Hará unos 15 años, en una visita a Ámsterdam, contratamos los servicios de un guía local. En sus explicaciones hizo referencia al Duque de Alba y al entonces Rey Felipe II. Uno de los compañeros turistas hizo un comentario con cierta guasa, algo así como: “desde los Reyes Católicos, el Rey más capacitado que ha habido en nuestro país ha sido José Napoleón; lástima que ni la Iglesia ni la nobleza le dejasen ejercer”. Otra persona presente dijo: “eso es una infamia: cualquier Borbón ha sido mejor y, sobre todo, el monarca actual, Juan Carlos I”.
Pero si en el “sorteo” de casas reales siempre hemos tenido mala suerte, hay un caso que supera a todos los demás, el de Fernando VII, el llamado Rey Felón.
RAE. Sinónimos de Felón: traidor, desleal, aleve, alevoso, pérfido, bellaco, infame, indigno, falso, engañoso, perverso.
LIBRO RECOMENDADO. El Rey Felón de José Luis Corral, destacado historiador nacido en Daroca, municipio de la provincia de Zaragoza que bien merece una visita.
Fernando VII fue de lo peor hasta después de su muerte ya que para su sucesión dictó a última hora la derogación de Ley Sálica que, si bien podría suponer un adelanto para su tiempo al dar el trono a una mujer, su hija Isabel II, fue a costa de apartar al hasta última hora aspirante Carlos que, apoyado por una buena parte de la más rancia nobleza y por la infumable jerarquía eclesiástica, no dudó en luchar contra los liberales isabelinos provocando las Guerras Carlistas de las que hemos tenido noticias todos los que vivimos en Euskadi y Navarra.
Pero hubo más campos de batalla que los cercanos a nuestra residencia, destacando Cataluña y el Maestrazgo, esa bellísima zona geográfica situada al este de la provincia de Teruel.
En las luchas en esta comarca hay que destacar a un elemento, al que se califica como auténticamente sanguinario, sin duda por luchar en el bando perdedor ya que, probablemente, si lo hubiera hecho en el ganador se hubieran magnificado sus “hazañas” y sería considerado poco menos que un héroe. Que de eso sabemos mucho en este país.

Me refiero, como se sabrá o habrá adivinado, a Ramón Cabrera y Griñó (Tortosa 1806 – Londres 1877), el “Tigre del Maestrazgo” I Duque del Maestrazgo, I Conde de Morella y I Marqués del Tera, títulos nobiliarios creados por Carlos de Borbón, aspirante al trono, reconocidos años más tarde por Alfonso XII.
Ramón fue hijo de un modesto marino mercante que falleció en la mar cuando su hijo tenía cinco años. La viuda, muy devota, le impulsó siendo muy crio, a comenzar estudios religiosos. Una herencia recibida en 1825 favoreció un fuerte progreso en su carrera eclesiástica pasando a tener la tutela del Obispo de Tortosa, absolutista total, ministro con Fernando VII quien, no obstante, viendo una falta clara de vocación de su pupilo, se negó a ordenarle sacerdote.
Estamos en 1833, momento en el que decidió incorporarse a las tropas carlistas en Morella – otra ciudad digna de una pausada visita – pasando a ser secretario y hombre de confianza del líder más destacado en la plaza, Marcoval.
Un año más tarde, en 1834, fue nombrado jefe de las tropas carlistas de Aragón y Valencia bajo la dependencia directa del general Manuel Carnicer, detenido y fusilado una año más tarde y al que sucedió como comandante general interino del Bajo Aragón.
Con base en la pequeña localidad y también de muy interesante visita llamada Cantavieja, localidad que fortificó, reordenó en todos los sentidos sus tropas, incluso en los canales de avituallamiento, llegando a poner en marcha en la población una fábrica de cañones y de munición.
En un principio las tropas liberales destacaron por su crueldad mientras que las dependientes de “El Tigre” mantenían una actitud indulgente con heridos y prisioneros de las tropas rivales.
Todo cambió con la toma de Burjasot por sus tropas con él al frente. Para celebrar la victoria organizó una cena donde hubo abundancia de comida y bebida. De postre, organizó una fiesta muy especial, mandando fusilar por tandas, para alargar más la celebración, a todos los prisioneros en lo que fue calificado como una auténtica orgía sanguinaria.
Esto generó una cadena de insensateces, a cual más perversa. El Capitán General de Cataluña, isabelino, mandó detener y fusilar a la madre de Cabrera. Éste, a su vez, ajustició sin miramientos a cuatro mujeres que tenía presas, incluida una joven de 18 años de la que, dicen, estaba enamorado.
A partir de aquí, todo fue creciendo. Voy a ahorrar más descripciones y a remitir al lector a los múltiples trabajos publicados en internet. Cómo acabó la contienda ya es sabido. Y los daños en las poblaciones y sus habitantes, también.
Voy a terminar con una recomendación para quienes no lo conozcan: visitar el Maestrazgo, recorrerlo con tranquilidad y buen asesoramiento y en la obligada visita a Cantavieja, recordad que una vez hubo un militar conocido por su dureza al que llamaron “El Tigre del Maestrazgo”.
Y si vais o volvéis por la carretera que une Alcañiz con Zaragoza y queréis ser conscientes de que una Guerra es siempre algo nefasto, especialmente para la población no dejéis de visitar la vieja Belchite. Es cierto que una imagen vale más que mil palabras.
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