Crónica de una excursión a Burgos 1


Clásica.

Entre sueños estoy oyendo música clásica.

Anoche tuve fuerte poteo con los amigos, así que serán cosas de la resaca.

Son las siete…..

Joooooodee.

Que no, coño. Que es el despertador.

Hoy tienes excursión con el grupo de la Cosecha del 73.

«Cosecha del 73» está formado por empleados que ingresaron en las Cajas de Ahorro Vizcaína y Municipal en el año 1973, casi en su totalidad prejubilados y jubilados. Aportando una cantidad mensual para tal fin, desde hace un montón de años venimos haciendo una excursión cultural – gastronómica una vez al año al menos.  Todos los miembros de «Cosecha del 73″ que ya no estamos en activo formamos parte de la Asociación de Jubilados».

No me había tenido que levantar a estas horas de la madrugada desde que deje de trabajar. Ni me acuerdo, colega.

A la ventana.

Las calles están puestas. Fíjate qué cosa, oye. Como cuando curraba.

Bueno , ducha para espabilar y aroma de cafelito recién hecho. Maravilloso.

Y a la calle, valiente. Al Metro.

Al ir llegando al lugar de la cita, me encuentro con Jose Luis.

Iba bien acompañado. Llevaba a su vera una fémina plateada .

La muleta, claro.

Apunto mentalmente no despedirme de él a la vuelta diciéndole  “andar bien”. Es grande y vete a saber como se lo toma.

Al fondo el autobús. Justo a tiempo. Allí estaban todos.

Besos, abrazos, pellizcos y mordiscos y a la carretera.

Charleta mientras viajamos a Burgos. Nuevas ideas para la asociación, ilusiones, experiencias, y tal y tal.

Y cerca de nuestro destino salimos de la autopista.

La excursión comprendía una visita panorámica, pero debía ser panorámica de narices, porque empezamos por los campos de alrededor.Vamos, que el chófer andaba descolocado.

Macho, qué vuelta.

Por poco acabamos en Ponferrada.

Menos mal que al final, gracias a la memoria histórica y por Gamonal adelante hemos conseguido verle la cola al caballo del Cid, y llegar donde estaba el guía, un tío que resultó docto en el tema, además de ocurrente y entretenido. Estaba muerto de frío por la espera, claro.

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Se sube al bus, se presenta y ¡hala!, al Monasterio de Las Huelgas.

No, no es lo que se piensan algunos. Lo de las Huelgas de anarcosindicalista no tiene nada.txS90_03182_150521_web

Por lo visto el rey Alfonso VIII de Castilla, allá  por 1187, necesitaba un lugar en el que holgar ( no seas malpensado y no le añadas efes ni eles) y se montó un “resort» con un montón de monjas para pasarlo bien.

Para descansaaaar.

Con su chica, claro. Leonor de Plantagenet, la hermana de Ricardo Corazon de Leon, que por cierto, era un brazo de mar. El, claro, que ella también era hija de Enrique II de Inglaterra y fue madre de diez hijos reconocidos aunque posiblemente tuvo más. Si quieres enterarte de quienes eran, ya sabes, a internet colega.

Y allí lo hemos estado viendo, magníficamente expuesto por nuestro guía.

Románico cisterciense, un pelín antes del gótico, con añadidos de otros estilos en siglos posteriores a su fundación.

Su interior asombra por las riquezas que contiene, acumuladas durante siglos en el señorío creado al efecto y administradas por las sucesivas abadesas que únicamente dependían del Papa y del Rey, lo que les evitó el mal fin de otros conventos afectados por la Desamortización de Mendizábal.

Por su carácter de panteón real, alberga un sinfín de tumbas, destacando evidentemente la de su fundador y su esposa, en piedra policromada con las imágenes de sus respectivos escudos, un castillo de tres torres y los tres leopardos normandos, aunque esto último no convenció al respetable y quedó empañado por los comentarios del grupo ya que unos afirmaban que eran leones y otros que gatos.

Igualmente se pueden ver, y algunos hasta apreciar, los de Enrique I de Castilla, el de la Teja, que la palmó a los 13 años cuando le cayó una teja encima (parece de chiste) y los de otros ilustres como Leonor de Castilla, Sancho de Castilla,  Constanza de Castilla, Berenguela de Castilla y Maria Ana de….…¡Austria!.

En su interior….. na de na. En el XIX cuando la francesada vinieron un día los gabachos y en una noche de borrachera y pendencia, los muy civilizados arramplaron con todo lo de valor que contenían, dejando el resto para barrer.

Pero….hete aquí, eh, hete aquí, como decía, que uno, solamente uno se salvó de la rapiña, no se sabe si porque los franceses eran bajitos o por el nombre del difunto, que tiraba un poco patrás : Fernando de La Cerda, el hijo y heredero de Alfonso X el Sabio que se quedó difunto antes que el padre.

Debía ser un tío de pelo en pecho, ya que tenía unos cuantos arremolinados en un lunar formando cerdas. De ahí el nombrecito.

El caso es que hoy en día se puede disfrutar de su ajuar funerario en la sala que anteriormente fue la cilla, granero y almacén del monasterio.

Asombra y emociona poder contemplar los ropajes, joyas y utensilios que han estado ocultos durante ochocientos años en un estado de conservación casi perfecto gracias al frío que caracteriza a Burgos.

Capas, casquetes , tafetanes y pellotes nos dan una idea de cómo era la forma de vestir de la época.

Por cierto, que quitarse el pellote era despellotarse ¿ Te suena?

Es esta una prenda muy curiosa, que se asemeja a una falda con tirantes.

Así que mucho espadón y espuelas y luego, mira, como las colegialas.

En la misma sala se puede admirar el Pendón de las Navas de Tolosa arrebatado en la batalla del mismo nombre al califa Muhammad an-Nasir (Miramamolin).

La visita continuó con claustros, sala capitular, etc , que gracias al buen hacer y conocer de nuestro guía nos sirvió para aprender un poco más de la vida y costumbres de la época.

Una vez concluida, nos trasladamos hasta la conocida Puerta de Santa María y en sus aledaños hicimos una paradita técnica  para saborear un buen amaiketako.

Y después , a la Catedral.

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¡Vamos familia! nos dijo el guía y pasamos a su interior .

Aunque el monumento es de todos conocido, lo que pudiéramos decir de este magnífico edificio se quedaría corto en contraste con lo que vieron una vez más nuestros ojos.

Y en esta ocasión, explicado al detalle.

A la salida, un aperitivo compartido sirvió para completar una buena mañana de cultura y amistad.

A continuación disfrutamos de una agradable comida en el restaurante Casa Azofra, basada en productos de la zona especialmente un buen asado de cordero.

La velada se prolongó más allá de las seis de la tarde y después de la clásica foto de grupo, vuelta al autobús para regresar a Bilbao.

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Podríamos pensar que el regreso no tendría pérdida, como a la ida.

Pues no. Has pensado mal. Salimos de Burgos y tiramos por una carretera que terminó bruscamente en un sembrado. Menos mal que teníamos a Jose que nos encarriló a la autopista gracias a sus conocimiento de la zona.

Lo demás fue pura anécdota.

Otro estupendo día compartido con el grupo de la Cosecha del 73, que nos dejó como siempre con ganas de que llegue la próxima cita.

 


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Una idea sobre “Crónica de una excursión a Burgos

  • Pedro Escalante Garay

    Buena cosecha la del 73. Veo a algunos en la foto de otra añada.
    La Huelgas fue en efecto un lugar de relajo para reyes y nobles (los que podían). Es lógico que para gozar de los bienes espirituales, se tenga alguna experiencia en los placeres terrenales