El monasterio de Veruela y Gustavo Adolfo Bécquer 3


Por Pedro Escalante:

806-698-573Bécquer murió muy joven, con 34 años, en Madrid (en el barrio Salamanca) en 1870 (cinco años antes de que naciera en Sevilla Antonio Machado).

Gustavo Adolfo Bécquer ha pasado a la historia como el más puro romántico. Su prematura muerte, sus exquisitas Rimas y sobre todo el retrato que le hizo su hermano, Valeriano, que le consideraba un dios y que ha servido para caracterizarle como prototipo del Romanticismo, han creado el personaje, que no es del todo real. Despedimos, hace unos años, el billete de cien pesetas con esa efigie idealizada, sublimada e incluso sus paisanos, los sevillanos le hicieron un monumento en el parque de María Luisa (40 años después de su muerte) con las mismas características  -en mármol blanco y con sauces llorones- que ilustra cualquier manual de literatura que se precie.

Merece el poeta una investigación que descubra la persona, sin fantasías; me conformo ahora con reivindicar su perfil periodístico y recordar una de sus Rimas, que han contribuido a expresar el amor en las/los adolecentes:

         Los suspiros son aire y van al aire.

         Las lágrimas son agua y van al mar.

         Dime, mujer: cuando el amor se olvida,

                   ¿sabes tú adónde va?        

Esperemos que la mayor máquina del mundo instalada en Suiza nos descubra el camino para responder a la pregunta del poeta. Ahora nos interesa buscar la relación entre la vida de un sevillano, que buscó fortuna en Madrid, con el monasterio de Veruela, construido al pie del Moncayo.

Así me lo ha indicado Jorge, ya que Veruela sería uno de los lugares a visitar en la proyectada excursión a Soria: “la ruta de los poetas”.

Antes no me resisto a trascribir otra de las Rimas de Bécquer, en apariencia más banal que la anterior, pero que no yerra al apuntar la causa del sentimiento del poeta:

 

“¿Qué es poesía?”, dices mientras clavas

         en mi pupila tu pupila azul.

“¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?

         Poesía… eres tú”

 

 

Santa María de Veruela

El monasterio de Veruela es realmente el sepulcro de la familia Borja, sin duda, una de las dinastías más influyente del reino de Aragón; en su seno han nacido santos, papas, guerreros… En Roma aparcaron la jota aragonesa e italianizaron el nombre: pasó a llamarse la familia Borgia (con sonido “yi”) …

Voy a contar la leyenda, que explica el origen de Veruela, ya que la construcción de un relato es fundamental en la trasmisión de las santas intenciones de quienes trabajaron para su gloria. El mismo Gustavo Adolfo Bécquer escribe para un periódico de Madrid esta leyenda a la que solamente añado la información que un antiguo habitante de Veruela, me comentó.

Al parecer, según esta versión, Pedro Atarés, fundador de la dinastía, señor de Borja, se hizo enterrar en el suelo del tránsito del claustro a la iglesia…

La historia, según la cuenta Gustavo, comienza en un aburrido día de caza de Pedro Atarés y su séquito por el bosque de lo que hoy es Veruela. Al atardecer Pedro acertó a ojear una corza, espoleó el caballo  y salió en su persecución hasta quedarse solo y perdido en el bosque. El Moncayo había acumulado nubarrones que el cierzo descargó sobre Veruela.

El caballo se asusta y derriba al jinete. Perdido, en tierra, sin sus servidores que le protejan y ante el temor de pasar la noche en el suelo bajo la tormenta, Pedro invoca la protección del cielo y promete la construcción de un monasterio. Al instante es localizado por sus criados, que le recogen y atienden con lo que el caballero de Borja cumplirá su juramento.

Son muchas las historias que Veruela enseña a Gustavo Adolfo, que pasó temporadas en el monasterio, del que la desamortización (1835) del ministro Mendizabal había echado a los frailes cistercienses.

En efecto, el monasterio desatendido del cuidado de los frailes era el escenario romántico por excelencia para que Gustavo redactara las impresionantes leyendas, que  le han dado tanta fama junto con las Rimas. “La corza blanca” es una espectacular leyenda, que recoge la magia del bosque y el ambiente de esta zona a la que Gustavo tenía que llegar a lomos de las mulas de los carboneros, cuando volvían de vacío desde Tarazona.

Además el monasterio de Veruela acumula una historia de la arquitectura, ya que cada estancia responde al estilo de la época en que se construyó (románico, gótico, renacentista…). Es un lugar que merece la pena visitar.

También Gustavo Adolfo conoció Soria. Dos de sus leyendas tienen este escenario:  “Rayo de Luna” y ”El monte de las ánimas”, en que un sangriento enfrentamiento entre la nobleza soriana y los monjes guerreros templarios, enterrados precipitadamente en el claustro del convento, en San Polo (forma parte del paseo machadiano entre San Polo y San Saturio), reclamarán la noche de Todos los Santos la soledad del monte que los sorianos denominan todavía “monte de las ánimas”.

Finalmente una rima (la LXVI) de Gustavo, que se refiere a los muertos, ya que el asunto de la atracción femenina y del  amor no fue el único tema de sus rimas:

donde habite el olvido

allí estará mi tumba.

 


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3 ideas sobre “El monasterio de Veruela y Gustavo Adolfo Bécquer

  • Pedro Escalante Garay

    Sin duda, Veruela, junto con la Alfajería y San Juan de la Peña, son los lugares mágicos del misterioso reino de Aragón (Valle Hermoso), que surgen en la Edad Media. No hablemos de sus antepasado romanos y cristianos como Zaragoza (Caesar Augusta) y El Pilar.
    Veruela se puede visitar de vuelta de Soria… y recordar a Machado y Bécquer… Pero todavía tenemos que citar a Gerardo Diego, que estudió en Bilbao y dio clases en el Instituto de Soria… Es un poeta que nos cae cerca.

  • Jorge Ibor

    Al principio de los años 60 el colegio en el que estudiaba en Zaragoza, Cardenal Xavierre (famoso inquisidor) de Dominicos, Dentro de la política general de acercamiento a sus eterno enemigo, los Jesuitas, enviaron a un grupo de alumnos entre los 8 y 10 años según creo recordar, a pasar unos días en pleno invierno al Monasterio de Veruela que estos regentaban.
    La imagen que tengo es de un enorme dormitorio, un régimen disciplinario durísimo, mucha oración y un castigo por no dormirnos al apagar la luz. Con un frío intenso, todo nevado, nos hicieron salir en calzoncillos y descalzos a dar 10 vueltas al claustro. aun recuerdo el frío que pasamos.
    Años después, como padre de dos alumnos de La Salle me toco ir con un grupo de niños a El Escorial. Era verano y nos alojamos en una residencia de, creo recordar, Salesianos. La primera noche se portaron muy mal y el director del centro me obligó a tomar medidas disciplinarias. En un arranque de originalidad les hice ponerse las playeras y en ropa interior nos fuimos esa noche, yo también, a dar 3 vueltas al centro. La temperatura era muy agradable. Para los críos fue lo mas divertido del viaje y pidieron a los frailes que si había más excursiones les llevase yo.