sobre el pueblo japones que eran muy amables, sonrientes, aplicados apesar de su pobleza. Aun hoy en dia somos asi tal vez. y yo tengo una duda. Como y porque el pueblo tan manso con la cultura antigua cometimos un error muy grave de meternos en la Segunda Guerra Mundial que causo miles de tragedia.
    Bueno reitero mi agradecimiento por las atenciones que me prestaron y por haber compartido el viaje inolvidable con todos ustedes.
    Hay que conocer su tierra para juntarnos algun dia. Javi san me gusto mucho su cants de Sukiyaki .
    Arigato gozaimasu. Mata aimashou (Volvemos a veremos algun dia)