¡CÓMO ME GUSTA PERDERME (Hasta en el Pagasarri)! 1


Hay una frase que suelo repetir con cierta frecuencia: “entré en (lo que todavía no era) esta empresa con 14 años y salí con casi 61. Bueno, vale: con ciertas “escapadas” azarosas, pero si en ese plazo de tiempo, no trabas afectos, incluso con la empresa y, sobre todo con los compañeros… es que eres un incapaz”.

Así que estoy encantado de seguir compartiendo pedazos de tiempo, es decir de vida, con todos aquellos a quienes ahora no tengo la obligación de ver a diario, bien sea con una café, una comida… o una excusión al Pagasarri de por medio. Me encantó aquella primera excursión por Bolintxu, sin duda el paraje más bello e interesante de cuantos rodean a nuestro monte.

Cuando uno sale del camino más habitual, que suele ser el más directo, la primera consecuencia inevitable es que tarda más. La segunda, que descubrirá lugares que puede que le sorprendan. La tercera es… que puede que se pierda.
Cuando uno sale de lo más habitual, de lo más trillado, de “lo de siempre”, empieza un camino de aventura y, quién sabe, puede que le pasen cosas. Eso fue lo que les pasó a una cuadrilla de AVIFES a la que, el año anterior a “nuestro primer” Pagasarri conduje también por Bolintxu… a la perdición: terminamos metidos en la cantera de Rezola, en Arrigorriaga y cuando llegamos a la cumbre llevábamos más de cuatro horas de caminata. Es lo que tiene ir al monte con alguien a quien no le importa perderse.

Suena bien lo de AVIFES, ¿No? Suena a asociación. Lo es: Asociación Vizcaína de Personas y Familiares con Enfermedad Mental. Aborrezco la corrección política, así que os lo digo con más claridad: Me perdí en el Pagasarri con una banda de putos locos y sus monitores (que eran casi todas monitoras)… con los que terminé (acompañado de Sebastián Álvaro, de Juanito y de otros presuntamente ilustres -que no cuerdos-) subiendo al Naranjo por la cara sur.
Esa es otra historia, pero sí quiero deciros que, gracias a que me perdí con aquella cuadrilla (su diagnóstico no es locura, es esquizofrenia)… no me perdí con vosotros. Os cuento esta historia porque es una de las experiencias más bonitas que he vivido en los últimos años y, si la queréis conocer no tenéis más entrar en la página de AVIFES. Se llama “¿Y si te dijeran que puedes?”.

Perdonad la “chapa”. Ya sé que me voy un poco por los cerros de Úbeda, pero no puedo evitar contaros todas las cosas (bueno, al menos las que creo más importantes) que me vienen a la cabeza cuando pienso en esta ancestral tradición nuestra (dos años ya) de subir al Pagasarri por sitios “raros”. A pesar de las cuatro horas largas, nadie de los AVIFES necesitó ayuda externa. Nosotros, en la pasada excursión por Bolintxu sí. Y nos la brindó el guarda que, como dije en su momento, podía haberse llamado Ángel pero no: se llamaba Rafa, y murió repentinamente unos meses después. De modo hoy, el Pagasarri sigue huérfano de su último guarda, una de las mejores personas que he conocido. No quería escribir estas líneas sin recordarle.

Dicho ésto, en esta seguda ocasión, como sabéis, quedamos a las 9 de la mañana en la salida del metro de Indautxu. Esta vez, el camino hacia el Paga no tenía pérdida. Directo como pocos, permite llegar a su campa cimera en un tiempo parecido al trayecto que más utilizamos todos… pero creo sinceramente que el Peñascal nos muestra cosas más interesantes: la primera de ellas (quizá no es así, pero soy un optimista incorregible y así lo veo) es la capacidad que tiene la naturaleza de regenerarse; de cómo un lugar sometido durante largos años a una intensiva explotación minera a cielo abierto, puede seguir siendo bello relativamente poco tiempo después de que se le dejara en paz. Repito una frase ya dicha hace unas pocas líneas: “esta vez, el camino hacia el Paga no tenía pérdida”.

Pero ahí estaba yo, para hacer posible lo imposible. Y eso que estaba difícil, porque venía José Eugenio, que se lo conoce todo tanto que con él resulta (casi) imposible perderse y, al llegar a la entrada al último bancal, me indicó correctamente el camino lógico, directo hacia el collado del Gangoiti (donde se encuentra “la casa del guarda”). Pero no me resigné: José Eugenio me permitió seguir adelante con mi idea y, después de realizar el ejercicio sanamente democrático en estos casos de no dejar otra opción, descartamos la más lógica y recorrimos en su totalidad el último bancal de la cantera hacia las inmediaciones de las barreras de San Roque… hasta que tuvimos que desistir entre la abundante maleza, hierba y estribaciones de roca mojada que se interponía entre nosotros y “ese bosquecillo de cipreses que yo quería enseñaros”.

Total, que no nos quedó otro remedio que desandar el bancal, alcanzar de nuevo el camino indicado por José Eugenio y, siguiendo una pista horizontal francamente bonita, llegar hasta “la casa del guarda” para tomar finalmente la última parte del camino más habitual hasta el refugio de la cima del Pagasarri. Después -supongo que todos lo notamos- el chorizo, la tortilla, el vino, la coca-cola… nos supieron infinitamente más ricos que si hubiéramos apostado desde el principio por no perdernos.

II Subida al Pagasarri (29-5-2019)
Juanjo San Sebastian
 


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Una idea sobre “¡CÓMO ME GUSTA PERDERME (Hasta en el Pagasarri)!

  • Araceli Tamayo

    Como siempre (no esperaba menos de tí) , pero tu relato fantástico, con tus chascarrillos a cuenta de buscar nuevos trayectos. No nos perdimos , simplemente localizamos unos rincones que no teníamos ni idea que existen en nuestro querido entorno del «Paga».

    Así que espero que otro año nos prepares otra nueva «aventura».