Celebración de los 50 años de entrada en BBK


Pues sí, amigos, costó, pero conseguimos la celebración. Y no fue fácil, aunque lo pareciera. De hecho, el 2018 me han dicho que se intentó y no hubo forma de concretar el evento. Ahora ya tenemos precedente para años sucesivos. Así que vamos a contar las tripas del sucedido para que pueda servir, además, de referente a la hora de evitar errores cometidos y perseguir los posibles aciertos.

Todo comenzó allá por marzo, cuando Jorge Ibor me indicó que desde la Asociación de Jubilados estaban muy interesados en fomentar una celebración anual de aquellos socios que cumplieran los cincuenta de su entrada al curro en las antiguas Vizcaína y Municipal, luego BBK, y ahora integrantes parciales de Kutxabank. El muy ladino, hízome un festivo alegato a mis hipotéticas dotes de organizador, dado que estaba metido en algunas asociaciones, los Amigos de Frías, organizando concursos de pintura, ferias agrícolas, marchas de senderismo, etc., etc. El muy “mandón” (la palabra es otra pero suena mejor ésta), se había documentado bien para venderme la moto, que yo, ingenuo a mi edad, compré sin saber precio, funcionamiento del motor, gastos de mantenimiento y resultados de vehículo que compraba, todo hay que decirlo, a un buen precio: gratis.

Así que me puse en marcha y a primeros de abril monté una reunión con un grupo del colectivo afectado, que según los datos remitidos por la Asociación de Jubilados lo integraban SESENTA Y NUEVE PERSONAS. Procuré que el grupo estuviera compuesto en número equitativo por personas que habían pertenecido a las dos entidades y, a las primeas de cambio, entreví que no todo iba a ser fácil. Intuí que un grupo de DIEZ PERSONAS debiera ser suficiente para idear, gestionar y concretar el evento que teníamos entre manos. Y las seleccioné porque las conocía a todas y me daban garantía su gran solvencia profesional y personal. Hablé con ellas para concretar un día de un par de semanas después una reunión en la cafetería del Club Deportivo de Bilbao, pero, en el mayor de los consensos, logramos estar en la reunión exactamente la mitad: CINCO PERSONAS. Menos mal que había entre ellas mezcla de sangres: tres y dos, Vizcaína y Municipal.

La reunión fue un éxito, porque todos pusieron un alto grado de colaboración en el empeño. Y allí se esbozaron las líneas maestras de las actividades a realizar, sencillas pero atractivas a nuestro entender: misa en recuerdo de los compañeros fallecidos, paseo en barco por la ría hasta El Abra y retorno, aperitivo incluido, y comida en un buen restaurante para degustar y platicar de lo divino y lo humano, mientras el cuerpo y el restaurante aguanten.

Conchita, Javi, Jose Mari, Ricardo y yo, quedamos en dar unas vueltas a lo propuesto, por si se nos ocurrían algunas otras cosas que pudieran mejorarlo. Y Conchita y yo en hablar con todos y cada uno de los integrantes de la lista de los que entraron a trabajar en las dos Cajas el año 1969, anticipando la idea de la celebración a la comunicación oficial de la Asociación de Jubilados cuando todos los detalles se hubieran concretado. Todo esto propusimos hacer en el mes de abril.

Y a partir de mayo comenzó mi desbarre personal: un par de viajes de Inserso y otro particular mezclados con
mi obsesión por la plantación de la huerta de Frías, y bien aderezado con un rebrote simultáneo de artrosis reumatoide del tobillo derecho, fascitis plantar del pie izquierdo y derrame sinovial de una de las rodillas, no recuerdo cual, me tuvieron hasta mediados de julio en el dique seco, sin un avance en la concreción del evento. Como estábamos en pleno verano, no era plan comenzar el trabajo con todo el personal en dispersión vacacional, incluido el grupo organizador.

Asín que, in mente, me puse la primera quincena de setiembre para retomar las actividades y, tentativamente, una fecha de la segunda quincena de octubre para realizar el festejo.

¡Que dos meses de enseñanzas acerca del colectivo formado por los jubilados de la BBK! Bueno, en concreto me voy a referir al minigrupo de los que entramos a trabajar el año 69. Que lo formamos SESENTA Y NUEVE personas, curiosamente, según datos de la Asociación. Para mí que faltan algunos que por alguna razón se marcharon o los echaron. Porque los fallecidos, OCHO, si estaban en la lista, aunque no todos, porque dos aparecieron en el transcurso de la preparación de este acto. Uno me fue indicado por un compañero del grupo y el otro, pensando que vivía, llamé por teléfono para ver si estaba interesado en participar, y su mujer me dijo que había fallecido hacía cinco años, pero se mostró encantada de que hubiéramos contado con él.

Conchita y yo retomamos la actividad de comunicarnos con los SESENTA Y UNO VIVOS, ella a los de la Muni y y o a los de la Vizcaína. Y aquí fue Troya: de DIEZ de ellos no teníamos teléfono, email o dirección fiable, porque no pudimos establecer comunicación. De los CINCUENTA Y UNO RESTANTES, VEINTICUATRO, SÍ, 24, estaban fuera de Bizkaia e iban a seguir fuera en la fecha de la celebración, 25 de octubre. ¡Sin ningún tipo de ayuda en los programas de adaptación de niet@s al inicio de los cursos colegiales, ni en las más que probables y recurrentes bajas de los mismos debido a los contagios de liendres o al estrés posvacacional! ¡Qué poca vergüenza! Pero en los destinos más peregrinos: en Tokio, conociendo a un nieto nuevo, y su bisabuelo toda la vida en Ledesma; en París, en viaje regalo de los hijos por su cumpleaños; en Berlín, a la boda tardía de una hija con un alemán que conoció en Torrevieja; en Alburquerque, Nuevo Méjico, conociendo a los consuegros. O desperdigados por la costa este y sur de la Iberia: Javea, Benidorm, Aguadulce, Estepona, Torrox y Marbella. Ojo, ninguno en Portugal, destino preferente para algunos compañeros nuestros en los últimos tiempos. Y por razones menos afectivas.

Se puede concluir que este colectivo es de lo más movido del mundo mundial. Vamos, que si gallinas fueran, de huevo más sumergido que la economía hispana.

De los VEINTISEIS QUE QUEDABAN, la mitad se apuntaron a la celebración y el resto declinó la invitación porque no estaban interesados o tenían ocupaciones de fuerza mayor. Resultado TRECE APUNTADOS. Seis Vizcaína y siete Municipal. Todos chicos y mayoría chicas. Botones y secretarias predominaban. Todos estos detalles son respectivamente. En aquellos tiempos no había botonas y los secretarios eran generales. Otros tiempos.

Para favorecer el número de participantes habíamos incluido que cada persona pudiera venir con otra de acompañante y solo se apuntaron DOS. Total QUINCE ESFORZADOS para realizar la celebración.

En la semana previa al 25 de octubre, ajustamos el programa para el número inscrito: fuera el paseo en barco, porque se nos iba de presupuesto, hasta del más pequeño. No había problema porque daban lluvia toda la semana, igual era un acierto. Y Conchita dando la cara con el restaurante Herperia, porque habíamos hablado de unas SESENTA personas para la comida.

Y llegó el viernes DIA 25 DE OCTUBRE. Y de lluvia nada. Sol espléndido
Y el programa inicial, se retocó, y se realizó así:

A las doce, misa recordatorio por nuestros ocho compañeros fallecidos en la iglesia de San Francisco Javier de Bilbao, Ajuriaguerra, 42. Pedro el párroco oficiante se nos unió a la celebración de alguna manera: ese día cumplía los primeros cincuenta años de su vida. A menos cinco, en la puerta, besos, abrazos y primeros reconocimientos de quiénes éramos, porque no siempre a los nombres se les ponen rostros.
Sobre las trece horas, a la salida de misa, en lugar de barco, hicimos un paseo por el centro de Bilbao. Aperitivo en la Plaza de Euzkadi y destino la cafetería del nuevo estadio de San Mames. Paseo en alegres y distendidas pláticas, en varios grupos por aquello de los diferentes ritmos de andaduras.
A las 13,30 horas, rigor inglés, nuevo aperitivo contemplando el césped del mejor equipo del mundo (gane o no, es otra historia) desde las galerías de la cafetería. Se completa el grupo al llegar dos rezagados (los laicos). Y ahora sí que las conversaciones subieron de tono y ganaron en consistencia, mientras hacíamos tiempo para ir al restaurante, cercano al campo.
A las 14,30 horas entramos al comedor del Herperia. Comida aceptable y el ambiente, caldeado por los aperitivos, de lo más entrañable y afectivo. Pasamos un rato largo y my agradable que se nos hizo corto, recordando los tiempos de la entada al curro y anécdotas a lo largo de la vida laboral.
Al atardecer, como todo en esta vida tiene su final, también nuestra celebración, y entre besos y abrazos nos fuimos despidiendo, esperando repetir en años sucesivos, pues sí merece la pena hacer un altillo en el tiempo y recordar por donde pasamos hace por lo menos cincuenta años.

Para futuras celebraciones quiero apuntar que quizás el cuarto trimestre está muy cargado de celebraciones, por lo que dado que el tercero, el verano, tiene al personal desperdigado, creo que será conveniente hacer esta celebración de febrero a mayo, para que haya más gente disponible. Aunque con la gran capacidad de movimiento que tiene nuestro colectivo, lo más seguro es que ¡Vaya Usted a saber!

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