Córdoba y los primeros tiempos de la Inquisición en Castilla 1


FERNANDO EL CATÓLICO

El Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición Española fue creado por los Reyes Católicos o, mejor podríamos decir, por el Rey Fernando el Católico, como medio para la defensa de la Ortodoxia de la Iglesia Cristiana en Castilla en 1478 (en Aragón ya existía)..

Esta acción junto con la finalización de la denominada Reconquista, la toma de Granada en enero de 1492, el descubrimiento de América y la política de evangelización, el impulso a la conversión y, en caso contrario, la expulsión de moriscos y judíos favorecieron la concesión del título de Reyes Católicos por el Papa Alejandro VI el 19 de diciembre de 1496.

Ahora bien, a los puntos a favor de la concesión de este título religioso se enfrentan otros negativos.

  • En aquellos tiempos convulsos en Europa y sobre todo en Roma la concesión de indultos, bulas o excomuniones tenían gran relación con Alianzas para la Guerra y para la Paz.
  • El Papa Alejando VI era el tristemente famoso, cruel y crápula Ricardo Borgia.
  • Para que pudiera celebrarse el matrimonio entre Isabel y Fernando, primos segundos, no dudaron en falsificar una Bula Papal. Dos años después Roma extendió una nueva validándola tras las oportunas negociaciones.
  • La Conquista de Granada (01.01.1492) y la expulsión de Boabdil supuso la ruptura e incumplimiento del Tratado de las Capitulaciones para la entrega de Granada firmado el 25.11.1491 (37 días antes) con el Rey Nazarí.
  • El nombramiento de Isabel como reina estuvo precedido entre otros actos por una Guerra Civil en Castilla, el nombramiento como Rey en la denominada Farsa de Ávila del niño Alfonso y su fallecimiento posiblemente por envenenamiento y la descalificación injustificada de Juana La Beltraneja por difamación.
  • Así mismo, tras el fallecimiento de Isabel, Felipe el Hermoso, esposo de la legítima Reina de Castilla Juana la Loca (en Aragón las mujeres transmitían el título pero no podían ejercerlo, en Castilla podían ser reinas) murió en Burgos ejerciendo ya de monarca según fuentes “oficiales” por beber un vaso de agua fría y posiblemente por “indigestión” de arsénico (hay teorías que dice que fue la peste), veneno muy propio de la época y favorito de Lucrecia Borgia, hija del Papa mencionado.
  • Fernando, muy promiscuo, se vanarogliaba según cuentan las crónicas, de haberse acostado con al menos una mujer distinta en cada población en la que hubiera parado. En la época de su boda tenía varias amantes. Una de ellas, su favorita, Aldonza Roig de Ivorra le dio varios hijos. El mayor de ellos, Alonso, fue nombrado Arzobispo de Zaragoza a la edad de 5 años. Nada religioso se dice que en toda su vida solo dijo una misa. Ixabel, mientras tanto, cuando estaba ausente su marido, debía dormir acompañada de 5 doncellas que respondían de su fidelidad.
  • Los musulmanes fueron desterrados de Castilla pero no de Aragón. Este reino necesitaba mano de obra barata y ellos lo eran. Los judíos, en tanto, pudieron seguir en Nápoles (Aragón) por intercesión del Gran Capitán ya que era necesario su dinero para financiar las guerras en suelo italiano.
  • Para terminar, en la época de su Gobierno (que no reinado) en Castilla tuvo muchos enemigos entre la nobleza. Por ello bajo el mandato del Cardenal Cisneros complementó la función religiosa de la Inquisición con la faceta de Policía Política.

Dentro de los hechos de la Inquisición en la época de Fernando el Católico he querido destacar los acontecidos en Córdoba a los que voy a hacer referencia a continuación.

CÓRDOBA  Y LA INQUISIÓN: DIEGO RODRÍGUEZ LUCERO, “EL TENEBROSO”

Las campanas de la Mezquita-Catedral y de todas las iglesias de la ciudad llevan repicando desde primeras horas de la mañana. Por la puerta principal de la prisión del Santo Oficio, sita en los antiguos alcázares de los Reyes Cristianos, una tenebrosa procesión surge de sus lúgubres entrañas. Encabeza la marcha una gran cruz ornamentada en oro y piedras preciosas, enarbolada por el fiscal del Tribunal del Santo Oficio. Monta un hermoso caballo de guerra y viste sus mejores ropas y alhajas para tan litúrgico acto. Justo detrás de él, un grupo de frailes dominicos encapuchados, portando cirios y rezando en latín, preceden a ciento siete infelices convictos condenados a la hoguera. Muchos de los reos casi no se sostienen en pie debido al martirio sufrido. Algunos de ellos, la mayoría, lucen miembros fracturados, articulaciones dislocadas, heridas todavía sangrantes y horrorosas quemaduras. Las mujeres exhiben cabezas rapadas al cero. Todos visten el clásico sambenito adornado con demonios y escenas del infierno, coronado por un capirote engalanado con más diablos y llamas del averno. Es el desfile de los desahuciados. Ciento siete falsos judíos conversos, culpables de herejía y de ceremonias judaizantes. Marranos carne de hoguera. Cierran la marcha los lanceros a caballo para velar por el orden del espectáculo, junto a un revoltijo de familiares de miembros de la Inquisición y de representantes de las comunidades religiosas existentes en Córdoba para dar más solemnidad al acto. A esta farsa de acto. A la cabeza, junto al fiscal del Tribunal del Santo Oficio, marcha a pie Diego Rodríguez Lucero, a la sazón Inquisidor de Córdoba, vestido de pies a cabeza de riguroso negro y escoltado por tres lanceros de gesto fiero y corazas relucientes. La población cordobesa asiste perpleja, en un silencio desgarrador, al espectáculo de esta infame procesión. Un silencio que es roto con insultos por algunas personas, los más valientes, los más desesperados, cuando distinguen la siniestra figura del inquisidor. Es el atardecer del viernes, veintidós de diciembre de mil quinientos cuatro.

http://elpozodeesparta.blogspot.com.es/2013/03/diego-rodriguez-lucero-el-monstruo-de.html

Córdoba, ciudad ejemplo para el mundo de convivencia entre razas, multiculturalidad, respetuosa con musulmanes, judíos y cristianos, incluso después de su reconquista por Fernando III, sufrió como todo el resto de Castilla del destierro de parte de su población, los mahometanos y judíos no conversos y, en cambio, disfrutó de la convivencia de los cristianos viejos con los que abrazaron su, para ellos, nueva religión.

También la Inquisición era allí extremadamente respetuosa. Cuando alguien era acusado de faltas contra el Cristianismo bastaba una confesión pública, el pago de una multa económica acorde con la situación del arrepentido y/o el rezo de alguna oración para su perdón.

Pero a finales de 1499 el Arzobispo de Sevilla influye para que se nombre inquisidor de Córdoba a un fraile dominico, Diego Rodríguez Lucero, que toma posesión en la sede del Tribunal en un edificio que todavía existe en la calle Encarnación, 7 en la bonita ciudad situada a orillas del Guadalquivir.

Este personaje, hosco, uraño, temeroso del mundo y, sobre todo, cruel y perverso, cambia la vida en la ciudad. Por medio de las torturas más refinadas consigue confesiones de las personas a las que, con independencia de sexo, profesión, situación social…, acusa de forma casi indiscriminada de herejía, pasando de ningún condenado a muerte de sus antecesores a llevar a la hoguera a casi 300 cordobeses por motivos religiosos en varios Autos de Fe, destacando los de 13.02.1501 con 81 ejecutados, 01.05.1502 con 27 y 22.12.1504 con 107.

Los cordobeses no se quedan con los brazos cruzados. Se rebelan, le insultan, le lanzan piedras, incluso le atacan físicamente cuando pasea lo que hace que no salga a la calle salvo para las ejecuciones. También escriben al Rey Fernando, reclaman a los dirigentes de la época, etc., siempre con resultado negativo.

Llegan a enviar dos cartas al Papa Julio II quien pide un informe al Rey Católico que defiende al inquisidor menospreciando al pueblo cordobés.

El 9 de noviembre de 1506 se produce un estallido social. El pueblo cordobés, “todos los menores de 60 años” incluidos los ricos y los nobles, se levantan al unísono contra la injusticia. Toman la cárcel situada en el Alcázar, liberan 400 presos supuestos herejes pendientes de juicio religioso, hacen presos a los mandos de la prisión y buscan infructuosamente al “Tenebroso” que unos minutos antes de la entrada en su habitación en el Alcázar de la ciudad había huido montado en una mula saliendo por una puerta trastera.

Diego Rodríguez Lucero se refugió en Sevilla donde, dicen, vivió a cuerpo de Rey, rodeado de todo tipo de lujos, hasta su fallecimiento.

Que yo haya leído, no se tomó ninguna represalia contra el pueblo de Córdoba por esta acción.

NOTAS DEL AUTOR

  • La Historia siempre la manipula quien gana o tiene el poder. La manipulación desde la Primo de Rivera hasta hoy mismo parece brutal. La Dictadura de ese militar, la república, el franquismo y la democracia deduzco que han creado un efecto péndulo en su proceso de reescritura.
  • Es cierto que no podemos juzgar la actuación de sus personajes con ojos de hoy. La historia del descubrimiento de América, por ejemplo, no se puede entender sin una correcta visión de los tiempos.
  • Creo que vivimos en una sociedad excesivamente crítica en general. Por el contrario, hay que ver a los ingleses, defendiendo todo lo que han hecho.
  • Ha sido una gran suerte para mi conocer la obra del Catedrático de Historia José Luis Corral. La lectura de su libro “Los Austrias, el vuelo del águila”, me ha hecho reflexionar acerca de lo expuesto hasta aquí.

 

Bibliografía en internet (algo):


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