Bagan – Monte Popa – Bagan

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            Subido en la palmera

Dormimos bien… hasta las 5 de la madrugada, hora en la que nos despertó la voz de un monje que salía de un cercano altavoz, potente y de mala calidad. “Rezaba” de una forma totalmente monótona, repitiendo constantemente su cantinela. Como las puertas acceso a la terraza de la habitación cerraban mal, sin duda por su falta de mantenimiento, nos entraba el sonido a todo volumen.

Debo recordar aquí a José Luis, trabajador de una oficina de la Red de Expansión de BBK que, en sus ratos libres, era secretario de la organización budista de España (ignoro la rama). En su momento me vendió un CD con cantos de su congregación que sonaban similares a que lo escuchado esa noche. Soy un desconocedor irrespetuoso del tema.

A partir de las 6 pararon las oraciones y empezó a sonar una cinta con música, también monótona y repetitiva.

Cada 12 de febrero se celebra el día de la Unión o de la Independencia por ser aniversario de un discurso en un mitin en 1947 que propició el movimiento para su consecución. Como  en todas las cosas populares que se celebran en este país, los religiosos se ocupan de los festejos.

El desayuno, nuevamente en el hotel, fue de calidad suficiente. Además teníamos para complementarlo la buena miel que habíamos comprado unos días antes.

Nos pusimos en marcha para hacer la excursión al Monte Popa, la que inicialmente no estaba  programada pero que habíamos pedido a Joserra que la incluyera en el viaje, atraídos por los artículos que habíamos leído en internet sobre este recinto y lo que le rodea.

Se trata de un centro religioso edificado en el cráter de un volcán antiguo al que se accede subiendo 777 escalones protegidos en parte del sol y cuya ascensión se realiza rodeados por monos especialmente en los primeros 100 peldaños.

Se hablaba mal en internet de la limpieza del reciento pero, comparado con algunas otras zonas visitadas no era para tanto. Cuadrillas de jóvenes lo aseaban (más o menos) de vez en cuando y los monos no hacían sus necesidades entre la gente como había leído, quizás porque éramos más que ellos y les molestábamos o bien por estar a por la comida y chucherías que se les daba.  O, simplemente, porque no era su hora.

La parte superior del recinto sagrado, siendo bonita, decepciona un poco comparada con las maravillas que habíamos visto hasta ahora. Entre otras cosas, por haber templos y figuras en número elevado en tan ajustado espacio disponible.

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                     Noria y buey

Iniciamos el desplazamiento necesario, unos 50 km., parando en un centro rústico y muy rudimentario de fabricación de dulces birmanos. Por lo menos este taller era natural, no era nada moderno ni preparado, y los precios eran de lo más discretos. Se trataba de un negocio familiar.

Nos enteramos de que el dulce tradicional de Birmania (chocolates y bombones) va acompañado de un caramelo cuya base se obtiene del dulce líquido que sueltan las hojas de unas determinadas palmeras. Se les pincha en su unión con el tallo y lo que van soltando es lo que sirve de edulcorante. Pero solamente, nos comentaron, con lo obtenido por la mañana. Si es por la tarde el líquido se vuelve amargo.

Un joven escaló la alta palmera e hizo ante nosotros una demostración de todo el proceso de extracción del jugo deseado.

Lo que producían y vendían era, como digo, fruto de un proceso artesanal aunque temimos que la base pudiera ser otro líquido distinto. Se podía comprobar que no era así ya que el proceso lo hacían al aire libre pudiendo comprar directamente el producto obtenido.

El recinto comercial era mucho más humilde y estaba más desordenado que los modernos centros para turistas.

El producto resultante, aunque muy básico en presentación y envoltorio, resultaba agradable al paladar.

Mientras tanto un buey giraba alrededor de una noria para sacar agua de un pozo. Estaba claro que sin la presencia de turistas dejaban descansar al pobre animal.

Cuando llegamos a la base del monte Popa y antes de iniciar la ascensión al mismo visitamos el templo más importante de nats del país. Estaban todos representados dentro de un recinto con la pared frontal de cristal lo que permitía ver lo que había y se hacía dentro.

Durante nuestra estancia llegaron dos familias humildes con minusvalías a depositar dinero para pedirle al Nat correspondiente que les ayudara. Una monja que había al lado rezó unas letanías y recogió y guardó las ofrendas.

Destacan las trabajadas figuras que los representan y sus bonitas y coloridas vestimentas. Con Ingeniosas las caras y figuras de porcelana o material similar que representan aquello en lo que influyen.

Además de escuchar los relatos sobre los nats, nos fijamos con algún detalle en los más curiosos como el que recibía ofrendas botellas de licor, especialmente whisky, hecho que voy a utilizar como ejemplo algo más adelante.

La historia de los nats me había llamado la atención desde antes de ir. En la novela “Un Lugar Llamado Nada” escrita por Amy Tan cuya trama se desarrolla en la Birmania de la época de los militares se hace referencia bastante a menudo a ellos.

Se trata de una creencia de origen camboyano que los birmanos importaron mezclándola con el budismo aunque en un principio parece que esto pudiera ser imposible

Los nats son espíritus de la naturaleza que nos incitan al mal por acción o por  omisión salvo que hagamos lo necesario para aplacarlos y que nos sean propicios llevándonos hacia el bien o, simplemente, nos ignoren. Algo así como el diablo malo y el bueno de los cuentos infantiles en un solo espíritu. Para que no influyan negativamente hay que hacerles ofrendas que les mantengan contentos.

Como ejemplo voy a hablar del Nat de las bebidas alcohólicas. Si no le mimamos nos incitará a la bebida. Para evitarlo lo mejor es llevarles de vez en cuando unas cuantas botellas de lo que más nos guste.

Llegan estas supersticiones hasta el extremo de que, por ejemplo, si una persona ajena mata a algún familiar nuestro, perfectamente puede ser debido a que el asesino no ha cuidado al Nat que impulsa a ello.

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                                 Nats. Parecen muñecas peponas

Existe una tradición sobre los nats y el Monte Popa:

Cuenta esta leyenda que el antes mencionado rey Anawrahta tras unir los territorios de los birmanos y los mon procedió a unificar también el culto a los 19 nats conocidos en aquellos tiempos en un templo al pie del Monte Popa y que, el espíritu de este volcán paso a ser un nuevo Nat, el más importante de todos ellos.

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         Buda con un Nat en el Monte Popa

Tras tan interesante visita nos dispusimos a subirlas 777 escaleras divididas en varios tramos con descansillos donde están las inevitables tiendas. No sé si por la novedad o por la ansiedad de seguir conociendo temas nuevos, ascendimos muy bien y nos cansamos mucho menos de lo que esperábamos. Es cierto que lo tomamos con tranquilidad y que hicimos dos cortas paradas.

En general la escalera, estrecha, estaba dividida en dos partes, a veces separadas: la de ascender y la de bajar. En un tramo me puse a subir por la de bajada aprovechando que no venía a nadie por ella pero cuando estaba a medio camino se pusieron a descender los componentes de un grupo turístico por lo que me vi en apuros. No retrocedí y les hice esperar. Recibí una llamada de atención en birmano que no entendí pero comprendí.

En la cumbre hay un monasterio. En este caso lo comercial está claramente por encima de lo espiritual. Más que en otros sitios. La calidad de las figuras no era destacable además de que había demasiados puestos con mayor concentración que en otros sitios, y los pasos son estrechos por lo cual la visita agobia un poco. Mucha gente, mucho templo y muchas figuras en tan poco espacio.

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                       El monte Popa. La subida es por la derecha

Bajamos y nos fuimos a tomar un café a un hotel de gran lujo llamado Popa Montain Resort situado en la cima de una colina enfrente del sagrado monte y desde cuyos jardines se contempla en todo su esplendor.

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                 Pagodas y Templos de Bagan

Volvimos a Bagan. Nuestro apreciado guía nos llevó hasta una pagoda abandonada en una zona tranquila en el valle de la que fuimos los únicos visitantes. Desde su parte superior se contemplaban unas magníficas vistas. Tener un buen guía de nivel con ganas de cooperar y contar con tiempo suficiente ayuda. Hicimos las oportunas fotografías.

En un país adelantado no nos hubieran dejado acceder a un edificio con tan precario mantenimiento.

Después de comer y con el fin de satisfacer nuestra curiosidad por la vida habitual de los birmanos San Yu nos llevó a un pueblo agrícola muy pobre donde visitamos a una familia que se dedicaba a la agricultura. Nos recibieron con los brazos abiertos. Parecía que no estaban acostumbrados a ver extranjeros.

Primero visitamos las escasas instalaciones de su muy humilde granja compuesta de una vivienda y un almacén, además del terreno. Había dos bueyes de doble joroba, típicos de esta zona del mundo, un rudimentario y viejísimo tractor medio desguazado y unos montones de plantas de lentejas de las que unas mujeres estaban sacando el producto cuando llegamos. Por cierto, no había visto nunca esta planta ni la laboriosa forma de obtener el fruto.

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              Vista de la granja
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             Tractor
 

Nos sentamos en una especie de camastro que tenían a la puerta de la casa y el jefe de la familia y la abuela lo hicieron en otra que estaba a su lado mientras las jóvenes seguían con las lentejas.

Por lo visto no se atrevían a dejarnos entrar y no tenían sillas por lo que o se sentaban en el suelo, como se vio que era su costumbre, en maderas que había por allí o en las propias camas.

Nos ofrecieron un te birmano que cortésmente aceptamos y empezamos a dialogar, sobre todo Javi que para eso es el que más entiende, utilizando a San Yu como traductor.

Fueron ellos los que más cosas nos preguntaron referidas sobre todo a los cultivos en Occidente. Hablamos de invernaderos, explotaciones intensivas, etc. Estaban admirados. Les costaba asimilarlo y creérselo. Javi les habló de su huerta detalladamente. Como no tenían televisión, aseguraron, no habían visto nada parecido a lo por nosotros contado.

La muy interesante charla duró más de una hora en la que también escuchamos detalles de su forma de vivir aunque viendo el entorno no hacía falta que nos dieran muchas pistas. Esta gente tan humilde nos trató de maravilla.

Volvimos a Bagan donde tuvimos tiempo libre para dedicarnos, de nuevo, a deambular por el centro (si se puede llamar así) de la ciudad. Compras, paseo hasta el rio, etc.

myanmar-119San Yu nos vino a buscar ya que para cenar teníamos reserva en el teatro de marionetas. Nos pusieron en primera fila junto al centro del escenario. Previamente habían apartado todas las mesas de alrededor para que fuéramos los únicos que gozáramos de tan importante emplazamiento.

El espectáculo nos pareció muy bonito y recomendable.

El teatro de marionetas, Yok-theipwe, está considerado como la mayor expresión artística del pueblo birmano. Hoy en día su seguimiento es menor por la influencia del cine y la televisión. Su mayor esplendor lo tuvo en los Siglos XVII – XVIII en la zona de Mandalay y Bagan.

El artista maneja 28 marionetas (por fin un número par) que representan a reyes, cortesanos, bufones, nats, campesinos, etc.

Unos peques que había por allí se acercaron a verlo con nosotros. A ellos no les importaba que fuéramos diferentes. Claramente eran de la élite social de la zona.

Así terminó la jornada. La noche fue mejor quela anterior. El monje empezó a rezar una hora más tarde y sin música.

Bagan (II)

Teníamos programado día libre hasta media tarde. No lo fue en su totalidad.

Decidimos levantarnos algo más tarde y quedarnos vagueando en la zona de las piscinas del hotel.

A media mañana las mozas nos pidieron que les buscáramos un café. Localizamos a un camarero que se dirigió, junto con otro compañero, al bar situado junto a la pileta y puso en marcha una cafetera tipo Faema.

Fue un espectáculo ver como lo preparaban: para empezar los dos jóvenes estuvieron un buen rato mirando un libro de instrucciones para después hacer varios intentos fallidos. Trascurrida al menos media hora, nos atrevimos a darles explicaciones por señas del funcionamiento, y fueron capaces de servirlo. Parece que el resultante estaba bastante bueno. Yo no lo probé.

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              restos de la muralla del viejo Bagan

Bego y yo nos fuimos a pasear por la ciudad mientras que Isabel y Javi se quedaron tomando el sol con sendas novela en sus manos. No había mucho para ver por lo que nos pusimos a buscar un sitio donde comer. Preguntamos por señas a un joven por el emplazamiento de la zona de restaurantes que resultó estar junto al río, como no podía ser de otra manera, y fuimos a ver cuál nos parecía más apropiado. De paso, nos dimos un agradable paseo por la orilla.

Tras recoger a nuestros amigos en el lugar donde habíamos quedado, la entrada a una tienda que habíamos visitado juntos, nos fuimos al restaurante elegido: el Sunset Garden, junto al caudal del grandioso Irawady, Disfrutamos de unas vistas magníficas y de una comida birmana más que aceptable a buen precio.

Menos mal que la carta tenía fotografías de los platos.

myanmar-121Por la tarde teníamos un mini crucero privado por el imponente rio también llamado Ayeyarwady que, recuerdo, estando a más de 600 kilómetros del mar, es navegable. Por ello vimos surcando sus aguas de la zona varios barcos de importante tamaño y calado para ser un cauce fluvial.

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              puesta de sol

Antes de llegar al embarcadero, pasamos por las ruinas del viejo Bagan.

Según el programa teníamos incluida la excursión. Según San Yu no. No discutimos. Pagamos, muy poco, y lo pasamos muy bien. Contemplamos una bonita “doble” puesta de sol, todo esto en privado.

Sucedió que había una línea de nubes al fondo. El sol se ocultó sobre ellas para volver a aparecer por debajo y ponerse de nuevo.

En el rio había más barcos cuyos pasajeros iban a lo mismo. Dimos primero una vuelta por su cauce y vimos que la arena que traslada durante los monzones se deposita formando playas de buen tamaño en sus orillas.

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                cama decorada

Cuando volvimos a Bilbao, Joserra nos  devolvió el importe que nos costó la excursión en cuanto le contamos el incidente. Estábamos seguros de que así iba a ser tras su comportamiento por la suspensión de la excursión al lago Viedma en Argentina, originada por las condiciones meteorológicas.

Después de desembarcar fuimos a hacer nuevas compras. San Yu, a petición nuestra, nos llevó a una tienda de clientela local. Me compré una camiseta con un elefante blanco y una leyenda de Myanmar escrita en birmano.

La estrené en el viaje de vuelta. Cuando al ir a coger el vuelo de salida del país me la vio un vigilante de seguridad, le hizo gracia y me sonrió.

Cenamos nuevamente al lado del hotel. El mantel con manchas ahí seguía.

Cuando llegamos a la habitación vimos que encima de la cama habían hecho con pétalos de flor unos dibujos de corazones y cosas y que, escrito en inglés en una hoja de cuaderno, nos deseaban lo mejor para nuestro futuro. Eso sí, de limpiar se habían olvidado una vez más.

Por cierto, antes de dejar el hotel depositamos en recepción cuatro postales para ser enviadas a amistades de Bilbao. Tardaron meses en llegar.

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                              por el río nos cruzamos con otros barcos

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