las vacas no tienen cuernos

Corría el verano de 1960 y mi familia pasaba unos días de vacaciones en un pueblo en el campo.  La mayoría de sus gentes se dedicaba a la cría de ganado vacuno, principalmente  vacas de leche. Cerca de nuestra casa había una de esas explotaciones familiares de ganadería entre diez y catorce vacas en la mayoría de los casos.

Yo un niño de diez años un poco trasto y sin miedos aparentes, me gustaba acercarme y ver como las daban de comer, ordeñaban………… Uno de esos días  fuera de la cuadra en el corral había varias personas, todas adultas, de repente una de ellas me dijo ¿A que no te atreves a tocarle el cuerno derecho a aquella vaca del fondo? Retos a mí, conteste rápido, ¡a que sí!  Pero inmediatamente me entro un poco de entre miedo y respeto, todos me miraban.   Así que fui poco a poco a través del pesebre acercándome a aquella peligrosa vaca, notando que todos me observaban y sonreían.  Iba muy en tensión hacia ella, que tendría aquel animal que la hacía tan especial y parece ser que nadie se atrevía a tocarle su cuerno derecho. Al llegar ya cerca de ella  alargue el brazo, estire la mano ¡y le toque el cuerno derecho! Una vez, dos y hasta tres,  luego por si acaso me fui rápido de su lado.  Al salir fuera les dije veis ya lo he hecho, le he tocado el cuerno derecho y hasta tres veces.  Pero note que todos se sonreían,  hasta que uno de aquellos hombres alto y grande como un armario,  en tono socarrón dijo,  no le has podido tocar el cuerno derecho  ¡porque las vacas los tienen todos torcidos!

Entonces las sonrisas se tornaron  en risas,  me quede plano  y  vi que todo el acopio que hice de valentía para jugarme la vida ante aquel peligroso animal, solo había sido para gastarme una broma. 

Hoy día ya con unos años y  abuelo, aitite de unos maravillosos nietos, pienso que no se debe de jugar de esa forma con la inocencia de un niño.

Caminando entre prados  de hierba en uno de esos días maravillosos de luz  y verde elegante que invitan  a tumbarte y disfrutar de la paz del campo y cielo.   Caminaba  relajadamente, cuando vi a varios hombres y una mujer, intentado inmovilizar a una vaquita de dos meses más o menos.  Me acerque a ver lo que hacían y pregunte ¿Por qué la inmovilizáis? Contestaron, vamos a quitarle los cuernos y como todavía es pequeña se hace más fácil  y sufre menos.  Yo no soy hombre de campo y no puedo  opinar sobre cosas que desconozco,  pero intuía que aquello iba a ser duro.   Me arme de valor y me quede a ver, tenía la sensación que lo iba a pasar mal, pero también que la vaquita lo pasaría peor.  Empezó el fuerte y sangrante espectáculo, mientras unos hombres inmovilizaban a la vaquita,  otro con un soplete calentaba un aparato como los de quitar los tronchos a las manzanas pero de  diámetro más ancho.  Cuando  lo tuvo al rojo vivo, se lo paso a otro de los hombres que parecía el  veterinario y este se lo metió a la vaquita alrededor del cuerno y haciendo palanca con la cabeza le saco primero un cuerno y luego el otro,  con el  mismo aparato al rojo le quemo todo alrededor para cauterizar las heridas y que no se le infectaran.  Al soltar a la vaquita esta salió saltando y dando coces  para todos lados, ¡no era para menos!  Aguante viendo todo el proceso hasta el final, me pareció una brutalidad, me quede un poco triste y aturdido, me quede mal.

 No soy un hombre de campo ni se mucho de animales, nunca he trabajado con ellos. Pero sí sé que un niño de hoy en día no podría tocarle el cuerno derecho a una vaca y tampoco el izquierdo, ni el torcido, porque las vacas de ahora no tienen cuernos.

Con el cariño de siempre

Juan Carlos Ruiz de Villa   07.03.2025

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