AMIGO LUIS (final) 2


EN UN PUEBLO DE TERUEL

Fue en el año 2007, al inicio del verano. Después de tantos años sin tratar con él, buscando algo por internet, me dio por poner los nombres de mis dos amigos inseparables de la adolescencia, José Luis y Luis. Al primero le localicé en la ciudad en la que vive. Estaba trabajando como médico en un Hospital a donde llamé.

Con su ayuda localicé a Luis. Residía en plena España Vacía, en la olvidada, preciosa y llena de historia provincia de Teruel donde ejercía como médico. Recuerdo que solo conocía el teléfono del ambulatorio y que, después de unas pocas llamadas, logré hablar con él.

Quedamos en que en unos días iríamos José Luis y yo con nuestras esposas a hacerle una visita. Y lo cumplimos.

Estábamos a primeros de julio del 2007. Fue algo muy entrañable volvernos a ver. Ni él sabía nada de mi ni yo de él. Aquí me empezó a contar algunas de esas cosas, tan sorprendentes para mí y tan habituales en su vida.

No profundizamos demasiado. Estuvimos con él solamente la tarde del sábado y la mañana del domingo. Y ocurrieron, además, algunas cosas dignas de resaltar.

Luis, como he repetido varias veces, era el médico de la zona. Ese fin de semana se celebraban las fiestas del pueblo. Por la noche había toro embolado y tenía que ejercer como médico por si había algún accidente.

Había poca gente. Las celebraciones no tenían arraigo entre los visitantes y no era la época más apropiada. Nos comentó que no esperaba incidentes. Solamente estaba registrado en los últimos años un tratamiento por anginas por haberse desplazado al consultorio la familia del enfermo a horas tan intempestivas reclamando asistencia.

Faltaban unos 5 minutos para las 12 de la noche, momento de iniciarse el festejo. Estábamos los cinco charlando en medio de la calle principal, adoquinada irregularmente. Uno del pueblo, totalmente borracho, se acercó a nosotros a darnos la tabarra. En ese momento también acudió un mozo que nos dijo: “pueden ir ocupando sus sitios que enseguida soltamos el toro”.

El borracho gritó: “el toro, que viene el toro” y se lanzó literalmente de cabeza al suelo. José Luis, que lo tenía a su espalda, se giró y pisó mal entre los adoquines mal colocados.

El parte médico fue:
– El borracho: rotura de un hueso del brazo (no recuerdo cual) y fuerte golpe en la cabeza, el hombro y la espalda. Fue trasladado en una ambulancia a Teruel.
– José Luis. Aguantó el dolor pero unas horas después tuvimos que llevarle al hospital. Diagnóstico, rotura del metatarsiano. 45 días de escayola.

Cuando volvimos a casa de Luis, de mañana, este nos dijo que no le gustaban las carreteras y que prefería regresar por el campo, atravesando un bosque por una zona que conocía. Él conduce y sabrá lo que hace, pensamos.

Pero no fue así. Nos perdimos y se puso nervioso. Empezó a ir a más velocidad de lo recomendable. Y todo empeoró. Pasó por una zona donde había una piedra sobresaliendo y la golpeó con los bajos, rompió el cárter dejando un reguero de aceite.
Costó por la escasez de cobertura pero logramos contactar con emergencias. Por suerte había una referencia cercana: un cartel de madera anunciando una ruta. La Guardia Civil nos rescató y nos llevó a nuestro destino. El vehículo de Luis quedó allí para ser recogido en otro momento.

Ya después de comer regresamos a nuestras respectivas ciudades.

“TERUEL EXISTE”

Es una provincia grande, 14.804 km2, casi 7 veces el tamaño de Bizkaia, muy poco habitada, menos de 115.000 habitantes y con muy escaso peso en la economía y en la política nacional lo que les ha llevado a ser los grandes olvidados en las inversiones públicas.

No tiene sentido que se abandonaran los planes de construcción para facilitar salidas desde Levante a Francia por Somport y Canfranc, lo que hubiera supuesto una ayuda impresionante para la zona y un ahorro en transporte para valencianos, murcianos y andaluces orientales muy importante. Es suficiente con mirar un mapa para comprenderlo.

Teruel es mucho más que frio, que jamón, que despoblación, que Amantes, que la sede de un Aeropuerto rentable a pesar de no tener viajeros, que restos de dinosaurios o que el Torico. Es belleza, es historia. Es Albarracín, es Alcañiz y es la imponente Sierra de Gúdar con la estación de esquí de Valdelinares, y los pueblos magníficos del entorno.

Lástima que sus comunicaciones sean tercermundistas, que las empresas no puedan instalarse ya que, entre otras cosas, no llega internet por fibra casi a ningún sitio, que el único ferrocarril que la atraviesa no esté electrificado, etc.

Por mi parte, recomiendo, especialmente a quienes van hacia Valencia, Benidorm, Alicante y otras poblaciones de la zona, que se detengan en Albarracín, Teruel, Sierra de Gúdar con Mosqueruela, Valdelinares, Mora de Rubielos, etc., poblaciones de las que hablo a continuación.

Un recorrido atractivo e ignorado

En Albarracín y Teruel seguro que muchos hemos estado. Por ello voy a hablar de la comarca de Gúdar – Javalambre. Es muy recomendable su visita, especialmente para los “seteros”. Varios restaurantes y muchos platos están dedicados a la trufa que en este entorno abunda. Para los amantes de la micología dejo este enlace:

Las setas esperan en Gúdar-Javalambre

 

Mora de Rubielos. Capital de la comarca. Población muy interesante de algo más de 1.500 habitantes. En monumentos destacan sus Ermitas, la Colegiata de Santa María y el Castillo Palacio de los Fernández de Heredia que domina la población así como varias ermitas. Además, fruto de las visitas que recibe, especialmente de valencianos, hay variedad de restaurantes de calidad. No son nada caros.

 

 

Rubielos de Mora. Poco más de 600 habitantes. Destacan su colegiata, la Iglesia de las Carmelitas, la Casa Consistorial y el Portal de San Antonio, además de varias Ermitas. Pero sobre todo es conocido por Dinópolis, centro Paleontólogo de la zona.

 

 

 

Alcalá de la Selva. Población de unos 350 habitantes. Su Plaza Mayor y el pórtico de la Iglesia son lo más destacado para ver. Cuando estuve allí se celebraban las fiestas de la Virgen de la Vega y me tocó presenciar un espectáculo de “toro ensogado”.

 

 

 

 

Valdelinares, otro bonito pueblo con menos de 100 habitantes empadronados pero muchos visitantes, especialmente en los inviernos con nieve ya que en este municipio está la estación de esquí del mismo nombre. Para los lugareños es el municipio más alto de España basándose en la altura sobre el nivel del mar del pórtico de su Iglesia. En los magníficos bosques de los alrededores hay un impresionante ejemplar de pino negro. Hay que verlo.

 

 

Mosqueruela. Preciosa población medieval, de las de “realengo” con unos 550 hbts. Toda ella es un monumento. Destaco la Iglesia gótica de la Asunción y el Portal de San Roque. Comimos en uno de sus restaurantes una degustación de setas de gran calidad. Desplazarse hasta allí es una buena idea. Pero hay que ir con ropa de abrigo. Es una de las ciudades más frías del Estado. Casi limítrofe con la provincia de Castellón.

Puedo seguir ya que desde Mosqueruela es aconsejable ir a la bella y sorprendente población de Cantavieja, uno de los pueblos “bonitos” de España y lugar de fuertes enfrentamientos entre Isabelinos y Carlistas contando estos con un personaje mítico en sus filas: el Tigre del Maestrazgo.

De allí deberíamos desplazarnos a la impresionante Morella para volver a Zaragoza por Alcañiz haciendo parada después de abandonar Teruel en Belchite y sus ruinas, testigo de las durísimas batallas del frente de Teruel en la cruel Guerra del 36.
Os puedo asegurar que el recorrido es inolvidable.

Cantavieja, el Maestrazgo y las guerras carlistas

El “Tigre del Maestrazgo”

 

 

A MODO DE SEMBLANZA

Nos conocimos en el colegio Cardenal Xavierre de Zaragoza, nuestra ciudad natal, en 5º de bachillerato. Pronto nos hicimos muy amigos. De esas amistades que siempre permanecen. Vamos, que ni el tiempo ni la distancia pueden con ellas.

Cuando acabamos Preu me trasladé a vivir a Bilbao donde me asenté definitivamente mientras Luis permanecía en la capital maña estudiando medicina. Esto y otras circunstancias personales hicieron que dos o tres años después dejáramos de relacionarnos.

Medicina era una carrera con participación multitudinaria en aquellos tiempos. Con él terminaron unos 1.200 nuevos licenciados.

Según me ha contado en nuestras recientes conversaciones, trabajó desde el cuarto curso como enfermero, cosa entonces posible, para sacar algún dinero.

Cuando terminó sus estudios me dice que estuvo unos meses en un servicio de urgencias a domicilio en la misma ciudad de Zaragoza pero que, deseando poder atender a gente con menos acceso a las comodidades de una buena red sanitaria, logró una plaza de interino en la zona que ahora se conoce como España Vacía.

A su formación universitaria le sumó el conocimiento adquirido sobre el terreno de todo tipo de enfermedades habituales en el mundo occidental. Pero este camino no era suficiente para colmar su espíritu aventurero y solidario con los más necesitados.

Antes de cumplir los 30 años consiguió plaza de médico en Guinea Ecuatorial en zona selvática. Su gran amigo de carrera, también médico de su promoción, le enseñó el camino a seguir para lograrlo.

Era uno de los países más pobres del continente africano, gobernado desde el fin de su etapa colonial española por un militar dictador, sangriento e ignorante, un “palurdo” admirador de Hitler y de sus modos, conocido por sus supersticiosos súbditos por la práctica de la magia negra. A su vez era el máximo responsable del ejército que dominaba el país con mano de hierro. Y aprovechaba su posición para esquilmar el Estado que dirigía y forrarse él y los que le rodeaban a costa de la miseria de su pueblo.

Estuvo allí unos 15 años hasta que nuestro Gobierno le repatrió a la fuerza, en contra de su voluntad, en un desdichado suceso pactado con el nuevo dictador, Teodoro Obian, que en otro apartado explico.

De ahí pasó a Mauritania, otro país también pobre donde ejerció en la capital y en oasis y caravanas en la zona desértica para, por último, ir a Guatemala en lugares en los que en ese momento se desarrollaba el final del conflicto interno entre la guerrilla y el ejército.

Hacia 2003 retornó. Además de haber terminado el último proyecto en el que participó en el país centroamericano, tenía que cotizar para poder cobrar una pensión de jubilación en su momento. Eso sí, volvió para ejercer como médico de rural en una zona poco poblada. Próxima a la misma que en la que había ejercido en sus primeros tiempos. Nuevamente, por tanto, en la España Vacía.

Algo más tarde, como también cuento en otro apartado, por esas circunstancias que tiene la vida, le localicé. Me puse en contacto con él y le hice una corta visita que, un par de años después, me devolvió.

Hace poco he vuelto a verle, esta ver relajadamente y con el tiempo a nuestra disposición.

He ido a su casa en la zona donde trabajó los últimos años. Allí hemos convivido unos días. Me ha contado muchas cosas. Me ha autorizado a escribir y publicar todo lo que crea conveniente, sin necesidad de consultarle; además, no tiene interés en leerlo. Así lo he hecho, si bien los temas que considero personales los he dejado al margen.

Vive en el monte, en una casa de dos plantas, unos 80 m2 cada una, en donde antes había una borda medio destruida que reconstruyó a su gusto dejando todo diáfano salvo los baños y un dormitorio en la planta baja que ocupé yo esos días de visita. Está situado en la turolense zona donde desarrolló su última actividad profesional.

Lleva una vida muy reservada, casi de ermitaño, saliendo muy poco de casa. Lo imprescindible. Sin embargo, con motivo de mi visita, nos hemos movido bastante. En todas partes he visto que le reciben con innumerables muestras de respeto, admiración y cariño.

Volvió de Guinea con su pareja, con la que no convive aunque se siguen queriendo entre otras cosas porque a Luis es muy fácil quererle y con sus hijos con los que mantiene también una magnífica relación. Tiene unas ganas impresionantes de volver al país del que nunca quiso ni debió salir y al que no puede regresar mientras el dictador actual siga al frente.

También se trajo el paludismo del que sufre frecuentes recaídas, su gran humanidad y algunos hábitos no demasiado bien vistos en nuestro mundo occidental.

No suele tener sensación de hambre y solo se alimenta porque sabe que es necesario para seguir vivo. Está muy delgado, excesivamente. Además, su concepto de la vida sigue siendo muy distinto al que estamos acostumbrados.

Luis es y ha sido mucho más que un médico. Ha sido una gran persona volcada en los demás a través del ejercicio de la medicina. Alguien que se ha desvivido por su prójimo, que ha luchado por todas las personas que ha conocido en lo sanitario y en lo humano. Que ha ejercido todo esto en medio de la adversidad de vivir bajo el mando de dos dictadores, en el ambiente hostil del desierto y en plena guerra de guerrillas.

Y que, finalmente, cuando ya no podía seguir con su forma de vivir la vida marchó a la zona más humilde y vacía del Estado, donde se ha quedado soñando con su regreso a la tierra que tanto amó: Guinea Ecuatorial.

 

ALGUNAS PREGUNTAS Y SUS RESPUESTAS

A raíz de la lectura de los primeros artículos, algunos/as me han preguntado detalles de Luis, si existe, si todo lo que cuento es real y ha sucedido así o si, por el contrario, solo se trata de una breve novela.

Quiero decir que conozco varios médicos que han trabajado en otros países como cooperantes, que me han contando historias que he memorizado total o parcialmente y que han inspirado este relato. Por tanto, en lo que compete, si, Luis existe. Se llame como se llame, sea una persona o sean más.

Esto no es una biografía de nadie, es un relato que se basa en esas cosas oídas y en la labor desplegada al que he añadido detalles de mi cosecha, he modificado historias e, incluso, algunas me las he inventado. O casi.

En cuanto a las localizaciones de Luis en España, también son parte de historias vividas y conocidas con amigos míos. Recordad que soy aragonés o, como me decía J.J.L., de Mañaria, la tierra de los maños. Y en Zaragoza, desde hace muchos, casi 500 años, muchos más si pensamos en su antecesora la Universidad Sertoriana de Huesca, hay una Facultad de Medicina muy potente.

En ella estudiaron personajes históricos tan famosos como Miguel Servet, José Martí, Ramón y Cajal, Manuel Azaña, Antonio Mingote, María Moliner, José Antonio Labordeta, etc.

Zaragoza, el colegio donde estudié, su Facultad de Medicina, Teruel, la España vacía, los maravillosos médicos cooperantes… si existen. Son reales. Del resto, que cada cual se crea lo que quiera.

Bilbao, abril de 2020.
Jorge Ibor.


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2 ideas sobre “AMIGO LUIS (final)

  • ELIAS ORTEGA BENGOA

    Jorge. Magnífico reportaje como magnífico es tu amigo. Entrañable persona, por lo que leo, y una amistad envidiable. He leído también los anteriores capítulos y solamente me queda felicitarte por habernos hecho pasar (por lo menos a mí) unos ratos muy agradables.
    Mis más sinceras gracias y mis felicitaciones