«Personajes del callejero de Getxo». – CHURRUCA


EVARISTO DE CHURRUCA Y BRUNET

Paseo del Muelle de Churruca.- Foto: Autor

Hay un dicho popular que dice: “De raza le viene al galgo…” dando a entender que los hijos heredan, frecuentemente, algunas de las cualidades de sus primogenitores. La familia Churruca, durante generaciones, dio nacimiento a numerosos marinos, altos funcionarios y militares destacados, sobresaliendo el tío-abuelo de nuestro personaje Cosme Damián Churruca, héroe de la Batalla de Trafalgar y su hermano Julián Baldomero Churruca, gran vascófilo y héroe de la Guerra de la Independencia. Aunque la vida profesional del Conde de Motrico no fuera por los mismos derroteros militares, el carácter indómito y recio de sus antepasados se hizo patente a lo largo y ancho de ella.

Evaristo de Churruca y Brunet, I Conde de Motrico, nació en la casa Mendigainarena de Izu, cercano a Pamplona el 26/10/1.841, donde su padre ejercía como Magistrado de la Audiencia de la capital navarra. Allí vivían, pero al producirse la sublevación contra el General Espartero, y buscando una mayor seguridad para él y su familia se trasladó a su casa natal en el pequeño pueblo de Izu.

No tardó más de dos años en encaminar sus todavía inseguros pasos a la villa de donde era oriundo todo su linaje, es decir, a Motrico. Su padre José de Churruca y Ecenarro, Magistrado, que en su carrera política llegó a ser Senador Vitalicio y Vicepresidente del Congreso en 1.847, falleció cuando Evaristo tenía la temprana edad de 8 años. La mengua de ingresos familiares que originó este hecho obligó a que su madre, la donostiarra de origen pero nacida en Lekeitio, Carmen Brunet y Fernández de Arroyabe, mujer mucho más joven que su esposo, tomara la decisión de quedarse definitivamente en el Palacio urbano de Arrietacúa en Motrico. Este Palacio era residencia estable y cuna del Ilustre Linaje de los Churruca desde la época de Francisco de Churruca (1721-1787), escribano de Motrico.

El propio Evaristo nos lo cuenta: “Al quedarse mamá en Motrico con carácter definitivo por miras económicas, arregló la casa cuanto pudo para la mayor comodidad de la familia, ejecutando varias obras a las que era muy aficionada. Allí vivimos con ella los primeros años de su viudez, Clotilde que fue la compañera inseparable de toda su vida, Cesáreo, María y yo”.

De su infancia en Motriku (nombre euskérico aceptado ya desde 1.980 y que usaremos a partir de este momento), le quedó un buen dominio del euskera plasmado en sus múltiples ensayos filológicos y etimológicos posteriores, lo que le convierte en un excelente vascófilo que todo aquel interesado en nuestro ancestral idioma, debería consultar.

Monumento erigido en el muelle de “Evaristo Churruca” en las Arenas.- Foto: Autor

Cursó la Primera Enseñanza en Motriku, hasta que en el mes de Octubre de 1852 ingresó como alumno interno en el Real Seminario de Vergara, donde durante 4 años estudió con notable aprovechamiento las Matemáticas y Ciencias Naturales, asignaturas que se exigían para poder matricularse en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos en Madrid. Tuvo que ser durante este tiempo de formación cuando se le debió despertar su vocación de Ingeniero, pero siempre entroncado con la mar. Estos estudios los completó en Madrid desde Octubre de 1856 hasta Agosto de 1857, en que fue aprobado en los exámenes de ingreso celebrados en Septiembre en dicha Escuela. No había cumplido todavía los 16 años cuando ya tenía muy claros sus objetivos.

Terminados sus estudios con brillantez, obtuvo el título de Ingeniero de Segunda en 1863, fue destinado al Levante con el fin de realizar las prácticas reglamentarias en la zona de Murcia realizando un estudio sobre el puerto de Águilas. Allí construyó los faros de Cabo de Palos y Portman, población cercana a Cartagena, y redactó en 1865 la Memoria relativa a la mejora del curso del río Júcar en Valencia, cuya crecida causó inundaciones en los pueblos ribereños entre los días 4 y 5 de Noviembre de 1864, siendo Ingeniero Jefe de 2ª clase.

Al año siguiente, en 1866 se traslada por primera vez en su carrera profesional a Bizkaia, estando adscrito como ingeniero a las Divisiones Hidrológicas y dedicándose al mantenimiento y conservación de la Ría de Bilbao así como el de los faros de la costa. Durante los escasos seis meses que estuvo en nuestra provincia tuvo tiempo para realizar un estudio sobre la canalización de la Ría de Gernika, cuyo plano dejó terminado antes de marcharse, destinado por orden superior, a Puerto Rico. Es muy probable que en este pequeño lapso de tiempo viese in situ y visionase mentalmente los problemas de la desembocadura de la Ría de Bilbao, cuya solución le diera fama posteriormente.

En 1867 es transferido a Puerto Rico donde permaneció durante 6 años, poniéndose al frente de la red de Telégrafos de la Isla, llevando a cabo un estudio sobre la mejora del Puerto de San Juan así como la regularización del regadío. Su minucioso trabajo hidrográfico con meticulosos sondeos en su bahía, le procura la Encomienda de número de Isabel la Católica. También lleva a cabo variadas obras civiles, la reconstrucción de edificios públicos y religiosos a causa de los grandes terremotos sufridos por la isla a principios de 1868. En 1870 se le nombra Inspector General de Obras Públicas, asumiendo la Jefatura del Distrito Oriental de la Isla. En esta Isla permanece hasta 1873 en que solicita su traslado a España recibiendo toda clase de parabienes por lo bien que había desempeñado su labor. Una vez concedido, vuelve a Madrid, no sin antes pasar por La Habana, donde residió un tiempo, y por Estados Unidos, realizando un largo recorrido por todo el país a modo de estudio y experiencia.

Una vez en la península, solicita en Mayo de 1873 una excedencia que le es concedida hasta Diciembre del año siguiente. De este tiempo y del porqué de esa petición, sus biógrafos no nos ofrecen ninguna información por lo que poco podemos decir nosotros. Reincorporado a finales de 1874 se le destina a la Secretaría de la Junta consultiva de Caminos, Canales y Puertos, donde tuvo a su cargo la Sección de Carreteras y Ferrocarriles, hasta Octubre de 1877, en que una vez adquirida la preparación y experiencia necesarias, fue nombrado por Real Orden, Director facultativo de la Junta de Obras del Puerto de Bilbao.

Es en ese mismo año cuando se le encomienda la construcción del Puerto interior de Bilbao y la canalización de la Ría de Bilbao para conseguir una mejor adecuación de la navegación que permitiera la entrada de barcos de mayor calado, bien cargados de hierro o bien de carbón, para que el crecimiento industrial de la ciudad continuase su desarrollo. El problema principal era el de “la barra” de Portugalete que condicionaba todo el tráfico por la ría. Su escasa profundidad y variabilidad en el cauce, con sus bancos movedizos de arena, obligaba en ocasiones a cerrar la navegación por la ría.

Navegar hacia el interior de la Ría era toda una aventura. Los arenales de Sestao, las curvas de Axpe con su famosa roca apelada “El Fraile” y Elorrieta, los cantos rodados que se movían por Deusto, hacían que la subida fuera toda una odisea y que se tuviese que hacer la navegación de los últimos 4 kilómetros en gabarras, encareciendo sustancialmente en el flete el precio de la mercancía. Churruca abordó el problema. En 1877 se constituyó la Junta de Obras del Puerto de Bilbao, cuyo Presidente era el Gobernador Civil y actuando como Vicepresidente D. Eduardo Coste Vildósola, siendo nombrado D. Evaristo su Director, cargo que ocupó hasta el último día de 1908. En 1878 se le ocurrió la idea de que era necesario investigar en los Archivos cuanto se había realizado en la Ría desde el siglo XV y percibió que los principales defectos de que adolecía el cauce podían encontrarse en la historia de las obras del encauzamiento. Se podía lograr una «ría navegable«, es cierto, pero se trataba de una colosal obra, de dragado, canalización y construcción de muelles y rompeolas. Si se subsanaban los defectos mencionados y se establecían grúas, boyas de amarre, etc., en los muelles, se ganaría en profundidad y accesibilidad, y el resultado sería un incremento sustancial del tráfico marítimo por la ría hasta el corazón mismo de la Villa.

El proyecto que había sido aprobado por el Gobierno en 1880, quedó terminado en siete años. Los efectos fueron inmediatos: el tráfico del puerto se cuadriplicó (para el año 1897), los fletes accidentados disminuyeron considerablemente y Bilbao se convirtió (para finales de siglo) en el puerto comercial más importante del Estado, tras Barcelona. La solución que nuestro Ingeniero le dio, consistió en construir por el lado de Portugalete un muelle de hierro semisumergido de 800 metros de longitud, que encauzaba la salida del agua de la ría y, combinado con el efecto de las corrientes, le permitía excavar los bancos de arena creando un surco profundo y fijo. Las obras comenzaron en 1881 convirtiendo la ría, a su finalización, en una arteria fundamental para el desarrollo económico de ambas márgenes y como medio de comunicación con el resto del mundo.

La mejora que se produjo en la navegación por la Ría se dejó ver desde el primer momento, repercutiendo clara y positivamente en el desarrollo de la industria vizcaína, incrementándose según iba avanzando la construcción. La Memoria redactada por “el entendido y celoso ingeniero” D. Evaristo de Churruca causó admiración entre sus colegas. La última piedra del muelle de Portugalete la colocó el 12/9/1887 la Reina María Cristina, concediéndole ésta la Gran Cruz de Isabel la Católica y la Cruz de Carlos III, medallas compradas por suscripción popular. A la par que este proyecto de saneamiento, desde la propia Junta de Obras del Puerto de Bilbao se introdujo la primera iluminación eléctrica por iniciativa del propio Churruca, construyéndose una central eléctrica en 1883 que iluminaba las noches de la parte inferior de la ría, es decir, donde estaban los embarcaderos de mineral.

Una imagen histórica del muelle de hierro de Portugalete. Foto: El País 3/2/2013

Hasta 1888 las obras se desarrollaron en el interior de la Ría, aguas arriba del Puente de Bizkaia, para terminar en la peligrosa curva de Elorrieta. Hubo una cierta controversia entre los partidarios de mantener el puerto en el mismo corazón de la villa y los que preferían que se llevasen los muelles a Santurtzi. Pero el proyecto siguió su curso según él lo había redactado.

Durante la ejecución de las obras de canalización de la Ría, D. Evaristo no cejó en su empeño, hasta entonces secreto, de idear un enorme puerto exterior en el Abra, que sirviese de complemento de las obras realizadas en la ría, de fondeadero de un centro comercial de primer orden erigiéndose en protagonista por todo el litoral del Golfo de Bizkaia e incluso en toda Europa y de refugio de buques en días de fuertes tormentas. Ahora, con la llegada de grandes trasatlánticos y cruceros a los Muelles de Getxo nos damos cuenta de la visión de futuro, el ingenio que tenía este gran hombre y el amor que le tenía a su profesión, que junto al buen hacer de cientos de obreros trasformaron lo que parecía imposible en algo que hoy podemos recordar, contemplar y admirar.

Todas las Instituciones Públicas de la Provincia le apoyaron con dotes económicas, incluido el Ministerio de Fomento con 250.000 pesetas anuales durante doce años. El propio Ministro de Fomento fue quien colocó la primera piedra el 21/9/1888 para las obras del puerto exterior y la última, Alfonso XIII catorce años después, el 8 de Septiembre. Su inauguración marcó un hito en la Historia de Bizkaia, transformando el paisaje del Nervión, de la que todos se sentían y nos sentimos orgullosos. Es la obra cumbre del Ingeniero D. Evaristo de Churruca y una de las magistrales de la ingeniería vasca.

Para darse cuenta de la magnitud y repercusión de esta gran obra en todo el Estado, incluso más allá de nuestras fronteras, sirva de muestra y ejemplo, el texto escrito por Maurice Caradec, publicado en el Diario La Dépêche de Brest el 20/3/1903: “El acceso no podrá mejorarse de manera definitiva si no es mediante la construcción de un puerto exterior. Desde hacía mucho tiempo se habían elaborado numerosos proyectos. Churruca trazó el plan definitivo, basándose en los trabajos del puerto vecino francés de Saint-Jean-de-Luz. Los trabajos fueron adjudicados a la Sociedad francesa Coiseau, Couvreux et Allard….La ejecución de esta obra gigantesca costó cerca de cuarenta millones de pesetas y catorce años de esfuerzo”.

Las obras, que no finalizaron definitivamente hasta 1904 convirtiendo el Puerto de Bilbao en uno de los más seguros de España, fueron totalmente necesarias como nos cuenta en su Memoria de 1898 en la que explica “cómo la fuerza de arrastre del río, convenientemente encauzado por el nuevo muelle de hierro que arranca justo aguas abajo del Puente de Bizkaia, había limpiado la barra que durante décadas había dificultado la navegación por la ría”, al aumentar sustancialmente el calado de la misma.

Con la construcción de los diques de Santurtzi y Algorta terminados en 1908 consiguió la entrada directa de los buques a la ría que anteriormente era inaccesible con temporal al no existir abrigo alternativo en sus proximidades. Isidoro Delclaux, en su Libro titulado “Pequeña Historia de un desarrollo singular” le califica de “genio vencedor de la furia cantábrica”. Con estas obras, que contribuyeron a la expansión de la industria siderúrgica vizcaína y de los astilleros navales que hasta hace bien poco han jalonado la ría, llegó el reconocimiento público al gran profesional que era, siendo galardonado con la Cruz de Carlos III el 27/12/1880, la Encomienda Ordinaria de Isabel la Católica el 23/1/1887, la Gran Cruz de Isabel la Católica concedida por la Reina Regente en Septiembre de 1887 al colocar el último bloque del nuevo muelle de Portugalete y la Legión de Honor francesa el 14/9/1902, además de otros reconocimientos.

Una prueba más del reconocimiento y gratitud que la sociedad bilbaína le quiso dedicar es la decisión tomada por unanimidad en la Junta de Obras el 28/5/1883, de abonar al Sr. Churruca, en concepto de gratificación, 5.000 pesetas más que el año anterior, siendo por él rechazada a través de una carta en la que decía que “su mayor premio y satisfacción consistían en el aprecio con que consideraba la Junta los trabajos realizados en el estricto cumplimiento de su deber”. Posteriormente en 1889, de nuevo y “con delicada obstinación” rechazó un aumento de sueldo que trató de concederle la Junta, dando más grandeza, si cabe, a su figura. Ascendió por antigüedad y Real Decreto de 18/10/1901 a Inspector General de 1ª Clase, no dejando, por ello, de seguir al frente de las obras.

El 7/9/1902 arribó a Bilbao el Rey Alfonso XIII para colocar el último bloque de las obras del Puerto exterior y pronunciar un discurso de elogio hacia su constructor, por toda una vida dedicada a la mejora de las condiciones de navegación en la Ría de Bilbao. Dicen los que conocieron a D. Evaristo que portaba una patriarcal figura, porte grave pero asequible, un rostro afable iluminado por una mirada penetrante, una sonrisa plácida, una expresión en su rostro que denotaba inteligencia y bondad a la vez, enérgico cuando se requería, de habla tranquila y sosegada, caballeroso, modesto, disciplinado y un trabajador infatigable. Cualidades todas ellas que le convierten en un hombre excepcional.

Concluidas estas magníficas obras y puestos en marcha otros varios de sus proyectos, como el muelle de atraque y de la zona de acceso en el puerto exterior, otra dársena para embarcaciones menores, un tren de limpieza para profundizar en el cauce de la ría, creyó llegada la hora de su jubilación ateniéndose al Real Decreto de 2/8/1905 en el que se describe la edad de jubilación forzosa para los Ingenieros del Cuerpo de Caminos, Canales y Puertos a la edad máxima de 67 años, edad que D. Evaristo cumpliría el 26/10/1908. Estaba en el cenit de su prestigio profesional, con una gran capacidad de trabajo y lucidez mental pero su carácter disciplinado y su pensamiento de que su misión estaba cumplida, le decidió a acatar lo que le marcaban los reglamentos.

Su propósito era que, tras toda una existencia dedicada a su profesión y a su pueblo había llegado el momento del descanso y la familia. La insistencia de la Junta y de varias personalidades de la sociedad bilbaína e incluso del propio Maura, Presidente del Consejo de Ministros, para que reconsiderase su posición, no les sirvió para doblegarle y reiteró encarecidamente que se cumpliese su deseo “porque no quería perjudicar a ningún compañero en el escalafón” y porque consideraba que era su deber.

Al estimar la firmeza de su decisión y hacerse evidente su inminente despedida laboral, la Junta de Obras del Puerto, al frente de la cual había permanecido más de 30 años, tomó la iniciativa de organizarle un homenaje popular a celebrar el mismo día de su 67 cumpleaños, en el que tuviesen cabida no sólo sus compañeros de profesión o personalidades vizcaínas de todo tipo, sino que fuese multitudinario y lo más popular posible con llamadas a la asistencia masiva desde los periódicos locales.

Se convocó, en su honor, una manifestación que se tildó en los Diarios de la época de “grandiosa”. Sería demasiado largo enumerar las adhesiones que tuvo, tanto en persona como a través de cartas y telegramas, inclusive la del propio Rey Alfonso XIII que estaba en Barcelona. En estos actos, el 26/10/1908 se le declaró “Hijo adoptivo de Bilbao” y se comunicó la decisión de poner su nombre al Muelle de los Astilleros. Los agasajos culminaron con el Real Decreto de 12/11/1908 en el que el Rey Alfonso XIII le concede la denominación de “Conde de Motrico para sí, sus hijos y sucesores legítimos”.

Evaristo de Churruca.- Rfa. Auñamendi

Retirado de la vida pública al ámbito privado, falleció nueve años después en su casa de Bilbao el 3/4/1917 a la edad de 76 años, alzándose un sentimiento general de honda expresión de pena que culminó en sus exequias con otra manifestación ingente de duelo. Los funerales se celebraron en la Parroquia de San Vicente Mártir de Abando siendo una memorable demostración de dolor sincero, así como el traslado del cadáver hasta la estación de Atxuri. Desde allí se transportó el féretro hasta el cementerio de Motriku donde reposan sus restos en el panteón familiar. Como apunta la “Revista de Obras Públicas” publicada días después en el artículo que sirvió de exaltación y elogio a la persona de D. Evaristo, “Bilbao no podrá olvidar nunca al que le abrió las puertas de par en par al mundo comercial”.

Doce días después de su fallecimiento, la Junta de Obras acordó erigir un monumento en su honor que, tras diversas vicisitudes se inauguró el 25/10/1939 en el muelle de Las Arenas que lleva su nombre. Es obra del escultor algorteño Miguel García de Salazar, que presentó el proyecto ganador, y aparte de figuras que representan la lucha entre el hombre y el mar, en un lateral hay una inscripción en letras de bronce sobre la piedra que dice: “Evaristo de Churruca y Brunet/Conde de Motrico (1841-1917)/Ingeniero de Caminos, Canales/ y Puertos. Primer Director de la Junta/ de Obras del Puerto de Bilbao. /En la centenaria lucha/ de la Villa de Bilbao con el/ mar, él fue quien logró el ven/cimiento definitivo, anhelo/ secular del Consulado./ Dio con su obra genial/ nuevo cauce a la Ría, segu/ridad a los navegantes y/ categoría universal a este/ puerto. Modelo original de/ clasicismo, ejemplo de austeridad/ y de naturaleza honrada, contempla/ el nombre que su estirpe/ ha cubierto de gloria en/ las luchas por la fe y la/ grandeza de España.

Evaristo Churruca pintado por Inocencio García Asarta.- Colección Particular.

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FCO.JAVIER Y BERNARDO I. GARCIA DE LA TORRE.- Periódico “Bilbao”.- Marzo/2013.- Ría navegable.
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25/1/2014

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