El “correo marinero”


En los largos viajes por mar a tierras lejanas, al menos hasta el siglo XVIII, las comunicaciones con el lugar de origen de los navegantes eran muy difíciles, casi imposibles. No había prácticamente ninguna estructura montada.

Las familias, amigos y también los patrones podían permanecer sin noticias de los marineros hasta su vuelta, años después. Así quedaban aislados maridos y mujeres, padres e hijos, armadores y tripulaciones, etc.

Para intentar subsanar en lo posible esta carencia, se impuso una forma amable de comunicación. En puntos estratégicos se instalaron buzones para “correos marineros”. En ellos los que se alejaban dejaban comunicaciones para sus familias, amigos, superiores,… que los que regresaban a casa portaban hasta hacerlas llegar a sus destinatarios.

Eran tiempos y viajes muy difíciles. A pesar de la buena voluntad, muchas comunicaciones no llegaban a buen fin.

Uno de los buzones de estos “correos marineros” estaba instalado en los mares del sur, cerca del Estrecho de Magallanes. Ahora hay una réplica en la Bahía de Wulaia, próxima a ese punto.

En el viaje que hicimos por Argentina en marzo de 2016, en la parte del recorrido por los mares del sur, visitamos la citada Bahía, vimos el buzón y no pude evitar imitar a los antiguos marineros, tal y como describo en el resumen del viaje, Parte IV, El Crucero, día 2:

En la casa había un “correo marinero”. Antiguamente cuando un barco pasaba en una dirección, alejándose de su origen, dejaba en barriles depositados en sitios concretos comunicaciones para que algún marinero en un navío de vuelta que viviera cerca de su familia les llevara noticias. Cogimos una postal que habían dejado unos de Vitoria y dejamos otra esperando a que en algún momento un nuevo turista nos la traiga.
https://asojubibbk.es/argentina-marzo-2016-parte-6/                                   

Pues bien, hoy mismo, 29 de junio de 2018, en pleno siglo XXI, he comprobado que el “correo marinero” sigue activo. No es tan rápido como whatsupp o email, pero el resultado es muy agradable.

Y es que esta mañana, dos años y tres meses después, hemos recibido en el buzón de casa la postal que en marzo de 2016 deposité allí.

Con matasellos de Brasil.

Bilbao, 29 de junio de 2018.

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