viaje a Mauricio (octubre de 2018) 2


Trataré de hacer en este documento una especie de crónica no muy plasta del viaje que varios compañeros de BBK -y algunos de sus familiares- realizamos a (Islas) Mauricio a principios de octubre (del día 1 al 9).

Bueno, antes de comenzar la crónica del viaje, os facilitaré un poco de información sobre Mauricio, para ponerlo en contexto.

Se trata de un estado independiente ubicado en una isla al este de Madagascar, en el océano Índico, relativamente cerca de otras célebres islas como Reunión o Seychelles. El tamaño de Mauricio es un poco menor que Bizkaia y su población algo mayor, superando 1.300.000 habitantes.

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Mauricio fue colonia británica hasta el año 1968, lo cual explica que el idioma oficial (empleado en la administración pública y en los negocios) sea el inglés y que en las carreteras se conduzca por la izquierda. No obstante, la gente habla normalmente en francés o en criollo (idioma éste parecido al francés pero con influencias africanas). Esta singularidad se debe al hecho de que antes de ser colonia británica, lo fue francesa, y cuando los ingleses derrotaron y expulsaron a los franceses en 1820, respetaron –sorprendentemente– su legado cultural, incluido el idioma.

Tras la independencia Mauricio se constituyó en una república parlamentaria democrática que ha experimentado un fuerte desarrollo, logrando una de las rentas per cápita más altas de África, disfrutando por ejemplo de educación y sanidad públicas.

Los principales sectores de la economía son el turismo, la caña de azúcar, la industria textil, los call center y el sector financiero (téngase en cuenta que se trata de un paraíso fiscal)

Mauricio es un estado multi étnico, con población de origen indio en su mayoría, aunque también hay africanos y chinos (sólo un 2%); y multi religioso (hindúes, musulmanes, cristianos… conviven sin conflictos aparentes), siendo mayoritarios los hindúes, religión profesada por más de la mitad de la población.

Bueno, una vez puestos en contexto, pasaré a realizar la descripción del viaje en sí mismo, aunque como veréis iré incluyendo en la misma algunas observaciones sobre otros aspectos generales del país.

El grupo lo componíamos 11 personas con muy buen rollo y ganas de pasarlo bien, lo cual conseguimos con creces. La verdad es que el ambiente fue fenomenal y sobretodo, hicimos muchas risas.

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De pie: Nerea (hija de Rafa Amesti), Tini (marido de Carmen Bermejo), Adita (mujer de Rafa Amesti),
Mari Nieves (mujer de Javi Guerrero), Javi Guerrero, Matilde (mujer de Josean Sainz), Josean Sainz y Ricardo Naveda.
Agachados: Rosa (mujer de Ricardo Naveda), Rafa Amesti y Carmen Bermejo.

Volamos directamente de Madrid a Mauricio durante casi 12 aburridas horas y hubo quien no durmió ni un minuto a pesar de haberse dopado para ello.

Llegamos al aeropuerto de Mauricio sobre las 6 de la mañana (únicamente hay 2 horas de diferencia con España). Allí nos recogió Ganesh (nuestro chófer) en el microbús que a partir de entonces nos llevaría patrás y palante por toda la isla. El trayecto hasta el hotel discurrió durante una hora por intrincadas carreteras, que si bien están bien asfaltadas y señalizadas, son estrechas, sinuosas, con las viviendas al borde mismo del asfalto, plagadas de bicis y motos… Todo ello hace que la siniestralidad sea muy elevada en Mauricio (260 muertos en lo que iba de año, cuando en Bizkaia, por ejemplo, sólo ha habido 8 fallecidos en ese mismo período). Vamos, que era difícil conducir por aquellas carreteras, pero Ganesh era un artista!

Ganesh, nuestro chófer, muy amable y educado, como la mayoría de mauricianos:

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Este primer contacto con la isla resultó un tanto decepcionante porque, como pudimos comprobar días después, el trayecto discurrió por la parte más descuidada de Mauricio (en los pueblos reinaba el desorden, se veía multitud de trastos tirados por cualquier sitio, las viviendas estaban un tanto desvencijadas…). Pero como ya he comentado, esta primera impresión mejoró mucho a lo largo de las vacaciones, cuando visitamos otras zonas.

Una vez instalados en el hotel enseguida comenzamos a disfrutarlo, ya que estaba en la misma playa y aunque no se trata de un súper lujo sino un 4 estrellas, es digno, con unos espacios comunes (piscina, comedor-buffet, paseo, palmeras…) muy chulis. Las habitaciones, muy amplias, pero normalitas de decoración, eso sí.

Una vista de la piscina del hotel
(llegaba hasta la misma arena de la playa)
(parece una foto de catálogo, pero no lo es, la obtuvo el que suscribe)

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Vista de una de las dos playas situadas a pie del hotel
(obsérvese la mesita que rodea el mástil de la sombrilla de paja:
servía para apoyar los mojitos, cervezas, etc.
que nos servían amablemente los camareros del hotel. Demasiau…)

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Así que el primer día transcurrió en el propio hotel y en las playas que había a ambos lados del mismo, conociéndolos y disfrutando de uno y otras.

Aquí me gustaría realizar un comentario sobre el mar de Mauricio. Una buena parte de la isla está rodeada de una barrera o arrecife de coral, formándose lo que llaman la laguna, esto es, una franja de mar -entre la costa y esa barrera- con un agua preciosa, templada, cristalina, de escasa profundidad, de colores verdes, turquesas… En esa laguna nos hinchamos a bañarnos, bucear, practicar piragüismo, etc.

En la siguiente fotografía desde el aire se aprecia lo dicho en el anterior párrafo. Esta foto aérea y otra sobre el dodo (especie extinguida tal como se comentará posteriormente) han sido obtenidas de internet, al contrario que el resto de las que componen este reportaje, todas ellas obtenidas por miembros del grupo.

La laguna desde el aire:
(observad cómo rompen las olas en la barrera de coral y cómo después el color del mar se hace mucho más claro)
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Pero antes de seguir, un par de observaciones más:

Mauricio tiene un clima tropical, con únicamente dos estaciones. El verano transcurre de noviembre a abril, siendo más cálido y mucho más húmedo que el invierno (que va de mayo a octubre). Ahora bien, entre ambas estaciones no hay tantas diferencias de temperatura y lluvia como en latitudes más alejadas del ecuador, por ejemplo la europea. Además, en verano suelen producirse ciclones. A nosotros nos hizo muy buen tiempo, una noche llovió bastante fuerte un rato, pero escampó y ya no volvimos a ver la lluvia. Eso sí, era frecuente ver nubes en el cielo. En cuanto a la temperatura, genial, muy suave; de noche 18 o 20 grados y de día 26 o 28.

En lo referido al tipo de turismo de la isla, las autoridades mauricianas han apostado por el turismo de alto nivel, existiendo un buen número de hoteles de súper lujo, predominando entre los turistas los ingleses, alemanes y franceses. Curiosamente, es muy habitual ver parejas de recién casados en viaje de luna de miel. De hecho, nuestro incansable animador del grupo, Rafa Amesti, bautizó como la laguna del amor una zona de la playa, emocionado al contemplar cómo las parejitas se miraban arrobadas con el agua hasta la cintura. Qué bonito…

Pero volvamos a la crónica diaria. El segundo día teníamos organizada una excursión por el norte de la isla, la zona más turística. Y más seca y menos verde que el sur.

En primer lugar -siempre transportados en el micro bus que conducía con gran pericia Ganesh-, fuimos al Cabo Malhereux (desdichados o infelices), donde en 1820 los ingleses derrotaron y echaron de la isla a los franceses tras una gran batalla naval. Y por supuesto, íbamos atentísimos a las explicaciones dadas por Priska, nuestra guía, una deliciosa señorita mauriciana que además de hablar castellano muy bien, se mostró muy agradable y simpática.

Nuestro microbús (volante a la derecha, claro)
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Priska, nuestra guía
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Después nos llevaron a visitar el gran jardín botánico de Pamplemousses (en francés, pomelos), que al parecer es el tercero más grande del mundo (33 hectáreas).

En las dos siguientes fotos se puede ver la entrada al jardín botánico y el famoso estanque de nenúfares:

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Una vez finalizada la visita al jardín botánico, seguimos camino hasta el Museo del Azúcar, donde además de enseñarnos el proceso de elaboración de los 15 tipos de azúcar y de los variadísimos rones que producen, pudimos degustar unos y otros:

Maquinaria para fabricar el azúcar                                          Josean Sáinz catando ron
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Comimos muy agradablemente, al aire libre, en el restaurante del propio museo, y ya entonados por los rones, algunos regamos la comida con vino blanco sudafricano. Vamos, que volvimos al micro bus muy contentos…

Tras la comida, tomamos rumbo a la capital, Port Louis, una ciudad de unos 150.000 habitantes, bastante caótica (obras, tráfico denso…), en la que no había mucho que ver, la verdad. Quizás lo más curioso fuera el mercado, en donde en el puesto de especias que se puede ver en la siguiente foto, Carmen Bermejo realizó un intento de comprar canela, pero desistió al comprobar la clavada que le hubieran dado:

Puesto de especias:
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El grupo (sin Rafa, el fotógrafo) paseando por Port Louis, la capital:
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Después de tomar unas birras en el puerto de la capital, volvimos al hotel, comandados por Ganesh y Priska, como siempre.

Un par de comentarios al hilo de esto último:

El circuito turístico de Mauricio es bastante caro. Así por ejemplo, una caña de cerveza puede costar 3 o 4 euros, y eso que es de una marca local, Phoenix, aunque es de buena calidad, eso sí. Suponíamos que habría baretos para mauricianos, mucho más baratos, claro, ya que el salario mínimo de allí (debe ser muy habitual cobrarlo), es de unos 250 euros mensuales.

En Mauricio amanecía muy temprano (sobre las 6:00) y anochecía muy pronto (sobre las 18:30). Esto y el hecho de que las excursiones comenzaran prontísimo, hacía que a las 17:00 o poco más ya estuviéramos de vuelta en el hotel, normalmente bastante cansados, aunque con tiempo aún para darnos un baño en las fantásticas aguas de la playa o un paseo por la misma.

Al día siguiente no había programada ninguna excursión, por lo que la mayoría pasó la mañana en el hotel y la playa, algunos practicando snorkel (ya sabéis, el buceo con tubo y gafas que hacíamos de chavales), montando a caballo, etc. Otros fuimos a jugar a golf a un campo fantástico existente en la llamada Isla de los Ciervos, aunque no se sabe ni cuándo desaparecieron de la misma. A continuación, se muestras algunas fotos sobre unas y otras actividades:

Te montabas en una embarcación en el hotel y te llevaban hasta la barrera de coral, donde con un tubo y unas gafas no parabas de ver pececillos de colores como éste. Preciosa actividad:

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Fantástico partido de golf el que jugamos en La Isla de los Ciervos:
(al fondo el mar, la laguna, una constante)
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Y he aquí a Rafa Amesti, gran jinete, montando cual John Wayne:
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El cuarto día de estancia en Mauricio teníamos programada una excursión por la zona sur de la isla, que como he mencionado anteriormente, es más húmeda y verde que la norte

En primer lugar llegamos al Volcán de los Ciervos, que al igual que el resto de volcanes de la isla (33), se encuentra inactivo. Tiene un cráter de 300 metros de diámetro y 85 de profundidad. Se estima que su última erupción se produjo hace 700.000 años. Ahora se encuentra cubierto de vegetación.

Desde allí se podía disfrutar de una bella vista de la costa oeste y sus montañas:

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A continuación seguimos camino hasta la ciudad de Curepipe, atravesando el barrio Floreal, el sitio donde reside la gente bien de Mauricio. En esta ciudad visitamos un taller de maquetas de barcos, en el que había auténticas joyas, como la nave de guerra junto a la que posa Javi Guerrero:

Javi Guerrero a punto de embarcar:
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De nuevo en el microbús, de camino hacia el sur, Priska, nuestra guía, nos comentó la existencia de una bodega de reciente creación que elaboraba vino no con uvas, sino con lichis, cultivados en la propia isla, claro. También hicimos algunas risas sobre el gran número de perros existentes en la isla, casi todos abandonados, pero muy respetados y cuidados por los mauricianos. Al parecer son inofensivos, aunque Nerea, la hija de Rafa Amesti, comentó en cierta ocasión que paseando con su ama por la playa, pasaron un poco de miedo cuando les salieron varios canes ladrando en actitud, digamos, poco amistosa. Pero bueno, éstos son gajes del oficio de turista, ¿no?

Seguimos hacia el principal destino del día, el lago sagrado Gran Bassin, lugar al que todos los años a lo largo de una semana de febrero o marzo, peregrina una gran parte de la población hindú de Mauricio (recordad, más de la mital del total), para purificarse en el agua del lago, de una forma similar a la practicada por los hindúes de la India en el río Ganjes; aunque según nos dijo Priska, aquí no se metían enteros en el agua, sino sólo los pies, ya que “hay peligrosas anguilas gigantes”. A saber… Además, los peregrinos cogen agua del lago en recipientes que llevan a los templos existentes en sus viviendas. Esta peregrinación anual se realiza por carretera con carrozas que portan estatuas de Shiva y otros dioses, siendo monumental (imaginaos, cientos de miles de personas a lo largo de una semana), y generando importantes problemas de tráfico.

Bueno, la verdad es que imbuidos de tanta espiritualidad nos vinimos arriba y tras pedir permiso, entramos al templo sagrado que había junto al lago, después de despojarnos del calzado, eso sí, y tocar una campanita existente en el exterior. Una vez dentro, nos abordó un señor que sin darte tiempo a esquivarle, te ungía la frente con una pasta roja dibujando una especie de uve invertida. Tuvo su punto…

A continuación se muestran algunas fotografías que ilustran distintos aspectos del lago sagrado Gran Bassin:

Barbati, una de las reencarnaciones de Madurga, mujer de Shiva, el gran dios hindú:
(y el grupo, claro)
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En el templo sagrado, tras descalzarnos y ser ungidos en la frente
(bueno, sólo Ricardo Naveda, Nerea Amesti parece que no se dejó)
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Finalizada la visita al lago sagrado, seguimos ruta hacia el punto más alto de la isla, a 800 metros sobre el nivel del mar (vamos, entre el Pagasarri y el Ganekogorta): el Pic de la petite riviere noire. Desde allí hay una impresionante vista de una gran zona boscosa donde predomina el ébano y otras nobles especies arbóreas, de las que al parecer estaba cubierta la isla hasta el siglo XVIII, momento a partir del cual los distintos colonizadores fueron esquilmando los bosques y sustituyéndolos por caña de azúcar. Por aquello de la rentabilidad, ya sabéis, que las especies nobles, una vez taladas, tardan muchísimos años en volver a crecer y la caña de azúcar va parriba como un tiro.

Tuvo su gracia que mientras disfrutábamos de la vista, apareciera por allí una familia de monitos en la que había de todo: el padre serio y autoritario, la madre cuidando entre su pecho y sus brazos a un monito chiquitín-chiquitín, el monito revoltoso que no paraba de incordiar a los demás… Lo dicho, gracioso.

Priska, nuestra guía, nos comentó que los monos exitentes en la isla no eran originarios de la misma, sino que los habían traído de África, al igual que otras especies.

Y en este punto es necesario hacer una mención especial a la especie animal por antonomasia de Mauricio, aunque por desgracia se extinguió a finales del siglo XVII. Se trata del dodo, una especie endémica y exclusiva de la isla, que se asemejaría a un pato gigante y con el pico hacia abajo (Wikipedia dice que mediría aproximadamente 1 metro de alto y podría pesar entre 10 y 20 kilos!). Parece ser que sus dificultades para volar y la presión demográfica de los humanos provocaron su extinción, a pesar de no existir otros depredadores animales que le amenazaran:

       Una recreación del dodo:                    Dodos –de pega, claro– en la piscina del hotel:
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A continuación se muestran algunas fotografías tomadas en el Pic de la petite riviere noire:
Bosques de ébano y otras nobles especies arbóreas (al fondo la costa sur)
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 El más guapo de la familia de monitos:
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Tras disfrutar de las magníficas vistas del Pic de la petite riviere noire, iniciamos el descenso hacia nuestro destino final, Chamarel, donde nos esperaban la Gran Cascada y la Tierra de los 7 colores, pero antes paramos a comer en Varangue sur Morne, donde de nuevo disfrutamos de unas excelentes vistas.

Aquí comimos (abajo al fondo, Chamarel, hacia donde nos dirigíamos):
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Tras el almuerzo, que incluyó un original postre: piña a la mauriciana, es decir, con picante, llegamos a Chamarel y sus dos grandes atracciones turísticas. Veámoslas:

Ésta es la catarata de Chamarel, de doble caída, impresionante:
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 La Tierra de los 7 colores
(distintos colores de tierra en una misma parcela. Un tanto decepcionante, la verdad)
(producida al parecer por una erupción volcánica hace 7 millones de años)
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Y después de un día tan intenso, vuelta al hotel, donde descansamos hasta la noche, la cual nos deparaba una gran sorpresa: la actuación de un grupo musical étnico (con cuerpo de baile y todo), que tenía una clara inspiración africana (no india/hindú, que es lo predominante en la isla, sino africana). Y claro, nos fuimos animando, nos volvimos a venir arriba y terminamos organizando una conga por la zona de la piscina, a la que se sumaron otros clientes del hotel, entre ellos un grupo de chavalas que parecían tener ganas de jolgorio y no tanta tranquilidad como se respiraba allí (todas las noches había actuación musical, pero no incitaban al baile y cachondeo, sino que solían ser más tranquis…). No se han incluido en este reportaje los vídeos disponibles al ser demasiado pesados.

El siguiente día fue de descanso, es decir, hotel, piscina, playa, snorkel, piraguas…Había que reponer fuerzas ya que al día siguiente nos tocaba navegar… Aquí os dejo una foto de este día de descanso, en la que se ve a Rafa Amesti y su ojito derecho, Nerea, piragüeando:

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Al día siguiente, ya repuestos de la excursión por el sur y de la conga subsiguiente, nos levantamos prestos a embarcar en un catamarán macizo, cual lobos de mar.

Y eso hicimos, acompañados de Priska, como siempre, y del capitán y los dos marineros que componían la tripulación. Se trataba de un catamarán muy txuli con una zona interior en la que a mediodía dimos cuenta de una barbacoa preparada por la tripulación a base de marlín, un pescado parecido al pez espada, y pollo. Y el exterior… qué queréis que os diga del exterior… Una maravilla ir navegando a vela tumbados o sentados en proa, mientras te sentías acariciado por la suave brisa marina y un sol suavecito (ha quedado un tanto ñoño, pero es la verdad, así que lo dejo tal cual).

Tini (marido de Carmen Bermejo) observando un catamarán como el nuestro pero con mucha
más gente a bordo, eso sí (pobrecitos…):
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De esta forma, navegando, llegamos hasta una zona donde se podía practicar snorkel y allá que nos fuimos al agua, cual marlines. Bueno, alguna tuvo que volver a subirse a la embarcación porque se estaba haciendo un lío con el chaleco salvavidas que había reclamado. El coral y los pececillos de colores que allí vimos no eran tan bonitos como los de la zona a la que nos llevaban en el hotel, pero bueno, pasamos un buen rato.

Carmen Bermejo dispuesta a todo:
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Tras el snorkel navegamos hasta la desembocadura del Grand River South East y allí cambiamos de embarcación, tomando una lancha que nos llevó río arriba hasta al lado mismo de una bonita cascada (su agua nos mojaba dentro de la lancha).

Como en el Niágara:
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Después de ver la cascada volvimos a embarcar en el catamarán y dimos buena cuenta de la barbacoa mencionada anteriormente mientras navegábamos rumbo a la Isla de los Ciervos. Llegados a la Île aux Cerfs, como allí la llaman (no se sabe por qué ya que no hay ni uno), reserva natural de paradisíacas playas y manglares, desembarcamos, nos bañamos, tomamos cafés, copas… y después de vuelta al hotel, en el catamarán, claro.

Navegando de vuelta mientras Tini (marido de Carmen Bermejo) da cuenta de un cocktail
sabrosón (Jamaica creo recordar que se llamaba):
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Una vez llegados al hotel, ya sabéis, a sufrir otra vez: paseo o baño por la playa, siestita, etc., cada uno según sus preferencias.

El siguiente día fue el último de estancia en Mauricio, siendo dedicado al descanso y al dolce far niente, preparándonos para el viaje de vuelta, que no tuvo ninguna incidencia y se desarrolló según lo previsto. Eso sí, se nos hizo muy laaargo.

Como resumen del viaje se podría decir que lo pasamos fenomenal, que la organización estuvo a la altura y que el ambiente del grupo fue buenísimo, hasta tal punto que ya hemos quedado para hacer una comida, en la que seguro que se mezclará la nostalgia de las aguas mauricianas con la alegría de volver a vernos y hacer risas evocando las distintas peripecias vividas en el viaje.

Y colorín colorado…


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2 ideas sobre “viaje a Mauricio (octubre de 2018)

  • Jorge

    Ricardo, tu ameno relato y las bonitas fotografías que lo ilustran dejan claro que ha sido un buen viaje que ha merecido la pena. Como persona minimamente colaboradora con María para su organización, es una alegría que todo haya ido tan bien y que el nivel de nuestras actividades siga siendo muy alto.

    Ahora, para los que lo deseen, espera Perú.