Aquella fria navidad de 1836 en Bilbao 1


 

Por Pedro Escalante.

Es posible, en el diseño del viaje a Soria, hacer una parada técnica en Logroño (tomar café, estirar las piernas y …), en el Espolón, cerca la estatua ecuestre de Espartero. Podíamos comprobar in situ si es verdad lo de los cojones de su caballo. “Los tiene como el caballo de Espartero” es ya una expresión que define el carácter templado de un individuo. Bueno, realmente se interpreta como curioso sinónimo de “valor”.

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Al fin y al cabo a Espartero le hicieron conde de Luchana, en mérito a su acción de guerra en el monte San Pablo y en el monte Cabras, en la zona del Montenegro. Pretendía romper el cerco de Bilbao y lo consiguió.

Los que murieron o fueron heridos o sobrevivieron aquella noche de Navidad de 1836 en las cuestas de Enekuri luchaban porque unos querían que su rey fuera Carlos María Isidro y los otros que fuera la niña (tenía entonces 6 años) Isabel. Carlos e Isabel eran parientes: tío y sobrina. Hoy en día parecería una frivolidad morir, ni tan siquiera luchar por ninguna de las dos causas, pero la sociedad de entonces veía planteamientos de progreso o conservadores en la forma de vivir, los supevivientes ¡claro¡. Cosas de los tiempos…

Aquella Navidad de 1836 hizo una noche de perros, con granizadas, suelo nevado y frío para los combatientes que pasaron las horas tocando la  nieve helada con los pies en el mejor de los casos y echando sangre y fuego con sus armas. Desde la actual estación de Lutxana subieron muriendo o matando por aquella pendiente.

Para los bilbaínos, que rompieran el cerco  de su ciudad sitiada fue el mejor regalo de Navidad, ya que el hambre y la muerte se paseaban con soltura por el Casco Viejo. Ya no aguantaban más la angustiosa situación; desde el mes de junio iban de bloqueo en bloqueo.

El día comentado, a Baldomero Espartero le avisaron, ya entrada la noche, que algunos soldados habían conseguido establecer una “cabeza de puente” al pie de monte Cabras. Pasó la ría en una gabarra junto con su caballo blanco y cuando llegó a Lutxana ordenó retirada. Tenía cistitis y no era el lugar (ni la ahora, ya que eran las doce) más agradable para pasar la Navidad. Cuentan que el competente general Oráa trasmitió la orden personalmente al corneta, pero éste interpretó el toque de avance y los soldados avanzaron.

A las cinco de la mañana del 25, caracoleaba el caballo de Baldomero en el patio del fortín de monte Banderas. Bilbao estaba libre del asedio.

Pues  bien, Logroño recuerda en su plaza más importante a este político y militar, de gran influencia en el siglo XIX, vecino de la ciudad de la que era natural su mujer.

A los bilbaínos el 25 de Diciembre de 1836 les alegró las fiestas.

Terminamos las notas que nos han dibujado los lugares a visitar en la excursión a Soria. A mí me sale que debiéramos programar una noche de estancia en la capital, que nos permitiría hacer el recorrido con tranquilidad, sin elevar los costes, e incluso comprar mantequilla en la calle principal de Soria.

Animo a los asociados y sus amigos y familiares a compartir esta excursión cuando los miembros del Comité de Viajes de la Asociación de Jubilados de BBK tomen la decisión, si lo consideran oportuno.

Nota.- La excursión se va a ejecutar y será a finales del próximo mes de mayo. Veremos muchas cosas y lo pasaremos bien.

 


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Una idea sobre “Aquella fria navidad de 1836 en Bilbao

  • Pedro Escalante Garay

    Aunque la gente observa también los atributos al caballo de Espartero en Logroño, el dicho procede sobre todo de la estatua ecuestre de Espartero en Madrid (cerca del Retiro). No existe palabra en ningún idioma con tantas acepciones y que exprese cosas tan diferentes ( la carestía -valía un c… – o incluso el frío – los tiene morados…- no digamos ya los sentimientos: perplejidad -manda c… -; si son 3 -denota indiferencia-; si son 2, valor…; no hablemos del tamaño o incluso de la forma: los tiene cuadrados).

    En fin, en la programada excursión además de acercarnos a poetas entrañables como D. Antonio, y arquitecturas imposibles como Veruela, lo pasaremos bien porque la compañía nos agrada.