Cada Familia Tiene una Historia.
Bienvenidos a la nuestra
Uno de esos días de sol alegre y brisa suave, como muchas mañanas salgo de casa a pasear y dirijo mis pasos hacia el Convento de los Dominicos, quizás por hacerme la idea de que estoy en el Camino como lo he estado muchas veces en los tiempos que fui peregrino a Santiago. También porque desde mi caminar la vista que se ve de los campos y de la ría es impresionante de bonita, unas veces con marea baja otras con la marea alta, ¡siempre muy bonita!
Y con ese andar mañanero y tranquilo del peregrino llego al Convento, en el que en las paredes del mismo en letras grandes, se puede leer, CAMINO DE SANTIAGO.
Entro al Museo y Centro de Interpretación, allí en su mesa está el Guía que lo lleva y cuida con esmero y cariño, al otro lado de la misma hay una Señora y un Señor sentados. Paso, saludo y entro a ver de nuevo las maravillas que contiene el centro.
Al salir me paro de nuevo a saludar y como suele ocurrir en estos casos empieza una pequeña conversación entre todos.
Mañana será San Roque, y estos Señores son del grupo o cofradía de San Roque. Dicen que con su medalla del Santo, irán a la ermita y se reunirán con el resto de vecinos y amigos. Habrá misa y después una pequeña fiesta con bailes folclóricos, y charlaran de esto y de lo otro y de acuérdate cuando empezamos el grupo, que jóvenes éramos y un montón de actividades para disfrute de todos.
Y Hablando de donde es Vd. y de donde son Vds. Los Señores dicen que son de allí mismo de este Barrio. ¡Mira por donde! les digo, nosotros tenemos una amiga que es de aquí también, se llama María. El guía se medio sonríe y me dice, pues es la hija de esta señora.
Encantado Señora, además su hija nos dijo que tenía unos hermanos que son unos chicarrones grandes y fuertes.
Si, si me dice la Señora, y sin mediar más palabras me comenta o nos comenta.
También tuve otra hija, era alegre, muy alegre y cariñosa, siempre sonriente.
A la edad de siete años se puso enferma, no sabíamos que le pasaba, la llevamos al hospital, nos dijeron que no había solución para su enfermedad. Una amiga nos comentó, llevarla a Madrid, al Hospital Universitario La Paz. Allí esperanzados y con todo el cariño del mundo la llevamos, yo me instale a vivir en Madrid.
La niña estuvo ingresada en La Paz seis meses. En la habitación había otra paciente, una Señora un poco mayor, y mi hija cuando no había nadie con ella, la hablaba para animarla e intentaba cuidarla y que estuviese alegre. Los médicos y las enfermeras cogieron mucho cariño a mi hija.
Cuando ya estuvo muy mal, llamamos a un sacerdote para que hablara con Ella, les dejamos solos. Cuando salió el hombre de la habitación de estar con la Niña, lo hizo llorando y así estuvo un rato. ¡Que cariño y ternura desprendía! decía.
Y yo me pregunto, cuanto de grande es el corazón de una Madre, que a pesar de los muchos años transcurridos, el solo hecho de nombrar a los hijos hace que su corazón y su mente se activen, y te diga. También tuve otra hija, alegre y bonita, se me murió con siete años.
En este frio momento me digo, que dura a veces resulta la vida. Y desde el fondo de mi corazón, pienso, seguro que está en la Gloria, y desde allí en la estrellas, sonriente, estará velando por su Madre y sus hermanos.
Seguro que de cada una de nuestras familias podríamos escribir una grande o pequeña historia.
Con todo mi cariño
©Juan Carlos

Me gusta
34