Río Tinto


El Rio

El rio Tinto nace en Nerva (Huelva) y, tras recorrer unos 100 km se une con la ría del Odiel cerca de su desembocadura en el mar en Huelva, en Palos de Moguer por lo que los lugareños dicen que, de alguna forma, se puede asegurar que Colón y sus carabelas partieron de sus aguas.

Su recorrido lo hace casi en integridad por la provincia Onubense, salvo un pequeño tramo que transcurre por la de Sevilla.

Al poco de nacer atraviesa la Mina Piedra de Hierro donde remansa formando una poza y, desde allí, va recorriendo yacimientos mineros que vienen siendo explotados desde hace unos 5.000 años (ver “Las Minas”). En ellos va recogiendo todo tipo de minerales destacando el hierro, cobre, cadmio, manganeso y otros.

El nombre se lo debe al color de sus aguas (ver foto) que está producido por una bacteria que vive de los minerales de hierro que transforma en sulfatos férricos. Su actividad provoca una gran acidez en su agua (pH de 1,7 a 2,5) lo cual elimina cualquier posibilidad de vida salvo, curiosamente, la de ese tipo de bacterias y hace que no sea utilizable para el consumo humano.

Sus características le han llevado a ser campo de pruebas de la NASA que investiga en él la resistencia de los materiales y maquinarias que envía a Marte así como la posibilidad de vida en este planeta.

Hay que resaltar que esta configuración del rio Tinto es anterior a la presencia humana. No es, por tanto, contaminación originada por el hombre. Sin embargo, la actividad minera en el área de su cauce ha alterado en repetidos lugares su recorrido.

Las Minas

Se le llama Minas del Riotinto tanto a la explotación minera como a la población (4,112 habitantes) en la que se encuentra su sede. Me voy a centrar en la referida a la minería.

Las extracciones se remontan a los primeros tiempos de presencia humana estable en la zona, hace unos 5.000 años, en la Edad de Cobre. Fueron explotadas por Tartessos y Fenicios con medios muy rudimentarios mejorando sustancialmente la productividad con la llegada de los romanos y sus adelantos técnicos.

En aquella época, además de hierro y cobre se obtuvo algo de oro.

Con los árabes la producción disminuyó ostensiblemente. Prácticamente obtenían únicamente materiales necesarios para tintes y productos medicinales.

En el Siglo XVIII con la incorporación de un afamado científico sueco, se impulsó la actividad extractiva. En 1873 el Gobierno de España, hasta entonces propietario de la mina, la vendió en 93 millones de pesetas a un consorcio británico que creó la empresa Rio Tinto Company Limited (RTCL). Estos se dedicaron a la explotación intensiva, tanto al descubierto como en minas interiores.

Para el proceso de obtención del producto final recurrieron a sistema sumamente perjudicial para la salud que veremos en el apartado “Las Teteras y La Manta”.

La demanda de hierro y cobre era tan alta que la compañía construyó un tren hasta el puerto de Huelva para el transporte de los minerales obtenidos, las provisiones y las personas. Actualmente se conserva una parte del recorrido que se puede hacer en el “Ferrocarril Minero”, muy recomendable (ver apartado correspondiente).

Hay que reseñar que los ingleses trajeron en 1878 el futbol a Riotinto, considerada la cuna de este deporte en España. Fundaron ese año el Rio Tinto Foot-Ball Club y 11 años después el Huelva Recreation Club, que con el nombre actual de Recreativo de Huelva está considerado el más antiguo del Estado.

En 1954 la RTCL decidió abandonar la producción de las minas que volvieron a manos del gobierno español.

Desde 2015 las minas están siendo explotadas por Atalaya Mining,S.A. cuyo accionariado lo componen la sociedad líder mundial en comercio de materias primas Trafigura, el holding metalúrgico chino XGC y los fondos de inversión Orion y Liberty dando trabajo directo a unas 450 personas. Su producción en 2016, primer año de explotación completa, ascendió a 26.179 toneladas de cobre siendo su objetivo estabilizarse en las 40.000 toneladas año. Se le concedió una licencia de explotación por 15 años ampliada recientemente a 25.

La Casa 21

Tras comprar las minas, en 1873, los ingleses desplazados, ingenieros, directores y mandos en general, residieron en el poblado denominado Minas de Riotinto, próximo a la actual ciudad que lleva el mismo nombre, viviendo muy próximos a los obreros. Esto les molestaba, las viviendas no reunían condiciones acordes con su “nivel” y, además, tenían problemas con los trabajadores que en condiciones infrahumanas. Además compartían el sufrimiento por la alta contaminación de esa zona.

En 1883, no muy lejos, construyeron un pequeño barrio formado inicialmente por once casas a las que se unieron dos años más tarde otras diez, destinadas a los británicos de más nivel, al oeste del poblado minero, en lo alto de una colina, Le denominaron “Bella Vista”. Los mineros, entre tanto, siguieron viviendo en sus chabolas.

Actualmente se puede visitar la “casa 21”. Consta de tres plantas y dos jardines y su superficie total alcanza los 540 metros cuadrados. Está equipada con todos los lujos de la época.

Los ingleses, en los aledaños del barrio, practicaban sus juegos autóctonos. Además del futbol, el cricket y el golf figuraban entre los más destacados. Celebraban como día de fiesta principal el aniversario del nacimiento de la reina Victoria, incluso después de muerta y de haber dejado de ser festivo en Gran Bretaña. Invitaban a la fiesta a las autoridades de la zona.

Las Teteras y La Manta

Cuando la RTCL compró al Estado las Minas de Riotinto, adquirió también el terreno y el espacio sobre ellas, es decir, la soberanía territorial. A eso hay que añadir sus “influencias” sobre los corruptos políticos a nivel local y estatal lo que llevó a la compañía inglesa a dominar todos los terrenos. Así, fueron los únicos proveedores de comida, los propietarios de las viviendas, suministraban agua a los municipios de la zona, tenían la propiedad sobre el ferrocarril, único medio moderno de comunicación y administraban las escuelas y el único hospital de su área de influencia.

Llegaron a disponer de un sistema policial propio llamado “la guardiña” y tuvieron poder sobre la Guardia Civil e, incluso, influencia en los mandos del Ejército de la zona.

Por ello, para la obtención del mineral no dudaron en utilizar un sistema antiguo muy perjudicial para la salud de los operarios: la calcinación al aire libre. Consistía en acumular la pirita obtenida sobre masas de leña (deforestaron buena parte de la zona) que mantenían encendida durante meses. La combustión producía humo con gran contenido en azufre que mataba la flora y dañaba muy seriamente a animales y seres humanos. Con un problema añadido: cuando los obreros caían enfermos o no se podría trabajar por exceso de contaminación, no se cobraba.

Después de la quema el mineral resultante se sumergía en agua procedente del río Tinto lo que provocaba por precipitación el producto final.

TETERAS.

Cada una de las pilas donde se quemaba el mineral, por la forma que tenían y como expulsaban los humos, se denominaba “tetera”. Con el fin de cubrir la fuerte demanda originada por la segunda Revolución Industrial inglesa se incrementó su uso. No había tiempo para implantar nuevos sistemas.

El sistema, además de poco eficaz, era muy perjudicial para los trabajadores y sus animales. Pero esto no importaba mucho a la compañía.

El Año de los Tiros

La gran contaminación que se originaba produjo, además de los males citados en la Mina, lluvia ácida en otras zonas cercanas, que, además de incrementar las enfermedades, dañaron seriamente las cosechas. Los agricultores ajenos a la explotación minera y a los latifundistas, crearon la “Liga Antihumos”

Paralelamente se incrementó el número de trabajadores que llegaban desde todas partes del país entonces en ruinas que era España. Entre ellos, personas con formación revolucionaria que se encontraron con el medio idóneo para formar fuertes movimientos reivindicativos.

También había llegado de un nuevo Director General que, inmediatamente, introdujo medidas de presión muy fuertes para aumentar la productividad y disminuir los gastos a base de apretar a los trabajadores.

La situación se hizo insostenible. Empezaron huelgas y manifestaciones. Y llegaron los episodios del 4 de febrero de 1888 que dieron nombre al “Año de los Tiros”.

Tres días antes, el 1 de febrero, los obreros se declararon en huelga. Presentaron un escrito reivindicativo que, además de pedir la supresión de las “teteras”, contenía otras reivindicaciones. Por ejemplo:

  • Supresión del cobro de 1 peseta mensual por trabajador para cubrir los gastos médicos.
  • Eliminación de las subcontratas que todavía tenían peores condiciones laborales.
  • Reducción de la jornada laboral de 12 a 8 horas diarias.

El 4 de febrero se convocaron dos manifestaciones presididas por sendas bandas de música, la minera procedente de Nerva y la agraria de Zalamea, que coincidieron en el poblado. Se calcula que había más de 14.000 participantes.

La Compañía y su Alcalde títere habían pedido ayuda exterior. Se presentó el Gobernador con un destacamento de la Guardia Civil y con el Ejército. El Alcalde desde el balcón del Ayuntamiento empezó diciendo a las masas que era imposible suprimir las “teteras”. Ante el revuelo que se creó, el Gobernador dio orden a la Guardia Civil de disolver la manifestación, armándose tal lío que el Ejército empezó a disparar a discreción.

Según la RTCL hubo 45 muertos. Según el decir popular unos 300. La Compañía y las autoridades dieron orden de hacer enterramientos clandestinos y de no dejar publicar nada que no pasara por su tamiz. A nadie se le juzgó por lo que sucedió a pesar de que el Parlamento de Madrid ordenó que se abriera una investigación, cosa que no se hizo. Por otra parte a las familias ajenas a la Mina y que estaban afectadas por la lluvia ácida se les compraron sus tierras a buen precio y así abandonaron la lucha.

Por último, el 29 de febrero del mismo año se prohibieron las “teteras” y empezaron a implantarse nuevos sistemas de obtención del producto. Este proceso finalizó en 1895.

El Ferrocarril Minero

Antes de 1873, fecha en la que RTCL compró las Minas de Riotinto, se trasladaba el mineral obtenido hasta el puerto de Huelva por penosos caminos por medio de diligencias, carros de bueyes y mulas. La gran demanda existente obligó a construir rápidamente un ferrocarril que partiendo de Nerva (1.041 msnm) unía las minas con el citado puerto.

En menos de 3 años la obra estaba terminada. Para ello se acometió la construcción desde 5 puntos diferentes. Constaba de unos 300 km de vías, de ellos 84 km comerciales. En su recorrido tenía 6 puentes y 12 estaciones. Mientras tanto, en el puerto se construía una nueva dársena que permitía que los trenes llegaran directamente hasta los barcos. Su recorrido seguía el cauce del Rio Tinto.

Existían 3 servicios distintos: el interno que llegaba hasta dentro de las minas, el comercial para transportar tanto el producto en el viaje de ida como los avituallamientos en el viaje de vuelta y el de pasajeros que incluía ramales hacia las poblaciones más cercanas. Su utilización fue tan intensa que llegó a tener 1.300 vagones de pasajeros o carga y 2.000 vagonetas de mina, además de 143 locomotoras de vapor y 7 eléctricas

El ferrocarril siguió en uso hasta 1964. Actualmente se utiliza en un pequeño recorrido como tren turístico por la zona más utilizada para la obtención del producto final y almacenamiento al aire libre. Sorprende también una especie de depósito de maquinaria a mitad de recorrido con restos totalmente oxidados.

Un viaje en él lo considero necesario para entender definitivamente lo que allí se vivió.

El Museo                                

El Museo minero, denominado “Ernest Lluch” está situado en el antiguo poblado, en las instalaciones de lo que fue el Hospital. En su interior hay todo tipo de elementos utilizados en la minería y los servicios necesarios, incluido material médico y de quirófano.

Además de ser el punto de acceso inicial, podremos ver la historia de la Mina, los minerales en bruto, el producto final, los utensilios, incluso una locomotora, el vagón de lujo para los mandatarios con espacio para hombres y mujeres separados, una locomotora de trabajo en el interior de las minas, vagoneta, una reproducción de una mina y una prolija descripción de la “Manta” y del “Año de los Tiros”. También tiene una tienda de recuerdos,

Muy cerca está el edificio de archivo de la Mina de Riotinto, no visitable para el público en general.

Desde el museo, en el coche de cada uno y siguiendo a una guía en un vehículo de la organización, se hace un desplazamiento a la mina Peña de Hierro dentro de la cual se realiza un pequeño recorrido hasta alcanzar una charca que forma el Rio Tinto, todo esto acompañado de una amena charla explicativa muy interesante.

En los alrededores hay varios restaurantes destacando La Fábrica por tener una carta con variedad a precios asequibles, si bien puede encontrarse lleno.

Las entradas para visitar lo anteriormente expuesto se obtienen por internet o en el hotel en que nos alojemos, por ejemplo.

No es recomendable ir en verano por las altas temperaturas ambientales que se alcanzan.

 

JORGE IBOR

Bilbao, febrero de 2018.

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