El Vizconde, El Solomillo, El Carnicero y Los Frailes Glotones 2


EPÍLOGO: EL SÍNDROME DE JERUSALÉN

1.- EL VIZCONDE

François Rene, Vizconde de Chateaubriand (Saint Malo, 04/09/17978 – París, 4/07/1848), fue conocido literariamente por ser el iniciador del romanticismo en Francia. También fue diplomático y político de importancia.

Defensor de la monarquía, tras la Revolución Francesa tuvo que exiliarse mientras varios miembros de su familia y amigos tuvieron menos suerte y pasaron por la guillotina.

Estuvo con Napoleón y contra él, fue nombrado Ministro de Estado y Par de Francia en el Gobierno de los 100 días y Ministro de Asuntos Exteriores con Luis XVIII. Posteriormente fue diplomático.

En 1804, reconvertido al Cristianismo tras la muerte de su madre y deseoso de conocer los santos lugares, emprendió un viaje por el Cercano Oriente que reflejó en su novela “de París a Jerusalén” que, aunque no sea la más conocida, refleja su viaje que tiene repercusión en esta narración.

2.- EL SOLOMILLO

Gran gastrónomo, el Vizconde era un amante del solomillo de ternera o buey servido en bistec pero le desagradaban los bordes o partes exteriores que en contacto con el fuego quedaban duras para su paladar.

Su cocinero, Montmirail, tuvo la brillante idea de cortar un generoso trozo de la parte más ancha de un magnífico solomillo, lo puso en medio de otras dos piezas cortadas esta vez finamente, las sujetó con una cuerda fina, las pasó por la parrilla, quitó después los dos filetes finos que hacían de tapa y quedó un fantástico solomillo, rosado y poco hecho. A ello añadió la guarnición correspondiente. Había inventado el “Solomillo a la Chateaubriand”

Se calcula que esta receta data de 1811.

3.- EL CARNICERO

Cuenta Simón Sebag Montefiore en su libro, para mi magnífico, “Jerusalén, la Biografía” que en 1799 Napoleón decidió conquistar el Próximo Oriente y hacer de Jerusalén su capital en la zona. Tras su exitosa campaña en Egipto encaminó sus tropas en dirección a la actual Siria donde se encontró con un duro enemigo, Ahmet Jazzar Pasha, conocido por El Carnicero del que hay que hacer una introducción.

Su principio político era: el miedo motiva más a los hombres que cualquier otra cosa.

Su especialidad era la mutilación de aquellos de cuya lealtad dudaba. Dicen que su corte se componía de personas a las que faltaba una mano, un ojo, una oreja o la nariz al menos. A su primer ministro y hombre de confianza le faltaba la nariz y un ojo. También tenía métodos más crueles. Por ejemplo, clavar herraduras en los pies, emparedar a enemigos vivos, …, llegando a matar a 7 mujeres de su propio harén de una vez.

Este “animal” derrotó a Napoleón que, como sabemos, también era caso aparte. Derrotado, en su huida hacia Egipto, viendo que las tropas enemigas se acercaban peligrosamente, mandó ajusticiar a más de 800 soldados de su ejército que estaban heridos o enfermos y ralentizaban su marcha.

Tras este triunfo, “el Carnicero” fue nombrado Pachá de Bosnia, Egipto y Damasco por el Sultán de Estambul.

En 1806 llegó a Jerusalén, imbuido en su fanático retorno al Cristianismo, el citado Vizconde de Chateaubriand, encontrándose “una ciudad asolada por el fuego, la rebelión y la rapiña, en el punto más bajo desde la época de los mongoles”. La violencia imperaba en sus calles, el Pachá se desplazaba allí cada cierto tiempo a la practicar la rapiña.

Dice el Vizconde en su libro: “En las calles no se veía a nadie. Cuánta miseria, cuánta desolación. La mayor parte de sus habitantes había huido a las montañas…” Como cuenta el novelista, era una de las épocas más tristes de la “ciudad deicida”

4.- LOS FRAILES GLOTONES

Los jerosolimitanos vestían harapos, estaban cubiertos de polvo y llenos de parásitos y, además, pasaban hambre, mucha hambre. Se asombraba Chateaubriand al ver que ”los señores de Judea por derecho vivían como esclavos y extranjeros en su propio país”.

El Vizconde se dedicaba a recorrer las tristes calles de Jerusalén, siempre armado y con escolta protectora. Rezaba delante del Santo Sepulcro media hora al día con la mirada clavada en la piedra y oraba ante la tumba de los héroes franceses Godofredo y Balduino que en las Cruzadas habían derrotado a los infieles.

Pero en esta ciudad llena de miseria había alguien que manejaba dinero: los frailes franciscanos que cuidaban los lugares sagrados y cobraban importantes cifras por el acceso a los recintos sagrados a los peregrinos que allí llegaban. Gracias a su famosa gordura y glotonería confraternizaron muy pronto con Chateaubriand compartiendo con ellos grandes banquetes que pagaba el noble.

Como consecuencia de su religiosidad y, sin duda, por su generosidad, sus amigos franciscanos le nombraron Caballero de la Orden del Santo Sepulcro lo que le llevó al éxtasis de gozo.

En aquella época, el 12 de octubre de 1808, un sacristán, al parecer también glotón y grueso, vigilando el Santo Sepulcro se durmió derramando la estufa con la que se abrigaba. Las llamas que se originaron incendiaron los recintos sagrados, destruyéndose buena parte de lo que allí había, incluidas las tumbas de Godofredo y Balduino. Chateubriand se había ido un poco antes. Fue de los últimos peregrinos que pudieron disfrutaron de lo asolado.

EPÍLOGO: EL SÍNDROME DE JERUSALÉN.

He intentado unir, de una manera algo anárquica, varias historias que me han gustado. El punto central ha sido el mencionado libro “Jerusalén, La Biografía”. Y ya puestos, he decidido escribir acerca de algo que figura en su introducción: “El Síndrome de Jerusalén”.

Como es sabido esta ciudad en el centro de las tres principales religiones monoteístas del mundo actual: judaísmo, cristianismo e islamismo, las tres surgen de un punto de inicio común: Abraham.

Sin duda por esta circunstancia, tiene un ambiente extremadamente religioso, espiritual, que inunda los sentidos. Y por ello, sin duda, se da en entre sus visitantes más sensibles o, incluso en ocasiones entre los turistas no religiosos, un fenómeno o enfermedad extraña conocida por “Síndrome de Jerusalén”.

Se trata de una perturbación mental de carácter psicótico, normalmente transitoria y limitada en el tiempo a la duración de la estancia en Jerusalén, que consiste en creerse un personaje bíblico o un protagonista de las vivencias de las Sagradas Escrituras. Destacan quienes se creen ser Moisés, David, la Virgen María o el mismo Jesucristo.

Curiosamente, se dan casos en los judaicos que imitan a los personajes del Antiguo Testamento y en los cristianos que se recrean en los del Nuevo pero no se conoce ninguno entre los islamistas.

Quienes sufren este trastorno toman, por ejemplo, alguna de estas decisiones

  • En muchos casos salen a la calle cubiertos con sábanas de los hoteles y se ponen a dar sermones en lugares públicos siguiendo la línea de un personaje bíblico concreto.
  • En algunos quedan a la espera de la “cercana” llegada del Apocalipsis con actitud beatífica para poder, en ese momento, tener un acceso más cercano al Padre.
  • También hay quien se va a meditar al desierto. Estos son los peores ya que, normalmente, no esperan los peligros que les acechan contra los que, además, no están preparados.
  • Y hay mujeres que se presentan en centros médicos para dar a luz a Jesús y que ni siquiera están embarazadas.

El número de afectados que requieren hospitalización va en aumento, superando actualmente los cien al año.

Tanto es así que el Centro de Salud Mental Kfar Shaul tiene una unidad especializada en este tema. También hay que destacar al doctor Moshe Kalian, un experto en este tema.

Normalmente se toman medidas paliativas con el enfermo con objeto de que regrese en las mejores condiciones a su país de residencia donde, en poco tiempo, recuperará su estado anterior.

He tomado referencias de:
El libro Jerusalén – La Biografía de Simón Sebag Montefiore, ISBN 9788498922332 de cuya lectura he disfrutado.
https://es.wikipedia.org/wiki/Fran%C3%A7ois-Ren%C3%A9_de_Chateaubriand
http://www.guiamiguelin.com/tecnicas/chateaubriand.html
y varias lecturas más en menor grado.


Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

2 ideas sobre “El Vizconde, El Solomillo, El Carnicero y Los Frailes Glotones