todavía duermen juntos


Allá por los comienzos del año 1978, acababa de aterrizar en el departamento de tramitación de préstamos de la extinta CAMB,  era un joven y todavía inexperto en estas lides mercantiles.  Toda la tramitación de los mismos tanto hipotecarios como personales se hacían en la Central,  las sucursales  no tenían potestad para su tramitación. 

Una bonita mañana  se acercó a aquel mostrador precioso pero frio de mármol del departamento en el que se atendía de pie a los clientes,  un señor bien vestido, quizás un poco mayor y con cara de muy buena persona.  Yo desde el otro lado me acerque y le pregunte en que podía ayudarle,   me pregunto   si era aquí donde se concedían los préstamos, y si era posible que a él le dieran uno.  Empezamos a hablar y me dijo mire,  es que quisiera pedir un préstamo por que yo tengo un poco de dinero ahorrado, son mis ahorros de toda una vida, pero a veces me siento mal, porque ¿cómo puedo yo tener ese dinero ahorrado?  Con ello y lo que ustedes me puedan prestar, sería para ayudar a mi hijo.  El matrimonio no va bien,  pero todavía duermen juntos y quizás con lo que yo les ayude se puedan arreglar y la relación mejore.  Esta conversación en un joven quizás sin mucho mundo como era yo me impactó fuertemente. Un hombre que después de toda una vida de trabajo y esfuerzo había conseguido ahorrar un poco de dinero para su jubilación  ¡se sentía culpable por tenerlo! Como jamás había tenido nada ahora le parecía imposible tener algo, por eso se sentía culpable. Además para ayudar a su hijo y a su nuera que ¡todavía duermen juntos! el hombre iba a pedir un dinero prestado para dárselo a ellos. 

Cuanto amor había en aquella persona, que se olvidó de su bienestar en su jubilación con tal de que sus hijos siguiesen unidos.  Y para mí un joven empezando a entrar en los entresijos de la vida conyugal, me dio una de las  lecciones más bonitas  de vida.  

Se le concedió el préstamo, el hombre agradecido vino varias veces a verme, y hasta donde yo supe el matrimonio siguió unido y el hombre feliz.

Un saludo.     

Juan Carlos Ruiz de Villa           

01-12-2022

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