LAS PAREJAS DE HECHO. SUS ORIGENES Y LA SITUACION ACTUAL


Documento obtenido de la revista “Leioa Udal Aldizkaria” y autorización del Notario de Leioa, D.Rodolfo J. Soto Fernández.

Lo que actualmente conocemos como pareja de hecho tiene su origen en lo que inicialmente se denominó unión de hecho, que fue el concepto jurídico creado para definir la situación en la que se encontraban dos personas que vivían juntas y mantenían una relación afectiva de carácter estable similar a la de las personas casadas pero sin estarlo. Esta situación podía tener dos causas: o bien no querían casarse, o bien no podían, como era el caso de los que ya estaban casados con terceras personas de las que no se habían divorciado o el de las parejas del mismo sexo a las que no les estaban permitido contraer matrimonio.

El reconocimiento jurídico de las uniones de hecho no llegó hasta finales de los años ochenta o principios de los noventa, por una doble vía. Por una parte, a través de algunas sentencias de los tribunales de justicia que empezaron a considerar como bienes comunes de ambos convivientes aquellos que había adquirido exclusivamente uno de ellos durante la época de la convivencia, siempre que hubiera quedado acreditada la intención de vivir como personas casadas y formar un patrimonio común; es decir esas sentencias venían a establecer que existía una especie de sociedad de gananciales, que provocaba que, en caso de ruptura de la pareja, el que no tenía nada a su nombre pudiera reclamar la mitad de lo que estaba a nombre del otro. La otra vía de reconocimiento fue mediante algunas reformas legales, como la de la adopción, que permitió adoptar a las personas no casadas que estuvieran unidas por un vínculo afectivo similar al conyugal. Sin embargo estas reformas no establecieron una regulación de la pareja de hecho como tal, sino que se limitaron a reconocer a sus integrantes algunos derechos en situaciones muy concretas.

Pero llegó un momento en que se hizo necesario establecer una regulación específica para las parejas de hecho pues la sociedad así lo demandaba. Esa regulación implica asimilar las parejas de hecho al matrimonio tanto a efectos de que pudieran contar con un régimen económico propio (gananciales, separación de bienes), como de que los integrantes de la pareja tuvieran derechos hereditarios entre sí.

Y para conseguirlo había que reformar el Código Civil y las leyes de aquellas Comunidades Autónomas que tienen derecho civil foral propio, como es el caso de Euskadi.

A día de hoy, el Código Civil todavía no ha sido reformado y sigue sin regular las parejas de hecho, lo cual es paradójico pues, en cambio, sí ha sido reformado para permitir la celebración del matrimonio por personas del mismo sexo. Por tanto, las únicas normas legales que existen al respecto provienen de aquellas Comunidades Autónomas que han dictado una ley sobre esta materia, que son la mayoría. La cuestión es que no todas ellas tienen derecho civil propio, por lo que las que carecen de él, no tienen competencia para establecer la plena equiparación civil con el matrimonio, y lo único que han podido hacer es conferirles una igualdad a efectos administrativos, en cuestiones tales como el pago de tributos, el acceso a la función pública autonómica o la percepción de subvenciones.

Por lo que se refiere a Euskadi, las parejas de hecho se regularon por Ley de 7 de Mayo de 2003, que fue dictada cuando el derecho civil foral no se aplicaba en todo el territorio vasco, lo cual hacía que no todas las parejas de hecho formadas por vascos tuvieran derechos hereditarios entre sí. Sin embargo, al entrar en vigor la Ley de Derecho Civil Vasco de 25 de Junio de 2015 se ha terminado con esta situación, pues ha extendido la normativa civil propia a todo Euskadi, por lo que, en la actualidad, todas las parejas de hecho vascas están equiparadas civilmente al matrimonio.

A modo de resumen, puede decirse que hoy en día las personas que quieran compartir su vida de forma estable mediante una relación afectiva análoga a la conyugal y con independencia cuál sea su orientación sexual, tienen a su disposición varias posibilidades. Así en primer lugar, pueden convivir juntas sin establecer ningún vínculo legal entre ellas; es decir, como una pareja de hecho propiamente dicha. Otra opción es formar una pareja de hecho de las reguladas legamente, para lo cual deben inscribirse obligatoriamente en el Registro creado al efecto, pues es la única forma de diferenciarse de las parejas de hecho sin vínculo legal. Y, por último, pueden contraer matrimonio, ya sea en forma religiosa o civil.

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