Érase una vez un granjero que tenía un verde y bonito prado por el que solía pasear muy a menudo. Un día pensó que le faltaba algo que lo animase y le diera más vida. Al llegar a su casa lo comento con su mujer, y entre los dos decidieron ir a la feria y comprar una bonita y fuerte yegua. Dicho y hecho, fueron a la feria y después de dar unas pocas vueltas por la misma, vieron una yegua rubia preciosa que además tenía una hija de dos años. Les gusto tanto que decidieron comprarla, pero claro cómo iban a comprar a la madre y dejar sola a la hija. Así que el granjero hablo de nuevo con su mujer y decidieron que había que comprar a las dos. A la madre le llamaron Rubia y a la hija Gris porque tenía el pelo un poco grisáceo. Pagaron al ganadero un buen dinero y se las llevaron a su granja.
Al día siguiente las llevaron al prado, allí yendo y viniendo correteando a sus anchas daban vida a los árboles, a las margaritas y a todo el verde campo. Comían hierba fresca y bebían agua de la bañera que recogía el agua de la lluvia, creciendo fuertes y sanas.
Un buen día un ganadero le ofreció un burrito pequeño y otro ya mayor, llegaron a un acuerdo y nuestro granjero se los compro. Pero que hacer ahora con los burros donde los guardamos se preguntó. De nuevo hablo con su mujer y esta le dijo, que mejor lugar que en el prado con las yeguas. El granjero nuevamente al día siguiente llevo los burros al verde prado, que era además muy extenso y tenía muchísima hierba, había comida para todos, yeguas y burros. Pasaron los días y aunque cada uno hacia la vida por su cuenta, las yeguas por un lado, los burros por otro para no molestarse, de vez en cuando jugaban y corrían juntos. Todos estaban contentos y Vivian en una sana y bonita armonía disfrutando de la buena hierba y las vistas al campo y al mar.
He aquí que un día el ganadero dijo a sus hijos, habría que llevar a la yegua hija a cruzarla con un semental para que tenga una bonita y hermosa cría. Allí fueron los chicos al campo a ver a las yeguas ¡Y sorpresa! de las sorpresas, la hija estaba preñada, y no solo eso ¡la madre también!
Madre e hijas preñadas se dijeron ¿Quién habrá sido? Solo pudo ser uno ¡El burro mayor! el otro era todavía muy pequeño.
Así que un burro casquivano dejo preñadas a las dos yeguas Madre e Hija. Como consecuencia de ello, nació, primero un Mulito precioso y ligero de porte elegante y altanero. Y convivieron en el mismo prado la Abuela Rubia, la Madre Gris de tres años y el mulito de pocos meses elegante y altanero. Días después nació el otro Mulito fruto del embarazo de la Abuela Rubia.
Con que sucedió que el mulito nieto, tenía un hermanastro de Padre que a la vez era hermano de su Madre Gris, ósea también su tío. Y resulto que el burro casquivano a la vez que era su Padre también resulto se su abuelastro.
El granjero cansado de tanto lio, vendió al burro casquivano, se quedó con el burrito pequeño lo llevo a otro prado cercano y lo separo de las yeguas y los mulitos. Al final todos contentos todos felices, cada uno en su casa, todos juntos pero no revueltos.
La vida nos sorprende a veces con estos regalos fruto de la fuerza de la Madre Tierra y su Naturaleza. No todo está escrito queda mucha tierra y mucha vida por escribir.
El Mulito elegante ligero y altanero, creció mucho y tuvo una buena y bonita vida.
FIN 22.06.2023
©Juan Carlos Ruiz De Villa
Me gusta
33