«Personajes del callejero de Getxo». – MÁXIMO AGUIRRE UGARTE


 

Vista parcial de la calle Máximo Aguirre de Las Arenas.- Foto: Autor

 
 

 

 

 

 

 

 

Ya desde niño, cuando un amigo de mi padre (mi padre no se podía permitir el tener un coche) nos traía a sus hijos y mis hermanos a la playa de Ereaga en un Seat 600 que era lo más de lo más, me fascinaban aquellas casas palaciegas que jalonaban las Avenidas de Getxo y semejaban a las de las películas de aventuras que veíamos en los cines de barrio. Me preguntaba quién habría sido capaz de idear y luego construir aquellas enormes edificaciones que me imponían mucho respeto y hasta un cierto temor.
La otra pregunta que me hacía y que me martilleaba en la cabeza era, ¿quién habita esa casa? ¿Quiénes son sus moradores y qué han tenido que hacer para conseguirla? Nunca exterioricé estas preguntas pero la respuesta que yo mismo me hacía era:- Serán distintos, no pueden ser como nosotros que vivíamos en un piso de renta baja propiedad de Viviendas Municipales con 60 m2. Tienen que ser personas de otra estirpe, de otra condición, inclusive de otro mundo para mí desconocido entonces. La imaginación se disparaba y fantaseaba recorriendo sus largos pasillos e inacabables habitaciones.

Estas preguntas me las sigo haciendo hoy en día aunque ya con una respuesta razonable y razonada, y por eso me parece fascinante poder desentrañar, al menos, una parte de la vida de estos próceres que hace unos 150 años, con su capacidad e iniciativas, fueron visionarios de lo que después sería el Getxo que es hoy, y las pusieron en práctica a través de novedosas ideas empresariales.

Y en el conjunto de esas personas que todos tenemos en mente hoy en día y que pueblan de nombres ilustres nuestras calles, destaca uno por encima de todos, Máximo Aguirre.

El y toda su familia fueron los artífices de la configuración urbana actual de un pueblo como Getxo que cambió su historia a partir de ese momento. La compra por su parte de la mayor parte del suelo de lo que hoy es Lamiako, Santa Ana, Las Arenas y Zugatzarte dinamizó la zona siendo los impulsores de su promoción y de actividades que a través del tiempo le han dado su característica idiosincrasia. Su forma de pensar y actuar con respecto a los terrenos así conseguidos marcó el camino a los demás potentados que, procedentes de un Bilbao enfilado hacia el éxito comercial, se asentaron en la zona.

Máximo Aguirre Ugarte nació en Bilbao el 29/5/1791, siendo bautizado al día siguiente en la Catedral de Santiago, entonces Parroquia. Sus padres eran Manuel Aguirre Ibarrondo, comerciante, natural de Galdákano, y Dª Francisca Antonia de Ugarte Ugarte, natural de Bilbao. Falleció en la Anteiglesia de Abando el 22/3/1863 a los 71 años de edad. Estuvo casado con Dª Francisca Labroche Oreña (1806-1867), natural de Deusto (se casaron en la Iglesia de San Pedro Apóstol de Deusto) aunque su familia paterna era de origen donostiarra. Tuvieron 5 hijos, Dolores que estuvo casada en segundas nupcias con Eduardo Coste, Carlos, abogado y diplomático afincado en Madrid, Ezequiel dedicado a los negocios comerciales e inmobiliarios, Eduardo nacido en Bayona y Diputado en el Congreso por Bilbao y Enrique que falleció soltero.

A finales del siglo XVIII y buena parte del XIX, Bilbao era una ciudad cuya principal fuente de ingresos eran los negocios comerciales de intermediación. El padre de Máximo se dedicaba desde su casa de comercio al tráfico generalista, relacionándose comercialmente con el Norte de Europa y con el ámbito americano. El entorno familiar de los Aguirre constituía uno de los grupos más activos del sector en Bilbao, dedicándose al tráfico del bacalao, sardinas, grasas, coloniales y transporte de hierro y mineral. Eso no impidió que en 1793 quebrase la empresa familiar al no poder hacer frente a sus acreedores, dejando una deuda importante que superaba el millón de reales que resolvieron sus dos hijos mayores (los hermanos de Máximo), estando Manuel Aguirre ya fallecido.

Máximo Aguirre recibió una educación de las que se llamaban “cosmopolita”, ya que sus padres le enviaron desde muy joven a Francia e Inglaterra, donde se relacionó con algunas personas eminentes, convirtiéndose en un gran experto en literatura clásica tanto latina como española, francesa e inglesa, adquiriendo con ellas valiosos conocimientos para el futuro. Durante su juventud viajó por toda Europa y una gran parte de América del Norte.

A su vuelta organizó su propia casa de comercio, con despacho en la calle Ribera de Bilbao y almacenes en la Ribera de Olabeaga. Desde allí dedicaba sus esfuerzos a la exportación de mineral de hierro y a la importación de bacalao que era el alimento esencial en la dieta de los bilbaínos, así como toda clase de comestibles, tanto de carne como de pescado y sobre todo de harina para su distribución por numerosos puertos españoles e incluso ingleses como Liverpool.

Retrato de Máximo Aguirre.- Óleo sobre lienzo de Inocencio García Asarta.- Rfa. Auñamendi

Aunque siempre que se le preguntaba él decía que era comerciante, cada vez en mayor medida esta actividad se hacía más dependiente de otros negocios suyos como los cereales, harinas y productos textiles. A lo largo de su vida comercial consiguió tener corresponsales por toda la península ibérica, y principalmente en Escocia y Londres. Dado sus intereses en el cereal en la meseta norte de España, no es extraño que formara parte de las grandes iniciativas que iban apareciendo en el Bilbao capitalino, por ejemplo, formando parte como uno de los principales suscriptores de acciones del proyecto del Ferrocarril de Madrid a Irún por Bilbao en 1845, el Ferrocarril Bilbao-Tudela, o como fundador y accionista del Banco Bilbao y de la Sociedad Bilbaína General de Crédito. Junto con los Mac-Mahón, Uhagón, John, Lund, Ybarra, Zubiría y Epalza, Don Máximo Aguirre fue uno de los participantes en el nacimiento del Banco Bilbao en el año 1856. Este grupo de comerciantes inauguraron el Banco el 24 de Agosto de 1857, estableciendo su sede social, en el número siete de la calle de la Estufa, hoy Viuda de Epalza.

Fue en 1844 cuando, dentro de una estrategia perfectamente calculada, evoluciona desde una mentalidad netamente comercial y comienza a hacer inversiones en el tejido industrial, planificando hasta el último detalle la compra de las instalaciones del viejo molino harinero y panadería del Pontón, para convertirlas en una Fábrica Harinera y una moderna Fábrica de Hilados, tejidos de lienzo y algodón (Fábrica de Lencería de Miraflores), respectivamente. Este complejo harinero que en su día fue la Fábrica de Harinas del Pontón hoy no existe como tal. En su día fue todo un conjunto industrial que desde el propio Ayuntamiento de Bilbao se proyectó a mediados del siglo XVIII, designando, para su construcción al arquitecto de la Academia de San Fernando muy conocido en la Villa, Alejo de Miranda, que fue el realizador de su diseño y construcción. En la actualidad, en el único elemento que ha sobrevivido, se levanta, allí en el barrio de La Peña, en Bilbao, un edificio remodelado reconvertido en la Ikastola Abusu.

Tales fueron sus inversiones y los beneficios de su gestión que en 1860 figuraba como el mayor contribuyente fiscal por este concepto en la provincia de Vizcaya. Esta empresa, según su administrador, sostenía a más de 100 familias, alcanzando un gran desarrollo, hasta que en Octubre de 1874 los batallones carlistas incendiaran la Fábrica, no sin antes destruir toda su maquinaria. Posteriormente se la vendió, tal como estaba, a su yerno Eduardo Coste y Vildósola.

Sus conocimientos del idioma inglés, sus amistades en el extranjero y sus relaciones comerciales, le llevaron a que le ofreciesen y él aceptase el 30/4/1833 ser el Cónsul de los E.E.U.U. en Bilbao. La singularidad política del País Vasco, la Guerra Carlista y sus obligaciones empresariales no le afectaron lo más mínimo para ejercer este papel consular hasta 1856 en que solicitó, por motivos de salud, su renuncia, no siéndole aceptada hasta 1861.

Fuera de su actividad profesional, se introdujo, también, en puestos de poder local. Ya en 1813 participó en el Gobierno del Consulado de Bilbao, al menos hasta 1829. Su pensamiento político fue liberal y dentro de éstos, del ala moderada que era mayoritaria entre la burguesía de Bilbao. Durante la Guerra Civil Carlista, en la cual actuó como comisionado de las escuelas en 1834, también se inclinó por el bando liberal y expulsados de la Villa los carlistas el 26/11/1835, fue nombrado regidor del Nuevo Ayuntamiento de la Villa. En 1839 fue elegido Alcalde de Bilbao para el periodo de 1840, según lo previsto en las Ordenanzas. El regidor José Mª Gerequiz propuso su nombre para la insaculación (Acción de poner en una urna, boletas con números o nombres de personas o cosas para sacar una al azar). Para que el lector entienda esta palabra y el método de elección de los Alcaldes transcribimos la Ordenanza al respecto: El 30 de Diciembre de cada año, los regidores proponían los nombres de los sucesores que eran elegidos por el método de la insaculación, es decir se introducían los nombres en un cántaro y se sacaban a sorteo los nombres del Alcalde titular y dos sustitutos, así como de los regidores propuestos todos ellos por los que ocupaban en ese momento los correspondientes cargos. Los miembros de la Corporación se agrupaban en dos bloques o bancos: Seis pertenecientes al Banco de San Pedro y seis al banco de San Pablo, los cuales se alternaban en el nombramiento del alcalde. La duración del cargo era anual. Los elegibles debían de ser mayores de 25 años, y debían poseer “mil ducados de hacienda, de hallí (sic) arriba”, como garantía de su gestión. Por lo tanto, el ejercicio del poder local quedaba circunscrito al círculo de importantes propietarios de inmuebles, pero también se hizo extensivo a sectores enriquecidos de la burguesía comercial.

Tres años después, se vio involucrado en la sublevación que durante la primavera de 1843 consiguió derrocar a Espartero, siendo nombrado por la Junta de Gobierno Provisional de Vizcaya como Alcalde de Bilbao, aunque sólo permaneció dos semanas en el cargo durante el mes de Julio de ese año, como transición hacia un nuevo Consistorio legalmente elegido. Justificaba la aceptación del cargo por las necesidades del momento, pese a manifestar su postura personal contraria a pronunciamientos y demás vías violentas para la resolución de los problemas políticos. Como resumen de su gestión político-administrativa al frente del Municipio, podemos decir que procuró recuperar el pulso ordinario tradicional de la Villa, destacando su atención a los temas educativos y a la desamortización, marcados por su ideología liberal.

Dentro del ámbito social destacó y fue ampliamente reconocido por su implicación en la creación, junto con otros 132 pioneros, de un espacio de ocio y foro para los liberales y fueristas acomodados y moderados de la Villa en plena 1ª Guerra Carlista, “La Sociedad Bilbaína” donde desde entonces acuden los más importantes comerciantes, financieros, industriales y propietarios locales de talante abierto y tolerante. Impulsó su fundación en 1839 siendo su Socio nº 1 y nombrado Primer Presidente, repitiendo el cargo en 1850.

Pero en el terreno que más descolló D. Máximo fue en los negocios inmobiliarios, con una gran visión de futuro, intuyendo las potencialidades turísticas y urbanísticas, destacándose como un gran inversionista en terrenos improductivos y arenales entre los ríos Udondo y Gobela. Aprovechando el proceso de Desamortización civil de 1855-1856, impulsada por Pascual Madoz, extendió sus tentáculos sobre las Marismas de Lamiako, suponiendo este hecho un paso trascendental en la configuración urbanística posterior de todo el Municipio de Getxo. Mediante varios testaferros, Aguirre adquirió en subasta pública las Marismas de la Vega de Lamiako adscritas al municipio de Getxo, actual barrio de Santa Ana, según escritura notarial del 18/5/1857, Protocolos de D. Mariano Ugarte, pagando por ellas un precio elevadísimo, teniendo en cuenta que eran terrenos improductivos, abrasados por el viento y el salitre del mar, que se anegaban con las mareas y que requerían una fuerte inversión para sanearlos.

Por lo tanto, Lamiako era, a mediados del siglo XIX, una inmensa vega de terreno que rodeando a ríos como el Udondo o Gobelas de una parte y la ría del Nervión por otra, estaban pobladas por marismas y arenales en su lento camino al mar. Estas marismas, conocidas como “la playa de Lamiako”, se unían prácticamente con la playa de Las Arenas hasta que ésta fue desapareciendo debido al cambio de las corrientes marinas propiciadas por las obras del puerto exterior finalizado ya el siglo.

Pero esos terrenos no le servían si no iban acompañados del resto de la Vega de Lamiako pertenecientes a Leioa hasta su límite con el río Udondo, ya en Erandio. Y a por ellos fue con la argumentación de que su intención era la de llevar a cabo un grandioso proyecto de utilidad pública que había concebido. La compra se efectuó en 1859 por lo que la familia Aguirre ya eran dueños de toda la marisma con 120 Ha. con las que Máximo Aguirre pudo acometer sus planes con total libertad. Inició las obras de desecación, canalización, y a pesar de las quejas de los escasos vecinos, la plantación masiva de pinos del tipo marítimo con semillas importadas de Francia, sembrando argoma y otras plantas para fijar el terreno. A la par, ante la mirada perpleja de los asombrados vecinos de la zona que lo consideraban un milagro, realizó labores de encauzamiento que cambiaron el curso del río Gobela, desviándolo por un tramo llano y paralelo hasta el Nervión, para encontrarse con el arroyo Udondo y encauzando su actual desembocadura en Leioa, muy cerca del límite con Erandio. Esta obra iba encaminada a que le permitieran la construcción de un centro de ocio y turismo en la zona de Getxo así como la plantación de pinos, siguiendo las experiencias de Las Landas francesas, en definitiva, una población recreativa o de baños a la que denominó “Villa Aguirre” que hicieran habitable la zona. El resto de marisma lo fue vendiendo para fines agrícolas pero esta primera intención fue evolucionando hacia una finalidad más industrial, sobre todo de producción metalúrgica y química. Ese límite jurisdiccional entre Leioa y Getxo, que en buena medida sigue existiendo hoy en día, terminaría creando una brusca frontera urbana.

En 1862, después de muchas dificultades administrativas y de las imprescindibles obras de saneamiento se hizo público el Plano de la Nueva Población de Baños llamada Lamiako. En el eje central de las distintas parcelas, se conformó una rotonda ajardinada donde 2 años después se elevó la ermita de Santa Ana, pagando los 6.000 escudos que costó la obra “la Sociedad Viuda e Hijos de Máximo Aguirre el 20/6/1865”.

El fallecimiento de nuestro personaje el 22/3/1863, en la Anteiglesia de Abando, paralizó, por el momento, el proceso de venta de los distintos lotes edificables. Pero a finales de ese mismo año, la Sociedad familiar “Viuda e Hijos de Máximo Aguirre” continuó con las ventas que fueron un éxito rotundo redondeadas con pingues beneficios. Esta Sociedad compuesta por los dos hijos mayores, Eduardo y Ezequiel en un 22,7% cada uno, y su viuda Francisca Labroche Oreña con un 54,6% continuó con los negocios familiares, recurriendo al proindiviso familiar, lo que permitió que siguiese la saga con total naturalidad. Otra hija, Dolores, se casó en segundas nupcias con Eduardo Coste Vildósola, Marqués de Lamiako, quien permaneció siempre muy vinculado a los negocios de sus cuñados y del que hablaremos más extensamente en su biografía correspondiente.

A su muerte, el Pontón era la más moderna empresa de un Bilbao industrial, pudiéndose valorar en 1.482.873 rs. de vellón entre la “Fábrica de Harinas del Pontón” y la “Fábrica de Lencería Miraflores”. Todo su patrimonio acumulado le convirtió en el mayor contribuyente fiscal entre los industriales de todo el Estado, apareciendo en el nº 1 en el censo que se elaboró para exigir el cobro de un impuesto destinado a financiar la Guerra de Marruecos. Sus coetáneos destacaron en él la táctica de diversificación de su patrimonio e inversiones, basada en el equilibrio entre los distintos sectores, en el que sobresalía, al inicio, su faceta comercial que le permitió erigirse en líder de la Cámara de Comercio y los comerciantes, posteriormente en el industrial, lo que le hizo cobrar un protagonismo hegemónico dentro de la pujante burguesía bilbaína, y por último, una estrategia activa de urbanización por la que llegaron a tacharle de visionario.

En definitiva, Máximo Aguirre fue un claro prototipo de persona emprendedora, con gran visión de futuro, que no le hacía ascos a las inversiones de riesgo, la mayoría de signo industrial, alcanzando el éxito económico. Un claro ejemplo de esta mentalidad empresarial, inculcada también a sus hijos, fue el premio de Lotería que le tocó a su hijo Ezequiel con un premio de 200.000 reales. Ocho años después, mediante inversiones y especulaciones varias se habían convertido en 535.000 reales.

Los distintos periódicos españoles, se hicieron eco de su muerte. Así, la España de Madrid del día 28 de Marzo de 1863, resaltaba sus muchos méritos y terminaba «Si don Máximo Aguirre hubiera tenido un campo más vasto que el de una modesta capital de provincias, para desarrollar su capacidad y sus poco comunes conocimientos, más brillante hubiera sido su carrera y España le hubiera visto ocupar los puestos más altos».

 

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JOSEBA AGUIRREAZKUENAGA Y OTROS.- Diccionario biográfico de los Diputados Generales, Burócratas y Patricios de Bizkaia.-(1800-1876).- Juntas Generales de Bizkaia.-Bilbao, 1995, pp.63-67
JOSÉ Mª BEASCOECHEA.- Propiedad, burguesía y territorio.-U.P.V.-E.H.U.- Servio Editorial, D.L. 2007.
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RJOSÉ Mª BEASCOECHEA.- Sociedad y política territorial en Getxo (1855-1935), la familia Aguirre-Coste.-Euzko Ikaskuntza en III Jornadas de Estudios Históricos locales de Vasconia, Iruña, 1993. Pp.301-328.
MANUEL LLANO GOROSTIZA.- Historia de la “Sociedad Bilbaína”.-Bilbao, 1965
CÉSAR ESTORNÉS.- Blog de Historia y Deportes.- 12/9/2011
3/3/2014

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