Unas vacaciones con mal tiempo


Huracán Wilma: según comentaron el más fuerte registrado en la historia de México, más que el Katrina que asoló el sur de EE.UU. unos meses antes.

  • Se dice que lo que libra a la península del Yucatán de grandes daños por huracanes es la ausencia de ríos que hace que el agua se “desparrame” por las suaves laderas sin arrasar nada. Todo lo contrario a la zona caribeña de EE.UU. en la que los desbordamientos del Mississippi destrozan todo lo que pillan.

DEFINICIONES Según la R.A.E.:

  • Huracán: Viento muy impetuoso y temible que, a modo de torbellino, gira en grandes círculos, cuyo diámetro crece a medida que avanza apartándose de las zonas de calma tropicales, donde suele tener origen.
  • Vacación: Descanso temporal de una actividad habitual, principalmente del trabajo remunerado o de los estudios.

INTRODUCCIÓN

Tras haber escrito acerca de mis experiencias en Lanzarote quiero compartir con vosotros el recuerdo de lo que debieron ser unas maravillosas vacaciones en Centroeuropa y se convirtieron en un desastre caribeño.

HURACÁN Y VACACIONES

Mediados de octubre de 2005. Bego, mi cónyuge, y yo nos íbamos de vacaciones. Habíamos decidido ir a Praga pero por diversos problemas de la Agencia hubo que cambiar de planes y aceptamos una oferta de última hora a la Riviera Maya.

En esos días, aunque la temporada de Huracanes prácticamente estaba terminada, había una tormenta tropical a la altura de Honduras pero el empeño de la comercial de la Agencia de Viajes, conversaciones mantenidas a través de ella con el mayorista y las ganas de conocer ese destino nos animaron a contratar el viaje. Gran error.

Formamos parte del último avión que entró en Cancún. El aeropuerto registraba un movimiento brutal de salida. Los americanos, canadienses, ingleses, alemanes, etc., estaban sacando a sus ciudadanos de la zona mientras a nosotros nos metían.

RECORRIDO POR LA ZONA

Recuerdo nuestro primer y único día parcialmente “libre”: el local del desayuno prácticamente vacío, el camarero diciéndonos que no entendía que hacíamos allí, los operarios preparando el complejo para lo que venía, retirando farolas, hamacas… y sellando ventanas, chiringuitos, etc.

Como curiosidad deciros que en estos casos las hamacas se depositan en el fondo de las piscinas para que no se las lleve el viento como puede verse en la fotografía.

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Hasta media mañana pudimos disfrutar de baños, piñas coladas, etc. (luego lo prohibieron). Incluso  nos vino el agente de las Excursiones, un nativo que nos aseguró que íbamos a sufrir unas horas de lluvia intensa con viento y enseguida volvería todo a la normalidad.

A primera hora de la tarde nos acercamos a Playa del Carmen y vimos como tapiaban las cristaleras, puertas, etc. de las casas, comercios y bares. Un desastre.

Al volver al hotel, a media tarde, nos dieron instrucciones: guardar las maletas en un sitio determinado en la habitación, coger una sábana y una almohada por persona así como el pasaporte y medicamentos y productos de higiene femenina, cenar e ir a la puerta de un bunker a esperar instrucciones.

Ni que decir tiene que habíamos llamado a la Agencia de Viajes para que intentaran sacarnos de allí. No hubo nada que hacer.

CURIOSIDAD: UNA BODA.

En el complejo en el que estábamos estaba prevista la celebración de una boda. A pesar del anuncio los novios y unos pocos invitados persistieron y terminaron compartiendo la experiencia con nosotros.

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EL BUNKER

Enorme. Con capacidad para más de 1.000 personas. Entramos unos 750 contando los alojados en el hotel y en todos los de alrededor así como las familias de los directivos de los mismos. Tenía al fondo en una esquina una zona médica con mamparas, en otra una guardería y entre las dos los servicios de auxilio, el acceso a los w.c. y las cocinas. Además un gran almacén de agua y alimentos y unos generadores muy potentes.

No tenía columnas (dicen que su unión con el techo debilita en estos casos la estructura). Nos distribuyeron de atrás a delante en agrupaciones de filas de 10 personas de ancho sobre suelo mullido. Teníamos el espacio justo. Tumbado mis pies llegaban a la altura de los hombros de mi esposa (los ponía sobre su almohada) y el mismo espacio que ocupábamos era la zona para hacer nuestra vida y para comer.

Entre las filas había pasillos para pasar los servicios de alimentación y recogida de restos y para poder ir al wáter.

También teníamos una pantalla gigante donde al principio pusieron TVE internacional y, cuando se perdió la señal, películas y conciertos.

La comida se empezaba a repartir por un lado y se acababa por el contrario. Llevaba la distribución más de una hora. Luego venía la recogida de residuos por el mismo sistema y eso nos tenía entretenidos.

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NOS PREVIENEN

Una vez cerradas a cal y canto las puertas de acceso, el Director del Hotel, que trajo a su familia al bunker, nos explicó una serie de puntos:

  • El huracán iba a ser terriblemente virulento.
  • El bunker era seguro. Además teníamos combustible y comida para un mes.
  • Las televisiones exageran siempre y crean alarma entre los familiares (TVE puso como conexión en directo una situación de un huracán anterior ya que Wilma no había llegado todavía).
  • La energía eléctrica y la telefonía iban a sufrir importantes daños y no podríamos comunicarnos en días con la familia. Nos recomendó llamar para tranquilizarlos y explicar claramente lo que sabía.
  • Nos detalló el funcionamiento dentro del bunker.

En el hotel quedábamos todos los clientes de nuestra mayorista y los que habían decidido no regresar de otras compañías. Fuera del bunker permanecieron estudiosos de los huracanes, cámaras especializados y unos pocos que deseaban pasar la experiencia en directo.

Debo destacar que las únicas noticias del exterior llegaron cuando iba bajando la intensidad del huracán a través de gente de la mayorista Thomas Cook.

LA ESTANCIA EN EL BUNKER

Fueron casi 80 horas encerrados. Aburridos, preocupados por nuestras familias, sin noticias del mundo exterior, oyendo ruidos cuando caían techos, árboles, el sonido del aire, la virulencia de la lluvia, etc. El bunker era una maravilla pero llegaban los ruidos especialmente en el wáter.

Cuando Wilma por fín se debilitó (tocó tierra, ya no chupaba más agua para alimentarse), abrieron las puertas y nos dejaron salir por grupos a los alrededores de las puertas del bunker.

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A las habitaciones de momento no podríamos ir. Tras respirar aire puro y ventilar algo la sala volvimos a su interior a pasar otras 24 horas más. Comprobamos entonces que la solidaridad deja un olor intenso a humanidad.

En la siguiente foto vemos el hall de acceso a la habitación que teníamos asignada inicialmente. Está sacada cuando fuimos a recuperar las maletas acompañados por empleados del hotel.

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Luego nos adjudicaron otra habitación en el edificio que mejor había quedado. Nos dieron unas jalapas para achicar el agua de la habitación que asignada que compartimos con una pareja que estaba de viaje de novios. Iluminados por velas ya que no había corriente eléctrica.

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Al día siguiente, tras hablar con la familia (por fín había teléfono), nos dieron de desayunar y nos metieron en autobuses que nos llevaron a unos 300 km. a un aeropuerto regional totalmente abarrotado y con su infraestructura claramente superada, donde se había acabado la comida, el agua embotellada, etc., antes de llegar nosotros.

Quedamos abandonados a nuestra suerte por unas 15 horas hasta que por megafonía nos avisaron que los pasajeros con destino Madrid íbamos a embarcar. Hicimos una cola para dejar las maletas y otra para entrar en el avión hasta que se llenó. Fuimos de los últimos en entrar en el primero si bien mi mujer y yo viajamos separados.

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Nos dijeron en pleno vuelo que en el aeropuerto de Barajas había una ventanilla para reclamaciones. Así fue: una sola persona para todo el Jumbo al menos al principio que daba un vale para una habitación en el cercano hotel Auditorium a los queríamos ir a descansar y un impreso de reclamación a entregar en la Agencia de Viajes que ésta luego nos lo rechazó por no haber sido entregado en la oficina de la Compañía en el Aeropuerto.

POR SI FUERA POCO.

Ni la Agencia de Viajes ni el mayorista aceptaron reclamaciones. Se formaron movimientos en internet en su contra que no sirvieron de gran cosa: los huracanes se catalogaban como imprevisto metereológico y no daba derecho a nada.

Las excursiones no celebradas dependían de una subcontrata mexicana y fue muy laborioso que nos devolvieran el importe por no celebradas.

AGRADECIMIENTOS

Sin duda los trabajadores y la dirección del complejo hotelero, sumamente profesionales. Nada nos faltó.

CONCLUSIONES

Aprendí que, en muchos casos, una Agencia de Viajes va a lo suyo, a colocar su producto. Funciona bien si el viaje no tiene incidencias y no sirve para nada si hay problemas. Y que su tamaño no importa. Es más, si es muy grande puede, como en este caso, que les importe más quedar bien con el mayorista que con el particular.

Desde entonces contrato por internet los destinos sencillos y dejo los combinados más complejos en sus manos. Pero en este caso siempre les digo lo que quiero hacer tras bucear en internet: mayorista, rutas, hoteles, etc.

Tengo que decir, sin embargo, que encontré un cambio radical cuando empecé a contar con Viajes Cajasur. Ahora he empezado a hablar con su nueva matriz, Viajes Azul Marino y espero que sea de parecida calidad.

POR CIERTO, CADA VEZ ME GUSTA MÁS VIAJAR

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