«Personajes del callejero de Getxo». – ENRIQUE ARESTI Y TORRE


ENRIQUE ARESTI Y TORRE.- Conde de Aresti

Residencia Conde de Aresti en la c/ Zabala de Bilbao. Foto: Página web de la propia residencia

Esta imagen me transporta a la niñez. A mi niñez. Estudiaba en el “Corazón de María” de los P.P.Claretianos en la calle San Francisco. La casa de mis padres caía lejos. Pero mis abuelos paternos tenían su vivienda en la calle Zabala, barrio de ferroviarios, justo enfrente de la Iglesia de San Rafael. Allí íbamos a comer, mis dos hermanos y yo, los días entre semana en los que había que volver al Colegio por la tarde y algunos fines de semana también. La Parroquia y el Asilo de Mena eran lugar habitual de nuestros juegos infantiles, en los que el escondite se llevaba la palma. Y aquel intrincado edificio era ideal para ello. Algunos fines de semana, en los bajos de la Iglesia, a la derecha de la imagen, echaban película, previamente había NO-DO, naturalmente, a donde acudíamos todos los chiquillos a ver a Errol Flinn, Jhon Wayne, Gary Cooper, bien cabalgando por las praderas, bien subidos a las jarcias de algún barco pirata. De cuando en vez, surgía alguna chica, Bárbara Stanwyck, Bette Davis, enamoradiza pero cuando llegaba el ansiado beso, las pías monjitas o D. Emilio, el cura de la Parroquia, cortaban la escena unos segundos antes, para no herir nuestros delicados y tiernos sentimientos o para no alimentar pensamientos pecaminosos. Inmediatamente toda la clientela gritaba: “Cuadro”,”cuadro”, solucionándose en breve la avería, pero con un beso robado que quedaba a nuestra imaginación.

Terminada la película, los más audaces, forzando puertas cerradas, saltando vallas, escondiéndonos de severas amas de llaves, y por vericuetos que sólo los más habituales sabíamos, a veces, no siempre, conseguíamos llegar al otro ala del edificio, lo que era el Asilo, a la izquierda de la imagen. No sabría decir qué nos impresionaba más, al menos a mí, si los cientos de mendigos por su aspecto, con sus harapos como ropa de abrigo y sus luengas barbas de muchos días que se acercaban allí en busca de comida y calor o aquellas monjas de grandes hábitos y enormes tocas almidonadas caminando con firmeza por las amplias salas. Nuestras risas delatoras ponían en guardia a las Hermanas, que terminaban persiguiéndonos con gran alborozo por nuestra parte. Esta pequeña parte de mi niñez, me ha venido a la memoria al hilvanar, Asilo de Mena, Residencia Conde de Aresti y Enrique de Aresti, que será nuestro próximo personaje del callejero getxotarra y que fue su promotor, después de fundar la Asociación Vizcaína de Caridad,  junto con un grupo de filántropos bilbaínos,  y primer Presidente en 1903 con la finalidad de luchar contra la mendicidad. En sus famosos comedores era habitual que se reuniesen cientos de personas necesitadas, separados por sexos y edades.


Calle de Enrique Aresti en el Bº de Neguri.- Foto: Autor
El otro lado de la c/Enrique Aresti.- Foto: Autor
 

No se puede obviar el pasado de la emigración vasca. Si con la industrialización de nuestro territorio, se produjo una creciente inmigración, no es menos cierto que muchos de los comerciantes, industriales, financieros, mineros y navieros que completaron una burguesía, en muchos casos excluyente, tuvieron que emigrar en su juventud a América para hacer su fortuna. No es menos cierto que esos grandes capitales contribuyeron, a su regreso, al progreso de la provincia con sus inversiones, que a ellos los enriquecían más pero daban trabajo, en muchos casos casi esclavo, además de a los nativos, a miles de gallegos, extremeños, castellanos, etc… que al amparo del auge industrial se mudaron a nuestra provincia. El ritmo de vida de esta nueva aristocracia trajo consigo el uso de agua caliente, calefacción, cuarto de baño, despacho o un cuarto especial para el servicio, algo impensable para la época. La llegada a Getxo en las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siglo XX de estas clases acomodadas a los que la villa de Bilbao se les quedaba ya pequeña, provoca un vuelco en su demografía que de un área basada en la agricultura y el sector marítimo pasa, en pocas décadas, a ser un municipio basado en los servicios donde el número de criados se incrementa sensiblemente así como los jornaleros que trabajan directa o indirectamente en la construcción cualificada de casas, palacios o el mismísimo ferrocarril Bilbao-Las Arenas.

Durante la llamada Gran Guerra, es decir la I Guerra Mundial, los problemas de convivencia social derivados en gran medida de la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores, coincidió con la acumulación de grandes beneficios en manos de los pocos que estaban en condiciones de lucrarse de ella. Se explica así que un número progresivamente mayor de miembros de la burguesía bilbaína, considere reproducir un proceso similar al de otras ciudades industriales europeas: la autosegregación mediante el abandono parcial del centro y la creación de suburbios privilegiados como Neguri.

Enrique Aresti y Torre, Conde de Aresti desde el 30/6/1908  por concesión de Alfonso XIII, decidido impulsor del clan de Neguri y de hondas convicciones monárquicas y liberales, es uno de los que participaron activamente tanto en la vida comercial, industrial, financiera como política de la provincia, siendo uno más de los que se afincaron en Getxo por pura conveniencia social ya que su sentir más íntimo le tiraba hacia la zona de Las Encartaciones, Carranza, Gordexola y Artziniega su pueblo natal. Antes, fue uno de aquellos adolescentes a los que desde una edad muy temprana les entró el gusanillo de traspasar el océano para ver qué había al otro lado y si era verdad lo que contaban los que ya estaban allí. Las oportunidades eran las mismas para todos, unos lo conseguían (que son de los que se habla y escribe) pero otros muchos se tuvieron que volver con una mano delante y otra atrás o la vergüenza les pudo y se quedaron allí para siempre, malviviendo (de estos no se ha escrito nada).

Palacio del Conde de Aresti en Gordexola, rehabilitado en varias ocasiones.-Rfa:casonasdeindianos.blogspot

Enrique Aresti Torre nació en el pueblo alavés de Artziniega el 6/12/1852. Pasó su niñez en Bilbao, cursó los estudios de Primaria en la Escuela de Abando y tres cursos de Bachillerato en el Instituto Vizcaíno de Bilbao. A los 15 años, en cuanto adquirió una formación académica suficiente como escribir, leer y las reglas básicas, junto a su hermano Daniel, cuatro años menor, pusieron rumbo a México emprendiendo la gran aventura americana como otros muchos vascos, llegando dos meses más tarde a la ciudad de San Luis de Potosí, donde trabajó en el escritorio de “Vivanco y Ortiz”. A la jubilación de éstos en 1875, nueve años después, le traspasaron el negocio, le cedieron el capital necesario para que lo administrara y lo pusieron a su nombre, al que más tarde se asoció su hermano Daniel.

¿Qué empujó a su familia para enviar a dos de sus hijos a tan tierna edad y totalmente solos en un viaje tan largo y peligroso?¿Qué idea tenían, con sus pocos años, de lo que se podían encontrar en ultramar?¿Qué buscaban yéndose de su pueblo natal a otro pueblo recóndito de un país desconocido? ¿Porqué se fueron, concretamente, a San Luis de Potosí y no a cualquier otro lugar de México? La respuesta más verosímil es que tuviesen ya allí algún pariente o conocido de su familia que les acogió en su casa y les dieran la formación adecuada. Tanto la estancia como la formación la debían de pagar los padres, que en muchos casos se endeudaban por ello, pero convencidos de que allí labrarían mejor fortuna que en su pueblo de procedencia. Quizá el propio Vivanco era de su mismo pueblo u Ortiz, que era carranzano, amigo de sus padres y merecedores de su confianza. Sea como fuese,  que unos niños consiguiesen con un bagaje tan corto de conocimientos, en un país extraño, con gentes desconocidas, convertirse en comerciantes triunfadores y que, aún muy jóvenes, lograsen volver con un caudal importante acumulado a su país de origen, merecen nuestro reconocimiento y admiración.

La influencia notable que tuvo en sectores de alto nivel estratégico en la economía y sociedad mexicana y la impronta que allí dejó, constituyen elementos suficientes y esenciales para que se le otorgue al colectivo de la emigración vasca el espacio que merece en la historia de México. Durante otros diez años, ya al frente del negocio,  permanecieron los hermanos Aresti en México para volver a la edad de 33 años a España. Este pequeño lapso de tiempo le fue suficiente para crear una pequeña fortuna y adquirir unos conocimientos del comercio y la negociación importantes para sus andanzas posteriores en Bilbao, donde fijó su residencia, dedicándose a todo género de actividades industriales, financieras, políticas y benéficas. No tardó en convertirse, según palabras de Indalecio Prieto, en “un aldeano refinado en tierras americanas”.

Hacia 1882 hizo un viaje a España con vistas a tantear la situación real en el plano comercial, industrial y político. Bilbao estaba en pleno apogeo industrializador por lo que enseguida vislumbró las posibilidades reales de volver a casa y continuar con el éxito que había obtenido en México. Sus relaciones con los Ortiz, no sólo fueron comerciales, primero como empleado dando pruebas de su fidelidad y luego como socio, sino que ambos hermanos Aresti se casaron el 8/5/1886 en la Iglesia San Antonio Abad de Bilbao, antes de su regreso definitivo, con las dos hermanas, María con Enrique y Daniel con Adela Ortiz y Aldama, hijas de José Ortiz Campo. A su marcha disolvieron la sociedad “Enrique Aresti y hermano”.

Como curiosidad muy significativa, siendo Enrique Aresti Gobernador Civil de Bizkaia en 1907, emitió un bando en el que denunciaba la emigración ilegal, sobre todo de quintos que huían del país para no realizar el Servicio Militar. En este bando, insta a los Alcaldes, Guardia Civil y demás autoridades para que tomen las medidas pertinentes y que impidan cualquier intento de contravenir la Ley vigente por parte de personas sin escrúpulos y de escasa conciencia que fomentan la emigración clandestina con ánimo de lucro personal. Eran los tristemente famosos “enganchadores” que por una comisión organizaban partidas de emigrantes clandestinos abandonándoles a su suerte nada más llegar a su país de destino.

No perdió el tiempo a su llegada a Bilbao, ya que antes de finalizar ese año se había asociado con otros emigrantes de México que como él habían regresado, fundando la Sociedad de Plomos y Estaños laminados en el Barrio Ijalde de Zalla, en unos solares cercanos al río Cadagua y al ferrocarril (qué casualidad) que 5 años más tarde uniría La Robla con Bilbao y en el que también participaría en su fundación. Este ferrocarril estaba destinado al intercambio de la hulla leonesa y el hierro y mineral vizcaíno pero sirvió, y de qué manera, para dinamizar la mayoría de los pueblos por donde pasaba. Era patente, por otro lado, su cariño y estima por Las Encartaciones, inclinándose en esos años por realizar sus inversiones en esa zona tan determinada de la provincia vizcaína.

Por esto, Enrique Aresti, inscribió su nombre con letras de oro en la historia del ferrocarril en Vizcaya, con su asociación con personajes como Víctor Chávarri. La fusión de las distintas pequeñas compañías de las vías férreas que unían Bilbao con la montaña, es decir, con Santander, el 25/8/1895 da paso a la Compañía de los Ferrocarriles de Santander a Bilbao S.A., con un capital inicial de 10.000.000 pts, integrándose en ellas personajes de las tres compañías fusionadas. Posteriormente, en el año 1899 amplían la línea con la Sdad. General de Ferrocarriles Vasco-Asturiana. En ambas  Víctor Chávarri se consolida como Presidente y Enrique Aresti en su Consejo de Administración, aunque después las presidió en dos fases, de 1900 a 1906 y de 1911 a 1935.

No desaprovechó la ocasión para desarrollar su afán de industrial inversionista en el ramo del papel. Ya existían varias fábricas en esa región tan propicia, relacionadas con la industria papelera y la fundación por parte de nuestro personaje de La Papelera del Cadagua vino a fortalecer el tejido industrial encartado en los años finales del siglo XIX.

Asociada a La Papelera del Cadagua estaba, en Güeñes, la fábrica de papel continuo llamada Hilados Sylvalin, más conocida por La Conchita, en honor de su primera hija nacida en 1887, cuyo nombre era Concepción, iniciativa asociada al ramo textil y que se dedicaría con maquinaria inglesa a la fabricación de tejidos de yute para saquería. En 1890 le compró a otro antiguo emigrante de México, Andrés de la Quadra Salcedo, otra empresa en la que se fabricaba papel para cigarrillos llamada La Carolina. Con el inicio del nuevo siglo, un nuevo proceso de industrialización moderna llamaba a la puerta, siendo Enrique Aresti uno de sus más preclaros representantes y de los impulsores de la mayor fusión papelera entre empresas radicadas en Bizkaia, entre ellas La Papelera del Cadagua, Gipuzkoa, Navarra y otras del resto de España que se implantaría en el Barrio de Aranguren en Zalla, originando la Papelera Española. Fue la culminación del negocio del papel al que tanto tiempo y empeño dedicó D. Enrique.  El año 1901 fue el de máximo esplendor del negocio papelero, llevándose a cabo los planes de expansión con esa fusión que se constituyó con un Capital Social de 20MM pts. Enrique Aresti fue fundador, presidente y alma mater de la sociedad durante 45 años, es decir, hasta su fallecimiento en 1946. Junto con Nicolás Mª de Urgoiti, su director general, esta sociedad tuvo un fuerte desarrollo durante la primera década del pasado siglo repartiendo inclusive dividendos a sus accionistas en algunos años,  pero la Guerra de 1914 supuso un parón por la falta de materias primas. La rentabilidad negativa de alguna de sus fábricas determinó su cierre.

No se conformó con la industria papelera sino que amplió sus horizontes en el sector minero con Hulleras del Sabero, editoriales como Espasa-Calpe, o la Unión Resinera Española.

Pero, sin duda, el grupo más significativo que se constituyó por iniciativa del Conde de Aresti junto con Elías Ugartechea, sería el formado por las empresas creadas para satisfacer la demanda de productos industriales, no sólo fungibles como brocas, sierras, y herramientas varias, sino también maquinaria.  Muchas de esas empresas no eran más que pequeñas ferreterías ya constituidas y otras se formaron ex profeso. Una de las primeras organizadas como S.A. fue “El Material Industrial” de la que fue consejero muchos años y que en poco tiempo instaló sucursales en San Sebastián, Madrid, Sevilla, Valencia, Barcelona y Logroño, por cierto, desaparecida hace relativamente poco tiempo, hacia el año 1990.

Enrique Aresti Torres. Pintura encargada a  Ignacio Zuloaga por la Sdad. Coop. de Papeleros  en agradecimiento a la labor realizada.

Es el momento álgido de su actividad industrial y de negocios, perteneciendo ya a los Consejos de Administración del Banco Bilbao, Cía Vascongada de Minería, S.A. de Obras Públicas, Siderúrgica del Mediterráneo, etc…

Para entonces, Enrique Aresti que ya había adquirido el título nobiliario de Conde de Aresti, concedido el 30/6/1908 por el rey Alfonso XIII con la intervención de su amigo Ramón Bergé, se había convertido en un adulto de porte distinguido, alta estatura, barba y bigote atusado típicos de la época, frente despejada con grandes entradas, habitualmente con sombrero, guantes y abrigo elegantes. Los que le conocían bien decían de él que era hombre de privilegiada inteligencia, con una inagotable capacidad de trabajo y que como persona era sencilla, bondadoso y de una integridad intachable.

Llegados a este punto y coincidiendo con el momento en el que la burguesía imperante en Bilbao, comienza a girar su mirada y sus inversiones hacia la margen derecha de la Ría, Enrique Aresti conoce de primera mano debido a sus amistades, los proyectos que se están generando sobre los terrenos limítrofes de Erandio, Leioa y Getxo. Todos sus terrenos vacantes y las amplias playas abiertas al Abra eran una fruta demasiado golosa como para que la sociedad oligárquica que se encontraba ya asentada en Bilbao y la nueva aristocracia bilbaína unidos interesadamente a los indianos de bolsillos repletos de dinero fresco, no se diera cuenta de que allí estaba el futuro de sus inversiones más jugosas. Todo ello apoyándose en los partidos políticos emergentes a los cuales se adhirieron como lapas.

La venta en pública subasta de los terrenos comunales a mediados del siglo XIX, que el Estado consideraba suyos y el Ayuntamiento de Getxo lo consideraba un expolio, hizo que el aspecto de lo que hoy es Las Arenas cambiase radicalmente. Aresti llegó tarde, por una simple cuestión de edad, a estas subastas que se iniciaron mayoritariamente hacia 1860, pero su visión de avispado comerciante no le impidió llegar a tiempo para obtener pingües beneficios en la compra de 2ª mano o nuevos terrenos antes de finalizar el proceso desamortizador en la década de los 90 cuando empezaban ya a imperar los nuevos modos sociales como, por ejemplo, el veraneo. Una incipiente filosofía social basada en los baños de mar, los balnearios, las largas estancias en las playas provocaron la creación de establecimientos de ocio rematado con líneas férreas de comunicación fácil con la villa de Bilbao que sólo estaba a 12 Kms.

Es en la constitución de una nueva población, que se dio en llamar Neguri, cuando en 1894 se efectúa la última subasta sobre la compra del monte erial y argomal de Aiboa de 440.000 m2 cuyos propietarios serían  Ituarte, Romo, Irigoyen y Menchaca con un desembolso de 113.207 pts. No tardan mucho en desprenderse de la finca vendiéndosela el 29/12/1902 a los Srs. José I. Amann, Enrique Aresti y Valentín Gorbeña, triplicando casi el precio, por 333.333 pts. El 6/5/1903 estos tres relevantes personajes solicitan los permisos correspondientes al Ayuntamiento para llevar a cabo un proyecto de urbanización y se constituyen en Sociedad de Terrenos de Neguri que posee en total 540.000 m2 con la adquisición de 100.000 m2 a Niceto de Urkizu en La Avanzada. Las aportaciones de los dos socios principales es de 149.150,24 pts cada uno y Amann participa con la mitad que aquellos.

Amann, en calidad de Director Gerente de la Sociedad, ante la incredulidad de todos, incluidos sus dos socios Aresti y Gorbeña, en su intención primigenia de crear una Ciudad Jardín va cumpliendo sus objetivos de lucrar, a medida que se fueran enajenando los terrenos. No cabe duda que su fantasía se cumplió felizmente y que los escépticos e incrédulos socios tuvieron que tragarse sus risas y comentarios suspicaces. Su idea de convertir esos terrenos en un barrio de viviendas elegantes, de aplicación sólo para las clases más acomodadas dadas las estrictas normas de urbanización en cuanto a altura de las casas y extensión de los jardines, concluyó con unos altísimos beneficios para la Sociedad logrando un resultado para el año 1916 inimaginable a su inicio, aunque hubiese un parón significativo en las ventas entre los años 1906 y 1915.

Ello no fue óbice para que dotasen a la nueva urbanización residencialista con servicios y equipamientos como la Iglesia de El Carmen, un chalet-escuela, campo de fútbol donde jugó el Athletic varios años, la Real Sociedad de Tiro, Real Sociedad de Golf, y se explotaran las canteras y una vaquería con parque y lechería. Por ello, en el Acta de la Junta General del 21/12/1916 se recoge como comentario final que “la Junta se felicitó del éxito logrado en una empresa que ha sido beneficiosa para los socios y también de verdadera utilidad general”.

La Sociedad de Terrenos de Neguri, se disolvió el 31/12/1918 no sin antes distribuirse los cinco lotes de terreno que quedaban de su propiedad. El Conde de Aresti mantuvo su lote en propiedad durante mucho tiempo, no así sus socios que fueron vendiendo el lote que les había tocado en suerte.  Años más tarde, el 27/12/1933, los tres socios cedieron al Ayuntamiento unas parcelas de terreno que todavía estaban sin vender y que éste quería utilizar como parque central y que los poderosos vecinos de la urbanización habían tomado como propios a través del “hecho consumado”. Las clases aristocráticas de la oligarquía asentada en Neguri convencieron al Ayuntamiento para que se las arrendase creando el Real Club Jolaseta. Desde entonces, y después de varias vicisitudes durante la época franquista, los vecinos, enterados de que los terrenos de Jolaseta debían de ser de uso vecinal por cesión del Conde de Aresti, interpusieron varias denuncias por ocupación indebida e ilegal de los mismos. Habiendo fallado el Tribunal Contencioso-Administrativo el 2/7/1979 a favor de la demanda de los vecinos, el Ayuntamiento desistió de recurrir, llegando a acuerdos que no satisficieron a las partes pero que, al menos, se consiguió se articulase el “Parque Gernika” al lado de Jolaseta y junto al barrio llamado Neguri Langille.

Un detalle, antes de entrar en la faceta política de nuestro personaje. En ninguna lista de compradores de parcelas para edificar, he visto el nombre de Enrique Aresti. Ni en chalets individuales, ni pareados ni siquiera en casas de vecindad, lo que quiere decir que, a pesar de sus negocios inmobiliarios en Getxo y pasar largas temporadas en nuestro Municipio, se mantuvo fiel a Bilbao y fijó su residencia habitual en la villa.

Ocupó distintos cargos en distintas asociaciones y entidades, siendo vicepresidente nato de la Asociación Vizcaína de Caridad, vocal de la Caja de Ahorros Vizcaína, consejero de la Siderúrgica del Mediterráneo, consejero del Banco de Bilbao, y en 1930,    presidente de Papelera Española.

Y una cuestión previa en cuanto a la consecución de puestos políticos relevantes durante la práctica totalidad del siglo XIX. La mayoría de las personas que copaban los puestos de responsabilidad política eran nobles o personajes que destacaban por la posesión de extensas propiedades de tierras, por estar ampliamente introducidos en actividades industriales o emparentados con la burguesía comercial bilbaína. Estos grupos ejercían el poder de forma natural e incluso llegaron a institucionalizar su hegemonía mediante una cláusula reglamentaria que exigía, para poder ejercer el cargo de Diputado General, la propiedad de tierras o rentas urbanas que produjeran, al menos, 12.000 reales anuales. Esta era una de las cuestiones por las que las elecciones de cargos generaban enfrentamientos y juegos sucios entre los que optaban a ellos.

Fue en 1898 cuando sus amigos y conocidos, más que animarle, le empujaron a presentarse a las elecciones a Diputado Provincial, siendo elegido por Bilbao en la candidatura de la Unión Liberal. Al constituirse la Diputación de Bizkaia fue proclamado Presidente por dos años, aunque al término de éstos fue elegido por otros dos más. Esto es una muestra de su gran labor al frente de la Corporación de la que podemos descollar la creación de una Escuela Normal de Maestras, la Escuela de Capataces de Minas, el Reglamento para la conservación del Arbolado, la Escuela de Ingenieros Industriales abierta en 1899 bajo la Presidencia del Conde de Aresti, la creación de la Escuela de Capataces en la Escuela de Artes y Oficios de la c/ María Muñoz, o la inauguración el día de San Ignacio del 1900, del precioso edificio de la Diputación Foral en la Gran Vía bilbaína, entre otras obras que no por menores fueron menos importantes..

En 1900, con ocasión de la visita del Rey Alfonso XII y su madre la Reina Regente Mª Cristina, se le concede la Gran Cruz de Isabel la Católica. Tres años más tarde, en 1903 con ocasión del abandono de la presidencia de la Diputación, es nombrado Comendador de la Orden de Carlos III. Con la llegada de Antonio Maura al poder del estado en 1907, Enrique Aresti es nombrado Gobernador Civil de Bizkaia a pesar de que hasta ese momento ni siquiera habían hablado nunca personalmente de política. Pero Maura conocía su hombría de bien, su rectitud, su tacto y prudencia, considerando que era el hombre adecuado para el cargo en un momento crítico tanto en todo el Estado como en Bizkaia. Con la caída de Maura, Aresti abandonó su puesto, siendo requerido años después, al  finalizar la dictadura de Primo de Rivera para formar parte del Ayuntamiento de Bilbao que estaba presidido por Adolfo González de Careaga.

Con la llegada de la II República, el empresariado en general y el vizcaíno en particular no estaban de acuerdo ni aceptaban, en una gran mayoría, a este régimen. Ello no quiere decir que lo estuviesen con una solución drástica como fue el levantamiento del 18/7/1936. Pero al iniciarse éste, tuvieron que decantarse por un bando u otro. Enrique Aresti, políticamente, estaba vinculado a los partidos dinásticos y especialmente a Antonio Maura, líder del partido conservador aunque sólo por amistades porque nunca estuvo afiliado a ningún partido político.  Ya desde 1931 el empresariado vasco estuvo íntimamente involucrado con sectores radicalmente opuestos al régimen republicano, financiándoles y apoyándoles económicamente para intentar tumbar al poder establecido. El aval que suponía la aquiescencia de Alfonso XIII desde su exilio parisino, empujó y animó a los que estaban detrás de esta trama conspiradora. Entre ellos estaba el Conde de Aresti, el Marqués de Arriluze, Galíndez, Lequerica y otros potentados económicos de Cataluña, Asturias, etc… destacando por encima de todos, Juan March.

Su muerte, acaecida en su casa de la calle Berástegui, el 17/1/1946 a los 93 años, terminó con una intensa vida durante la que gozó de gran prestigio como hombre trabajador, honrado y competente por todas las empresas e instituciones por las que pasó. Y es imprescindible resaltar, para los políticos de hoy en día, que este hombre mientras estuvo desempeñando cargos públicos, no percibió ni un solo céntimo en calidad de sueldo u honorario que le hubiese correspondido, destinándolo a obras benéficas y de asistencia social a los que dedicó, además, los últimos años de su vida como la referida al inicio de este bosquejo de biografía, la Asociación vizcaína de Caridad. Claro que él se lo podía permitir. Está enterrado en tierra vizcaína de Gordexola.

 

Rfa:    ISIDORO DELCLAUX ARÓSTEGUI.-Pequeña Historia de un desarrollo singular.-Ediciones Induban.-1975
JUAN PERIS TORNER .- Ferrocarril Santander-Bilbao.- 19/8/2009
V. RANKIN DÍAZ.- Banca, Ferrocarriles, Industria y Seguros.- Revista Ilustrada.- Año III.-Nº 18.- Madrid, 25/8/1895.
EUGENIO TORRES VILLANUEVA.- La Economía de la Guerra Civil.- Los empresarios: entre la revolución y la colaboración.- Ediciones de Historia S.A.-2006.Pg.434.
CARLOS GONZÁLEZ ECHEGARAY.- «Primeras fábricas de papel en Vizcaya». III Semana Internacional de Antropología Vasca. T. I, vol. III. Bilbao, 1976.
JESÚS RUIZ DE GORDEJUELA URQUIJO.- Los vascos en el MÉXICO DECIMONÓNICO.- 1810-1910.-Colección Ilustración Vasca.- Tomo XVIII.-2007.
CARLOS ZABALA.- Historia de Getxo.-Padres Trinitarios.-Algorta.-1989.-
JOSÉ Mª BEASKOETXEA.- Monografías de Pueblos de Bizkaia.- Getxo.- Bizkaiko Foru Aldundia.-1992.
JOSÉ Mª BEASKOETXEA.- Propiedad, Burguesía y Territorio.- La conformación urbana de Getxo en la Ría de Bilbao (1850-1900).-U.P.V.-E.H.U.-2007.
E. FERNÁNDEZ DE PINEDO.- Los movimientos migratorios vascos, en especial hacia América.- En SANCHEZ ALBORNOZ.- Españoles hacia América, La emigración en musa (1880-1930).pp 105-122.-Alianza.-Madrid.
M. GONZÁLEZ PORTILLA.- La formación de la sociedad capitalista en Vizcaya.- Haranburu.- San Sebastián.- 1981
ANGEL MARTÍNEZ SALAZAR Y KOLDO SAN SEBASTIÁN.- Los vascos en México.- Estudio biográfico, histórico y Bibliográfico.- Gobierno Vasco.- Estella.-1992.
JESÚS Mª VALDALISO GAGO.- Los orígenes del capital invertido en la industrialización de Vizcaya.- 1879-1913.- Revista de Historia Industrial, nº 4-1993.-pp.159-172.
L. CASTELLS.- Notables e intrusos.-élites y poder en el País Vasco (1876-1923).- historia contemporánea, nº 23, 2002 Pg.629-680.
MANUEL BASAS.- Enrique Aresti, política y negocio.- “Información”, 1424.- Hemeroteca de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Bilbao.- 1987. Pg 59-61.
 
19/1/2015

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *