La excursión a Balma 1


      Realmente hemos pasado un día estupendo. Gracias a Araceli, Juan Ignacio, Isi, Fidel, Begoña y 50 personas más (total 55) que no cito para no llenar el espacio disponible, hemos visitado la capital de Las Encartaciones, el antiguo   (tiene 350 años) convento de clarisas, la fábrica de boinas, los coches de lujo de la colección hecha por Miguel de la Vía… Hemos probado la putxera ferroviaria, es decir, el cocido de alubias que se preparaban los empleados del tren de La Robla aprovechando los medios a su alcance y el largo recorrido hasta León.

         Agradezco el interés y el entusiasmo de Txomin Etxebarria, implicado en dar a conocer su pueblo. Reitero el orgullo de todos los balmasedanos por enseñar su villa, que forma parte de la historia de Bizkaia.

         Una pequeña concesión a las anteriores habitantes del Convento de Santa Clara (actual restaurante San Roque), cuyas monjitas desde el siglo XVII han vivido y fallecido entre sus muros. La nueva economía, la realidad demográfica… les obligó a vender, ya vencidas por la edad, sus dependencias, que en parte se han trasformado en hotel y restaurante… Los trabajadores que adaptaron el edificio han sido respetuosos con la arquitectura del inmueble.

         Balmaseda nace, al parecer, en un punto de la calzada romana (Flabiobriga-Pisorica) y se fortalece junto a Artziniega, como barbacana de Bizkaia ante una posible invasión de la cultura árabe por el oeste. Su “puente viejo” es el símbolo del aprovechamiento de un vado del rio Cadagua, que se había utilizado posiblemente por los primitivos habitantes prerromanos de la zona.

         En los tiempos de la lana, Balmaseda fue una de las aduanas que controlaban el comercio entre Burgos y el puerto marítimo-fluvial de Bilbao. Sin duda era la ruta más corta entre el puerto y la metrópoli, sin embargo los comerciantes se decantaron por Orduña (la primera bilbainada al escoger la ruta más difícil).

         La judería de Balmaseda tuvo relevancia en la baja edad media, hasta que la autoridad les despojó de sus riquezas y les echó de la villa. Es muy posible que la mayoría se quedara y cambiara de religión, ya que la motivación aparente del desalojo fue la igualdad religiosa.

         En los tiempos modernos un cantero enriquecido, Miguel de la Vía, construyó lo que en principio fue un capricho personal: una colección histórica de coches. Es evidente que los diseños de los vehículos marcaron y marcan toda una época de modas, apariencias y arte… que podemos ya contemplarlas en los museos.

         La fábrica de boinas, tan requeridas por los vascos, se ha convertido también en un museo.

         Solamente la arquitectura urbana, adaptada a mil vicisitudes (no olvidemos que en los años 60 del siglo pasado el centro urbano de Balmaseda era un continuo taller de ebanistería) refleja el paso de las generaciones y su lucha por la vida.

         Un día “beborable”…

 Aquí podéis ver unas fotos que realizó Javi Villaverde:


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Una idea sobre “La excursión a Balma

  • Pedro Escalante Garay

    Tengo que dar la enhorabuena a Javier Muñoz por la presentación de la nota, sobre todo por el reportaje gráfico que la acompaña. Sin duda que Balmaseda agradece su presencia a tan ilustres visitantes. Balmaseda ha renovado su mobiliario urbano y sus calles lucen losetas que embellecen esta villa, aunque sea Zalla la que por su posición geográfica acapare los servicios sociales más caros. Pero así se escribe la historia. La asociación de jubilados rinde un homenaje es esta antigua población, que ha recibido su visita, sin duda, con los brazos abiertos…