Ya de nuevo el mes de diciembre y con él una vez más llegan las Fiestas de Navidad. Y una vez más casi todos nosotros cometeremos los mismos errores, nos estresaremos pensando en que poner para la cena de Nochebuena, para la comida de Navidad y que decir de la Nochevieja que si uvas para las campanadas con pepitas o sin ellas, que si será poco o será mucho, que mejor hacerlo en un restaurante fuera de casa, o mejor todavía porque no alquilamos una casa rural y nos escapamos todos allí. Y de esa triste manera nuestra mente se estará yendo a cualquier otro sitio menos a lo que es la esencia de la Navidad.
Y nos complicaremos mucho, ¡muchísimo! Qué necesidad decía mi querida Tía Mercedes, y eso digo yo que necesidad de complicarnos.
Con lo fácil que sería poner cada uno un poco, colaborar todos con algo sencillo y a eso ponerle mucho amor y muchas sonrisas.
Volveremos a equivocarnos si pensamos más en los manjares y en el festín que en los comensales, que serán o deberían de ser nuestros seres más queridos. En esos hijos que trabajan fuera y vuelven a casa por estas fechas solicitando el abrazo maternal, en ese hermano o hermana ausente que demanda cariño y viene a estar unos días a nuestra casa con la ilusión de ser bien recibido, y también en aquellos que se fueron para siempre y recordamos con todo el amor, y que mientras los recordemos estarán siempre con nosotros, para ello son estas fiestas, para dar y recibir amor.
Hemos tenido un año lleno de tragedias en el que los diferentes medios de comunicación nos lo han hecho saber bombardeándonos con todo tipo de calamidades, guerras, genocidios y destrucción por doquier, y creo que hora es de recapacitar y pensar con José Mª R. Olaizola de que
Hay que enfadarse y gritar
Contra el que profana vidas,
el vendedor de apariencias,
contra el mercader de credos
y el usurero de penas.
Hay que devolver un «no»
a quien comercia con guerras,
y oponer la fe desnuda
a las armas, a las fieras
que a zarpazos amenazan
esta humanidad hambrienta
de sentido, de palabra,
de esperanza, de inocencia.
Hay que tirar por el suelo
las mesas de los cambistas
que regatean con leyes
y manipulan conciencias.
Plantarle cara a lo indigno,
aunque resistir convierta
en incómodo a quien lucha,
en peligroso al que alega
que no es amar un negocio,
ni el egoísmo bandera.
Hay que despejar el templo
de cerrojos y cadenas,
de credos atornillados,
y corazones de piedra.
Hay que silenciar el ruido,
y dar voz a los profetas.”
Una vez más el Niño Dios, Jesús el Salvador, que quiso nacer humildemente en un pesebre de Belén para darnos ejemplo de sencillez. Viene a recordarnos que hay que vivir en paz, que todos somos hermanos, que el norte y el sur solo existen en los mapas, y a mostrarnos el camino y darnos las enseñanzas de cómo hacerlo “amaos los unos a los otros como yo os he amado”, nos dijo.
Hora es que estas Fiestas de Navidad nos sirvan a todos para traernos a los labios una sonrisa llena de amor, de ilusión y de paz.
Con todo el cariño, os deseo que paséis unas muy Felices Fiestas de Navidad.
Juan Carlos Ruiz de Villa 01.12.2025
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