Reivindicando Europa. Un proyecto de paz y progreso


El pasado 15 de abril acudí a una conferencia organizada por la Obra Social La Caixa, la Fundación Pau Casals y The Club of Rome, que tuvo lugar en el Palau Macaya, un precioso edificio modernista.

El presentador era Antoni Bassas, periodista, y los ponentes fueron tres: Victòria Camps, catedrática emérita de Filosofía moral y política de la UAB; Denis Huber, Secretario ejecutivo del “Pompidou Group” del Consejo de Europa; y Gabriel Magalhaes, escritor y profesor de la Universidad de Beira Interior (Portugal).

El presentador introdujo el tema comentando cuán difícil es conciliar términos como soberanía nacional, democracia y globalización, y cómo lo conseguimos gracias a Europa, gracias al proyecto europeo.

En su opinión, empezamos a ver que es posible la reversibilidad de algunas conquistas europeas, lo que antes era inimaginable, y cómo se cuestiona ese proyecto de paz, por lo que pedía coraje y lucha para mantener esas conquistas. Según él, Europa representa la unidad en la diversidad, el poder compensatorio y nuestra última esperanza para la humanidad. Además de haber traído uno de los períodos más largos de paz y prosperidad de la historia del continente.

Nos recordaba que Paul Krugman, en un artículo de mayo de 2018 alababa la evolución de Europa, que había pasado de ser un continente devastado por dictaduras, y por guerras, a ser un modelo de democracia y prosperidad, que había traído la cobertura sanitaria, había disminuido el nivel de pobreza y elevado la esperanza de vida.

Victoria Camps empezó su intervención recordando que Europa representa una esperanza no sólo para los europeos, sino para la humanidad, porque ha creado una civilización basada en los valores de democracia e igualdad. Empieza en Atenas, y sigue con la Ilustración, donde progreso y razón son conceptos que están vinculados. Igualmente, desde el final de la II Guerra Mundial, hay una etapa de plenitud que pone las bases al Estado del Bienestar. Entonces, ¿qué pasa ahora?, se pregunta, ¿por qué ese euroescepticismo o indiferencia hacia el proyecto europeo?. Nos recordaba como un gran europeísta, Jacques Delors, decía que un mercado común europeo no enamora, que hacían falta más cosas que tocaran los sentimientos de las personas.

Ella pensaba que ahora se ponía demasiado acento en la diversidad, y poco en la cooperación para el bien común. Esto mismo, en su opinión, pensaba Fukuyama, quien atribuía el problema tan actual de los populismos a no haber sabido articular todas las identidades singulares en una identidad más general, trascender los corporativismos y supeditarlos al interés general. Camps consideraba que las identidades son necesarias, pero no tanto. Lo que pasa es que es más fácil llegar a esas identidades a través de los sentimientos, de las emociones. Este es un problema, que no se ha creado una ciudadanía europea, una Constitución que ilusione.

Así, ella cree que nos encontramos con populismos que tienen un origen económico, que quieren volver al pasado, a la identidad que tenían antes, en lugar de crear una nueva. Y tenemos problemas, como la emigración, en la que falta una política común y, en general una falta de liderazgo. Habría que complementar las políticas estatales con políticas sociales. Ahora se está haciendo una política de grupos (de mujeres, de gays, de minorías raciales,…) que dividen, que no unen.

Considera que tenemos unos problemas globales que exigen soluciones globales y por eso necesitamos Europa. Y que ya tenemos una democracia representativa, y lo que necesitamos, es reforzar las instituciones y recuperar la confianza en la política.

Que es verdad que algunas cosas no tienen solución, pero que hay que tener valentía para encarar los problemas, porque no hacerlo conduce al suicidio. Insistió en la unión y la colaboración para conseguir que sea algo más que la suma de las partes.

Denis Huber comentó como, en su opinión, vivimos en una época dorada. Se preguntaba: ¿de dónde venimos?. Y se respondía: el siglo XX fue catastrófico para Europa, que llevó al mundo a dos Guerras Mundiales. En cambio ahora podemos ofrecer un ejemplo positivo al resto de la humanidad.

El cree que no somos conscientes de la admiración que sienten fuera de Europa hacia lo que hemos construido, al punto que la Unión Africana se inspira en el modelo europeo. Un modelo que es envidiado y del que deberíamos estar orgullosos, en el que incluso tenemos un Tribunal de DD.HH. Nunca antes un individuo podía hacer condenar un Estado, y en cambio ahora eso es factible. Enumeraba otros logros: mercado único, abolición de fronteras, circulación de moneda única, proyectos Industriales conjuntos, proyecto Erasmus para los estudiantes, y fondos de cohesión para la solidaridad, no sólo entre países europeos, sino que somos generosos con el resto del mundo, ya que aportamos el 50% de la Ayuda al Desarrollo. El cree que debemos defender lo que hemos creado: con datos de 2013, Europa producía el 25% del PIB mundial con el 7% de la población, y su gasto social suponía el 50% del gasto social mundial. Hay quien la acusa de hacer políticas liberales, pero es la menos desigual.

Con todo lo anterior se preguntaba cómo es posible que estemos en crisis, cuando hemos tenido el período de paz más largo desde el Imperio Romano. Pero en realidad la pregunta sería: ¿Qué significa crisis?. Quizá es un momento en que el antiguo mundo no quiere morir y el nuevo no puede crecer. Estamos en una mutación, que se visualiza en la globalización, la búsqueda de identidades, un mundo más caótico, más peligroso.

Ante todo esto, el Consejo de Europa, del que él forma parte, tiene varias amenazas: Rusia; el Brexit, sobre el cual el pueblo se ha expresado, pero con información no veraz; el intento de cada país por mirar sólo sus intereses… Y nos recordó que no fue Europa quien decidió que tenía que haber disciplina, sino los Estados. Que el Consejo de Europa ha propuesto repartir los emigrantes, pero los Estados no le apoyan. Cree que los Estados son egoístas y no dejan progresar el proyecto. Recordaba cómo es un escándalo que haya países que hacen dumping fiscal. Y se han hecho progresos para evitarlo, con imposición de multas millonarias a empresas como Microsoft, en Irlanda, pero el mismo Estado Irlandés no la quería cobrar. Parece claro que desde los años 90 han incrementado su poder y como consecuencia la Comisión Europea es más débil. En parte porque desde Delors, según él, no hemos tenido ningún dirigente con su carisma.

Gabriel Magalhaes nos contaba que para Portugal la entrada en la U.E. fue muy importante, y cómo se han beneficiado de los Fondos de Cohesión. De hecho el 69% de la población era favorable a la entrada, sólo un 20% se oponía y el resto no opinaba. Para los portugueses Europa significaba democracia y desarrollo, derechos sociales, paz. También cree que gracias a su incorporación se han mejorado las relaciones con España con ventajas para ambas partes.

Pero pensaba que la imagen que tenemos de Europa depende de dónde estemos. Por ejemplo en los países escandinavos es sólo un mercado. No hay banderas de la Unión.

Cree que se ha realizado una integración a través de la economía, pero el modelo se pone en cuestión cuando en el año 2009 se produce la crisis económica, y todos los países tienen bajadas del PIB, produciendo una fractura en las clases medias y entre territorios, entre las zonas deprimidas y las que no. Pero cree que sería un error regresar a las fronteras nacionales. Cree que hay que compensar las desigualdades, que son muy inferiores a otras partes del mundo. Y abogaba por hacer actos electorales sin fronteras, elaborar proyectos con políticas de varios países.

Cree que es grave la desafección a Europa, olvidando que justo hemos celebrado el fin de la I Guerra Mundial. Quizá por un déficit de memoria histórica. En su opinión la existencia de los campos de concentración durante la II Guerra Mundial llevó a la muerte del nacionalismo alemán; y la creación de un modelo europeo es una especie de arrepentimiento europeo frente a ese nacionalismo. En su opinión somos una realidad cultural y ética, y agradece a que no haya querido basarse en un modelo nacionalista, sino como un modo de relación, de encuentro basado en el respeto y la concordia entre culturas.

También pensaba que curiosamente a Europa nadie le perdona nada, mientras que a los países se les perdona todo. Como ejemplo nos hablaba del tráfico de esclavos llevado a cabo por Portugal en el pasado, en torno a 6 millones de personas, sin que apenas hayan hecho autocrítica.

El agradecía el rescate de Portugal de 2011 y pensaba que ha sido positivo para la ciudadanía, para el equilibrio de sus cuentas, y en absoluto humillante. No agradable, pero si aceptable y dialogante.

Recordaba que Portugal aparece en el siglo XII y son consciente de su existencia en el siglo XIV. Cree que estamos en esa fase, cuando algo existe pero aún no hemos tomado conciencia real, y que quizá dentro de 150 años ya nos definamos como europeos.

Concluía su intervención comentado que comprende que la ciudadanía se siente amenazada de forma difusa, y que es comprensible su escepticismo, pero que regresar al pasado no es solución.

B. C.

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