HARRIET TUBMAN “Maquinista”


Introducción

Harriet Tubman, ¿1820? – 1913 fue una gran luchadora por la libertad de los compañeros de raza y, en consecuencia, por la abolición de la esclavitud en EE.UU, convirtiéndose en un auténtico icono de los movimientos por la igualdad ese país.

Su reconocimiento ha llegado al nivel de ser la protagonista de los billetes de 20 dólares. Su imagen sustituyó a la del presidente esclavista Andrew Jackson.

Puede considerarse un reconocimiento a su imagen que el Presidente Trump haya dicho acerca de esta situación que Jackson debería recuperar su lugar en el citado billete de 20 dólares y pasar a Tubman al de dos dólares.

Biografía.

Realmente se tienen pocos escritos sobre su vida en su época de esclavitud debido, fundamentalmente, a que era analfabeta y no pudo escribir sus vivencias y que los registros sobre esclavos solo hacían referencia habitualmente a su propiedad.

Nació en una fecha indeterminada de 1820 o 1821 en una plantación en Maryland. Sus padres, esclavos como ella, tuvieron 11 hijos.

A los cinco años empezó a trabajar en el servicio doméstico, recibiendo como era norma, frecuentes palizas por los errores que podía cometer. Por ejemplo, si los niños de la casa lloraban o se portaban mal, los amos le pegaban a ella.

Dos años más tarde, a los 7 años de edad, se fugó por primera vez permaneciendo escondida unos días en un establo comiendo los alimentos que les facilitaban a los animales.

Una vez capturada fue duramente castigada lo que reafirmó su voluntad de alcanzar algún día su libertad.

Con 10 años la trasladaron a un campo de algodón donde el trabajo era mucho más duro y parecía que no terminaba nunca. Allí escuchó todo tipo de leyendas, la mayoría sueños irrealizables, acerca de las vías de obtener la libertad primando sobre las demás el llamado “ferrocarril clandestino” o “suburbano” que les debía conducir a Canadá donde se les facilitaba documentación como hombres y mujeres libres que les permitía volver a los estados del norte de EE.UU. como ciudadanos con todos los derechos.

En 1844 le obligaron a casarse con otro esclavo con el que tuvo varios hijos. Pero no admitía seguir así y en 1849 se dio definitivamente a la fuga, operación llena de peligros como es sabido.

En su huida siguió siempre que le fue posible los caminos del ferrocarril hacia el soñado norte. Dejó atrás a su marido (que tuvo miedo y no quiso acompañarla) y a sus hijos.

Logró llegar a Filadelfia donde encontró un trabajo. Pero no pudo olvidar su pasado ni a su pueblo y contactó con los movimientos abolicionistas que estaban formados tanto por negros que habían logrado la libertad como por blancos que les apoyaban destacando entre estos los “cuáqueros” movimiento denostado por el primer presidente de EE.UU., George Washinton, también defensor de la esclavitud.

Pasó a colaborar en el sueño “ferroviario”. El tren no era tal. Se trataba de conducir a esclavos desde las plantaciones del sur hasta el norte utilizando símiles ferroviarios y, cuando era posible, las vías de tren. Así, Harriet se convirtió pronto en la “maquinista” que guiaba a los que buscaban la libertad, los esclavos, que iban uno detrás de otro, agarrados por la cintura como si fueran vagones.

Utilizaban, además, indicadores de peligro siguiendo las normas de iluminación de los ferroviarios y a los puntos de acogida les denominaban estaciones.

Se sabe que Harriet fue la más famosa “maquinista”. Hizo, al menos, 13 viajes de liberación y se cree que ayudó al menos directamente a 70 personas aunque las cifras llegan a 300 o, incluso, alcanzan los 1.000.

Cada vez que terminaba un viaje emprendía uno nuevo. Siempre triunfó. Nunca les capturaron. Ni a uno solo.

La canción que ilustra el reportaje, auténtico himno para los esclavos, se cantó en su funeral.

Marzo 2018.

Jorge Ibor.

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