SAN PETERSBURGO


Para algunos la ciudad menos rusa de Rusia.
Para mí, magnífica e incomparable.

Palacio de Invierno

INTRODUCCIÓN
Estuvimos en San Petersburgo en 2002, un año antes de la celebración del tercer centenario de su fundación como partícipes de un viaje para clientes de la BBK.
Pasado el tiempo puedo decir que me dejó una huella imborrable. Tanto que mucho de lo que vimos allí lo mantengo vivo en mi memoria.

Tal vez ayudó que la visita empezó un 23 de junio, en plenas noches blancas, cuando la luz lo llena todo, que tuvimos unos compañeros de viaje muy especiales de los que recuerdo en especial a Ricardo, a los difuntos Pepe, siempre alegre, y Enrique, un ingeniero jubilado y cofundador del banco de alimentos que viajaba con su encantadora esposa, que nos guió un magnífico profesional, Andrei, y que contamos con una excelente acompañante desde Bilbao cuyo nombre no recuerdo, nieta de “una niña de la guerra
Por ponerle un pero debo decir que, para mi gusto, fueron pocos días para tanto que hay que ver. Es necesario disfrutar relajadamente de cada monumento, palacio, iglesia, jardines, poder rememorar episodios que hemos visto, oído o leído,… Evitar que las imágenes se acumulen de forma desordenada en nuestra memoria.
También opino que un viaje a esta ciudad con tanta historia y tan importante con solo 300 años de existencia requiere de lecturas previas que nos hagan comprender la figura de los Románov, los Decembristas, la increíble existencia de Rasputín, la Revolución Rusa, uno de los episodios más importantes para la humanidad con independencia de las ideas de cada uno, el despiadado asedio por el ejército nazi, etc. que nos harán disfrutar más si cabe de una visita turística que debe ser de una semana o diez días de duración como mínimo.

Sin duda, es una de las ciudades a las que más me apetece volver. Contemplar el rio Nevá y los canales con sus innumerables puentes, que son en su mayoría obras de arte y que añaden el espectáculo de poder ver la apertura de buena parte de ellos algunas noches, transitar pausadamente por la Fortaleza de San Pedro y San Pablo, el corazón de la ciudad, con su Catedral del mismo nombre, las tumbas de los zares y la prisión política, visitar el Hermitage, sus colecciones de arte, salones, conjunto…, ir a la Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada para ver su exterior y su interior recordando el atentado que allí hubo, el Palacio de Catalina y su salón de ámbar.
Pasarse horas en el Palacio de Invierno, desplazarnos a visitar los palacios y jardines de Peterhof, Pávlovsk o Tsárskoye Seló en el que reviviremos los episodios de Rasputín con la zarina y su hijo, el hemofílico zarevich, volver a la ciudad para hacer un viaje en barcaza por sus canales, entrar en la Catedral de San Isaac, no dejar de ver el Teatro Mariinsky, y, en estos escenarios, recrearnos en lo que debió de ser la vida en tiempos de los zares.

No se puede obviar un mágico paseo por la Perspectiva (Avenida) Nevski. Además de su belleza, sus edificios, sus tiendas comercios y cafeterías, la Catedral de Nuestra Señora de Kazán, la inmensa librería en la que, aunque no entendía ningún título me maravillaron todos los espacios y el caos circulatorio, nos vendrán a nuestra mente las imágenes de aquel 25 de octubre (calendario juliano) / 7 de noviembre (calendario gregoriano) y del asalto al Palacio de Invierno.

Claro que si nos interesa vivir la evolución política un poco más este iremos hasta el Palacio Taúride, donde estuvo la primera Duma, el Instituto Smolny, que solo podremos ver por fuera, en el que Lenin y los suyos montaron el Estado Mayor para dirigir los episodios revolucionarios y, por supuesto, el buque Aurora.
Claro está, hay que volver a pasear por las orillas del Nevá. Y contemplar el brillo de la Aguja del Almirantazgo al amanecer o, mejor aún, al anochecer.
Si tenemos un buen guía como fue Andrei, nos contará el inmenso esfuerzo que supuso construir semejante ciudad en una zona tan pantanosa y con inviernos tan fríos, los traslados desde el lejanas tierras de piedras, tan escasas en esas tierras, y de madera necesarios para las edificaciones, la mortandad de los siervos durante su construcción, del nivel del 40%, las vivencias durante la revolución rusa y los realmente estremecedores momentos vividos en el Sitio de Leningrado con detalles que nos ayudarán a comprender hasta donde pueden llegar, increíblemente, los límites del ser humano.
Y ya puestos, es conveniente gozar de una excursión a la bonita e histórica ciudad de Novgorod, a unos 190 km, ciudad fundada en el siglo IX, de gran belleza y donde se revive la evolución de Rusia desde ese siglo hasta la actualidad, incluida la religiosa, tan influyente en todas las civilizaciones y más, si cabe, en esta.

Definitivamente, me apetece volver a San Petersburgo. Si todo sale bien en el viaje a Siberia, lo intentaré. Solo este destino. Sin combinar con Moscú ni como parada en un crucero. Seguro que me encantará que Joserra y Marina nos organicen algo. Puestos a soñar, deberíamos intentar alojarnos o por lo menos tener tiempo para degustar una comida o, al menos, un café o un té en el magnífico Hotel Astoria donde, por cierto, llegó a trabajar Spiridon Putin, abuelo del actual presidente ruso, antes de ser el cocinero personal de Lenin y Stalin.
Indudablemente, San Petersburgo me dejó huella.

ALGUNOS DATOS

Fundada el 27.05.1703 por el zar Pedro I el grande quien ordenó llamarla así en honor a su patrón.
Pedro I había estudiado y residido en los Países Bajos en su juventud por lo que estaba impresionado con Amsterdam. Además, en sus viajes por Europa se había quedado prendado de Venecia y de los palacios italianos y también de los franceses además del glamour de este país. Y se quedó convencido de que un Imperio como el que gobernaba necesitaba una salida por mar hacia Europa. El báltico, en aquella época, era la mejor solución.
Juntando todo esto llegamos a los motivos que llevaron a la elección del emplazamiento, el urbanismo, los palacios, la construcción, el lujo y, dicen algunos, hasta la bandera rusa.

Actualmente cuenta con unos 5,5 millones de habitantes, siendo la segunda ciudad más habitada de la Rusia.
Su climatología es extrema, bajando de los -20º en invierno. Su latitud norte hace que en la segunda quincena de junio goce del fenómeno de las noches blancas, siendo esta época la más apropiada para viajar si bien conozco a algunas personas que me cuentan que el invierno todavía es mejor.

 

IGLESIA DEL SALVADOR SOBRE LA SANGRE DERRAMADA

Muy cerca de la Avenida Nevski , en pleno centro de la ciudad, podemos encontrar esta Iglesia, quizás una de las más bonitas que haya visitado. Una auténtica obra de arte en su totalidad, por dentro y por fuera.
Su construcción se inició en 1883 siendo zar Alejandro III y fue terminada en 1906 con Nicolás II al frente del país.
Se ubica en el punto en que Alejandro II murió víctima de un atentado (de ahí “Sobre la Sangre Derramada”) y se financió con dinero del tesoro de la familia Imperial y con donaciones de los nobles de la época.
De estilo ruso, sin duda el colorido habitual en estos templos ortodoxos llega aquí a su máximo esplendor.

Se dice que durante el Sitio de Leningrado una bomba cayó en su cúpula y, milagrosamente, no llegó a explotar. Vamos, como cuentan que sucedió unos años antes en El Pilar de Zaragoza y, sin duda, en muchos otros Santuarios.

 

CRUCERO AURORA

Se trata de un buque dentro de los denominados “crucero protegido” propiedad de la armada rusa que, junto con dos más idénticos, fue mandado construir por el zar Nicolás II en 1897 y que fue botado en 1900 permaneciendo en servicio activo hasta 1957.
Participó en la guerra Ruso Japonesa de tan nefasto resultado para los primeros. Inicialmente causó un grave incidente diplomático al confundir la tripulación, al parecer por la niebla, unos barcos de pesca británicos con torpederos japoneses.
Durante dicha guerra 18 bombas impactaron en su fuselaje logrando su almirante al mando mantenerlo a flote e, incluso, llegar hasta la entonces neutral ciudad de Manila.
Su episodio más recordado se produjo durante la revolución rusa. En él la tripulación del barco se negó a cumplir las órdenes de partir al mar. En cambio, los rebeldes dispararon a las 09:15 del 25 de octubre el cañonazo que supuso el ataque al Palacio de Invierno, siguiendo órdenes del mando bolchevique.
Actualmente es un museo.

¿QUÉ HACE AQUÍ NUESTRA ARAÑA?

En la excesivamente corta visita que hicimos al Hermitage, al asomarme a una ventana, vi nuestra “araña”. Pensé: ¿Qué hará aquí? ¿Será un préstamo temporal? No, simplemente era mi falta de conocimiento de este tema.
Estoy hablando de la obra de arte La Mamá que Louise Bourgeois esculpió en homenaje a su madre, que podemos ver junto al Museo Guggenheim en Bilbao y que forma parte de una serie de 10 diseminadas por el mundo, entre otros lugares en Tokio, Londres, París, además de los dos citados.

“La Araña es una oda a mi madre. Ella era mi mejor amiga. Como una araña, mi madre era tejedora. Mi familia estaba en el negocio de restauración de tapices, y mi madre estaba a cargo del taller. Igual que las arañas, mi madre era muy astuta. Las arañas son presencias agradables que comen mosquitos. Sabemos que los mosquitos esparcen enfermedades y por lo tanto, no son bienvenidos. Entonces, las arañas son proactivas y de mucha ayuda, justo como lo era mi madre.”
 Tate acquires Louise Bourgeois’s giant spider

PASTEL RUSO

Conozco dos pasteles denominados “ruso”, el de Bilbao y el de Huesca. Son totalmente diferentes. Me voy a referir al segundo.
Sobre el origen del nombre la versión que más me gusta es la de que la zarina Catalina la Grande, gran glotona, quiso tener la mejor cocina y repostería de Europa por lo que envió a uno de sus cocineros de viaje para catar los distintos manjares y contratar a los mejores especialistas en el arte gastronómico. En cuanto a la repostería se encontró con un oscense que hacía un delicioso pastel a base de merengue y almendra. Y se lo llevó a Rusia.
Otra historia más común dice que la esposa de Napoleón III de Francia, la granadina Eugenia de Montijo, durante la Exposición de París de 1855 invitó a comer al zar Alejandro II y de postre ordenó que se le sirviera este pastel que le encantó.
Probablemente ninguna de las dos sea cierta. Pero ambas suenan bien.
Se compone básicamente de una fina capa de bizcocho de merengue almendrado, crema de mantequilla, avellana y almendra caramelizada. Si se visita Zaragoza es conveniente su compra en Pastelerías Ascaso. Para mí, el mejor.

 

RECOMENDACIONES DE LECTURA

 

Creo que al primero que debo nombrar a un autor romántico y costumbrista, nacido en esta ciudad y muy bien considerado: Alexandr Pushkin que, además de rompedor en la escritura, era un bohemio incorregible, especialista en provocar y participar en duelos.
De entre sus obras creo que es recomendable y muy admirada Eugenio Oneguin aunque hay que encontrar una buena traducción ya que estamos hablando de poesía.

Ahora bien, Boris Godunov, el drama histórico que menciono en más capítulos es considerada su obra cumbre, además de ser la base de una ópera con el mismo nombre.
Dado que conozco muy poco del género operístico y de que la música me gusta pero no tengo cualidades especiales para ella, le he pedido a nuestro compañero Javi Campo unas líneas sobre el tema y ha escrito lo siguiente:

 

 

Borís Godunov es, sin duda, la más perfecta y brillante de las obras dramáticas de Pushkin, cuya publicación supuso el fin del clasicismo vigente y transformó radicalmente el teatro en Rusia. Concebida durante uno de sus repetidos destierros, Pushkin fue consciente de que sería rechazada y la guardó consigo hasta que finalmente vio la luz, censurada, en 1831. Como su autor esperaba, fue criticada e incomprendida, pero pronto el realismo de Borís Godunov alcanzó el reconocimiento que merecía hasta el punto de ser definida por Máximo Gorki como «el mejor drama histórico ruso» o inspirar la gran ópera de Mussorgski. Borís Godunov retrata con una belleza y profundidad inusitadas la sociedad medieval de la Rusia de finales del siglo XV y principios del XVI a través de la figura del zar que le da nombre.

La ópera de Modest Mussorgski se sirve de dos fuentes: el drama de Alexander Pushkin y la Historia del Imperio ruso de Kasamsin. De las 24 escenas que escribió Pushkin en su «Crónica del zar Borís», Músorgski se valió sólo de siete. Después de una primera versión, Mussorgski, tuvo que revisar el libreto de Boris Godunov para poderla estrenar en el Teatro Imperial, que había rechazado el original por ser poco convencional (por ejemplo, no incluía una figura principal femenina) y rozar en numerosas ocasiones el tema político. Finalmente la obra fue estrenada en el Teatro Imperial de San Petersburgo el 8 de febrero de 1874, teniendo una fría acogida.

El talento literario de Mussorgski era tan admirable como su genio musical. Algunas escenas fueron modificadas casi completamente por él, sobre todo aquellas en que el pueblo es protagonista. El libreto presenta un estudio dramático y psicológico muy interesante. Sufrió, igual que la música, varias modificaciones, que indicamos más abajo brevemente. Una obra única, revolucionaria en la época y tan original que no se puede incluir en ninguna tendencia ni comparar con ninguna ópera contemporánea. Posee una tremenda fuerza dramática y está llena de detalles psicológicos fascinantes; allí donde el compositor debe acercarse a las convenciones de la ópera tradicional, por ejemplo en el «acto de Polonia», la originalidad aparece un poco disminuida; mas, cuando tiene oportunidad, Mussorgski demuestra una auténtica y extraordinaria inventiva melódica. Todas las demás escenas son muy audaces en cuanto a la armonía, y poseen una forma declamatoria de un realismo tan fuerte, hasta entonces desconocido, que no es de extrañar que los contemporáneos no la comprendieran.

Posteriormente Nikolai Rimski-Korsakov, gran amigo de Mussorgski, quiso modificar y «suavizar» lo que le parecía demasiado revolucionario, inaccesible y áspero para lo que hizo dos nuevas versiones de la obra en 1896 y 1908 con una instrumentación deslumbrante que se estrenó en París en 1908. El éxito fue rotundo a pesar de que hubo polémicas escritas que duraron años y en las que el refundidor fue atacado duramente. Se decía que Rimski-Korsakov había «falsificado» armonías, había «suavizado» acordes audaces, había adaptado incluso antiguas canciones rusas a su propia versión posromántica pero esta versión eclipsó a la obra original de Mussorgski, hasta hace pocos años en que, por la influencia de las corrientes historicistas musicales, la versión original ha resurgido con fuerza.

Pero ¡qué genial tiene que ser esta obra para que su fuerza vital no se haya debilitado a pesar de tantas refundiciones y hoy resplandezca más que nunca!

Como referencia para conocer mejor la historia de la ciudad de los Zares, voy a indicar dos libros que menciono en otros artículos, uno que me resultó muy ameno, Los Románov de Sebag Montefiore y otro mucho más técnico, Rasputín del getxotarra Romaña.
Por supuesto, hay que mencionar a los grandes rusos, Tolstoi, Dostoievsk, Chejov y tantos más.
También se pueden revivir “desde dentro” los hechos de 1917 en la Historia de la Revolución Rusa de León Trotski.

PARA TERMINAR:

Podemos ver muchos videos de San Petersburgo, por ejemplo este de Expedia:
St. Petersburg, Russia

REFERENCIAS

Para escribir este artículo ha recurrido a:

  • Mis recuerdos de nuestro viaje a San Petersburgo.
  • Guía Lonely Planet
  • Como siempre, wikipedia.

Algunos blogs, entre ellos:

Jorge Ibor

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