Flores de Verano de Tamiki Hara

UN LIBRO. 
Flores de Verano de Tamiki Hara.

UN LEMA. 
“No se puede tolerar la existencia de armas nucleares en el mundo. No se puede tolerar el militarismo y la agresión” (Fernando Cordobés).

UN TEXTO. 

“La humanidad me parece como un cristal hecho añicos. El mundo está loco. 
¡Humanidad! ¡Humanidad! ¡Humanidad! No puedo entenderla. No logro conectar con ella. Tiemblo.
¡Humanidad! ¡Humanidad! ¡Humanidad! Quiero comprender. Quiero conectar. Quiero vivir”.
(Tamiki Hara.  Chinkonka).

EL AUTOR Y EL LIBRO

Cuando me topé con una primera referencia al libro de Tamiki Hara (1) le pregunté a mi buena amiga Hiroko si merecía la pena su lectura. Su contestación fue clara:

“El libro Flores de Verano no lo he leído.  Es interesante pero el tema de la bomba atómica es deprimente. 
Pero tienes que saber lo que ocurrió en Hiroshima”

Tamiki Hara (15.11.1905 – 13.03.1951) fue un escritor japonés sobreviviente a la bomba atómica de Hiroshima.

Perteneciente a una familia de nivel medio alto pudo enfocar sus estudios universitarios hacia la Literatura. Especializado en poesía llegó a ser autor profesional.

Estuvo muy enamorado de su esposa (“si llegase a perderla sólo viviría un año más para poder dejar escrita una colección de poemas tristes y hermosos”)

Sadae (así se llamaba) enfermó de tuberculosis en 1939 y falleció víctima de esa enfermedad en 1944. Un poco antes del primer aniversario de su muerte,  EE.UU. lanzó la primera bomba atómica de la historia sobre la ciudad de Hiroshima (06.08.1945) y en pocos meses Tamiki escribió una trilogía sobre el suceso de la que destaco el libro que sirve de título a este artículo: “Flores de Verano”.

El autor, de una manera sencilla, realista, humana, describe en él los últimos meses anteriores, el día del suceso y los siguientes días.

El autor se suicidó arrojándose a las vías del tren. Pocos días antes había escrito:

“En el cruce por el que paso habitualmente, a menudo debo esperar junto a él cuando bajan la barrera… Después el convoy pasa a gran velocidad. Por alguna razón, esa velocidad me libera de todas mis preocupaciones. Puede que sienta celos por esa gente capaz de hacerse cargo de su vida sin mayor dilación”.

El libro, corto (unas 120 páginas), es muy fácil de leer, te sumerge en el argumento y te conmueve hasta límites insospechados. 

Lo considero magnífico.

MIS ANTECEDENTES EN EL TEMA.

He leído mucho sobre Japón. He aprendido lo dura que ha sido la vida para el pueblo nipón, casi podríamos decir esclavizado por una sociedad feudal que llegó a ser dominada por los sogunes, por los samuráis y, siempre, por las religiones.

La obligada Revolución Meiji (1868) llevó a una apertura y una supuesta democratización del país que quedó pronto sepultada por el militarismo, el nacionalismo extremo y un supremacismo total que vendía que su forma de vivir era la mejor del mundo y había que imponerla al resto de la humanidad.

En noviembre de 2023 visité nuevamente Japón y fui, esta vez sí, a Hiroshima.

Fue doloroso contemplar el Genbaku Domo, único edificio que quedó en pie en la zona del bombardeo, las placas recordatorio (una de ellas dedicada a Tamiki Hara), el monumento a los estudiantes decorado con coloridos origamis de grullas, la estatua homenaje a Sadako Sasaki que tenía dos años cuando el bombardeo y que falleció en octubre de 1955, a los 12 años de edad tras haber luchado con toda su energía contra la leucemia que le produjo la radiación. Sobre ella escribí:

“Hay una leyenda sintoísta en Japón que dice que si una persona hace más de 1.000 origamis de grullas los dioses le conceden aquello que pida. Queriendo sanar se puso manos a la obra y llegó a hacer más de 1.400. 
Los dioses le fallaron”.

Hoy en día los niños en edad escolar son llevados ante el monumento conmemorativo. Allí depositan diariamente nuevas grullas hechas con sus infantiles manos.

Por el lateral de un estanque llegamos al cenotafio y a la llama por la paz para terminar en el Museo del Holocausto o Museo de los Horrores.

La experiencia fue muy dura y dolorosa.

ALGUNOS DATOS.

El 06.08.1945, Por primera vez en la historia, se lanzó una bomba atómica contra la población de una ciudad: Hiroshima.

Según la mayoría de las fuentes se cree que fallecieron en el acto unas 120.000 personas. Hay que tener en cuenta que:

  • Los censos no eran tan exactos como ahora.
  • Muchas personas se volatilizaron en el momento de la explosión y no apareció ningún resto de ellas.
  • En los cinco años siguientes la férrea censura del mando intervencionista norteamericano impidió que se profundizara en el dato y se perdió mucha información.
    • Es más, esta censura impidió transmitir que los vecinos no debían volver a la zona de alta radioactividad lo que hizo que el número real de afectados, imposible de concretar, fuera mayor.
    • Tuvo otro efecto pernicioso. No se permitió que los sanitarios transmitieran sus conclusiones ni las intercambiaran con sus colegas de Nagasaki, ciudad sobre la que se lanzó tres días después la segunda bomba atómica. Esto aumentó la mortalidad.

MIS REFLEXIONES.      

  • El primer y mayor derecho de las personas es el derecho a la vida.
  • Nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a quitar la vida a otras personas.
  • Nadie, absolutamente nadie, debe iniciar una guerra, imponer una represión mortal, jugar con la vida de los demás.
  • Nadie, absolutamente nadie, debe apoyar a quien decide quitar la vida a otras personas, matar inocentes, bombardear ciudades. Nadie.
  • Creo que la estupidez humana, pese a la leyenda del cenotafio de Hiroshima (2), llevará a arrojar otra bomba atómica. 

 

  1. Fue leyendo “la soledad del país vulnerable. Japón desde 1945. (Memoria crítica), Florentino Rodao.
  2. El cenotafio por la paz contiene una urna con los nombres de todos los fallecidos conocidos como consecuencia del lanzamiento de una bomba atómica. En la tapa de la caja se lee: “Descansad en paz. El error jamás se repetirá”.

Bilbao, marzo de 2026.
Jorge Ibor.

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