Comentario del libro “José María Arizmendiarrieta (1915-1976)” de Fernando Molina Aparicio. 2


Primera edición de la obra: octubre de 2005

I.S.B.N.: 84-920246-1-5

Habían pasado 20 minutos de las ocho de la tarde-noche del lunes día 29 del mes de noviembre del año 1976, cuando falleció el coadjutor de la parroquia de San Juan Bautista de Mondragón. Llovía torrencialmente. Tenía José María 61 años. El funeral se celebró el 1 de Diciembre a las 7 de la tarde tras el cual miles de personas en un impresionante silencio y respeto acompañaron el paso del féretro hasta el cementerio. La gente se agolpaba en las aceras. El silencio era sepulcral.

El cura en cuestión era José María Arzimendiarreta y dejaba una tarea de creación de 70.000 puestos de trabajo. ¿En qué circunstancias había realizado este milagro el coadjutor de Mondragón?.

Fernando Molina, doctor en Historia por la Universidad de Deusto, hace un meticuloso trabajo de investigación histórica que honra al personaje biografiado y al autor de  tan brillante escrito.

El historiador Molina con precisión de cirujano hace una escrupulosa disección de las vivencias de este sacerdote, al que costaba expresarse en castellano.

Había nacido José María en el caserío de Iturbe en el barrio de Barinaga a cuatro kilómetros de Markina-Xemein. Vivió el periodo más compulsivo de la historia actual y, a pesar de circunstancias tan adversas  creó una forma de trabajar y de relaciones económicas y laborales, que solo podemos juzgar de sorprendente.

La lengua en que se expresaba y vivía la familia era el euskera. Tuvo que aprender posteriormente el castellano para ingresar en el seminario, dando una alegría a su madre Tomasa. Decidió entonces ponerse gafas para ocultar su ojo perdido en un accidente infantil.

Estuvo a punto de ser fusilado en la cárcel de Larrínaga, en la que le encerraron cuando los militares sublevados entraron en Bilbao.

Ordenado sacerdote le asignó el obispo la coadjutoría de la parroquia San Juan Bautista de Mondragón y el hombre, nacido en el baserri con una inclinación natural al sacerdocio, se puso a trabajar en lo que creía: el cooperativimo había sido intentado por los socialistas utópicos y posteriormente la Iglesia católica lo incorporó en su doctrina social. De las encíclicas papales aprendió José María la forma de ilusionar a su gente en un proyecto novedoso, que enriqueció la zona del Goiherri y generó miles de puestos de trabajo.

Trabajó en una sociedad de dictadura militar, que concluyó con el régimen político de parlamentarismo monárquico. En su agonía, el ministro de Suárez, Álvaro Rengifo fuertemente protegido por sus guardaespaldas, lloraba en los pasillos del hospital como un niño.

Quiero terminar esta nota con dos anécdotas.

La primera la había oído de labios de un cooperativista, y ahora la cuenta Fernando Molina. Se trata de la forma en que comunicó José María a los cooperativistas la necesidad de crear un banco.

Estaban reunidos los directivos de Ulgor el año 1957, analizando el plan de gestión, cuando asomó la cabeza por la puerta D. José María y les dijo que había que hacer un banco. Le despidieron con frases desagradables y él cerró la puerta. Este fue el encuentro con lo que sería la Caja Laboral Popular.

La segunda anécdota se refiere al momento en que D. José María celebra la primera misa en su pueblo.

Al besamanos del sacerdote acudió Hilarión Amuchástegui, el delator que estuvo a punto de enviarle al paredón. Estoy convencido que algo se removió en las tripas del recién ordenado sacerdote. El hecho de vencer su natural instinto le convirtió ya mismo en una persona superior.

Copio sin más el epitafio grabado en la tumba de Arizmendiarrieta en el cementerio de Mondragón:

Bihotza, lana

eta bizitza zuen

alde emanak


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2 ideas sobre “Comentario del libro “José María Arizmendiarrieta (1915-1976)” de Fernando Molina Aparicio.

  • Juan Manuel Sinde Oyarzabal

    Muy buen resumen, Pedro, de los aspectos más significativos de la vida de Arizmendiarrieta, como sabes, designado por el Papa Francisco como Venerable en diciembre del 2015 («rating» eclesial que, al revés que los de SP o Moodys, no se revisa)
    Inspirador del primer grupo empresarial vasco, nunca tuvo ninguna compensación económica ni ocupó ningún puesto en el mismo (sólo fué coadjutor de la parroquia de Mondragon en toda su «carrera» eclesiástica). Pero fué el lider visionario que sentó las bases de un modelo empresarial que trata de basarse en valores humanistas.

  • Pedro Escalante Garay

    Muchas gracias, Juan Manuel, por tan amable comentario. De los libros que he leído en mi jubilación éste, que me facilitaste, ha sido el que más impacto me ha causado: la terrible enseñanza de un hombre-sacerdote en las dificilísimas circunstancias que le tocó vivir, y que construyó un movimiento empresarial, que ha dado y dará lugar a la creación de miles de puestos de trabajo. Para mí es un milagro de evidente trascendencia social, ya que ayudó de manera eficiente a miles de familias, que han podido organizar su vida en dignidad. En nuestro pequeño gran país es ya un referente de los que andamos escasos.