Myanmar III


myanmar-19YANGON

Conocida en occidente como Rangún fue la capital de Myanmar hasta el 2005. En la actualidad sigue siendo la ciudad comercialmente más importante y la más poblada del país con unos 4.500.000 de habitantes.

Fue fundada hacia el año 500 por los Mon, etnia que entonces dominaba el sur del actual país. Inicialmente tuvo el nombre de Dagon que significa “la ciudad sin enemigos”. Entonces no pasaba de ser un poblado de pescadores que vivían alrededor de la Pagoda de Shwedagon.

Se cree que la etnia Mon llegó a Birmania procedente del sudeste chino. Actualmente son aproximadamente 1.200.000 personas que residen básicamente en la región del mismo nombre limítrofe con el mar de Andalán al oeste y con Tailandia al este zona en la que, aún siendo mayoritarios, comparten territorio con otras etnias, especialmente los omnipresentes birmanos.

Su lengua tiene muchas similitudes con la Jemer predominante en Camboya. Son muy supersticiosos siguiendo en general las indicaciones de su chamán.

Su principal base económica es el cultivo del arroz y la explotación forestal.

Myanmar fue protectorado británico con el nombre de Birmania desde 1824 hasta 1948. Tras la segunda guerra anglo-birmana de 1852Yangón, con el nombre de Rangún, paso a ser la capital económica y política de la colonia.

La ciudad, convertida en un importante centro de comercio gracias a su puerto, llegó a tener gran riqueza.

Los adinerados ingleses que residían en ella procuraron que tuviera un buen sistema de enseñanza para sus hijos y, de paso, para los de sus sirvientes de mayor confianza. Se dice que en 1900 en este aspecto su nivel educativo era equiparable al de Londres.

De aquella época quedan un buen número de edificios coloniales, la mayoría ocupados actualmente por organismos oficiales.

Se nota que hay inversión en la construcción de nuevos barrios, algunos, especialmente los situados alrededor del Lago, de auténtico lujo aunque rodeados por zonas muy pobres.

Las calles están en muy mal estado, mal asfaltadas y llenas de baches, siendo un claro reflejo de la pobreza en que sumieron al país sus dirigentes especialmente durante los tiempos dictatoriales.

Incluso las aceras, ya de por sí de difícil circulación para el peatón por los puestos de venta y los “restaurantes callejeros” (ciudadanos con un infiernillo que cocinan, previo pago, para otros que no tienen medios), están en pésimo estado en muchas ocasiones e, incluso, con agujeros que pueden llegar a ser peligrosos para el equilibrio.

En una visión general de la ciudad nos llamaron la atención, entre otras cosas:

  • La posición dominante de la gran Pagoda Shwedagon, en la cima de una colina.
  • La Pagoda Sule que, además de destacar por sí misma, marca el centro antiguo de la ciudad y el kilómetro 0 de las carreteras nacionales.
  • El mencionado contraste entre las muchas zonas pobres y las muy pocas ricas, tan cercanas físicamente.
  • El tráfico agobiante en las vías principales, con vehículos en general muy viejos, aunque sin motos que aquí están prohibidas (el único lugar en Myanmar).

La prohibición se hizo por decreto de la Junta Militar sin ninguna explicación del motivo. La leyenda dice que el mandatario del momento, cabreado por un gran atasco, dictó la orden nada más llegar a su despacho.

  • La mala calidad del transporte público, con pocos autobuses muy viejos (sistema en vías de mejora) y ferrocarriles en estado lamentable.
  • La gran cantidad de pequeños comercios que hay por todas partes, con algunos puntos de venta incluso en coches y furgonetas aparcados o en cualquier sitio que pueda servir para ese fin.
  • Los numerosos puestos de comidas callejeros que ya he mencionado antes, muy poco apropiados para el estómago del occidental.
  • El, muchas veces, agobiante calor húmedo.

myanmar-20

Yangon (I)

Nuestro guía tuvo en cuenta la tardía hora de llegada y nos vino a recoger al hotel a una hora prudencial, las 11:00.

Nos habíamos levantado bastante antes de lo necesario, sin duda por tanto cambio de horario y tantas ganas de ver. Después de desayunar dimos un paseo por los alrededores atravesando el cercano puente principal sobre las vías del tren (la estación está bastante próxima) accediendo a la avenida principal llamada Sule, la vía más utilizada para llegar al puerto.
Nos acercamos a la bonita Pagoda que le da nombre y que tiene cerca el flamante edificio colonial sede del Ayuntamiento.

En este paseo “estrenamos” la subida de adrenalina que supone cruzar de acera en una gran avenida en la que, como en otras, los muy escasos semáforos no sirven para gran cosa.

A la hora convenida estábamos de vuelta en el hotel donde San Yu, que ya estaba esperándonos, nos comentó que debíamos hacer un cambio de planes sobre el programa previsto y empezar la jornada con la visita al famoso Bogyoke Market o Scott Market, planificada para el día siguiente (lunes) fecha en la es imposible ya que lo cierran al público.

Se trata de un gran bazar situado en un edificio de estilo colonial, construido en 1926 durante el mandato del Gobernador George Scott.

Salimos del hotel y tomando la primera calle a la derecha recorrimos unos 200 metros para girar a la izquierda y llegar a un puente peatonal de madera sobre las vías del tren. Antes de cruzarlo vimos unos puestos de venta callejeros. En algunos de ellos vendían cualquier tipo de comida imaginable, incluidos escarabajos y saltamontes fritos que no probamos.

Como íbamos a volver, Isabel – si no picaban – y yo, que éramos los únicos dispuestos a catarlos, pensamos que era mejor dejarlo para el último día por si nos dañaba el estómago. No tuvimos oportunidad de comerlos ya que en el retorno nos encontramos con que no estaban montados estos puestos de comida.

myanmar-21

El Scott Market es realmente grande. Te puedes perder entre tanto puesto comercial. Está lleno de colorido y de olores típicamente orientales, sobre todo de especias.

De gran extensión, ordenado en calles perpendiculares, nos pareció bastante limpio comparado con el exterior. Se pueden comprar joyas, ropas, calzado, artesanía o, incluso, hacerte vestimenta de todo tipo a medida, además de cualquier objeto propio de un bazar, zoco o mercadillo habitual. Por cierto, hay bastante rotulación en inglés. Tal vez para los marineros que llegan al puerto.

Lo primero que hicimos fue cambiar dinero en la tienda de un amigo del guía. Por unos pocos euros nos dio un montón de billetes pillados con una goma que sacó de un bolsillo de su, en este caso, pantalón, sin duda más práctico que el lonji para estos menesteres.

Dedicamos algo más de una hora a recorrer el recinto sin llegar a comprar prácticamente nada entre otras causas porque, al ser el primer día y tener que hacer bastantes traslados en los siguientes, queríamos evitar ir cargados y, también, por no saber lo que era interesante ni estar acostumbrados a los precios ni al necesario regateo.

Pensamos que el último día, con tiempo libre, podríamos volver a recorrerlo tranquilamente como así fue.

Finalizada la visita caminamos por las cercanas calles, las más frecuentadas del centro de esta ciudad tan grande. Debo volver a destacar el gran número de comercios que hay por todas partes y especialmente por esta zona. No sé si venderán mucho ya que parece que no hay clientes ni dinero para tanta oferta.

myanmar-22

                                   Pagoda Sule

Nos encaminamos hacia la Pagoda Sule. Su base, que se proyecta hasta la cúpula, es octogonal.
Tiene 4 accesos, algo que vimos más veces, cada uno de ellos orientado hacia un punto cardinal. El pan de oro que la recubre es muy brillante. Supongo que sería mucho más visitada por los extranjeros si no fuera porque está situada en el centro de una rotonda con un tráfico intenso alrededor que hace que su acceso sea peligroso.

Se cuenta que la Sule fue la primera Pagoda que se edificó en Yangon y que tiene unos 2.600 años si bien pienso que la antigüedad de las cosas en este país, en general, está exagerada además de que cuentan desde que se puso la primera piedra en el lugar aunque luego fuera totalmente destruida y lo que se reedificó no se pareciera a lo que había.

No destaca por su tamaño pero si por ser, además de un centro religioso de fuerte implantación, el punto de partida de importantes manifestaciones, entre ellas las de los monjes budistas en 1988 y, sobre todo las que tuvieron lugar con los mismos protagonistas en septiembre de 2007.

Los monjes, colaboradores de los distintos gobiernos militares y gracias a ello, entre otras cosas, judicialmente “intocables”, se movilizaron contra el poder el 5 de septiembre. El Gobierno, acuciado por una gran crisis económica, unos días antes combinó una subida del precio de los combustibles con la supresión de las subvenciones por su compra lo que supuso un encarecimiento del 500% del precio al consumidor de esta materia.

Enseguida llegó la subida del coste de los transportes lo que facilitó que se disparara el de los alimentos y otros productos básicos especialmente en las ciudades y se alcanzasen unos niveles de precios que abocaron a la población a la más absoluta de las miserias..

Esto tuvo un efecto colateral: las dádivas a los monjes, tanto de comida como de dinero, bajaron drásticamente y estos no podían subsistir y menos mantener su privilegiado nivel de vida.

Viendo esta doble circunstancia, lo mal que lo pasaba el pueblo y, sobre todo, lo mal que lo pasaban ellos, decidieron sublevarse contra el poder organizando manifestaciones.

En una de las primeras el ejército cargó y entre los monjes hubo tres heridos. A partir de aquí todo fue a peor. Se sumaron los ciudadanos y las manifestaciones pasaron a ser multitudinarias, llenando las calles y logrando dejar temporalmente sin reacción a la Junta Militar.

Todo terminó en unos días, cuando el Gobierno decidió quitar a los monjes su protección legal y detuvo a centenares de ellos.

Inmediatamente este colectivo se retiró de las calles y los ciudadanos se replegaron poco después ante la brutal represión que se emprendió contra ellos y que dejó un reguero de muertos y desaparecidos. En unos días todo formó a ser parte del pasado. Salvo la miseria.

Rodeamos la Pagoda Sule no sin antes admirar su belleza y rareza y vimos por primera vez como el comercio también tiene su tirón en las zonas religiosas,

myanmar-23

                                         Pansodan Street

Tras dejar a un lado el cercano Ayuntamiento, curioso edificio de estilo birmano, y al otro el parque Mahabandoola Garden, este de diseño colonial, nos encaminamos a la calle Pansodan St. en la que hay varios edificios interesantes dela época británica, la mayoría de ellos esperando una restauración o, al menos, una mano de pintura.

A esta zona colonial nos vino a recibir el chofer con la VAN para llevarnos a comer a un restaurante llamado El Elefante Verde, amplio, de buena calidad, donde empezamos nuestro “idilio” con la comida birmana.

Nos pusieron las servilletas con una forma muy trabajada y nos hicieron una demostración de cómo las montan.

myanmar-25

   Qué mejor que empezar con una sopita

Comimos bastante bien. El pan de arroz y el te birmano, que iban por cuenta de la casa, no faltaron.

Las bebidas, como en todos los casos, fueron por nuestra cuenta. Agua embotellada y cerveza Myanmar que Bego acompañó generalmente con Sprite.

A continuación nos trasladamos a la famosa y espectacular Shwedagon Paya, un complejo religioso de 46 hectáreas nada menos que tiene en su interior un número importante de templos rodeando una impresionante Estupa.

Fue fundada hace más de 2.000 años, algo después de la Sule, aunque los saqueos, terremotos y restauraciones hacen que todo lo que allí se ve sea moderno, de hace 200 años más o menos. Simplemente, magnífica.

Cuenta la leyenda que dos hermanos mercaderes visitaron a Buda en la India y, convertidos a su filosofía, decidieron predicarla por lo que ahora es Myanmar. Complacido por ello el Maestro les regaló 8 pelos de su barba con el encargo de que debían guardarlos como reliquia en una pagoda a construiren la mejor zona de Birmania.

El lugar elegido, con la ayuda de dos nats, fue la colina sobre la que se erige. Al terminar la pequeña capilla inicial los fenómenos naturales que se produjeron, terremotos,tifones, tormentas,…, les sirvieron para confirmar que el lugar era el más adecuado.

myanmar-24

                            Cartel a la entrada

Es, sin duda, el recinto religioso más famoso, visitado e importante de Myanmar. Su principal Estupa bajo la cual se guardan los santos pelos se eleva imponente unos 96 metros, está recubierta según dicen de más de 7.000 kilos de pan de oro y contiene en su interior y exterior abundantes diamantes y piedras preciosas incrustados.

Comentan que la gran altura de la Estupa, su finalización en punta, la habitual presencia de campanillas metálicas en su parte superior que “rezan por todos los muertos cuando las agita el viento” y la ausencia de pararrayos en la zona hicieron que atrajera los rayos de las tormentas lo cual, además de los daños que le suponía, hizo que los habitantes de la zona pensasen que tenía una energía especial que la hacía más santa.

Para acceder al templo es necesario subir por una de las cuatro amplias escaleras cubiertas orientadas hacia los puntos cardinales al lado de las cuales se puede ver todo un entramado de comercios, hecho que se repetirá en general en todas las que son visitadas por peregrinos o turistas.

Nada más entrar vimos un cartel que anunciaba algo que no logramos comprender. Estaba escritoen el idioma birmano. San Yu nos lo tradujo pero no recuerdo el mensaje.

La impactante Estupa principal está rodeada deun patio amplio y en él todo tipo de pequeñas estupas, templos y capillas, todas llamativas y algunas muy chillonas, siempre con imágenes de Buda. Una de ellas parecía una caseta de la Feria de Abril.

myanmar-26

              Siete toneladas de oro nada menos

El conjunto, especialmente en algunas zonas, recordaba a un parque de atracciones temático.
Nos encontramos con mucha gente, posiblemente más de la habitual ya que era domingo.
Había un flujo continuo de peregrinos y varios puestos de recepción con huchas adosadas para certificar su llegada los unos y recoger sus donativos los otros.

Por supuesto había monjes. Iban vestidos con túnicas en impecable estado. La mayoría jóvenes, de muy buena presencia, caminando en grupos de 3 o 4, con modernas gafas de sol y teléfonos móviles de última generación.

También vimos grupos de novicias jovencitas delante de estatuas de Buda, peregrinos, unos rezando, otros comiendo, monjes paseando, un par de brigadas de alegres barrenderos y barrenderas intentando mantener el suelo limpio y, oh sorpresa, un cajero automático, algo difícil de encontrar en la ciudad. Probablemente estaba colocado ahí para facilitar la extracción de dinero para las limosnas.

myanmar-27Barriendo

Adosados a la Estupa principal hay siete templetes con imágenes de Buda, uno por cada día de la semana, en los que el visitante puede hacer ofrendas en el que coincida con su día de nacimiento.

Los birmanos basan sus horóscopos en el día de la semana en que se nace, no en los signos del zodiaco.

Para ello hay una pequeña pileta donde hay que coger agua con un cacillo y echarla sobre la cabeza de una pequeña estatua de Buda que está sostenida por la de un monje, y tiene a sus pies un elefante, en unas ocasiones de mármol blanco y en otras con un baño dorado.

Tras comprobar que mi nacimiento cayó en martes procedí a seguir la tradición y mojé a Buda y al paquidermo, en este caso dorado, un número impar de veces ya que hacer lo contrario trae mala suerte.

myanmar-28


                         Más budas

myanmar-29

                                 Siempre Buda

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Paseamos tranquilamente por el gran recinto. Ignoro el número de budas que contiene pero puedo asegurar que son multitud. En algunas delas Pagodas parecen estar amontonados. Normalmente se le representa sentado y en ocasiones tumbado, en este caso siempre de lateral y con la cabeza apoyada en su mano derecha.

Continuamos con nuestra visita. Pasamos junto a otro grupo bastante grande de novicias. Hicieron una especie de desfile antes de colocarse en un lugar estratégico para, con la luz apropiada, hacerse un reportaje fotográfico con un grupo de turistas. Su guía iba por delante para marcar el sitio que le parecía mejor. Seleccionó una zona delante de un Chinthe, animal de la mitología birmana, mitad león, mitad dragón.

Por supuesto, previo pago de una significativa cantidad de dinero, como nos ratificó nuestro querido guía que era habitual.

myanmar-30

Tocando una campana en Shwedagon Paya

Shwedagon no deja de producir admiración. Todo es dorado, rico, reluciente, abundante.
Como contraste fuera sigue la inmensa y terrible pobreza. Y la suciedad en las calles de los barrios pobres. Pero al turista tipo tal riqueza y exuberancia nos cala, nos deslumbra.

Allí estuvimos unas cuantas horas hasta que acabó de completarse el programa del día, momento en el que volvimos al hotel a pesar de perdernos el atardecer que anunciaban como espectacular con tanto brillo.

En el camino vimos entre barrios deprimentes un complejo de mucho nivel, Myanmar Plaza, presidido por un hotel Meliá imponente y un Centro Comercial junto a él con una imagen totalmente occidental.

Acabada la jornada turística y antes de despedirnos de San Yu le pedimos que nos recomendase un restaurante para cenar y nos envió al que hay en la planta 20 de la torre Sakura, a unos20 minutos andando desde el hotel, llamado Thiripyitsay en el que Isabel y Javi compartieron carne de buey australiana y Bego y yo comimos Salmon de Tasmania.

A nuestro regreso Fernando nos explicó que el salmón es un pez del hemisferio norte.
Efectivamente, así es. Sucede que un grupo empresarial decidió montar una piscifactoría para su cultivo en Tasmania y el resultado fue un pescado de grandísima calidad, muy admirado en los países de la zona.

El sitio, de mucho nivel y magníficamente decorado, tiene grandes ventanales que permiten ver la ciudad de noche, pobremente iluminada.

myanmar-31

          La cuenta

Sus precios son muy altos para los birmanos y moderados para nosotros. Es totalmente occidental. Tuvimos un incidente gracioso antes de empezar a comer.

Un camarero nos presentó la carta adornada con brillantes fotografías de la comida y otro nos tomó nota. Después vinieron un tercero con una bandeja de unos rollitos blancos y un cuarto con una jarrita metálica con agua caliente. Éste echó el líquido elemento en el rollo y se fueron. 

¿Qué será esto? ¿Un aperitivo? ¿Quién lo prueba?

Javi dio el paso y se echó a reír: eran unas toallitas para lavarnos las manos.

Nos cobraron, al cambio, alrededor de 25€ por cabeza.

Regresamos al hotel dando un paseo. Había que descansar para estar “frescos” la siguiente jornada. La ciudad seguía viviendo en la calle. No daba ningún miedo recorrerla a pie a esas horas. Era muy segura.

Debo resaltar que, especialmente en Yangon, sus ciudadanos hacen gran parte de la vida en la vía pública donde, como ya he comentado, ubican sillitas portátiles y pequeñas cocinas en las que preparan sus alimentos y, si hace falta, los de sus vecinos. Por supuesto, las normas de higiene no existen. Para avanzar por la acera en ocasiones hay que atravesar entre ellos y “disfrutar” del olor de las especias y los alimentos que preparan.

Cuando volvimos al hotel todavía seguían allí. Y al salir por la mañana, también.

(continuará)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *