Spanish Aerocar (cataratas Del Niágara)


Para todos los afiliados y en especial para aquellos que se animen a efectuar el Viaje a Canadá les ofrezco unos datos que no son apenas conocidos y que merece la pena poner en valor para que cuando se acerquen a las cataratas los tengan en cuenta aunque sólo sea por unos momentos.

El Spanish Aerocar (Transbordador aéreo español) es el teleférico o aerotransbordador más antiguo en funcionamiento del mundo ubicado en las cataratas del Niágara, Ontario, que transporta pasajeros a una zona del río Niágara, conocida como Whirlpool (el Remolino, en castellano). El Spanish Aerocar fue concebido por Leonardo Torres Quevedo (1852 – 1936) construido en 1913 por la compañía española The Niagara Spanish Aerocar Co. Limited, de acuerdo con el diseño de este ingeniero cántabro. Abrió sus puertas en agosto de 1916, y desde entonces ha sido reformado en 1961, 1967 y 1984. En la actualidad continúa en funcionamiento como atracción turística. Leonardo Torres fue un ingenioso ingeniero al que se le ocurrían las cosas más peregrinas. Entre sus creaciones destacan máquinas algebraicas, mandos a distancia, dirigibles y la primera computadora del mundo. El transbordador se inauguró oficialmente el 8 de agosto de 1916, siendo el único de su tipo en funcionamiento.

El Aerocar se encuentra suspendido entre dos puntos de Canadá a pesar de que cruza la frontera canadiense y estadounidense cuatro veces en un viaje completo. La altura en su tramo central es de 61 metros (200 pies) sobre el río. Su longitud es 539 metros (1770 pies).

Desde la barquilla del Aerocar, los turistas pueden ver el Whirlpool State Park en Niágara Falles, Nueva York, así como la central hidroeléctrica Robert Moses, en Lewiston, Nueva York. También se puede ver a los excursionistas que han decidido ir de caminata por los senderos naturales y a los pescadores de ambos lados del río.

A pesar de que, efectivamente, el ideólogo del artilugio fue Leonardo Torres, gran inventor, su patrimonio personal no le permitía llevar a cabo él solo el proyecto por lo que contactó con personas que sí tenían el dinero suficiente para realizarlo y las ganas para apoyarlo. La principal persona que le brindó su apoyo, económico y profesional, fue Valentín Gorbeña, bilbaíno nacido en 1855 y en aquel momento Inspector General del Cuerpo de Ingenieros.

Valentín Gorbeña era el «alma mater» que estaba siempre presente en el corazón de las tecnologías, de la información y la comunicación.

Efectivamente, el 30/11/1906, se constituía en Bilbao la Sociedad de Estudios y Obras de Ingeniería, presidida por Valentín Gorbeña Ayarragaray, con José Luis de Goyoaga y Ercario como Secretario, y Luis Landecho, Ricardo de Uhagón, Pedro Chalbaud y José Orbegozo como Vocales. No hay más que echar un vistazo al objeto de la Sociedad para darse cuenta de su relevancia,  cuya Base Primera y Principal queda fijada en estos términos: «Estudiar experimentalmente los proyectos o inventos que le sean presentados por don Leonardo Torres Quevedo y llevarlos a la práctica«.

Hasta ese momento, Leonardo no había cosechado con sus inventos más que incomprensión cuando no la burla de sus compañeros científicos e ingenieros tanto nacionales como europeos. Su patente del transbordador, un funicular aéreo suspendido de cables que presenta a la comunidad científica en Suiza hacia 1890 no recibe más que muestras de burla y rechifla entre los ingenieros helvéticos. Unos años después sería él el que reiría el último al implantar en plenas cataratas del Niágara un sistema muy parecido de transbordador o funicular, que por los dos nombres se le conoce.

Consolidados los ferrocarriles a los que se dedicó durante años, Gorbeña, se adentra en el negocio de los funiculares. Su primer trabajo es el funicular que unirá Donostia con el Monte Ulía, de 280 metros de longitud que se recorrían en 3 minutos y medio, y que tuvo un enorme éxito aunque contó con una corta vida, ahogado por el de Igeldo. Tuvo tal eco en su momento, que consiguieron contratos para efectuar otros parecidos en Chamonix o Río de Janeiro.

Después, ya en 1911, Gorbeña y Torres Quevedo realizan un viaje a EEUU y Canadá para «comprobar ciertos extremos, orientar sobre el asunto en general y fijar definitivamente el emplazamiento» e iniciar en Julio de 1913 (fecha en la que se le nombra a Gorbeña Inspector General del Cuerpo de Ingenieros con la categoría de Jefe de Administración de 1ª Clase), una vez conseguidos los permisos adecuados de los dos Gobiernos, las obras para construir otro similar al de Igeldo que sirviese para comunicar las dos márgenes de las cataratas del Niágara, entre EE.UU. y Canadá siendo inaugurado el 8/8/1916. Previamente, en el mes de Febrero, se hizo un viaje de prueba en el que se atravesaba por primera vez el llamado «Whirtpool«, «el Hervidero» en el sector canadiense con 8 valientes a bordo y 3 Toneladas de hierro.

Esta obra, ideada por Leonardo Torres, que todavía funciona a día de hoy y es una auténtica demostración de la capacidad de la ingeniería vasca liderada por Valentín Gorbeña, costó más de 100.000 dólares de los de entonces, financiados por algunas de las principales fortunas de la Euskadi de aquellos días: José Orbegozo, Enrique Aresti, Horacio Echevarrieta y las familias Ybarra, Zubiria, Echevarria, Icaza, Lezama-Leguizamón u Olabarri que crearon la Sdad. Transbordadores Españoles en América con un Capital de 550.000 pesetas suficientes para cubrir el presupuesto que era de 510.000 pesetas. Por lo que se puede asegurar que con propiedad que fue una obra realizada por capital e ingeniería vasca. 

Lo que se pretendía era llevar al exterior una muestra del talento y actividad de la industria española, sirviendo este transbordador de escaparate. Según costa en la Revista de Obras Públicas del 20/4/1916 se le nombra a Valentín Gorbeña Presidente de su Consejo de Administración. Los primeros tiempos no estuvieron exentos de dificultades tanto económicas como técnicas con abundantes averías que obligaban al transbordador a estar parado con la consiguiente merma de ingresos. Pero en los años 20, se arrendó a una Cía. canadiense que consiguió estabilizar el nº de clientes y los ingresos aunque nunca consiguió ser un gran negocio. Fue vendido en 1961.   

Cada año alrededor de 250.000 personas de diversas nacionalidades viven una pequeña aventura en su famoso transbordador.  Estamos hablando del llamado Spanish Aerocar, una genial obra de ingeniería, por lo atrevida, audaz y arriesgada que permite a turistas de todo el mundo contemplar de cerca las cataratas del Niágara y escuchar el estruendo que produce el agua al caer. Esta experiencia sucede a 60 metros de altura a bordo del artilugio que diseñó Torres Quevedo hace ya un siglo y que sigue funcionando a la perfección.  Las reformas que se acometieron en 1961, 1967 y 1984 fueron suficientes para que, hasta hoy, haya continuado trasladando a millones de pasajeros sin haber sufrido ningún percance. Se la conoce popularmente como «la cesta española».

La unión de las mentes de estos dos personajes pusieron en marcha multitud de artilugios que fueron pioneros en su día, aunque en los anales de la historia, como sucede en una mayoría de las ocasiones, sólo figure el nombre de LEONARDO TORRES, pero que a nadie le quepa la duda de que sin Valentín Gorbeña, sucesor de Evaristo Churruca en la Dirección General del Puerto de Bilbao, no hubiese podido llevar a término lo que su imaginación le dictaba.

Buen viaje

Whirlpool Aero Car on NIAGARA FALLS (HD) – Bing video

 

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