Homo sapiens, el hombre de cromagnon, o sea, nosotros, nuestra especie.


Voy a escribir la última nota sobre Atapuerca antes de que vayamos a la excursión de día. Quisiera comentar lo que nos distingue de otras especies.

Siempre que hablamos de una especie y por eso mismo, tenemos que argumentar porqué somos especie, o sea, especiales.

Cuando se habla del tema, lo primero que nos viene a la cabeza es que somos especiales porque tenemos consciencia, o sea, inteligencia. Como el tema es muy peliagudo, no voy a entrar en el asunto y voy a describir otros rasgos que no tienen los demás mamíferos ni los invertebrados:

1ª Una nariz prominente (la compartimos con el homo de neandertal: ambas especies somos narizotas en comparación con el resto de mamíferos)

2ª Lo blanco del ojo: el que está enfrente puede saber hacia donde dirigimos la mirada y por tanto la atención.

3ª las mujeres (las hembras sapiens) años antes de la muerte pierden la fertilidad. Esto permite a las madres desarrollar funciones de abuela, al disponer de un tiempo en que no pueden  ya ser madres.

4º.- Capacidad craneal y frente casi recta. El homo sapiens tiene desarrollado el lóbulo frontal del cráneo de tal forma que evidencia una frente más vertical que el resto de homos.

Fue un sueco, Linneo, (1707-1778), el que teorizó sobre las características de las especies. Desde entonces pocos se han atrevido a describir especialidades que distinguen a una especie de otra.

Antes de cerrar esta nota y como resumen de las anteriores quisiera precisar dos cosas sobre Atapuerca y los investigadores, como Arsuaga y en su momento el bilbaíno Apellaniz que se esfuerzan por conocer nuestro pasado:

1ª.- La Sima de los Huesos en Atapuerca es el primer lugar sagrado de nuestra historia, la toma de consciencia del homínido y, al mismo tiempo, el momento en que el ser humano (el homo heildebengensis) sabe a ciencia cierta que está condenado a muerte.

2ª.- Vinimos a Europa desde África hace dos millones de años; antes habíamos habitado durante seis millones de años en las selvas tropicales africanas. Los neandertales de los que conservamos el 2% de sus genes, estaban ya en Europa cuando vinimos; fueron los auténticos europeos.

Sin más, termino la reseña,  y animo a los/as socios/as, amigos/as, parientes que quieran visitar en agradable compañía Atapuerca y el museo de la Evolución Humana en Burgos, al mismo tiempo que nos sumergimos en la historia de esta ciudad que durante siglos fue el referente del naciente Bilbao, capital de Bizkaia, con las que nos sentimos identificados.

Cierro con una reciente cita de Eudald Carbonell, catalán y codirector de Atapuerca, en la que aseguraba que en Atapuerca han trabajado el 1 por 1000 de las potencialidades de la sierra.

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