LA CRUZ NEGRA DE VERUELA

Por Pedro Escalante.

Es necesario hablar de arquitectura, si queremos disfrutar Veruela. Otra cosa es que se me escapen alusiones románticas, como se me ha colado el título: “La cruz negra de Veruela”, que no está en el propio recinto monástico sino en su parte exterior.

Monasterio de Santa María de Veruela, Vera del Moncayo- Foto: Sara Gimeno
Monasterio de Santa María de Veruela, Vera del Moncayo- Foto: Sara Gimeno

         Si hacemos la excursión (CAMINO SORIA// LA RUTA DE LOS POETAS) antes de que Veruela se trasforme en parador nacional, podremos apreciar construcciones centenarias que respetaron los gustos y modas de cada siglo, al ser incorporadas a la dependencia principal, la iglesia, de acuerdo a los estilos que dominaban el siglo en que fueron levantadas.

         Es cierto que Veruela siempre conservará el espíritu de Gustavo Adolfo que evitaba un Madrid cada día más ruidoso y se aislaba en Veruela, separado de la capital no solamente por una considerable distancia geográfica sino por un abismo temporal. Bécquer primero viajaba en tren, el medio de trasporte más espectacular y moderno de la época, para bajarse en Tudela. Luego trasbordaba a la diligencia, que hacía el trayecto desde Tudela a Tarazona, y finalmente a lomos de mula de carboneros desde Tarazona hasta el monasterio abandonado por los cistercienses en Veruela. Cada medio de trasporte le alejaba en la distancia y en el tiempo de un Madrid que nacía a lo moderno, al ruido sin sentido, a la ciudad bulliciosa…

         Solía Gustavo, ya aposentado, esperar, la tarde cayendo, en la pequeña escalera que realza la cruz negra de Veruela, la llegada a caballo del portador de los periódicos de Madrid. Recogido el paquete, ya de noche, atravesaba la iglesia en ruinas y se iba a su “celda” por el claustro gótico de Veruela para ponerse al día a la luz de las velas sobre lo que sucedía en la Villa y Corte.

         Pero hablemos de arquitectura, que es lo que pretendemos. El cenobio está realizado en diversos estilos artísticos, el que correspondía a cada época en que fue construida cada dependencia: el románico en la portada de la iglesia abacial, el gótico en el interior del templo y del claustro medieval, el renacentista en las reformas realizadas y el barroco de la portada de la  sacristía y del monasterio nuevo.

Gustavo Adolfo describió el estado de iglesia en sus cartas  Desde mi celda (carta IX: “La virgen de Veruela”, 1864):

«Figúrese usted una iglesia tan grande y tan imponente como la más imponente y más grande de nuestras catedrales. En un rincón, sobre un magnífico pedestal labrado de figuras caprichosas, y formando el más extraño contraste, una pequeña jofaina de loza, de la más basta de Valencia, hace las veces de pila para el agua bendita; de las robustas bóvedas cuelgan aún las cadenas de metal que sostuvieron las lámparas, que ya han desaparecido; en los pilares se ven las estacas y las anillas de hierro de que pendían las colgaduras de terciopelo franjado de oro, de las que sólo queda la memoria; entre dos arcos existe todavía el hueco que ocupaba el órgano; no hay vidrios en las ojivas que dan paso a la luz; no hay altares en las capillas; el coro está hecho pedazos; el aire, que penetra sin dificultad por todas partes, gime por los ángulos del templo, y los pasos resuenan de un modo tan particular, que parece que se anda por el interior de una inmensa tumba. Tal es el efecto que produce la iglesia del monasterio cuando por primera vez se traspasan sus umbrales.»

Piedra de Mesura de Veruela
Piedra de Mesura de Veruela

Realmente Santa María de Veruela se construyó desde el siglo XII al XIV: todo un tránsito del románico al gótico en el austero arte cisterciense de los monjes de San Bernardo de Claraval. Para los que disfrutan con la arquitectura hay que resaltar que el o los monjes arquitectos dejaron grabada en piedra la tabla de cálculo, utilizada  para hacer las mediciones y establecer las proporciones del monasterio. En efecto, la “Piedra de Mesura” se encuentra en el antepecho de la sala capitular, toda una pista para los arquitectos.

Como a mí  me tiran las leyendas no puedo dejar de citar una de las que figuran labradas en los capiteles. A veces traducimos por comodidad  el nombre del monte Moncayo como el “Mons Caius”, cuando realmente quiere decir “Monte de Caco” en alusión a un mito griego en que el malvado Caco roba las vacas a Hércules. Pues la zona de los acontecimientos es el somontano del Moncayo y el monasterio de los monjes blancos, auténtica explotación agrícola de la época, en la que el producto de la colonización iba en construir iglesias impresionantes, recoge en la piedra de sus capiteles esta historia popular.

Veruela fue abandonada por los frailes cistercienses en 1835 a consecuencia de la desamortización de Mendizabal; desde 1877 a 1975 fue una dependencia de los jesuitas y hoy pertenece a la Diputación Provincial de Zaragoza.

    De la Cruz Negra de Veruela mejor hablamos en la excursión.

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